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Altar Mayor - Nº 79 (22)
Lunes, 01 abril a las 20:04:59

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 79 – marzo-abril de 2002

LIBROS Y REVISTAS

ESPAÑA COMO NACIÓN
Real Academia de la Historia. Planeta 2000
VV.AA.

La Real Academia de la Historia aparece como autor colectivo de un libro formado con las contribuciones de ocho académicos, de los que Luis Suárez se encarga del prólogo y Laín Entralgo del Epílogo. Se trata de la recopilación de sendas conferencias dadas por los autores en un ciclo organizado por la Real Academia. Es la continuación de una obra anterior Reflexiones sobre España. Ambas muestran la inquietud de los componentes de la Institución por el tinglado de tergiversaciones y falsedades en que se estructura hoy mucho de los discursos ideológicos de algunos partidos, fundamentalmente los nacionalistas.

En este ciclo se puso énfasis en que el término y concepto de España ha sido usado desde antes de la invasión musulmana y que, aunque estos invasores no lo asumieron nunca, sus contrincantes cristianos durante la Edad Media, tenían muy clara la conciencia de ser una sola Nación, aunque dividida en diversos estados políticos (Reinos). Los autores proporcionan citas abundantes para demostrarlo, y se burlan desinhibidamente de quienes pretenden ignorar, silenciar o tergiversar esa realidad histórica. Y ni se molestan en mencionar el consabido demonio del franquismo para delimitar esa burla. No siguen el juego de la jerga demagógica de los que son objeto de su burla.

Entre las lúcidas contribuciones destaca la demostración de que el Siglo XVI, ámbito temporal de tan grandes logros de todo tipo, se hizo un gran esfuerzo colectivo para estructurar la lengua española, a partir de la edición de la gramática de Nebrija. La lengua se pulió, expandió territorialmente, se impuso como lengua de comunicación universal y se prestigió con múltiples producciones de calidad. El resultado fue un desarrollo que la consolidó en una realidad potente, superadora incluso de la decadencia nacional posterior. Los textos de Cervantes, escritos a caballo del XVI y XVII, están más próximos al lenguaje de nuestros días que al castellano de finales del XV. Ello da una idea de la transformación procurada y lograda en aquellos cien años.

Un logro más de la pasmosa serie de los conseguidos por las sucesivas generaciones de españoles de aquel Siglo. Uno de los autores, Alcalá Zamora y Queipo de Llano, afirma que en él vivieron unos veintiocho millones de españoles. Su ejecutoria resulta tanto más asombrosa cuanto más se la estudia.

Y un logro más de la Real Academia de la Historia en su tarea encomiable de refrescar nuestra endeble memoria y reforzar nuestra cohesión nacional.

E. Hermana
 

EL SOCIALISMO, CONTRA LA LEY
Fundación Ramiro Ledesma, Febrero 2002
José Mª García de Tuñón

Con este título, el colaborador de esta revista, José Mª García de Tuñón acaba de publicar un libro referido, principalmente, a la Revolución de Octubre en Asturias. Después de unas páginas que dedica a la corrupción de los socialistas en los recientes años que ejercieron el poder en España, el autor, con abundantes citas hemerográficas, la gran mayoría de historiadores y políticos de izquierdas, analiza la participación de los socialistas en aquella sinrazón y va desmontando, poco a poco, la gran mentira por la que la totalidad de la izquierda española y sus compañeros de viaje europeos culpan de la entrada de ministros de la CEDA en el gobierno como causa principal y única de la revolución que tantas muertes inocentes causó. Entre estas muertes, García de Tuñón hace en una amplia referencia de los religiosos que fueron víctimas de una guerra en la que ellos no participaban. Solamente el odio hacia lo que representaban aquellos hombres que nada habían hecho y que, además, se dedicaban a educar gratuitamente a los niños pobres, como es el caso de los Hermanos de La Salle de Turón, hizo que los insurrectos cometieran crímenes que no tienen explicación de ninguna clase. Era la consigna recibida: Tenemos el deber de hacer de España una tierra de ateos militantes.

La destrucción de la Universidad de Oviedo, junto con la Cámara Santa de la Catedral de la misma capital, son otras de las referencias en las que el autor se detiene con detalle para demostrar con ello que lo que se proponían aquellos revolucionarios no era conseguir mejoras sociales atacando, en señal de protesta, las fábricas de quienes explotaban su trabajo, sino para terminar de manera indiscriminada con todos los vestigios culturales y religiosos existentes. La Cámara Santa había sido construida en el siglo IX por el rey Alfonso II, llamado el Casto, y la Universidad, fundada por el arzobispo Fernando Valdés Salas, procede del siglo XVI. Con la destrucción de este templo de la sabiduría ovetense, desaparecieron, víctimas del incendio, 55.000 libros, 250 manuscritos, 66 incunables, etc.

Otro mito que García de Tuñón minimiza en el libro es el de la famosa represión que toda la izquierda propaga en un alarde de desviar su responsabilidad en una guerra que desencadenaron contra el poder legalmente establecido. Sin negar que, efectivamente, existió represión, el autor después de estudiar distintas fuentes, llega a la conclusión de que nadie ha podido aportar datos concretos de tal represión, incluso manifiesta que las memorias de Carrillo y «Pasionaria» dedican escaso espacio a esas represión por falta de pruebas con las que acusar al gobierno, pues, de haberlas tenido, sin duda las hubieran utilizado y recreado en ellas.

El libro está escrito con abundante aportación de datos, muchos de ellos desconocidos u olvidados, lo que hace que el lector se encuentre a gusto con su lectura, sobre todo a medida que los va descubriendo.

T. A.
 

LA FALANGE DE FRANCO. FASCISMO Y FASCINACIÓN EN EL RÉGIMEN FRANQUISTA (1937-1945)
Plaza & Janés, 2001
Joan Maria Thomàs

No ha sido hasta ahora cuando hemos encontrado en las librerías una suficiente síntesis de la historia del movimiento nacionalsindicalista durante la llamada «era azul» del Franquismo. Esta obra de Thomàs supera -con la misma simplicidad expositiva- su antecesora sobre la Falange joseantoniana. Acaso ello se deba a que, mientras la primera resultaba asaz reiterativa y poco novedosa -más allá de la inclusión de las actas de la Junta Provisional de Mando-, en esta obra encontramos un detallado relato de los momentos de mayor presencia falangista en las instituciones del régimen. Esto significa que el autor enlaza con los sucesos de Salamanca para describir la estructura del partido único y su titubeante adaptación a las circunstancias de cada momento hasta su eclipse como consecuencia de -entre otras razones- la victoria aliada en la Guerra Mundial. Así, se hace evidente en sus páginas la combinación de diferentes fuerzas que pugnaron desde dentro del movimiento nacionalsindicalista por hacerse un hueco frente a otros grupos ajenos: camisas viejas, neofalangistas, legitimistas... La habilidad con que Franco y Serrano Suñer manejaron esta flaqueza en pos de sus propios y enfrentados intereses queda claramente expuesta en las cerca de cuatrocientas páginas de esta obra, donde quedan patentes sin ambages las razones que llevaron a algunos viejos falangistas a plegarse a las directrices del Caudillo.

A la lógica presencia de Serrano en esta obra se suma un pormenorizado análisis de la actuación -y sus consecuencias- de personajes que lentamente van camino de alcanzar la trascendencia histórica que les corresponde: Pilar Primo de Rivera, Mercedes Sanz Bachiller, Raimundo Fernández Cuesta, Manuel Valdés Larrañaga, Agustín Muñoz Grandes... Un mito del movimiento nacionalsindicalista como Gerardo Salvador Merino merece una particular revisión de su caso, señalando no sólo los temores que a determinados sectores provocaban sus pretensiones sindicalistas sino también la verdad -convenientemente manipulada por quienes provocaron su defenestración- respecto de su vinculación con la Masonería.

Cuando muchos autores dan por finalizados sus esfuerzos al referirse a la caída de Serrano, Thomàs se asoma a los años en que Arrese estuvo al frente del partido único. Pero tenemos la impresión de que esto se debe más al simple cumplimiento de un plan editorial preconcebido que al resultado de una satisfactoria elaboración historiográfica, pues apenas ninguna conclusión de interés se extrae de la lectura de estas páginas más allá de los fracasados intentos de Arrese por convertir FET-JONS en el eje central del Nuevo Estado sin enfrentarse a la posición en la que se encontraba encumbrado Franco, en lo que se diferenciaría del anterior proyecto serranista.

A esta indudable debilidad se suma un defecto elemental en toda la obra, cual es la confusión del proyectado Estado Nacional-Sindicalista con el modelo fascista. No vamos a rasgarnos ahora las vestiduras negando las vinculaciones fetistas con el fascismo europeo, pero sí nos dolemos de la inexactitud en que se traduce tan burda simplificación. Es cierto que los componentes totalizadores del nacional-sindicalismo adoptaron entonces los más novedosos ropajes del fascismo, pero no es por ello menos cierto fueron entonces igualmente adoptados por otras familias del régimen -preferentemente monárquicos y militares- cuyo enfrentamiento con los falangistas más respondía a un conflicto de competencias. De hecho, la era de Arrese recogida en esta obra representa una clara desviación del mimetismo fascista -no tanto, desde luego, en los aspectos externos como en el proyecto político- que caracterizó el período de Serrano Suñer.

Aún con estas salvedades, la lectura de esta obra resulta sin duda alguna obligada para quienes deseen comprender mínimamente la dura trayectoria histórica de la Falange. Si ya los duros tiempos de la Segunda República fueron transcendentales para la configuración del mensaje falangista, estos del primer Franquismo marcaron con huella indeleble la trayectoria del movimiento nacionalsindicalista, explicando no pocos de los hechos y actitudes que los falangistas protagonizaran muchos años después.

Rafael Ibáñez Hernández


 
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