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Altar Mayor - Nº 79 (16)
Lunes, 01 abril a las 20:28:30

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 79 – marzo-abril de 2002

Reflexiones al minuto
DESNUDOS POR EL MUNDO
Por Magui de León

En los primeros tiempos, Adán y Eva, inocentes y puros, gozaban de todos los privilegios que Dios les había deparado en el Paraíso. No tenían por qué avergonzarse de nada y por eso iban desnudos. Pero cuando desobedecieron comiendo la manzana prohibida, inmediatamente fueron conscientes de su pecado. Y desde entonces, tras la hoja de parra que cubrió sus vergüenzas, la Humanidad anduvo vestida.

Hoy en día, sin embargo, y a pesar de los pecados y aberraciones que se cometen, no nos sentimos culpables de nada y en lugar de vestir nuestras vergüenzas, queremos desnudarnos a toda costa. Y no sólo de ropa, sino de espíritu. Porque, en realidad, estamos vestidos con ropajes de soberbia, de avaricia, de lujuria, de ira, de envidia y de pereza. Pero estamos desnudos de humildad, de generosidad, de castidad, de paciencia, de templanza, de caridad, de diligencia.

Decía Lope de Vega:

¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las ropas del árbol del pecado!

Ahora todo –o casi todo- es un culto exaltado hacia el cuerpo, como si sólo la carne fuera el componente del ser humano. Todo es una oferta constante a ir desnudos: en la playa, en el cine, en la televisión. Raro es el anuncio, ya sea de una bebida, de un perfume, de la marca de un coche o de cualquier otro producto, en el que no aparezca sin ton ni son, sin que nada tenga que ver con dichos anuncios, la figura de una mujer o de un hombre desnudos, a veces con refinado mal gusto y como provocación a una moral y a una ética que se pretende vaya desapareciendo poco a poco, con el pretexto de que las cosas han cambiado y que lo «progresista» es destapar el cuerpo sin respeto para nada ni para nadie, y como una burla hacia los que no comparten esta idea, hacia los que son conscientes de que el verdadero progreso consiste en otras cosas más importantes y no en ir desnudos por el mundo sin ninguna razón positiva, sólo para llevar la contraria a los demás o para inducirles a que se desnuden como ellos.

Pero por mucho que las cosas hayan cambiado, no debemos olvidar que somos hijos de Dios –mal que les pese a algunos- y que nunca podremos enmendarle a Él la plana por más que lo intentemos.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios, porque de ellos es el reino de los cielos.

Pero esto nos cuesta trabajo entenderlo, incluso a los que creemos en dicho cielo.


 
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