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Altar Mayor - Nº 81 (16)
Jueves, 25 julio a las 18:02:07

Altar Mayor REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 81 – julio-agosto de 2002

LIBROS Y REVISTAS

DIOS Y LOS NAUFRAGOS
José Ramón Ayllón
Ed. Belacqva/Logos 2002

El autor reseña la búsqueda de Dios en 26 personas famosas, la decepción por el fracaso en esa búsqueda en diez de ellas y el tropiezo con el Buscado en el resto. En alguno de los casos de este segundo grupo, el tropiezo es brusco, o instantáneo. En otros casos es lento o elaborado, como el caso de C. S. Lewis que, al descubrir la delicia de leer a Chesterton dice: «no me percataba de dónde me metía». Incluso en estos casos, el final puede ser sorprendentemente repentino.

El libro aprovecha tanto las memorias personales de las personas como sus obras literarias. En el caso de los apartados del don de la Fe, estos productos pueden ser resentidos, caso de Nietsche o Camus, pero también pueden ser quejosos, o lamentos dolientes, como los de Dámaso Alonso. Asombra la pedantería grandilocuente y pretenciosa de personas como Comte. Pero admira el destello de los afortunados como Frossard, o Edith Stein. Y la lucidez suprema de gente como Chesterton o Blas Pascal. Los veintiseis casos resultan interesantes, por uno u otro motivo.

Un libro breve, de intento de introducción en el misterio personal esencial de grandes hombres y mujeres de muy diversos ambientes, que sólo pueden ser calificados, colectivamente, como Grandes.

E. Hermana
 

DIOS EN LAS CÁRCELES CUBANAS
María Elena Cruz Varela
Ediciones Martínez Roca, S.A. Planeta. Barcelona. 2002

Unas reclusas cubanas cuentan sus prisiones. En Cuba hay obispos y sacerdotes, medio tolerados, descaradamente perseguidos como los ha habido años y años en la URSS y su imperio. A Cuba fue el Papa de Roma, Juan Pablo II, el evangelista infatigable que tanta compasión inspira a quienes desean verlo piadosamente desentronizado por los hombres a ver si hay suerte y le sucede otro más aceptable: que elija el Espíritu Santo -o quien sea- un progresista que no dé la tabarra con la defensa de vidas que no lo son, o libertades que no importan tanto, según en donde.

El comandante Castro se dio el lujazo de retratarse junto al Santo Padre y hasta de escuchar sin llamar a los antidisturbios sus reconvenciones; y aguanta otras; mientras sean de gente que invierte no importa, él lo trasforma en propaganda y ante la progresía internacional se apunta un éxito de reconocimiento hasta por el Espíritu Santo que lo ha guiado hasta allí, si no, no iría; con lo que resulta que su presencia condena, implícitamente, a los Estados Unidos que hostigan brutalmente a Cuba y al presidente Castro.

De la Cuba del Presidente aclamado dentro y no mal visto -o bien, o muy bien visto- en el exterior, nos llegan testimonios de fe. Dios en las cárceles cubanas es la voz angustiada, patética, de unas mujeres torturadas en conocidas prisiones cubanas. Viven en el horror acusadas de contrarrevolucionarias. Sometidas a un régimen carcelario durísimo, durísimo es el testimonio; duele cada línea de este libro. Dentro de la prisión Dios existe, pero está prohibido. Las confidentes informan: «rezan el rosario»; las carceleras registran hasta las costuras de la ropa, ¿dónde está el rosario?, desnudan a las presas y exploran en público todos los rincones de su cuerpo buscando el rosario, y la presa aporreada, humillada, manchada de los vómitos y deyecciones provocadas por el registro, aún tiene la satisfacción de saber lo mortificadas que se sienten: no encuentran el rosario, no lo encontrarán, lo lleva ella a la vista y no lo ven: son los diez dedos de sus manos.

Hay una épica de lucha sin esperanza, de vocación por algo que no es exactamente el martirio; no buscan morir y ganar la gloria; buscan la vida en gracia, la libertad de orar, de creer. Porque está prohibido creer.

Y no es un libro piadoso, no es una hagiografía. En la Iglesia a estos mártires se les llama «confesores»; sólo manifiestan su fe. Aunque les cueste la libertad y la vida.

Está sucediendo ahora. La diferencia con los primeros cristianos de catacumba es que a estos no les acusan de actividades religiosas; cuando alguno se doblega y -como en los juicios estalinianos- reconoce «su traición», lo que debe aceptar, firmar y confesar en el juicio público, ante las cámaras de TV, la prensa y su propia familia, es que trabajaba para la CIA y saboteaba la gloriosa Revolución.

María Elena Cruz Varela trae las voces de muchas reclusas conocidas, lo narra con toda la crudeza que su propia experiencia le exige.

Estuvo propuesta (eso que otros dicen «nominada») para el premio Nobel de la Paz. Pero se lo dieron a Rigoberta Menchú. A doña Rigoberta la apoyaba mucha gente: entre otros un adalid de la paz, el presidente de la República de Cuba.

Ángel Palomino
 

POR QUÉ NO SOY PROGRE
Eulogio López
LibrosLibres2001

Eulogio López, editor y principal autor del diario electrónico Hispanidad, ha reunido en este libro diversas colaboraciones suyas en ese diario. Son tan combativas como todas las suyas, con demostración de su confesionalidad católica e hispánica al pronunciarse sobre los diversos temas que condicionan la actualidad.

Cualquiera que lea habitualmente su diario encontrará en estos textos impresos sus constantes o pensamientos habituales acerca del aborto, la pugna ideológica de la izquierda por el monopolio cultural, el anticlericalismo, el feminismo, los juicios acerca de la economía, etc. Se trata de una postura no liberal, y muy lúcida, que constituye un chorro de agua fresca sobre la corrección política imperante. Acaba identificando a «New Age», la versión moderna de la gnosis, como el enemigo más inmediato a batir.

Su talante optimista respecto al combate cultural en el que estamos inmersos los católicos es algo de agradecer, frente a la opresión abrumadora de los actuales bienpensantes. Uno puede estar en desacuerdo con él en algunas facetas particulares, pero se puede garantizar a los lectores de nuestras publicación que recibirán cien veces más satisfacción que disgusto al leer este libro.

E. Hermana
 

AUGE Y OCASO DEL FRENTE DE JUVENTUDES
Antonio Alcoba
Edit. San Martín, 2002

El autor, que no es nuevo en el tema, ha escrito la historia de la Organización Juvenil de la Falange, a partir de 1937 hasta la muerte de Franco. Considera la OJE sucesora sólo en parte de aquella organización política, que no mera organizadora de actividades juveniles, en la que militamos centenares de miles de españoles. Y refiere los hechos con talante de historiador sucinto, porque le importa más dejar constancia de la frustración que supuso para sucesivas generaciones de españoles constatar la diferencia entre la realidad procurada y las enseñanzas recibidas y asimiladas.

El libro constituye una exposición de una queja reiterada a lo largo de las décadas historiadas. La derivada de la decepción de tantos jóvenes que se percataron, al crecer, de que sus mandos superiores no pretendían hacer la revolución nacional con la que les aleccionaban, y que ilusionó a tantos españoles durante décadas. La historia de la rebeldía antifranquista de las juventudes falangistas, desde 1956, es narrada incluso en primera persona, pues el autor se identifica como protagonista de algunos de los hechos que narra.

El libro está escrito desde el amor a lo historiado, el resentimiento por la decepción, la irritación por la tergiversación actual de aquellas actitudes y el enfrentamiento claro contra los que, criticando aquellos momentos, contribuyen hoy a la destrucción de la unidad nacional.

Se le podrá reprochar que es un alegato histórico, más que un trabajo exhaustivo, aunque los quinientos nombres citados indican la seriedad del trabajo, pero es un alegato honrado y entusiasta. De esa honradez es buena muestra el que encargue la redacción del prólogo a Mariano Gamo, hoy comunista exclaustrado, pero entonces entusiasta seminarista y capellán de Juventudes, que no re recata de hablar elogiosamente de aquel Frente de Juventudes, pese a decir la tontería de que... tuvo un grave vicio de origen, su condición de criatura de la dictadura franquista. Su actual religión política le impone estas servidumbres mentales.

E. Hermana


 
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