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Altar Mayor - Nº 81 (9)
Jueves, 25 julio a las 19:14:11

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 81 – julio-agosto de 2002

LA GNOSIS SOCIAL-DEMÓCRATA
Por Dalmacio Negro

Tomado de «La Razón», 28 mayo 2002

Hacia 1890 se empezó a estudiar el socialismo como un movimiento de tipo religioso, si bien a medida que se difundía mezclado con la democracia se fue olvidando este aspecto. Posteriormente, E. Voegelin entre otros ha explicado los avatares de lo que llama religiones políticas, las ideologías secularistas relacionadas con el socialismo, como expresión de tendencias y movimientos gnósticos dentro del cristianismo. Esto puede ayudar a entender su éxito entre los cristianos, sobre todo el clero, que tanto han contribuido a su expansión y arraigo.

El gnosticismo (de gnosis, conocimiento) es una doctrina que pretendiendo poseer un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas mezcló en los primeros siglos el cristianismo con ideas judías y orientales. Modernamente se unió con el calvinismo y la ciencia atribuyéndole a esta última un valor absoluto: de ahí provendrían lo que llama M. Oakeshott la política de la fe en contraste con la política del escepticismo y lo que Hayek ha denominado el constructivismo, que, sabiendo intuitivamente cuál es el fin de la historia -lo que Popper describe como esencialismo-, trata de alcanzarlo mediante la aplicación de la ciencia.

La gnosis subyacente a las formas socialistas que tratan de realizar el Reino de Dios en la tierra y hacer surgir al hombre nuevo, anatematiza a quien no acepta el socialismo en una u otra versión como enemigo de la humanidad. En el siglo XIX se diversificó en dos ramas principales: la que unía a esos mitos el de la revolución violenta creadora del nuevo mundo y la verdadera democracia, legitimando así la violencia como medio de la política -marxismo-leninismo, fascismo- y la que prefería la reforma, como la socialdemocracia lasalliana alemana o su versión inglesa laborista.

León Trotsky formuló un lazo de unión entre ambas tendencias en posesión de la verdad soteriológica salvadora de la humanidad, que acabará por imponerse, con su teoría de la revolución permanente -el «cambio»-, y la socialdemocracia aceptó la democracia liberal y sus instituciones sin creer en ellas, confiando en la transformación de la democracia en la verdadera democracia. En ambos casos se considera que el principio de la democracia es la igualdad, no la libertad política, por lo que detestan la política que, negada su autonomía, está en Europa bajo mínimos, igual que la religión, sustituidas una y otra por esa religión política. Esto forma parte del rechazo más o menos inconsciente de la realidad típico del gnosticismo.

Pues, para el gnosticismo, el no reconocer la realidad constituye una cuestión de principio. Una causa principal es que al borrar la distinción entre los dos mundos, el trascendente del cristianismo y el inmanente terrenal, radicaliza el inmanentismo y, decía Voegelin, el mundo de ensueño gnóstico se funde terminológicamente con el mundo real: se adopta el vocabulario de la realidad pero se altera su significado, como si el ensueño fuese realidad. Esta identificación entre sueño y realidad vuelve inmoral lo que el mundo real considera moral y prohibe la exploración crítica del principio de causalidad en la historia, con la consecuencia de que es imposible en política coordinar racionalmente los medios y los fines.

Las sociedades gnósticas y sus dirigentes, aunque reconozcan la existencia de peligros cuando se presentan, no los afrontan adecuadamente: los combatirán con operaciones mágicas pertenecientes al mundo del ensueño como la desaprobación, la condena moral, las declaraciones de propósitos, resoluciones y llamamientos a la opinión mundial, la calificación de enemigos políticos como agresores, la proscripción de la guerra, la propaganda por la paz mundial y el gobierno universal, la huelga general, etc. La corrupción intelectual y moral que manifiesta ese conjunto de conjuros mágicos, ha creado, escribía Voegelin hace unos cincuenta años, «la atmósfera extraña y fantasmal de un asilo de lunáticos, como podemos comprobar en la crisis que padece Occidente en nuestros días». ¿Se estará agostando la gnosis socialdemócrata?


 
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