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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 131
Miércoles, 25 septiembre a las 09:46:13

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 131 – 10 de septiembre de 2002

SUMARIO

  1. Un episodio conflictivo en perspectiva, por Millán Rivas
  2. Un reaccionario ejemplar, por Aquilino Duque
  3. El escaparate: Carta a Darío Valcárcel. El despilfarro de las Comunidades Autónomas, por Álvaro Hernán
  4. Representante vaticano hace un balance de la cumbre sobre el desarrollo, de Zenit


UN EPISODIO CONFLICTIVO EN PERSPECTIVA
Por Millán Riva

Los hechos

El asunto del islote Perejil ha ocupado la atención de los españoles durante una tensa semana de julio. La ocupación, con bandera, por gendarmes marroquíes el día 11 fue detectada pronto por una patrullera de la Guardia Civil. Su intervención, un tanto confusa para quienes nos informamos sólo por los periódicos, debiera haber liquidado el tema, pero no lo hizo, porque le pareció superior a sus fuerzas. Y avisó.

Al día siguiente los españoles nos enteramos de que teníamos allí ese islote. Y su ocupación sin permiso nuestro nos pareció…. lo que era: una usurpación y un envite de tanteo por parte Marruecos. Este País mostró su talante de actuación ocupando la isla, desocupada desde 1960, afirmando que era para controlar mejor a los contrabandistas de drogas o de personas, continuando diciendo que no era española y finalmente anunciando que el tema se saldaría en pocos días

Las reacciones fueron, desgraciadamente, características y predecibles. Un sector de la opinión (digamos que PRISA) advirtió que el islote no merecía la pena, y que nuestra soberanía sobre él era, cuanto menos, dudosa. Y que los tiempos no estaban para patrioterismos «coloniales», etc. IU dijo la solemne tontería de que «ningún trozo de tierra vale una vida», alguien empezó a ponderar los intereses españoles en Marruecos, una marcha verde sobre Ceuta y Melilla…, etc. Se aireaba, una vez más, el derrotismo y abandonismo que se pretende imponer sobre la vida española desde hace siglos, por parte de quienes se proclaman a sí mismos, con exclusión de otros, como los únicos lúcidos españoles. No es extraño que algunos comentaristas les hayan titulado «el partido marroquí español».

La reacción verbal

La reacción del gobierno español fue, inicialmente, prudente, si no timorata. Protestas a Marruecos, que no recibieron respuesta, quejas a la OTAN y a la UE, que se llamaron a andana, limitándose a recomendar a Marruecos que deshiciera lo hecho, y nuevas advertencias a Marruecos acerca de todo lo que podía perder en caso de que se agravase el conflicto. Marruecos contestó a Prodi prometiéndole un rápido desenlace de la crisis, y siguió desconociendo la dirección de cualquier autoridad española: No nos respondió a nada. Demostrando su desprecio por la escasa fuerza y peso de España en la esfera internacional, y su convencimiento de que los conflictos internos nos paralizarían

La acción

Por fin, el Gobierno se decidió a actuar: El 16 retiró al Embajador en Rabat y el 17, de madrugada, 25 soldados de Operaciones especiales y 5 de infantería de Marina helitransportados capturaron a los seis marroquíes en el islote y recuperaron éste. La operación fue eficaz, rápida e incruenta, pues los marroquíes no ofrecieron resistencia. Fueron devueltos a Marruecos, con sus armas y pertrechos, por la frontera de Ceuta. Los soldados asaltantes fueron sustituidos en horas por dos secciones de legionarios, mandados nada menos que por un Comandante, que se quedaron en la isla como guarnición frente a posibles intentos marroquíes de su recuperación. La oportunidad de la acción quedó realzada por el hecho de que aquella mañana estaba programada por Marruecos una visita de corresponsales a la isla. La visita quedó cancelada con los corresponsales esperando a subir a los autobuses.

Desenlace provisional

Tras cinco días de ocupación, los legionarios se retiraron de la isla, como consecuencia de un acuerdo hispano marroquí de dejar el asunto como estaba, sin ocupantes ni banderas. El acuerdo entre ambos países fue propiciado por la intervención del Secretario de Estado norteamericano, una intervención no procurada por España, pero aceptada al fin, debido a la pretensión de Marruecos de tenerla en cuenta.

La Sra. Ministra de Asuntos Exteriores fue a Marruecos con el propósito de ratificar un compromiso de dejar las cosas como estaban antes del 11 de julio. Sufrió desaires por parte de unos musulmanes descorteses, que no deben considerar digno discutir con una mujer, pero consideran digno desairarla, por no decir vejarla. Pero aguantó y volvió a casa con un acuerdo, aunque desafortunado por una alusión confusa al Secretario de Estado Norteamericano como arbitro interpretativo de la situación

Aparte de ello, la Sra. Ministra procuró echar agua a las pequeñas brasas de la pequeña fogata aparentemente extinguida, afirmando su escándalo por algunas bravatas de alguno de los legionarios. Escándalo que, afortunadamente, no pasó a más, pues hubiera sido estúpido que lo hiciera. El Ejército guardó discreción sobre sus actuaciones mostrando que, si cabía sentirse orgulloso por el desenlace rápido y eficaz, tampoco daba el tema para elaborar ningún monumento, pese a haber sido una de las escasas ocasiones de riesgo en bastantes años. Y el tema desapareció de los titulares, esperando la prometida visita del Ministro marroquí a Madrid.

Las consecuencias

La sociedad española quedó encantada con la rápida respuesta militar a esta mínima «mojadura de oreja» por parte de Marruecos. Y lo mostró con su apoyo masivo (¡98%!) en encuestas informáticas. Los partidos políticos se quedaron sorprendidos por ese apoyo masivo. Particularmente IU, que había cometido la torpeza de reclamar calma y decir frases que eran despreciadas por los españoles. Los nacionalistas vascos y catalanes se quedaron pasmados de una reacción tan rápida y pusieron sus barbas a remojar. Pujol reclamó torpemente (¿o taimadamente?) que «el Rey de España mediase entre las dos partes en conflicto».

Los «progres» mostraron su preocupación por la apelación a ideas y métodos que están combatiendo desde hace décadas. Los dirigentes nacionales se quedaron desconcertados y mostraron confusión con el éxito de sus decisiones. Por ejemplo, el Ministro de Defensa, que ha reclamado para su despacho la bandera desplegada por la Legión en Perejil, fue capaz de decir la simpleza de que «lo más satisfactorio de la acción era que no había habido derramamiento de sangre» (uno se pregunta para qué pone en acción medios militares si eso es lo que le preocupa prioritariamente). En conjunto, mostraron su sorpresa por haber sido capaces de actuar con decisión impropia de mentes políticamente correctas.

Resultado: Un incidente menor, revelador de la difícil situación de Marruecos, resuelto adecuadamente, y tratado con la discreción necesaria para no hacer de Tartarín. Pero es de esperar que se haya tomado buena nota en todas partes, Madrid, Rabat, Bruselas, Ajuria Enea…

UN REACCIONARIO EJEMPLAR
Por Aquilino Duque

Tuve gran amistad en Ginebra con una dama chilena, muy distinguida y muy comunista, a quien, por solidaridad «latina», acompañé a la Sala Patiño a oír al colombiano Álvaro Mutis. Fue, como se diría en otros tiempos, una velada inolvidable, y Mutis dio una lección de sabiduría, inteligencia y sentido del humor. En el coloquio que siguió, el orador dijo con cómico énfasis que él se negaba a opinar sobre política contemporánea mientras alguien no le explicara de modo convincente las causas de la caída de Constantinopla en manos de los turcos. Esto colmó la paciencia de mi acompañante, cuya desazón iba en aumento, y me dijo que ella se iba y que si yo quería, que me quedara. Naturalmente, me fui con ella y me perdí el resto de las sabrosas réplicas de don Álvaro.

Hace poco tiempo, un señor perteneciente a la rara especie de mis lectores, me obsequiaba en Villaviciosa de Asturias, donde vive, con un librito de la «Biblioteca Álvaro Mutis», titulado Sucesivos escolios a un texto implícito*. La obra es una colección de aforismos precedida de un breve prólogo de Mutis, amigo que fue del autor: su compatriota Nicolás Gómez Dávila. Gómez Dávila, de quien hasta ese momento nada sabía, es un caso insólito como en su día lo fuera el autor del Gatopardo. Hijo de familia pudiente, con estudios en París y viajes por toda Europa, una caída de caballo cuando jugaba al polo lo redujo a la invalidez y le permitió encerrarse en una biblioteca de más de treinta mil volúmenes en los que, como señala un crítico italiano, con las excepciones insignes de Borges, Mutis, Paz y Hernando Téllez, «gli autori latinoamericani sono pressoché ignorati», y no es casualidad ciertamente el que no haya ni siquiera un libro del «caramelloso» García Márquez.

En sus años parisinos supo por vez primera de De Maistre, de Donoso, de Barrès, de Maurras, pero sobre todo del «aristócrata liberal» Tocqueville y de Pascal, que sería quien marcaría su estilo. Llamar «conservador» sería una afrenta a un hombre que ha escrito: «El mundo moderno no tiene más solución que el Juicio Final. Que cierren esto». Un conservador es un señor que está satisfecho con vivir en la mejor de las democracias posibles -y no es Colombia mal ejemplo- y Gómez Dávila era cualquier cosa menos un Pangloss de la democracia. Gómez Dávila es, por declaración propia, un «reaccionario». Vintila Horia, que también lo era, decía que ser reaccionario es ser capaz de reaccionar, y que los únicos que no reaccionan son los cadáveres, y a un amigo común que me reprochaba el ser reaccionario, Dionisio Ridruejo le decía que yo no era reaccionario, sino reactivo. Gómez Dávila me lleva al menos la ventaja de no escudarse en un eufemismo, y por eso es capaz de decir que «El reaccionario no es un pensador excéntrico, sino un pensador insobornable» y que «Los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia». Demasiado bien sabe en qué consiste la reacción: «La reacción no es más que la traducción en lenguaje realista de los principios de un Constant, un Humboldt, un Mill, un Tocqueville».

Gómez Dávila ha llegado con el aforismo al límite de la expresión y resulta torpe exponer su riqueza de ideas con palabras que no sean las suyas. Pero por mucha deuda secreta que tenga con Nietzsche, Gómez Dávila dista mucho de ser un nihilista y un irresponsable: él ve con toda nitidez la entropía del igualitarismo, niega que la Historia tenga un sentido, pero en cambio se lo ve a la Creación. Gómez Dávila descubre el secreto de la democracia a través de Heine cuando éste proclamaba con entusiasmo: «No luchamos por los derechos humanos del pueblo, sino por los derechos divinos de los hombres». Un excelente crítico radiofónico abordaba con cierto embarazo la confesionalidad de Gómez Dávila diciendo que su catolicismo era «heterodoxo» en la medida en que era «premoderno». Si hubiera dicho que era «preconciliar» sabríamos mejor frente a qué «catolicismo» se manifiesta su «heterodoxia». Unos ejemplos: «La "Iglesia primitiva" ha sido siempre la disculpa favorita del hereje». «Los progresistas cristianos están convirtiendo al cristianismo en un agnosticismo humanitario con vocabulario cristiano». «Mis convicciones son las mismas que las de la anciana que reza en el rincón de una iglesia». «Una muchedumbre deja de repugnar cuando un motivo religioso la reúne». «Lo que preocupa al Cristo de los Evangelios no es la situación económica del pobre, sino la condición moral del rico».

En política, su criterio es, entre otras muchas cosas, que: «El estado liberal no es la antítesis del estado totalitario, sino el error simétrico», y que: «Entre los elegidos por el sufragio popular sólo son respetables los imbéciles, porque el hombre inteligente tuvo que mentir para ser elegido».

Gómez Dávila está convencido de que la cultura es «elitista» y de que lo que llamamos «cultura popular» no es más que «costumbres populares», pero dice algo aún más escandaloso: «Una educación sin humanidades prepara sólo para los oficios serviles».

Alguna vez me han preguntado que qué libros me gustaría haber escrito y casi siempre contesto que Las inquietudes de Shanti Andía, El Obispo leproso y El Gatopardo. Hoy por lo menos tengo que añadir esta obrita de un hombre que me demuestra que estoy menos solo de lo que pensaba y que puede permitirse el lujo de afirmar: «La claridad del texto es el único signo incontrovertible de la madurez de una idea».

EL ESCAPARATE
Por Álvaro Hernán

CARTA A DARÍO VALCÁRCEL

Los españoles estamos sometidos a la opinión y criterio de contertulios radiofónicos y periodistas del más variado pelaje. Y muchas veces nos confunden, o nos hacen pensar que los «malos» en ocasiones pueden tener razón, o hasta nos convencen respecto a determinados hechos que no tenemos muy firmes en nuestro acervo.

Por eso viene bien que cuando uno de esos informadores u opinadores resbale haya quien le corrija y documente, como es el caso que traemos hoy, en relación con el periodista y contertulio Darío Valcárcel. Es bueno se llame la atención respecto a los errores, y sería igualmente bueno que los palmeados tomaran nota para, en el futuro, hablaran menos de memoria y fundamentaran más sus opiniones.

Reproducimos, pues, la «carta» enviada por Manuel Garaizábal, de Elorrio, al periodista y contertulio, Darío Valcárcel, a través de las páginas del diario ABC de fecha 5 de septiembre último.

En ABC Cultural Darío Valcárcel publica una recensión sobre el libro de Carlos Garaikoetxea Memorias politicas en la que parte de errores de base para luego sacar unas conclusiones vulgares. El más importante error es tratar de relacionar la construcción de las naciones en Europa con nuestro problema vasco. Y dice: «El País Vasco ha pactado desde el siglo XIII su vinculacíón primero a la Corona...». Falso. El País Vasco no pactó nada porque nunca existió como sujeto de derechos, o como entidad jurídica, política y administrativa (salvo unos meses en 1936 con el Estatuto de Guernica) hasta el Estatuto y el Concierto que se aprobaron gracias a la Constitución de 1978. Los territorios forales, cada uno por su cuenta y en fechas muy alejadas, fueron pactando con la Corona en documentos de diverso contenido, integrándose desde el S. XIII en la Corona castellana y posteriormente en el Estado español, al que nutrieron de gran número de funcionarios para llevar adelante la administración central desde el reinado de los Austrias. Y la Constitución española no se refiere al País Vasco, sino a estos territorios históricos o forales que más tarde acuerdan unirse para formar la Comunidad Autónoma con base en la ley fundamental. Esto, que es tan claro, puede significar que si esa ley fundamental se cuestiona, alguno de estos «territorios históricos» podría decidir la ruptura del pacto que dio origen a la actual Comunidad Autónoma.

Otro importante error de análisis lo realiza Darío Valcárcel cuando defiende cándidamente «...Ojo, se trata de votar si los ciudadanos vascos tienen o no el derecho a autodeterminarse, no sobre el fondo de la cuestión». Esa votación está viciada en el fondo, y es y sería nula, porque aquellos vascos que defienden la Constitución española no pueden expresarse libremente, no tienen ningún control sobre los medios de comunicación públicos manejados por el PNV, y los partidos políticos que los representan no pueden controlar el proceso ni exponer sus ideas porque los pistoleros nacionalistas matan a sus miembros.

Y error más elemental cuando dice don Darío que «...los terroristas son una cosa y el PNV otra, diametralmente distinta». Ese adjetivo «diametralmente» con sentido de absolutividad sobra porque, puestos al caso, se hubiera acercado más a la realidad si hubiera dicho que unos y otro son «esencialmente» lo mismo y esto porque los dos comparten el mismo objetivo último: la segregación del País Vasco de España, por las buenas o por las malas.

Y finaliza Valcárcel su malhadado comentario diciendo sin más: «Quienes hoy tienen la responsabilidad de vencer al terrorismo han fracasado. El airado Aznar ha dado ejemplo». Otra falsedad acompañada de un insulto gratuito. Como estoy de vacaciones no poseo mi fichero para dar cifras, pero sí sé, por el desamparo y la tristeza que nos produce, que un solo muerto ha habido este año a manos de ETA y que nunca se ha detenido a tantos terroristas como en los últimos años de gobierno popular. Y este Gobierno está dirigido por el señor Aznar al que los vascos de siempre, esto es, de los del siglo XIII hasta ahora, le estamos muy agradecidos. Si el PSOE y el PP siguen unidos en este tema, el final del terror lo veremos todos, usted y yo, aunque ya tengamos nuestros añitos.

EL DESPILFARRO DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS

No es ninguna novedad. Nosotros lo hemos escrito muchas veces a lo largo de los años. Aquí se gasta sin tino por epatar al «ciudadano» con el «nosotros hacemos más que nadie». Además, claro, de la insensatez que supone este Estado de las Autonomías que hace que los gastos de la Administración se multipliquen por diecisiete o por diecisiete veces diecisiete si tomamos referencias bíblicas. Esto es un desmadre absoluto.

Pero ahora lo dice también Luis María ANSON, de la Real Academia Española, el día 9 de septiembre, en su sección «Canela Fina» del diario La Razón.

¿Por qué no se dice la verdad sobre lo que deben las Comunidades Autónomas? ¿Por qué el Gobierno de España ha hecho un gigantesco esfuerzo, exigido por la Unión Europea, para erradicar el déficit y la deuda y, sin embargo, las Autonomías siguen entregadas al despilfarro?

La deuda de Cataluña en 2001 se elevaba a 9.644 millones de euros, más de billón y medio de pesetas; Andalucía debía 7.065 millones de euros; Madrid, 6.916; Valencia, 6.520; Galicia, 3.080 y el País Vasco, 1.243. En total las Autonomías deben 41.645 millones de euros, siete billones de pesetas en números redondos.

¿Quién va a pagar todo esto? ¿Por qué no se explica claramente la situación para que cada palo aguante su vela, para que la opinión pública frene el derroche de las Autonomías? Cada español está endeudado en 200.000 pesetas. Una familia de cinco, el padre, la madre y tres niños, debe de hecho, por culpa del derroche autonómico, un millón de pesetas. Y las cosas no mejoran, van a peor.

Algunas Autonomías se han endeudado pero con una política seria de inversión y desarrollo. En ciertos casos, el amiguismo, el nepotismo, los envites electorales, la tendencia invencible del nuevo rico a la ostentación han producido estas cifras todavía no catastróficas, pero sí alarmantes. Si Moncloa no embrida ya a los caballos desbocados de las Autonomías, la entera economía española quedará comprometida para el futuro

REPRESENTANTE VATICANO HACE UN BALANCE DE LA CUMBRE SOBRE EL DESARROLLO
De
Zenit.org (8 septiembre 2002)

Las conclusiones de la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo (Sudáfrica) no son tan negativas como podría parecer, afirma un representante de la Santa Sede al hacer un balance del encuentro.

«Los resultados alcanzados en términos de compromiso de los gobiernos y de proyectos concretos son muy superiores a los discutidos y nunca realizados en la Conferencia anterior celebrada en Río de Janeiro en 1992», constata el obispo Giampaolo Crepaldi, secretario del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz en esta entrevista concedida a Zenit.

«A pesar de las incomprensiones que han caracterizado las sesiones de trabajo -sigue explicando- la cumbre convocada por las Naciones Unidas del 26 de agosto al 4 de septiembre ha aprobado 562 proyectos y se pondrán a disposición de los países pobres unos 1,5 mil millones de dólares/euros».

«Sin embargo, como ha subrayado la delegación de la Santa Sede, no habrá auténtico desarrollo, sin un compromiso real por la promoción integral de la persona, pero por algo hay que comenzar», aclara.

-Las asociaciones ambientalistas, tras haber amenazado en varias ocasiones con la retirada, han hablado de fracaso total...

--Monseñor Crepaldi: Comprendo su desilusión. De hecho, la actitud cultural que ha caracterizado la Cumbre es muy diferente a la típica de estas asociaciones. Se podría haber puesto en el banquillo de los acusados el desarrollo de los países ricos, considerado por algunos grupos ambientalistas como la primera causa de contaminación; sin embargo, se ha discutido sobre todo sobre la manera en que se puede vencer la batalla contra el subdesarrollo, que en realidad ha resultado ser el principal problema que hay que resolver.

Muchos grupos ecologistas pedían medidas para limitar consumos y legislaciones restrictivas para proyectos de desarrollo, mientras que tanto Estados Unidos como buena parte de los países en vías de desarrollo se han mostrado favorables a medidas de crecimiento, tanto en el comercio como en la inversión en infraestructuras.

Es verdad que existen problemas ambientales serios, pero no se pueden resolver sólo con declaraciones planetaria de intenciones.

La Santa Sede es favorable a la utilización de los medios más modernos para el progreso de los pueblos, ahora bien, aclara que no habrá una auténtica solución de los problemas si no se dedica, junto a la tecnología, la ciencia y la inversión, el compromiso por un desarrollo integral del hombre.

El protagonista de la lucha contra la pobreza y la ayuda al desarrollo es el hombre. Los pobres no son meros clientes que hay que transformar en consumidores. El crecimiento humano es un beneficio para el mundo entero, por este motivo la Iglesia propone la evangelización y la promoción humana tanto de los países ricos como de los pobres.

-Clare Short, secretaria de Estado del Reino Unido para Desarrollo Internacional y Ayuda al Desarrollo, propuso durante la Cumbre el aborto libre y la anticoncepción como medida sanitaria básica, suscitando una discusión que ha dividido a las delegaciones.

-Monseñor Crepaldi: Las preocupaciones sobre la presunta «bomba demográfica» están hoy por hoy superadas. La realidad muestra que todas las previsiones sobre el crecimiento demográfico tienen que ser redimensionadas y que los programas adoptados para la reducción de los nacimientos no traen ningún beneficio, es más, han violado gravemente el derecho a la vida y derechos fundamentales de millones de mujeres y hombres.

Es interesante constatar que, en esta ocasión, la posición de la Santa Sede ha sido compartida por Estados Unidos y por un numerosísimo grupo de países en vías de desarrollo. Sobre este punto ha sido decepcionante, sin embargo, la Unión Europea, que a excepción de la delegación italiana, ha apoyado posiciones contra la vida.


 
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