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Altar Mayor - Nº 82 (14)
Viernes, 25 octubre a las 17:57:03

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 82 – septiembre-octubre de 2002

«LA MIRADA EN EL OMBLIGO»
Por
Luis García Chillón

Parece una moda, pero es un fenómeno social el que las jóvenes, y no tanto, una vez alcanzado el objetivo de implantar el pantalón como prenda de vestir habitual, se propongan ahora, en la inteligencia de desviar las miradas de otras partes más llamativas, enseñar, mostrar y exhibir el ombligo.

Ya sabíamos, por la pluma de Alvaro de la Iglesia, que todos los ombligos eran redondos, pero lo que no nos imaginábamos era que se lo veríamos a la vecina, a su hija, a la compañera de clase, de trabajo, del tren de cercanías, del autobús o de la güagüa, sin necesidad de ir a la playa o la piscina.

Hoy día se ven ombligos redondos y no tanto, tatuados, con colgantes, recogidos, juguetones, alargados, estirados, hasta con pelos y señales; vamos que se ven ombligos de toda clase y condición, sin importar si su dueña es de este club o del otro, rango, estado, situación o nivel cultural. Todo un muestrario de ombligos, que para sí los quisiera el mejor viajante de prendas interiores, lencería fina en suma, en el deseo de ver si hace juego con el correspondiente taparrabos, que se supone debe ir unos centímetros más abajo.

Como los españoles vemos tantos ombligos, de paso nos miramos el propio y así, de esta forma, podemos establecer comparaciones, que a pesar de ser siempre odiosas, nos permite pontificar sobre el de los demás, descalificando el suyo al compararlo con el propio, puesto que siempre podremos afirmar que no era para tanto, que para ese viaje no se necesitaban tantas alforjas y qué se va creer ésta (o éste), que su ombligo es el mejor, cuando el mío está garantizado por una multinacional del ramo y, además, es de importación y resulta ser el ombligo del Mundo.

La mirada en el ombligo está a la orden del día tanto es así que, según rumores, desde el Ministerio de Cultura, y sus correlativas Consejerías autonómicas del ramo, se piensa iniciar una campaña, en el ámbito nacional, autonómico y municipal, con el anuncio «Conozca su ombligo», al que se añadirá, en una segunda fase, «Su ombligo es diferente».

Puesto que, vamos a ver, nadie me puede negar que mirarse el ombligo, o hacer lo propio con la «ja» que se nos cruza en el camino, no deja de ser un deporte nacional, que debe incluirse dentro de las disciplinas olímpicas pensando en la próxima Olimpíada del 2012, que Álvarez del Manzano, antes de irse, quiere celebrar en Madrid, y para lo cual los buenos oficios del camarada J. A. Samaranch pueden ser muy provechosos en estos asuntos.

Me estoy imaginando el medallero del 2012: «tres medallas de oro y siete de plata para la representación española», en la especialidad de ombligofilia o arte de poner el ombligo a tiro con gracia y con salero, trufado de un leve toque flamenco.

Seremos la envidia de la Comunidad Europea, y los franceses, que siempre nos han distinguido con su pelusa, sólo podrán presumir de una medalla de plata y dos de bronce, puesto que sus ombligos, aparte de no ser del todo redondos, rezuman queso de roquefort, y ya se sabe que donde hay queso te la pueden dar...

Los ingleses, tan amigos ellos, en especial después de «compartir» la soberanía de Gibraltar, nos pedirán consejo sobre cómo colocar en buena lid el ombligo, puesto que al circular siempre por la izquierda y tener que soportar la vista del sombrero de Su Graciosa Majestad, han descuidado más de la cuenta estas prácticas ombliguiles, y ya se sabe, órgano que no se utiliza se atrofia, y claro, sus ombligos no son de la calidad de los alimentados con la dieta mediterránea, puesto que «the» con pastas a las cinco (p.m.) y un buen y orondo ombligo son incompatibles.

Ni que decir de los yanquis alimentados por un tal Mac Donall, tipo extraño que debió trabajar de cocinero en alguna película del Far-West, se pierden el placer de la contemplación subliminal del ombligo, puesto que al no encontrárselo se dedican a buscar afanosamente un tal-Ivan dos horas más al día. Todo ello gracias al endiablado horario que nos imponen desde Bruselas para que los alemanes, que tampoco tienen un ombligo profesional dado su origen prusiano, puedan apagar la luz más tarde.

Todo son ventajas en esta Neocorte de los Milagros, puesto que ¿para qué se ha de cumplir el artículo 14 de la Constitución Española si te puedes mirar el ombligo o, «in extremis», se lo puedes ver a la que primero pase por la calle? Que la vivienda está por las nubes, y que la que se construye protegida ya está adjudicada al que la tiene, pues nada, te miras el ombligo y en paz.

Que los partidos políticos imponen su dictadura a la hora de confeccionar las listas electorales, sin que el ciudadano pueda enmendarlos la plana, ombligazo al canto. Donde esté un buen ombligo que se quite la soberanía popular.

Que las Vascongadas quieren la independencia, pues nada, tienes el ombligo de Rosa, el de Chenoa o el de Bisbal, para que a gusto de todos se los miren y con ello se nos pase el cabreo.

Da complacencia esto del ombligo; y no llego a comprender cómo en la Universidad de Verano de Santander, tan útil ella, no se ha previsto una Cátedra, subvencionada por supuesto, de Ombligología Comparada. Tendríamos doctos visitantes, todos ellos muy ilustres, dispuestos, por unos miles de euros, a darnos una lección magistral sobre «El ombligo y su influencia en los palimpsestos»; sería todo un éxito.

No debe caer en saco roto la sugerencia de otorgar algún premio «Príncipe de Asturias», con su redondo premio y todo, a algún despistado extranjero que más se hubiera distinguido en esto del ombligo. Seguro que muy gustoso acudiría a Oviedo a recogerlo, a pesar de tener que enterarse primero donde está la Península Ibérica, Asturias y la capital del Principado. Si París valía una misa, un Premio así merece la pena enterarse por dónde hizo de las suyas D. Pelayo, máxime si todo es a la mayor gloria del ombligo.

Finalmente, si te dicen que «España va bien» a pesar de seguir sin gustarte, quítate de la cabeza esa idea; es simplemente que se ha puesto a la moda la clase política y la «ombliguitis», que es muy contagiosa, hace estragos.

Amén.


 
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