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Altar Mayor - Nº 82 (13)
Viernes, 25 octubre a las 17:59:35

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 82 – septiembre-octubre de 2002

LA CULTURA GRIEGA Y LA CRISTIANA, BASES DE LA HISTORIA OCCIDENTAL
Por Eduardo Acero Sáez
ExConsejero Nacional de Educación

El cristianismo iniciado hace algo más de 2.000 años ha influido grandemente en la cultura de muchos lugares del mundo con intensidad variable según las diversas épocas históricas. A pesar de las discordias internas que ha sufrido el cristianismo, siempre ha quedado el poso de la Vida y Pasión de su fundador: Cristo. Refiriéndonos al siglo más cercano a nosotros, el XX, ha sido un período de grandes contrastes, ya que los movimientos comunista y nazi llegaron a dejar en un segundo lugar la religión, pero más tarde, al hundirse dichos movimientos ateos, volvió a resurgir con una cierta fuerza el espíritu cristiano en sus diversas facetas (católicos, protestantes y ortodoxos). En cambio, en países que se habían mantenido siempre cristianos, se aprecia en ese mismo siglo un aumento de la secularización y una menor preocupación por la vida transcendente. En el propio paganismo de los pueblos antiguos ya tuvo su influencia el gnosticismo, como doctrina religiosa y filosófica, así como en los primeros siglos de la Iglesia Cristiana, pretendiendo tener un conocimiento de las cosas divinas a través de la intuición y no de la razón y la fe; al gnosticismo se le puede considerar como el resultado de una mezcla entre el cristianismo y diversas creencias judaicas y paganas. También puede considerarse al gnosticismo como una especie de panteísmo según el cual Dios se identifica con el mundo (Panteísmo de Spinoza). En cambio, el agnosticismo, en la actualidad defendido por ciertos intelectuales modernistas, no ateos, es una doctrina filosófica que niega la capacidad de la inteligencia humana, para llegar a comprender lo absoluto y sobrenatural; esta filosofía no defiende ni niega la existencia de Dios.

Los principios filosóficos, sociales y políticos de la antigua Grecia todavía se mantienen muy al día en los comienzos del siglo XXI, ya que dan a conocer verdades fundamentales, que en muchos casos ha aceptado el cristianismo, que hoy en día tratan de no tener en cuenta ciertas concepciones modernistas, sobre todo cuando abordan temas tan importantes como la existencia de Dios y el alma del ser inteligente. Antes de la Ilustración, antesala ésta de la Revolución Francesa, predominaba en todo su vigor la cultura religiosa cristiana, a pesar de la división que experimentó en el Renacimiento. Implanta la Revolución Francesa, tratando de sustituir a Dios, algo tan absurdo como la denominada Diosa Razón, ateísmo disfrazado de un falso espíritu religioso, no teniendo en cuenta para nada la Fe de Cristo y por tanto los principios de la moral cristiana. Ya en pleno siglo XIX, Marx y sus seguidores consideraban toda clase de religiones como el opio de los pueblos, tratando de suprimir tanto la religiosidad cristiana ortodoxa, como la mahometana, tal y como luego sucedió. En la Rusia Soviética, donde al inicio de la revolución asesinaron cruelmente a los zares, y sin llegar al siglo, la Iglesia Ortodoxa Rusa los ha canonizado como Santos, así como al resto de la familia imperial.

El ateísmo tuvo un gran enemigo en el Romanticismo, que no estima suficiente la razón ateísta como único medio para interpretar los hechos del pasado. El movimiento romántico en sus comienzos fue una dura protesta contraria al razonamiento ateo, primando sus ideas sobre el corazón más que sobre la razón, de las que se desentiende, volviendo su visión a los mitos y leyendas de los tiempos pasados. Los románticos tenían la convicción de que las fuerzas biológicas del hombre, en muchos casos, se imponían a la razón, promoviendo en sus narraciones el culto al héroe y a la fuerza. Este destronamiento de la razón por el mito heroico, no anula de forma alguna a las religiones, ya que éstas son también parte fundamental de los hechos pasados. Frente a este movimiento romántico de vuelta a la tragedia griega, tal como la relatan maravillosamente Esquilo, Sófocles y Eurípides, aparece, a finales del siglo XIX y en pleno siglo XX, unas teorías que tratan de explicar los hechos humanos y su proyección de futuro por medio del análisis psicológico, como principio único de la mente humana, no teniendo en cuenta el alma, ni los conceptos del bien y del mal, que a través de la filosofía griega y de la fe cristiana siempre estimaron que el alma era un ente inmaterial unido al cuerpo del hombre mientras vive, y por ser inmortal pasa, al desligarse del cuerpo, al entorno de Dios. La Psicología, y en especial la Psiquiatría, han tenido, a lo largo del siglo XX, en muchos casos, una influencia nefasta en hechos tan lamentables como la discriminación racial aria o tratar de perfeccionar dicha raza eliminando a personas que tenían taras físicas o de disminución psíquica.

Durante bastante tiempo, y todavía en la actualidad, se aprecia la importancia tan enorme que ha tenido la filosofía griega en puntos claves como fueron la existencia de Dios y la vida eterna del alma humana. Aunque ya en la Edad Moderna, y sobre todo en la Contemporánea, se indicaba que la Ciencia griega era demasiado abstracta, y sin base experimental, por lo que resultaba errónea, aunque la Ciencia en completa evolución tampoco mantiene durante largos períodos sus principios: Por ejemplo, los griegos estimaban que el Universo tenía forma esférica (basándose en que la esfera era la figura geométrica más perfecta); posteriormente hubo científicos que estimaban un Universo infinito; Einstein lo consideró curvado y a finales del año 2000 se nos dice que el Universo es plano.

A la vez que algunos científicos modernos tratan de imponer el conocimiento de la Ciencia sobre la Religión, la Iglesia Moderna, y muchos de sus intelectuales cristianos, defienden que la razón científica no se opone a la religiosa, aunque hay que indicar que los avances científicos en bastantes casos se oponen a la moral, no sólo cristiana, sino de una verdadera ética seglar. Uno de los mayores enemigos del cristianismo Fiedrich Nietzsche indicaba en Aforismos (122): «La ironía frente a quienes creen superado el cristianismo por las modernas Ciencias Naturales, los juicios cristianos de valor no están absolutamente superados por ellas. Cristo en la Cruz es el símbolo más sublime todavía».

En la filosofía actual, decía E. Bonete Perales, profesor de Filosofía Moral de la Universidad de Salamanca, se deberían tener en cuenta los puntos siguientes:

«Según la Iglesia, el problema Metafísico y Epistemológico de la verdad es el núcleo del pensamiento, y por ello, su olvido en la filosofía reciente postmoderna es tan grave que afecta a todos los niveles del pensamiento y a las diversas dimensiones de la vida humana, tanto personal como socio-política.

»Junto al olvido de la verdad, la filosofía (se refiere a la modernista) ha renunciado a plantear el problema antropológico de la vida y de la muerte, considerando que es una cuestión privada y meramente sentimental, que cada uno ha de resolver según sus proyectos personales y particulares creencias, dado que la filosofía o la razón nada pueden decir.

»La ética contemporánea ha marginado el problema filosófico de la felicidad y del bien, centrándose sobre todo en la justicia y las normas morales, que son las que han de regular la convivencia ciudadana en medio de un pluralismo cultural...

»La Filosofía Jurídica y Política han olvidado en gran medida la preocupación por el fundamento de los Derechos Humanos y de la dignidad de la persona. Se han centrado en establecer los procedimientos dialógicos para aprobar leyes y hacerlas cumplir en los Estados. Junto a ello han marginado también la búsqueda de la base moral de las democracias, reduciendo tal sistema de gobierno a un mero mecanismo formal para resolver conflictos, obviando la defensa coherente de los Derechos Humanos, entre ellos el de la vida».

Los Mandamientos de la Ley de Dios de Moisés, anteriores a los Derechos Humanos, defienden con gran contundencia no sólo la creencia en Dios sino cómo atenerse a las Leyes Morales que en la actualidad deberían de ser admitidas en toda su integridad y sin las escapatorias legales que muestran los Derechos Humanos, sin tener en cuenta lo fundamentales que son los Deberes, por lo que se deberían enunciar sin equívocos los que podrían denominarse Deberes y Derechos Humanos.

Es evidente que hay hechos y sobre todo leyes que no pueden litigarse en un Parlamento por muy demócrata que se considere, empleando el sistema del votó. Tal es el caso del aborto y de la eutanasia, donde la mayoría de un partido político las puede hacer factibles de forma legal. Existen problemas muy graves en el tratamiento de la delincuencia, ya que la psiquiatría, teniendo poca cuenta del bien y del mal, trata de explicar muchos crímenes como responsables solamente de la mecánica cerebral, apoyándose en que más que la maldad lo que existen son cerebros enfermos culpables de los delitos y de actos de violencia. Sentado el diagnóstico por un llamado experto de que existe una relación entre un posible cerebro enfermo y la maldad realizada, nos encontramos con que la Justicia, al no encontrar maldad, puede dejar en libertad a un criminal peligroso. Muchos abogados se han inventado la llamada «locura transitoria» para defender a los acusados de crímenes horrorosos. La maldad de las pasiones, no cabe la menor duda, interviene hoy en día en las violaciones y muertes de muchos jóvenes. La pederastia en los niños, y su anuncio a través de Internet, debería ser considerada como una desviación pasional maligna y castigada por la Justicia con muy altas penas.

En una de las ultimas Encíclicas del Papa Juan Pablo II, Fides et Ratio (Fe y Razón), se marca con toda claridad que no debe confundirse la creencia de la Fe con las especulaciones de la Tecnociencia; que si se examina a fondo se observa que no contradicen la Fe cristiana, «ya que el espíritu humanos -decía el Papa- se eleva hacia la contemplación de la verdad». Llama la atención de esta Encíclica, al referirse al uso de la razón en la modernidad, que «la racionalidad en vez de atender a la contemplación y a la búsqueda del fin último y del sentido de la vida, se dirige con razón instrumental al servicio de fines utilitaristas de placer o de poder». Dentro del año 2000, el Cardenal Ratzinger, indicaba en una conferencia pronunciada en el Seminario de Madrid, que sentía una gran preocupación por los ataques que sufría la Iglesia Católica, y en general todos los grupos fieles seguidores de Cristo, en todas aquellas cuestiones que tienen relación con la vida trascendente y moral, alegando: «Una filosofía que ya no pregunta quiénes somos, para qué somos, si existe Dios y la Vida eterna, es obvio que ha abdicado como tal filosofía». Pero lo triste de la situación actual es que muchos de los que se titulan cristianos, no sólo no siguen la doctrina del Evangelio, sino que son conformistas con los postulados materialistas y consumistas en que se encuentra sumergido el mundo moderno. Se desprecia la vida humana, por móviles egoístas, en dos vertientes principales que son el aborto y la eutanasia. Estos cristianos se suelen sentir acobardados cuando alguien les dice que las creencias católicas ya no pertenecen a nuestro tiempo, pero habría que recordar lo que nos decía san Agustín: «que el tiempo de por sí no impone nada, sino que son los hechos cristianos los que pueden actuar sobre el pulso del tiempo». El pulso del tiempo en determinadas épocas puede mostrarse con ciertas ideas anticristianas, pero siempre volverá un tiempo en que los seguidores de Cristo harán sentir la verdad de la religión.


 
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