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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 141
Wednesday, 20 November a las 14:46:07

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 141 – 19 de noviembre de 2002

SUMARIO

  1. Agazapados en los tanatorios, por Ángel Palomino
  2. «Soldados de Salamina», por Mario Tecglen
  3. El negocio de la muerte o los ojos del lobo, por Eulogio López
  4. Comentarios, por Españoleto
  5. Religión y Constitución Europea, por Aleix Vidal Quadras


AGAZAPADOS EN LOS TANATORIOS
Por
Ángel Palomino

Con lo bonito que hace hablar bien de los muertos y cómo lo estropean los intelectuales orgánicos, los jóvenes analfabetos, los viejos malsines del periodismo gauchista, y esa casta nutrida, la politicalla, los que viven de la política integrados en el institucional aparato que reúne los cientos de dedos elegidos a dedo en listas cerradas, dedos sometidos, obedientes a la orden de votar SÍ o NO como la disciplina partitocrática nos enseña; la politicasta de los mítines y las manifestaciones de virtuales cientos de miles de militantes unidos por la nómina con sus bosques de pértigas con banderita, luciendo el hierro sindical, rojas pegatinas pagadas por el contribuyente, ese Don Nadie, obligado a padecer las consecuencias salvajes de la huelga y la agresión informativa de los piquetes que -con violencia, descalabraduras y estrépito de cristales rotos- procuran el éxito del atropello.

¿Quién abusó del muerto Bardem? ¿Quién lo robó cubriendo su ataúd con una bandera que es, sólo, memoria de sangre, tiranía y lágrimas, repudiada en su país de origen, Rusia, la más atroz potencia antidemocrática del siglo XX?

-Era comunista -dicen orgullosos los que aún viven de eso-. Un intelectual comprometido en la lucha por la libertad y la democracia.

A José Antonio Bardem pudo incluirlo don Alfonso Guerra en la lista de exiliados de la contienda civil. La familia Bardem huyó de la zona roja y luego se pasó a la España de Franco. Juan Antonio lució con marcialidad la camisa azul en San Sebastián, con otros falangistas exiliados que actuaban como Falange Madrileña en la zona nacional.

Pasaron los años y a España llegó el exquisito ramalazo del disgusto a papá, la moda italiana de asociar cine, comunismo, niñatería pija, dolce vita e intelectualidad. Coincidía con un fenómeno paralelo en Estados Unidos, donde el senador McCarthy realizó una meritoria labor de saneamiento social -con ayuda de la mayor parte de los profesionales, artistas e intelectuales independientes- para desenmascarar a los elegantes y bien carrozados comunistas especialmente en Washington, donde habían llegado hasta la Secretaría de Estado, y en el firmamento glamouroso de Hollywood. El Partido -antes, a través de la KGB y ahora de sus cenizas aún operativas en todo Occidente- nunca lo ha perdonado: todavía le disparan, matan su biografía con leyendas negras e insultos. También en España lucieron garbo marxista luchadores por la libertad como Rabal, Patino, Gades, Saura, actorcillos como Juan Diego, algunas actrices de medio pelo, este recién incinerado en olor de santidad camarada Bardem y su anciana hermana, erguida y envuelta en transparencias.

A mí me hubiese gustado dedicar unas palabras amables a Bardem, pero la masificada unidad de cultura de los orquestadores comunistas a la borreguil familia de las grandes empresas periodísticas, más la RTV del Estado, más todos los intelectuales de derechas e izquierdas incomprometibles con la verdad hacen irrealizable a los escritores independientes expresar un juicio solamente cortés y despolitizado: es obligatoria la indignidad y asentir a tanto disparate. Bardem nunca supo hacer algo que deseaba vehementemente y no le salía: cine de calidad. «Calle Mayor» es una película de costumbres, sencilla, discreta, medianilla, nada comunista ni de derechas ni de izquierdas; tenía un antecedente cinematográfico y un origen teatral, «La señorita de Trevélez» y lo mismo podría tenerlo en alguna novela de Fernández Florez que, a veces, se ponía melancólico. Así, en «Huella de luz» y en la bellísima novela y muy aceptable filme «El bosque animado» que, en su versión literaria, debió ser sobrada justificación para la fama universal en la que nadie pensó porque el autor mostró siempre desdén por la política y los políticos de izquierdas y la izquierda no perdona. En 1936 tuvo que refugiarse en una embajada y pasarse a la zona nacional, lo cual le salvó de morir en Paracuellos o en cualquier otro escenario justiciero popular de la milicianada progresista del poeta Alberti. Tan grave falta de respeto le cerró el acceso al premio Nobel y otros reconocimientos, como a Borges y a tantos otros sentenciados a muerte intelectual, cuando no a ambas penas. De la muerte física pudo escapar don Wenceslao; de la otra, no.

Ha sido incinerado Bardem, un director que pudo ser mejor. Un comunista que paseó el esmoquin y las buenas maneras con la soltura de sus camaradas internacionales. El Partido le dio la desmesurada fama que a tanto mediocre transfiguró en eminencia, a tanto fantasma en sabio psiquiatra, genial pintor, insigne economista, viejo profesor, cineasta renovador. El Partido espera agazapado en tanatorios y capillas fúnebres ardientes o frías. Su aparato lo encumbró, el muerto es suyo, lo secuestra, lo envuelve en sus siniestros ropones, pone focos a sus hoces, a sus martillos… Y todos los noticiarios dedican palabras, textos, imágenes al servicio de esa fama inventada.

Nos queda la foto; esa foto surrealista, patética: la anciana actriz Pilar Bardem con el puño en alto, y la más que madura chica de Almodóvar Marisa Paredes, exhibiendo también su puñito con el polvoriento saludo, cantan, aquella canción de los parias del mundo y los esclavos sin pan, que hoy suena rarísima. Entre una y otra, sin saludar ni cantar, atrapado, sorprendido, un secretario de estado: Marisa, relajada, saluda con aire chungo de noche Tropicana. Pilar, adopta posición militar de firmes, tipo Tianamen, para ejemplo de los parias y de los esclavos sin pan.

La viuda, doña María -mis respetos, señora, mi condolencia- no se unió a la cantata; perdón, al esperpento.
 

SOLDADOS DE SALAMINA
Por Mario Tecglen

Acabo de leer la 22ª edición de este libro de Javier Cercas que relata la milagrosa salvación de Rafael Sánchez Mazas, fundador, con José Antonio Primo de Rivera, de Falange Española y uno de sus grandes poetas.

Este escritor, que además es periodista y profesor de lengua española, narra, con excelente literatura y magníficas descripciones, la forma en que Sánchez-Mazas pudo escapar de un fusilamiento colectivo, cuando los vencidos en la Guerra Civil, en su huida precipitada hacia la frontera francesa, decidieron fusilar a cincuenta presos políticos que se encontraban recluidos en el monasterio de El Colell, cerca de Bañolas (Gerona).

Me pregunto qué será de la Verdad (con mayúscula) cuando hayamos muerto todos los testigos directos de aquella enorme tragedia, y nadie pueda salir al paso de tanta ocultación sistemática. El autor, como está ocurriendo en tantas y tantas ocasiones, esconde el clima comunista que se respiraba en todos los ambientes de aquella España Roja. Ese clima, archiconocido por todos los que lo respiramos y vivimos, que en modo alguno se parece al ambiente amable de la España Republicana que nos pintan; éste y todos los escritores de hoy. (Con escasísimas excepciones)

En esta ocasión, conforme a lo expuesto, el narrador insiste en dibujarnos una República Idílica; con españoles disfrutando de la vida en paz y en libertad, hasta que un 18 de julio, unos militarones, gordos, de botas altas y muchas medallas; asociados a unos señoritos fascistas, vástagos de las grandes familias, quiebran aquella paz paradisíaca y plantean, a los felices trabajadores, una Guerra Abierta con el fin de que las cosas vuelvan a la España Tradicional de injusticias sociales, prebendas y familias privilegiadas.

Para nada se puede sospechar en los mensajes literarios de Javier Cercas que durante los tres primeros años de la II República, las hordas libertarias, que esperaban ansiosas su república revanchista, incendiaran el 11 de mayo de 1931 más de cincuenta edificios religiosos entre Madrid, Andalucía y Levante. Ni que en el pueblo gaditano de Casas Viejas, el 11 de enero de 1933, unos cuantos vecinos, muertos de hambre, se sublevaran contra las injusticias sociales de aquella República Burguesa; para cuyo exterminio, el Presidente del Gobierno y Ministro de la Guerra: Manuel Azaña, respondió enviando, con órdenes concretas de acabar con todo aquello sin heridos ni prisioneros, a su Guardia de Asalto.

A los jóvenes lectores de hoy, ante tanta ocultación y deliberada desfiguración de los hechos, no les cabe en la cabeza la Revolución de Octubre de 1934, cuando los socialistas, por no acatar la democrática victoria electoral de las derechas, se levantaron en Asturias contra el gobierno legítimo de la República. Ni el ambiente de Revolución Marxista que se masticaba en las calles de todas las ciudades y pueblos durante las semanas siguientes a la victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936; y que acabó cristalizando con el «Crimen de Estado», cometido desde el gobierno, en la persona de José Calvo Sotelo.

El relato sí que cumple -y con todo rigor- lo establecido hoy como verdad oficial. O sea que no faltan los insultos de rigor al general Franco; al que tilda de gordezuelo, afeminado e incompetente.

Cumple, sin embargo, manifestar a este crítico, que lo que sin duda justifica las veintidós ediciones agotadas, y las más de sesenta y cinco semanas que se mantiene entre los libros más vendidos, se debe al hermoso gesto de compasión, constatado, de un soldado, posiblemente del 5º Regimiento de Líster, que, buscando a Sánchez Mazas en la huída consiguiente a su fusilamiento frustrado; lo encuentra; y, mirándolo a los ojos, grita a sus compañeros que por allí no hay nadie.
 

EL NEGOCIO DE LA MUERTE O LOS OJOS DEL LOBO
Por Eulogio López

Tomado de Hispanidad

-Clínica Ginemedex: Dígame.

-Mire, le llamo de parte de Amparo (una asistente social madrileña con la que el periodista había contactado anteriormente) que me ha dado el nombre de su clínica. Mi chica está embarazada de 27 semanas y hemos tomado la decisión de interrumpir el embarazo. Lo tenemos totalmente asumido y nos han dicho que ustedes pueden realizar la intervención.

-Una pregunta, ¿existe alguna malformación?

-No.

-Sí, sería posible hacer esta intervención.

-Yo, antes de ir a Barcelona, me quiero asegurar de que no habrá ningún problema con el informe del psiquiatra. Que se hace y punto...

-Sí, claro.

-¿Podríamos ir la semana que viene? Lo único es que entonces estaría ya de 28 semanas.

-Yo le recomiendo que no esperen tanto. Si pueden venir el miércoles no esperen más.

-Ya, pero ¿se podría hacer la semana que viene? Es que, justo ahora, estamos liados con un asunto de trabajo.

-Sí, piense que ya por eso se tendrá que quedar un día aquí.

-¿Eh?

-Y ahora le digo también el precio: 3.310 euros.

El sabroso diálogo anterior es la trascripción de una conversación telefónica mantenida por un periodista (Miguel Gil: ¡Enhorabuena, tío, merecerías el Pulitzer por este magnífico trabajo, periodismo del bueno, de los que cambian el mundo) del semanario español Época (www.epoca.es) con una clínica abortista barcelonesa. No olvidemos que la legislación abortista española permite el aborto hasta las 12 semanas, y no olvidemos tampoco que admite tres supuestos: Peligro para la salud física o psíquica de la madre, malformación congénita (en la sociedad actual es eugenésica: los débiles molestan) y violación. Naturalmente, casi el 100 por 100 de los abortos se realizan bajo la mitad del primer supuesto (peligro para la salud psíquica, el mejor coladero para desaprensivas). Las clínicas abortistas tienen ya firmados por anticipado los documentos de sesudos psiquiatras que ni han visto al paciente, de ahí las inteligentes preguntas del autor del reportaje. Es decir, estamos ante el mercado de la muerte que, no sólo es una inmoralidad, sino un fraude de ley permanente, de una ley ya de por sí inmoral.

Pero el asunto no acaba ahí. Otra llamada, también a otra clínica abortera barcelonesa (no podían llamar a Madrid porque el periodista corría el riesgo de que les citaran personalmente). En esta, el reportero vuelve a insistir en que se trata de un feto de casi siete meses. No hay problema:

-EMECE, buenas tardes.

-Quería saber cuánto cuesta practicar un aborto de veinte semanas.

-3.000 euros.

-¿Y si son 28 semanas?

-Hasta 28 semanas, 3.000. Si pasa, es más...

-¿Cuánto?

-Si lo hacen en la 29, les subo a 3.200 0 3.300 euros.

-¿Y en 30 de cuánto estamos hablando?

-Bueno, ya nos vamos a mucho.

-¿Cuánto?

-Nos vamos a mucho ya para hacerlo, pero tienen que venir antes.

-¿Y cuál es el método?

-Es un parto inducido y ya está. La madre tiene que quedarse aquí una noche.

Parto inducido. Atención a este punto. Es otro eufemismo que se refiere al aborto por ahorcamiento, precisamente el que Bill Clinton aprobó y George Bush pretende anular ahora. Se trata de dilatar artificialmente a la mujer, y extraer el feto por los pies. Luego, cuando la cabeza está dentro del seno materno, se le clava un punzón, se extraer el cerebro, se rompe el cráneo y se extraen los restos en pedacitos.

El editor del semanario Época, y propietario de Intereconomía, Julio Ariza, añade al reportaje un artículo titulado: A los lectores de Época con horror y vergüenza: «Los políticos, los jueces, los legisladores, el presidente del Gobierno, que promueve e inspira cambios legislativos, no podrán permanecer mudos, o en la inacción, después de conocer los horrores que aquí les presentamos. La esposa del señor Aznar, la señora Botella, declaraba muy recientemente, ser una apasionada, de los temas sociales; aquí tiene una causa social digna de toda pasión».

Espléndido llamamiento, pero no creo que surta efecto. Los medios de comunicación más poderosos no rebotarán el trabajo: le castigarán con el silencio, en el mejor espíritu mafioso que reina actualmente en la sociedad española, el espíritu de la «omerta».

Tampoco el Gobierno popular hará nada. Nos consta que cuando el autor del reportaje, Miguel Gil, se topó con un conocido diputado popular, para más señas, con bigote y un poco calvete, eso sí, muy católico él, se negó a hacer declaraciones sobre la investigación de Época, remitiéndose a la opinión que de eso tiene ya el Partido (no estamos seguros de que el Partido Popular tenga opinión alguna al respecto).

No se preocupe la progresía española: este espléndido reportaje terminará en el silencio más absoluto. No cabe ni la menor posibilidad de que se planteen cuestiones como las siguientes: El fiscal general del Estado, Sr. Cardenal ¿asumirá de oficio la apertura de un expediente ante tan flagrantes violaciones de la ley del aborto? El señor Ollero, presidente de la Comisión de Justicia del Parlamento español y catedrático de filosofía del Derecho, eso que antes se llamaba Derecho Natural, ¿solicitará la apertura de una Comisión de Investigación Parlamentaria? Jaime Mayor Oreja, democristiano por los cuatro costados, aspirante a la Presidencia del Gobierno ¿se dignará reseñar el reportaje del semanario Época sobre un asunto que provoca más muertes que las de ETA? ¿O en este país el único que volverá a hablar contra el aborto será el socialista y alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez?

Los niños centroeuropeos practican un juego que denominan «Mirar con ojos de lobo». Dos chavales se miran directamente a los ojos, sin hablar, y gana aquél que sabe aguantarse la risa. En materia de aborto, habrá que pedirles a los políticos, especialmente a los políticos populares y a la clase periodística, que practiquen el juego de «los ojos del lobo». No aguantarán la carcajada ni dos segundos. Será su única defensa psicológica, fruto de la cobardía, ante un fraude de tales proporciones como el que representa el aborto en España, venido, además, como un avance social.
 

COMENTARIOS
Por Españoleto

PUBLICIDAD REVELADORA

Los desnudos masculinos empiezan a complementar a los femeninos en los anuncios. Dos mujeres embarazadas exhiben orgullosamente sus prominentes vientres en unas paradas de autobús. En otras, dos papúes exhiben sus discrepantes opiniones expresándolas mediante la diferente posición de sus penes. El Aleluya de Haendel se emplea para cualquier banalidad. Son muestras de la pérdida de respeto a cualquier uso habitual de nuestra Sociedad, en aras del atractivo económico inmediato. No hay costumbre o convencionalismo que esté seguro y fuera del abuso. Nos acostumbramos a todo y competimos por ser el primero que exprese su satisfacción por el acierto de esos publicitarios. ¿Educarán ellos a sus hijos a tomar algo en serio, a mantener respeto a algún misterio humano?
 

LA JUEZ QUE LIBERA A «LOS QUE MATAN POR CONVICCIÓN»

La juez Ruth Alonso se ha distinguido liberando terroristas que caen bajo su jurisdicción de vigilancia penitenciaria en cuanto se cumple el mínimo legal de encarcelamiento requerido para su actuación. No se recata en exponer su razón principal para ello: Le caen bien porque «a diferencia de los delincuentes que matan por interés, ellos matan por convicción política».

Y el CSPJ no ve motivos para procesarla, pues no hay prueba de que se beneficie económicamente por ello. El Gobierno anuncia que, para evitarlo, va a subordinar a la Audiencia Nacional la vigilancia penitenciaria por los delitos juzgador por ella. Y al PNV le parece muy mal. Todo está muy claro. Excepto para la gente normal, que no se explica cómo estas actuaciones no tienen consecuencias correctoras de los casos que se considera anómalos.
 

SIGUE LA OFENSIVA

Una sala pequeña de teatro en Madrid estrena una obra en varias escenas titulada «Terror y Miseria del primer franquismo», según destaca un periódico. Entre las escenas está una referida al Frente de Juventudes, cuyo tema desconozco, ilustrada con una foto de los actores, cinco muchachos tocados con la boina roja… con tamaño y forma semejante a la actual de la OJE. Los autores de esa obra que, sin conocerla, cabe calificar de panfleto, no se han molestado en ver fotos de la época, para identificar la pequeña boina de las FF.JJ. ¿Qué habrán decidido que saben acerca del espíritu de quienes la usaban? Pero no hay que escandalizarse demasiado. Es sólo otro movimiento de la ofensiva de desprestigio, de baja estofa intelectual, de una época fecunda de España.
 

RELIGIÓN Y CONSTITUCIÓN EUROPEA
Por Aleix Vidal Quadras

Tomado de La Razón, 15 noviembre 2002

Una de las aportaciones cruciales de la Ilustración a la teoría política fue la separación entre el poder religioso y el poder civil. En todos los países de la Unión Europea, esta independencia del Estado respecto a la confesión dominante y viceversa es un elemento esencial del orden constitucional, aunque las referencias a Dios o a las especiales relaciones que pueden existir entre la o las iglesias y las instituciones públicas aparezcan en algunas leyes fundamentales bajo diferentes formulaciones y con énfasis diversos. Así, la Constitución francesa proclama, sin paliativos, el carácter laico de la República mientras que la irlandesa o la griega mencionan a «Dios Todopoderoso» o a «Nuestro Señor Jesucristo» de forma reverente. Se da también el caso curioso de que en la Constitución no escrita británica el jefe de la Iglesia anglicana, oficial del Estado, es el propio monarca, si bien este vestigio de los ardores eróticos y la codicia de Enrique VIII no contiene hoy la menor connotación teocrática de los anacronismos que prestan especial encanto a la vida inglesa.

En este contexto, la propuesta del Partido Popular Europeo de incluir en la futura Constitución comunitaria referencias explícitas a la «herencia religiosa» de nuestro continente en el artículo 57 de su propuesta, en el que se invocan «los valores individuales de la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la solidaridad», ofrece algunos motivos de perplejidad. Como es obvio, el deseo legítimo de determinados sectores del centro-derecha europeo es aprovechar la gran reforma en curso para incluir en el Tratado un tributo especial al componente cristiano de nuestra cultura común. Pero la expresión «herencia religiosa» resulta demasiado genérica. ¿Puede amparar el legado monoteísta judaico o a los politeísmos greco-romano o nórdico y aludir también a los furores vengativos de Yavé, a la capacidad- de intriga de Hera, a las delicadas habilidades de Afrodita o al vigor guerrero de Wotan? La respuesta no es dudosa, pero dado el señalamiento preferente en un texto constitucional de una religión concreta, por mayoritaria que sea, en sociedades que ya son crecientemente plurales en sus percepciones de lo trascendente, corre el peligro de ser acusado de excluyente y que, por otra parte, si se destaca con toda justicia el cristianismo como elemento decisivo de la definición de una identidad colectiva -europea, ¿qué pasa con el racionalismo científico, por citar otra pieza clave?

Lo más prudente en el complejo clima social que reina en la Europa de albores del siglo XXI es preparar un Tratado Constitucional para la Unión que nos garantice una convivencia basada en principios éticos universales, emanados sin duda en gran parte del espíritu enaltecedor del Nuevo Testamento, pero sin entrar en redacciones equívocas y conceptualmente resbaladizas.


 
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