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El Brocal
El Brocal - Nº 11
Domingo, 19 enero a las 23:34:36

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 11 – 20 de diciembre de 2002

LA MUJER DURANTE EL FRANQUISMO
Por
Amando de Miguel

Tomado de diario La Razón, 3 diciembre 2002

Hay una idea estereotipada sobre el franquismo como un período monolítico, retardatario en todos los aspectos, equivalente de una sociedad tradicional y una política totalitaria. En su virtud, las mujeres de ese período permanecían sojuzgadas, recluidas en sus casas. La realidad es mucho más compleja de lo que revela ese estereotipo. No se puede sostener que las mujeres españolas del período antebélico tuvieran una notable presencia pública. Como resulta igualmente simplista la idea de que, consumado el franquismo, las mujeres se aprestaran a salir de su casa para trabajar o estudiar. De nuevo la evolución real se dibuja como una trayectoria sinuosa que llena todo el siglo XX. La época franquista supone avances y retrocesos, a veces con cierta independencia del condicionamiento político e incluso en contra de los deseos de un régimen claramente autoritario y paternalista. Al final, los vencedores de la Guerra Civil no convencieron mucho.

No es verdad que el franquismo equivalga automáticamente a reclusión de la mujer. Sobre todo porque el franquismo es dos cosas al tiempo: lo que pretenden las autoridades y la realidad social. Cierto es que la mentalidad oficial fue la de revalorizar el papel del ama de casa, de las labores del hogar. Pero, paradójicamente, quienes se encargaron de difundir esas ideas fueron las «chicas de la Sección Femenina de Falange». Por lo general, se trataba de mujeres profesionales, emancipadas y hasta con sublimada soltería para dedicarse íntegramente a sus tareas políticas. La Sección Femenina cumplió un papel extraordinario en lograr la difusión de prácticas de higiene, alimentación y cuidado del hogar. De hecho, el notable suceso de la reducción de la mortalidad infantil en los duros años 40 se debió, en gran medida, a la acción divulgadora de la Sección Femenina. Con independencia de ese núcleo político, la época franquista corresponde a un aumento espectacular del alumnado femenino en el bachillerato y algunas carreras medias (Magisterio, Enfermería) y universitarias (Filosofía, Farmacia). Una vez pasado el trance, se puede juzgar ese proceso como excesivamente lento, pero es más decidido que el correspondiente al período antebélico. De hecho, el estímulo de la Guerra Civil supuso que, en los dos bandos, las mujeres salieran a la calle y se hicieran cargo de muchas tareas hasta entonces tenidas por exclusivamente varoniles. Es un fenómeno que ha tenido lugar en muchas otras guerras del siglo XX. También suele suceder que, acabada la guerra civil, se produce el movimiento pendular de la recogida de las mujeres a las tareas hogareñas. En España ese movimiento se produjo de acuerdo con la mentalidad oficial de los ganadores, que ensalzaba la familia y la separación de sexos en muchos órdenes de la vida.

El franquismo recoge una tradición secular que había resaltado la Iglesia católica e incluso su antagonista la Institución Libre de Enseñanza. A saber, las mujeres pueden dirigir organizaciones con tal de que sean para mujeres. Recordemos el caso eminente de Santa Teresa de Ávila (no por casualidad patrona de la Sección Femenina). Pero está también la Residencia de Señoritas de la Institución Libre de Enseñanza. Así que no debe de llamar la atención el hecho de que la Sección Femenina se ocupara exclusivamente de los asuntos de la mujer. Se podrá criticar esa exclusividad, pero en los tiempos democráticos se ha impuesto sin discusión el mismo principio. El actual Instituto de la Mujer (con sus equivalencias fractales en las comunidades autónomas) aparece dirigido exclusivamente por mujeres. Es raro que se organice un curso, simposio o mesa redonda sobre la mujer y que las tareas de dirección y participación no se reserven a mujeres. Si aparece algún varón es como concesión maternal. Es una discriminación que los usos admitidos no consideran criticable. En definitiva, sigue funcionando el principio de exclusividad de la Sección Femenina. Es un principio tan integrado en la sociedad actual que no llama la atención, como tampoco escandaliza su manifestación contraria, por ejemplo, la exclusividad varonil del fútbol. Las mujeres han entrado en el mundo del fútbol, pero como espectadoras; por algo se empieza. Hay un tímido intento de una liga femenina de fútbol (perdón por el retruécano) pero su desarrollo es todavía embrionario.

Todo es gradual cuando nos referimos a la incorporación de las mujeres al trabajo extradoméstico, los estudios, la vida pública. Es un lento proceso secular, que sigue avanzando durante el franquismo (a pesar de algunos retrocesos simbólicos) y sigue rampante en el período democrático. Pero no hay un corte radical entre la sociedad tradicional de estilo franquista y la sociedad moderna que viene después. El franquismo acepta muchos elementos de modernización por mucho que persista el poder personal del Caudillo hasta su muerte. Si no se acepta esa interpretación, no se entiende nada.

El carácter gradualista de la participación femenina en la vida extradoméstica pasa por la aceptación primera de que las mujeres deben acomodarse a actividades que recuerden las hogareñas. Una priora de un convento de monjas dirige simbólicamente un hogar. Una maestra o una enfermera cuidan de las personas como una madre cría a sus hijos. Quizá haya sido la manera más práctica y convincente de aprovechar la inteligencia femenina para organizar una sociedad compleja. Los procesos graduales suelen ser más estables y económicos.
 

LOS DERECHOS DE LA MUJER Y LA SECCIÓN FEMENINA
Por Mónica Plaza

Tomado del Boletín de la FNFF, Julio/Septiembre 2002

El papel de la mujer en la España de los últimos cien años y su promoción, el tema de la defensa de los derechos de la mujer en España hay que relacionarlo necesariamente siempre, con la presencia de la Sección Femenina y la revolucionaria actuación de esta organización frente a los graves problemas que, afectaban a la mujer y por consecuencia a la propia sociedad, en los años cuarenta y anteriores, para alcanzar su plena integración. Y ahí están sus frutos

· La ley de los derechos políticos profesionales y de trabajo de la mujer de julio de 1961 que reconoce a la mujer los mismos derechos que al varón.

· La ley de 28 de diciembre de 1966, que da acceso a la mujer, a los cargos de la administración de justicia de magistrados. jueces y fiscales.

Leyes que propuestas, presentadas y defendidas por la Sección Femenina en las Cortes Españolas, cambiarían profunda y revolucionariamente, el status real y legal de la mujer española, marcando una línea divisoria, en la vida de ésta y constituyéndose en la más firme base de justicia, de dignidad y de libertad.

He seguido siempre, con el mayor interés posible, todo cuanto lo mucho que se dice, escribe o discute hoy, sobre los «Derechos de la mujer en España» y con asombro y con estupor, veo las omisiones y acentuadas negaciones y versiones falsas y graves, muchas veces muy graves y siempre mal intencionadas y tendenciosas, sobre una época y una Organización, como la Sección Femenina que, en tan larga trayectoria de más de cuarenta años, consiguió un cambio radical y profundo del Status real y legal de la mujer.
 

CAMBIAR LA SITUACIÓN REAL Y LEGAL DE LA MUJER

La Sección Femenina desde su aparición en la vida nacional, con plenitud de funciones y vida pública a partir de enero de 1940, centra sus objetivos en romper la cerrada mentalidad y acentuada visión masculina de la vida y de la propia Sociedad de aquellos tiempos, de que, la existencia de la mujer, no podía quedar reducida, incluso muy limitativamente y no bien interpretada, a la casa, al hogar, con ser muy importante el tema, a la hora de una recta interpretación, ya que la Sección Femenina y todas nosotras participamos siempre del principio, permanente y prioritario, de que la mujer, fue y es y será siempre, al lado del hombre, factor decisivo de la humanidad, y consecuentemente con ello, había que, cambiar, la situación real y legal de la mujer, en la vida, en la sociedad, en la familia, en el trabajo y vida profesional, en la política y en su proyección como ser humano, a partir de cuyo principio y realidad, toda reforma y promoción social de la mujer, por propias exigencias de la justicia y de la vida misma, se hacía absolutamente necesaria.

El hecho de que no haya obra completa, sin la presencia y participación de la mujer, fue haciéndose realidad práctica y viva a partir de los años cuarenta.

Pero para conocer el papel de la mujer en la España de los últimos cien años (Siglo XX) y su plenitud alcanzada tenemos necesariamente que conocer cómo era la España de entonces, año 1936 y anteriores, cómo era y en algunos aspectos, años cuarenta al cincuenta y al sesenta.

Y hay que considerar estos antecedentes:

La tercera etapa de vida de la Sección Femenina, como Organización Política, al servicio de la mujer española, se inicia y adquiere toda su plenitud, a partir de enero de 1940, en que, además, por Decreto de la Jefatura del Estado de diciembre de 1939, el Jefe del Estado Generalísimo Franco señala en atención a los extraordinarios servicios prestados por la Sección Femenina durante la Guerra de Liberación (excepto Milicia y Armas) y para ganar la paz y en atención consciente y consecuente con la garantía de las expectativas políticas del ideario de la propia Sección Femenina respecto a la mujer y a la absoluta necesidad de promoción, una serie de importantes funciones, en orden a la promoción de la mujer española.

El objetivo primero y más importante que se nos plantea al finalizar la Guerra de Liberación, fue el de tratar de superar el subdesarrollo que venía padeciendo la mujer española y que recibíamos como herencia negativa de los años 36 y anteriores.
 

LA MUJER ESPAÑOLA EN LOS AÑOS 40

Al iniciar nuestra andadura en este campo, años 40, nos encontramos en España: con una sociedad caracterizada por una grave y acentuada discriminación de la mujer, en prácticamente todos los campos de vida; diferencia de salarios en el trabajo, falta de capacidad legal para obrar, prohibición generalizada del trabajo a la mujer casada, limitación y prohibición del ejercicio profesional a la mujer Universitaria, en la Administración de Justicia, en puestos técnicos y de alto nivel en la Administración del Estado y Entidades privadas y Empresas, limitación de funciones y responsabilidad plena de la mujer en la familia, etc., y que limitaban negativamente su capacidad de obrar y posibilidades de vida profesional, laboral, sindical, en el matrimonio y vida familiar, en la vida social y en su proyección política y pública; con una sociedad, en la que el analfabetismo, dominaba sobre todo a la población femenina, con las escalofriantes cifras de hasta un 50 al 70 por ciento de mujeres, obreras, campesinas, amas de casa analfabetas y junto a ello con la hostilidad propia casi lógica, aunque injusta a todas luces, de una sociedad prácticamente dirigida y dominada por el hombre, durante siglos y siglos, con una mentalidad fuertemente cerrada a la presencia a la plena integración y a un mayor protagonismo de la mujer lo que ofrecía una serie de graves y difíciles obstáculos por parte el hombre en general, de la sociedad y estructuras sociales, de la empresa en general y aún en algunos casos de la propia mujer.

Había necesariamente que elevar el nivel cultural de la mujer, eliminar, la discriminación, para reconocer a la mujer, por su condición humana, por su dignidad, por su capacidad y razones de justicia, (por exigencias de aplicación de las Leyes Fundamentales del Nuevo Estado) y aun por exigencias de mayor y mejor desarrollo de la propia sociedad... los mismos derechos que el hombre y las mismas posibilidades de ejercerlos, mediante las reformas legales que preparamos y que se dictaron sucesivamente, una detrás de otra, a lo largo de los años de la presencia de la Sección Femenina en España y que culminaría con la Ley de los Derechos Políticos profesionales y de trabajo de la mujer; años 1961 y 1966 que afectaron a los propios cimientos del status real y legal de la mujer en la sociedad española, marcando una profunda línea divisoria entre dos etapas de vida nacional antes y después del año 1961.

Dicha Ley facilitó extraordinariamente, el papel de la mujer en la España de los últimos cien años. Con esta ley que en la Sección Femenina elaboramos, presentamos y defendimos en las Cortes Españolas, la mujer alcanzó plenamente la mayoría de edad, en los campo profesional, social y político, Y en una segunda etapa posterior, con la reforma del Código Civil, de la que fuimos destacadas promotoras y activas en la propuesta, gestión y defensa en Las Cortes Españolas, años 72 al 75.
 

LA INTEGRACIÓN SOCIAL DE LA MUJER

De otra parte y como cuestión fundamental, estimular, como así lo hicimos mediante las correspondientes Normas Legales (Ley de 5 de Abril del año 1968 y otras más), la presencia más activa e incorporación de la mujer a la vida representativa en el campo sindical, en el público de Ayuntamientos, Diputaciones, Consejos y Cortes Españolas, por vía de las elecciones libres y todo ello porque la mujer contaba poco en aquellos años. La sociedad era hostil a una plena integración social de la mujer y hasta muchos empresarios, al incorporarse la mujer al primer trabajo, la calificarían de ««riesgo económico» a la hora de su valoración. La tradición, la costumbre, la cerrada mentalidad, el miedo a la competitividad de muchos años, que había venido prescindiendo de la mujer en muchos campos de vida, dificultando y cerrándola las puertas para el ejercicio profesional a niveles superiores en las Administraciones Públicas etc, La mujer, por el solo hecho de ser mujer, sufría constantemente, década de los 30, 40 y 50, los negativos efectos de la frase discriminatoria, limitativa y vejatoria gravemente de «Sólo para varones» y que junto a las condiciones normales exigibles para acceder, optar, opositar a Concursos, Oposiciones, etc. de Organismos Públicos y Privados figuraba siempre, como una condición más entre las que se establecían, frase que campeaba libre y públicamente en anuncios, publicidad, prensa, etc.
 

LA HISTÓRICA DISCRIMINACIÓN DE LA MUJER

La vieja Monarquía y la misma República de entonces y primeros años del Siglo XX y últimos del XIX con derechas y con izquierdas, no habían conseguido o querido conseguir superar y mejorar la situación de la mujer en muchos casos, apoyándose erróneamente en la desigualdad física, hombre y mujer, mal interpretada a la hora de su consideración, ante el derecho, ante la Ley; apoyándose en el entendimiento de una imagen más rigurosa de la moral femenina, con olvido de una realidad teológica v evangélica la naturaleza del pecado que, no permite distinguir entre el pecado de la mujer y el del hombre; apoyándose en una concepción limitativa de la organización, función y vida matrimonial y que habían colocado, durante largo tiempo, en una situación discriminatoria real y legal, por razones de sexo y estado civil y habían condicionado durante largos años, la presencia y evolución de la mujer en la sociedad.

Qué estaba pasando en España para que ante esta situación, en una sociedad como la española de aquellos tiempos, década de los 40 especialmente (y aún de los 50) y con muchísimas cosas que hacer urgentes de reconstrucción, de política nacional, nosotras, la Sección Femenina, nos preocupáramos de acometer la difícil tarea de hacer justicia, y por ejemplo, por citar una sola cosa en estos momentos... se gestara y aprobara la ley de los derechos políticos profesionales y de trabajo de la mujer (años 1961-1966).

¿Qué había bajo esta postura y decisión? ¿Qué había detrás de la política nacional, para dar colosales pasos en relación con la mujer?

Los antecedentes básicos los encontraremos siempre, de una parte, en los propios principios políticos y de justicia que inspiraban permanentemente nuestra política al servicio de la mujer. De otra y fundamental el obligado cumplimiento del mandato constitucional de las Leyes fundamentales. El Decreto de la Jefatura del Estado de Diciembre de 1939, por lo que Francisco Franco, confía a la Sección Femenina una serie de importantes funciones en orden a la promoción de la mujer, y por último, cuestión importantísima, la existencia y presencia activa de una Organización, como la Sección Femenina, que, adelantada a su tiempo hizo constante de su vida, con un sentido de profundo cambio, el tema del papel de la mujer en la sociedad y su cumplimiento, lo que se traduciría durante aquellos años, en continuas gestiones y presiones ante los Poderes Públicos y la sociedad misma.

En este mismo sentido el «Primer Consejo Nacional de Justicia y Derecho»: celebrado en Madrid año 1952 (SGM) y que recogía entre sus propuestas y conclusiones esta misma necesidad de la igualdad de derechos para la mujer, propuesta elevada también por la Sección Femenina.

La celebración en España, convocado y organizado por la Sección Femenina del «Primer Congreso Internacional de la mujer» con notable éxito de participación, de prácticamente la mayoría de los países del Mundo. Se organizó en los años 60 y 70.

No podemos silenciar, como uno de los medios más efectivos con que contó la mujer de aquellos años y la propia sociedad, lo fueron la presencia y participación de la mujer, en el Consejo Nacional del Movimiento (Consejo Nacional y Provinciales) y en los Ayuntamientos y Diputaciones, en el Parlamento; Cortes Españolas, de un número de mujeres que, designadas dos de ellas por el Jefe del Estado y elegidas por el pueblo en elecciones libres, otras diez, llevamos a Las Cortes, nuestras inquietudes.

La herencia recibida en el año 1936, de un pueblo abandonado en cierta manera a la incultura, a la miseria, era una pesada carga que sólo se superaría: por el interés de la propia mujer que, íbamos despertando y estimulando nosotras a fuerza de contactos, encuentros y relaciones. Por el fuerte espíritu de servicio que caracterizaba a la Sección Femenina siempre y más en aquellos tiempos y que trataba de superar una detrás de otra, las múltiples dificultades que salían al paso, sobre todo naturalmente en los primeros años.

Y sumado a ello, por el propio interés del Jefe del Estado Generalísimo Franco que, consciente y consecuente de la importancia y necesidad de la promoción de la mujer, para levantar a España y hacer más justa la vida y la sociedad, en relación con ésta, dictó y lo destacó como importante a todos los efectos de ayudar a superar el propio ambiente general de entonces, el decreto del año 1939, facultando a la propia Sección Femenina, para una serie de funciones en orden a la promoción de la mujer.

La destacada presencia y participación de la mujer en la vida cultural y educativa general y universitaria. La incorporación decidida y con fuerza de la mujer, al trabajo, al mundo y vida laboral y profesional, ya que la integración de más de un millón de mujeres (1962-1972) a la vida laboral, en menos de diez años, son reflejo del avance social.

La participación más activa y numerosa de la mujer en la vida y la actividad sindical, ya que se inicia en los años, década de los cuarenta y que más de 100.000 mujeres trabajadoras en 1970, acceden a cargos sindicales representativos y elegidos por el propio mundo sindical.

La presencia de varios miles de mujeres concejales en la vida representativa y participativa municipal y es precisamente en aquellos años, cuando la mujer se la reconoce expresamente un papel más activo, más significativo, más solidario, al servicio de la sociedad, con el servicio social creado en el año 1937 y por el cual hasta 1977 pasaron más de tres millones de mujeres.

La evolución de la sociedad española, exigía cada vez, en mayor medida, la presencia y participación femenina, tanto para el desarrollo cultural, técnico social y económico del país, como en la propia configuración del mismo, y porque las Leyes Fundamentales de España, consagraba el principio de que todos los españoles somos iguales ante la Ley y la propia dignidad de la mujer exigía justicia.

Y ahí están algunas de las más importantes reformas legales: Ley «de julio de 1961 sobre derechos políticos profesionales y de trabajo de la mujer y la posterior de diciembre de 1966».
 

FUNDAMENTALES REFORMAS LEGALES

En la primera de estas leyes se reconoce a la mujer, los mismos derechos que al varón para el ejercicio de toda clase de actividades políticas, profesionales y de trabajo, suprimiendo restricciones y discriminaciones en situaciones sociológicas de prestación y que no se compaginaban, ni con la formación y capacidad de la mujer española, ni con su promoción evidente, a puestos de trabajo y responsabilidades generales y superiores.

Ello traducido a la realidad práctica de cada día... significó para la mujer que a partir del año 1961, se produce la igualdad de derechos en el trabajo, respecto al hombre y lo que fue y es más importante, esta Ley consagra plenamente el principio de la igualdad de salarios a igual trabajo hombre y mujer. La mujer hasta entonces y por el solo hecho de ser mujer, percibía a igual trabajo que el hombre retribuciones distintas y más bajas, llegando incluso y ello recogido en Reglamentaciones de Trabajo, Convenios Colectivos etc. a cobrar la mujer el 70 u el 80 % de lo que cobraba el hombre a trabajos iguales, el reconocimiento de plena capacidad a la mujer, para celebrar toda clase de contratos, para intervenir en negociaciones y Convenios y para ejercitar toda clase de derecho laborales y sindicales, sin limitación alguna, y eliminación de la «excedencia forzosa para la mujer al contraer matrimonio».

A partir de entonces, a partir de esta Ley, la supresión o cese en el trabajo, por razones de matrimonio, que hasta entonces, limitaba acentuadamente las posibilidades de trabajo de la mujer casada, tendría carácter voluntario, anulándose toda cláusula que en las Reglamentaciones de Trabajo, Convenios, normas interiores de empresas, etc. aparecieran limitando los derechos de la mujer casada, al trabajo y en el trabajo.

Uno de los principios de estas Leyes de 1961 y 1966, fue la posibilidad de acceso que, concede y reconoce a la mujer sin prácticamente limitación alguna de ninguna clase, a los distintos Cuerpos y cargos y a todos los niveles de las distintas Administraciones Públicas. Esta Ley abrió de par en par las puertas del trabajo a la mujer de una manera decidida y decisiva y a todos los niveles y categorías por altas y superiores que fueran hasta entonces no consideradas.

Muchas mujeres universitarias, a las que las Leyes permitían cursar determinadas, carreras... hasta la aprobación de estas leyes 1961 y 1966 (ampliación de la Ley 61), no se las permitía ejercerlas precisamente por ser mujeres..

Muchas mujeres, hoy 2002 (y ya entonces 1966) Magistrados, Fiscales y Jueces, lo son y pudieron serlo, gracias a las Leyes que presentamos y se aprobaron en Las Cortes, gracias a la Sección Femenina que las promovió.
 

SE ACABÓ EL «SÓLO PARA VARONES»

Esta ley borró para siempre del mapa y uso español, aquella famosa frase de «sólo para varones» que, como frase limitativa, discriminatoria y vejatoria para la mujer, aparecería una y otra vez en Convocatorias, Concursos, Oposiciones públicas y privadas.

Aquel día 22 de Julio de 1961 y de diciembre de 1966, fueron días de victoria para la mujer frente a muchas cosas y un avance extraordinario en los derechos de estas y también naturalmente fue una victoria destacada de la Sección Femenina y para satisfacción de todas nosotras.
 

LEY DE 5 DE ABRIL DE 1968

Sumamente importante lo fue esta Ley, elaborada, promovida y defendida por la Sección Femenina en las Cortes, por el Grupo de mujeres Procuradoras especialmente y apoyadas unánimemente por todos los Procuradores.

Con esta Ley se dio un paso importante, en la vida pública, en la vida política de la mujer casada a la que se otorga la condición de ser electora y elegibles en las elecciones Municipales.

Al reconocer por la Ley de 1961 plena capacidad a la mujer casada de acuerdo además, con las modernas corrientes sociológicas y políticas se, reforzó la posibilidad, la responsabilidad y la representación familiar en los Municipios. Hasta entonces en España, sólo podían participar, como elegibles en las elecciones Municipales, los «cabezas de Familia» y esto por lo general, lo era el hombre.
 

DECRETO DE 19 DE MARZO DE 1959

Otra de las Normas Legales importantes, que movimos, preparamos y gestionamos la Sección Femenina, lo constituyó, recogiendo la inquietud y necesidad de miles de mujeres trabajadoras, procedentes en su mayoría del mundo rural, la creación del Servicio Doméstico. Norma legal, por la que logramos incorporar a la beneficiosa acción protectora de la Seguridad social, a un colectivo de gran interés siempre abandonado y marginado. Más de 500.000 mujeres, se beneficiaron con esta norma Legal, miles de amas de casa logramos se interesaran, salvando muchas dificultades de mentalidad, a su desarrollo y que nuestros objetivos de afianzar siempre la presencia y el papel de la mujer en la vida pública y en la sociedad, propusimos y así se admitió, por los Poderes Públicos que, dicho Montepío aparte de los Técnicos, estaría dirigido, como así lo fue, por las propias empleadas de Hogar y las Empleadoras Amas de Casa.

Junto a ello, la apertura que hicimos de numerosas Escuelas de Formación cultural y profesional para e1 Servicio Doméstico, en todas las Provincias y como culminación del tema, la propuesta que elevamos al Gobierno de una «Ordenanza Laboral» consiguiendo también el reconocimiento de su trabajo como tal, de carácter especial, en la Ley de Relaciones Laborales, con nuestras propuestas en las Cortes.

Y como de gran trascendencia, hemos de significar que, además de otras muchas normas legales modificadas o de nueva propuesta, hemos de destacar la Ley de mayo de 1975 sobre reforma del Código Civil. Con esta Ley de 2 de Mayo de 1975, se modifican varios e importantes artículos del Código Civil y de Comercio, sobre la «situación jurídica de mujer casada y los derechos y deberes de los Cónyuges».

La consideración primera y fundamental de la ley, es que abre las puertas hacia el reconocimiento de que la mujer casada, es una persona adulta, mayor de edad, en pleno ejercicio de sus derechos. Consecuentemente, a nivel diario y real de esta Ley, se eliminan prácticamente todos aquellos preceptos que, exigían la autorización del marido, la tan cacareada «licencia marital» para actos y contratos otorgados a la mujer, cual si fuera toda su vida menor de edad.

La desaparición de la «licencia marital» consigue para la mujer importantes derechos, para administrar sus bienes y para ejercer el comercio, para contratar su trabajo etc., además de otras muchas cuestiones, de tono menor, como sacar el carnet de conducir, pasaporte etc., y que antes de esa fecha, en que conseguimos la Reforma del Código Civil, dependía siempre de lo que dijera o dispusiera el marido. Por esta Ley, a partir de entonces, la mujer española, no pierde su nacionalidad, al contraer matrimonio con un extranjero... antes de esa Ley perdía su nacionalidad, con todas las, muchas veces, graves consecuencias para el presente y futuro de la mujer. Otra cuestión importantísima, la referida a la fijación del domicilio del matrimonio, estableciéndose en lugar de ser el marido, el que lo fije u obligue, venga o no venga bien a la mujer, en relación con su trabajo, intereses, etc., lo harán a partir de ahora de común acuerdo marido y mujer, prevaleciendo, en definitiva el interés de la familia.

A partir de entonces, también desaparece del Código civil y de la realidad de cada día, aquella norma y frase discriminatoria y en cierta manera vejatoria para la mujer, que recogía expresamente «la protección de la mujer como atributo del hombre» y la «obediencia de la mujer al marido como deber de la mujer» apareciendo la forma más justa, más humana e igualatoria que rige desde entonces de «el marido y la mujer se deben respeto y protección reciproca» y actuando siempre en interés de la familia.

Sabido el papel de la mujer en España de los últimos cien años y conocidas las circunstancias de vida que la rodeaban y que necesariamente la obligaron a modificar, resumiremos nuestro papel como Sección Femenina, de protagonista y de luchadora infatigable por cambiar el status real y legal de la mujer para su plena integración social.

Este fue el reto de nuestro tiempo que intentamos recoger y superar para alcanzar los objetivos de una auténtica promoción social de la mujer en España, por cuyo avance y lograr plenos derechos, tanto, tanto se luchó, tanto luchamos en la Sección Femenina, dejando en la mayoría de los casos, tiempos y situaciones, resuelta la situación real y legal de la mujer y preparado y trillado en cierta manera su futuro.

Y aunque algunas corrientes de vida actual lo omitan, lo nieguen, lo olviden, lo manipulen, a la hora de recordarlo o de citarlo o de valorarlo, social, políticamente e históricamente, ahí está la obra hecha, las Leyes sobre los Derechos de la mujer, la mayor presencia de la mujer en el campo cultural, profesional, social y político, y la mujer misma, como testigo vivo y directo de cuanto hizo la Sección Femenina.


 
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