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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 152
Miércoles, 05 febrero a las 10:16:18

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 152 – 4 de febrero de 2003

SUMARIO

  1. Dicho y hecho, papá paga, por Miguel Ángel Loma
  2. El Tejo: «La pequeña guerra de Cuba», por Antonio Castro Villacañas
  3. Comentarios: La política familiar del PP, por Españoleto
  4. Las batallas de Posselok y Krasni-Bor, por Mario Tecglen
  5. ¿El cine quiere resucitar a Eguilaz?, por José Manuel Cansino
  6. La Edad Mundial (y II): Dialéctica y el Dios neo-liberal, por J. M. G. Páramo
  7. Manuel Jiménez de Parga o la caída del guindo, por Luis García Chillón


DICHO Y HECHO, PAGA PAPÁ
Por
Miguel Ángel Loma

Bajo el lema «Dicho y Hecho» el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales está realizando una potente campaña publicitaria en prensa, radio y televisión, con el único objetivo de informarnos sobre la revalorización de las pensiones, cumpliendo un compromiso asumido el pasado año. Como en política eso de cumplir lo que se promete no es cosa habitual, cuando cumplen se creen en la necesidad de pregonarlo a los cuatro vientos, sin reparar en gastos. Lo que no es de recibo es que este tipo de campañas publicitarias que se limitan a informarnos del cumplimiento de sus obligaciones, la hagan a costa de los contribuyentes, porque obviamente quien las paga no es el señor Zaplana, ni el ministro ni el gobierno que corresponda (ni tampoco sus respectivos partidos), sino el bolsillo de papá Estado. Para que este modo de actuar fuera legítimo, en esos otros extrañísimos casos en que los políticos incumplen sus promesas, también deberían lanzar las mismas campañas publicitarias y con igual intensidad, diciendo algo parecido a «Prometimos y no cumplimos. Dicho y no hecho». Pero eso sí, pagándolas de sus propios bolsillos. Sería la manera más eficaz de que algunos se tentasen la cartera antes de prometernos el oro y el magrebí.

EL TEJO
Por Antonio Castro Villacañas

LA PEQUEÑA GUERRA DE CUBA

No sé dónde he leído que un majadero norteamericano ha dicho que los Estados Unidos no tienen que arrepentirse de ninguna de las intervenciones armadas en el extranjero que han realizado en los últimos cien años.

Le felicito por la precisión de su cálculo. En efecto: ya han pasado ciento cuatro años de la «pequeña guerra de Cuba», primer aldabonazo de la presencia imperial yanqui en el mundo, injusta agresión a una nación amiga, comienzo del declive universal de Europa, primera de las espectaculares cobardías europeas, también primera gran batalla de la prensa y la propaganda, sucio instrumento de expansión económica y control geopolítico, etc. Podríamos utilizar muchos más calificativos para este episodio, que los niños yanquis siguen estudiando como un hecho heroico protagonizado por los caballistas de película dirigidos por Teodoro Roosevelt en las colinas de San Juan...

(Apuntación aparte para los periodistas y amigos del periodismo: los principales fabricantes de esta guerra fueron los señores Pulitzer y Hearst).

La guerra contra España fue presentada como una «cruzada contra los salvajes y paganos españoles». Así se definía en los folletos de reclutamiento.

¿A qué me suena todo ésto? ¿A una nueva oportunidad de pingües contratos, de extrañas debilidades y de oscuras contemporizaciones?

El yanqui que contabiliza las guerras exteriores de su país sabe muy bien lo que hace y lo que dice: al limitar su presunción de inocencia nacional a los últimos 100 años deja fuera del cálculo de intervenciones armadas a la «pequeña guerra de Cuba». Los Estados Unidos de América no han hecho nada, desde 1898 hasta ahora, que pueda hacernos olvidar su perversa conducta de entonces. Sigue sin mostrar un mínimo arrepentimiento.
 

COMENTARIOS
Por Españoleto

LA POLÍTICA FAMILIAR DEL PP

Una vez más, los políticos ofenden a las madres que no trabajan fuera de casa, apartándolas de la clasificación de trabajadoras. Excluyéndolas así de la posibilidad de beneficiarse de esa ayuda de 100 euros/mes que pueden conseguir las que tienen un empleo fuera. España ha abandonado el farolillo rojo de la natalidad en Europa. Ya tenemos por detrás a Alemania, Grecia, Italia y Austria. Pero no por las ayudas del gobierno del PP, que siguen a la cola de Europa, sino por propia vitalidad.

En cambio, Gallardón ha impuesto su equiparación legal de las diversas y extrañas «uniones» a la familia tradicional y única. Ahora anuncia Rajoy que España permitirá el divorcio de aquellos matrimonios que no puedan divorciarse en sus países de origen. Nada detiene a estos centristas en su apartamiento de sus bases electorales. Nadie como ellos para dar patadas en la boca a sus electores, confiando en su fidelidad pese a ellas.
 

LAS BATALLAS DE POSSELOK Y KRASNI-BOR
Por Mario Tecglen

Estos días se cumplen 60 años de aquellas desgraciadas batallas en las que más de cuatro mil voluntarios españoles de la División Azul dejaron sus vidas jóvenes luchando contra el comunismo soviético, anticatólico y antiespañol .

Desde los últimos días de 1942, coincidiendo con el relevo del General Muñoz Grandes por el General Esteban Infantes, el rumbo de la guerra en Rusia cambiaba de signo; y la División Azul, después de sus éxitos en el río Volchov y el lago Ilmen, y ante un enemigo formidablemente superior en hombres y en máquinas, comenzaba sus horas bajas.

En las landas de Posselok, entre el 16 y el 30 de enero de 1943, en una maniobra de apoyo a la 61 División alemana. desapareció, prácticamente aniquilado, el 2º Batallón del Regimiento 269 que mandaba el capitán Patiño Montes. De un total de 835 hombres, sólo volvieron: 1 oficial, 7 suboficiales y 20 soldados.

Y algo después, el 10 de febrero, también en el frente de Leningrado (hoy San Petersburgo), en la defensa de Krasni-Bor, después de un bombardeo con más de mil cañones, cientos de tanques y más de cuarenta mil hombres, a los que nuestra División se oponía con una artillería insignificante y apenas cinco mil hombres, quedaron sobre la nieve tres mil doscientos españoles.

Estas líneas sólo pretenden dedicarles el pequeño homenaje de nuestro recuerdo y, cada uno en su intimidad, una sentida oración.
 

¿EL CINE QUIERE RESUCITAR A EGUILAZ?
Por José Manuel Cansino.

La autarquía económica del primer franquismo ha sido tradicional motivo de mofa entre los analistas de la economía española. Las nefastas consecuencias derivadas de un proteccionismo arancelario de origen decimonónico se siguen utilizando hoy para explicar, por ejemplo, la falta de competitividad de amplios sectores de la economía nacional.

Como apuesta de política económica, las barreras comerciales a la importación han sido una vindicación tradicional de la derecha conservadora de todo el mundo, naturalmente también de la española. Tras de esa lucha en pos de los elevados aranceles encontramos principalmente el deseo de los detentadores del poder económico (primero agrario y luego industrial) de preservar su posición acomodada frente a la potencial competencia extranjera que ofrecía lo mismo a menor precio o con mayor calidad.

Se acusa a los falangistas de promover ideológicamente la política proteccionista del franquismo hasta el inicio de su desmantelamiento gradual coincidiendo con el Plan de Estabilización Económica de 1959. Desde luego no faltaron baluartes con camisa azul que bien desde la Comisión de Industria y Comercio de la Junta Técnica, bien desde la Junta Política de FET y de las JONS o bien desde las propias carteras ministeriales, defendieron esta política autárquica. Ejemplos claros de lo anterior fueron el catedrático de Economía Vicente Gay y el autor de Política Económica Totalitaria, Higinio París Eguilaz. No obstante, de ahí a unir falangismo y autarquía media un abismo y un elenco considerable de ejemplos en sentido contrario vertidos, por ejemplo, desde la sección de Economía del Instituto de Estudios Políticos en el que convivían científica y pacíficamente falangistas y liberales.

Pero como la Historia la escriben los vencedores y la divulgan sus voceros, el resumen de lo anterior en versión del «progresismo económico» y del «liberalismo de nuevo cuño» es que los falangistas inspiraron una terrible política autárquica cuyos efectos devastadores aún se dejan notar en los males que aquejan a la economía nacional.

Con el paso de los años se ha producido un hecho paradójico. Sabido es el interés de la izquierda en influir en la cultura de manera determinante y a favor de sus fines últimos. El ejemplo de Jean Paul Sartre en Tiempos modernos y la manipulación del Partido Comunista Francés probablemente sea un ejemplo paradigmático. En la España de la Transición política la situación no ha sido diferente. La cultura y la industria en torno a ella ha sido controlada paulatinamente por el progresismo de izquierdas en una lectura exclusivista de la Historia en la que los héroes del franquismo pasaron a villanos de la democracia y los demonios de la Dictadura visten ahora trajes de libertad. Lejos quedan las tertulias literarias del Café Gijón en la que los literatos de vanguardia falangistas compartían lugar, copas y deudas con la intelectualidad comunista. Era la firma y el estilo de la Falange de la pluma que vencía sobre la Falange de la porra. Samuel Ros frente a Ansaldo y Miguel Hernández frente a Líster. Nada de esto cuenta la cultura sedicente progresista ni en su versión de izquierdas ni en su versión de derechas.

Lo cierto es que la industria del cine española, vocera de esta cultura invertida, acaba de exigir al Ministerio de Cultura gobernante que proteja las cintas españolas frente a la competencia de la industria norteamericana. Sirvan para lo anterior aranceles, cupos y restricciones varias. Lo único que le ha faltado a los productores de cine españoles ha sido pedir a la Ministra que retome las lecciones de la autarquía falangista incluso resucitando a Higinio París Eguílaz para nombrarle asesor del Ministerio en el mercado cinematográfico.
 

LA EDAD MUNDIAL (y II)
Por
J. M G. Páramo

DIALÉCTICA Y EL DIOS NEO-LIBERAL

La deidad neo-liberal, supuestamente «benévola», con su gigantesca mano invisible, es descarnadamente dura, quiere respeto a un mercado que clasifica a los humanos en «perdedores y ganadores» (despreciando a quienes pierden) y se resiste a aliviar los dolores de los marginados por los inversores y los especuladores. Las esperanzas con la «mundialización desde arriba» (suenan a A. Maura) y embarrancan en los bajos del individualismo neo-liberal. Falk dixit, autós legei ¿Roma «locuta»?, ¿los sistemas se organizan a sí mismos?, ¿argumentan ternes con la reducción de la auto-asignación de papeles previos?, ¿por qué se han concentrado poderes y empresas, la nueva información y «don dinero»?, ¿las expectativas del mundo suscitan lealtad en los países menores?, ¿las fronteras y las regulaciones son inevitablemente reducción de la eficacia y de la libertad?

El hado económico y técnico no es tan regresivo: las redes ofrecen emancipación; utilizan los esfuerzos para un cambio esperanzador y ofrecen ventajas a la mundialización «desde abajo»; al final no se puede desconocer ni anular; la política de resistir puede acabar imponiendo cambios. Lorenz Von Stein dijo para siempre que en los procesos de onda larga es la sociedad la que acaba imponiéndose. La fuerza humana puede hacer fecundo un erial roqueño; las configuraciones de tensión operan; hay países y gentes comprometidos con la transformación y el poder responsable; no faltan negativas crecientes a someterse al «capital global»; no todo lo privado es angélico ni demonizable todo lo público. Los «buenos» no son daño y codicia siempre, ni las organizaciones cívicas «serafines y arcángeles celestiales». Los pecados capitales campan, y las estructuras del mal son públicas y privadas como las del progreso. Y la cizaña es de difícil de discernir o captar por radar o por un décimo sentido. Las armas privadas de USA y el crimen organizado, el comercio nocivo son públicos y/o particulares.

El «flujo histórico» no está determinado aunque a veces se convierta en tragedia y siempre sea un drama articulador de posibilidades. Los Estados, su alma, deben proteger un nuevo comercio mundial, equilibrar, no permitir los excesos imperiales (como obligar en precios a países menores; ciertos proteccionismos). La «mundialización base» y la de cima tienen que llegar a «sentirse creativas» de consenso y de tramitación moral de los ineludibles conflictos. Mercado, ética y regulación jurídica, democracia cosmopolita, evaluación continua del proceso. Creación de las capacidades en unos organismos internacionales menos mediatizados y algunos inéditos. Ciudadanos y políticos han de ser «vigilantes». La predicación neo-liberal como sarcasmo debe cesar. Cuando Japón y Rusia –dice el autor- fueron tocados por la crisis sonaron los timbres y avisos, y deben sonar siempre por alarmas fundadas.

El FMI y el BM encontraron controvertidas sus prácticas curativas; hay divisiones en el capitalismo necesarias para perfección del burdo hurto de la primera incursión en todo el planeta. La sociedad debe rechazar la imagen y los hechos de los nuevos barones asaltantes (Heilbrönner). Si el mercado falla, la sociedad y el Estado deben tocar y equilibrarlo. El mercado con cautela no es intocable. Unilaterales y presionantes los EE.UU. deben hacer más progresivo su Congreso para evitar la regresión egolátrica de cuanto está en marcha. Los imperios tienen que merecer con «auctoritas y potestas», con ética y derecho su hegemonía y privilegio. Los privilegios sin inteligencia, sin legitimidad, sin servir -antes o después- a todos, son el fin o «the end» de los imperios, de los tronos y las potestades de este bajo y efímero mundo. Aunque sobrepasen la esperanza de vida en 20 ó 30 años más, que los poseídos ahora por los poderosos se vacían -quieran o no- se escurre la arena de las clepsidras de un tiempo que huye.
 

MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA O LA CAÍDA DEL GUINDO
Por Luis García Chillón

Dice mi amigo Peribañez que, ante la escandalera que se ha montado por las declaraciones del bueno de D. Manuel y sus acertados comentarios sobre las llamadas «comunidades históricas», para ese viaje no hacia falta alforjas.

Naturalmente mi amigo se refiere a la seguridad de que el exministro de la UCD votara afirmativamente a una Constitución, de la que él es guardián del calabozo legal, que ahora resulta que no le cuadra la unidad cuando se parte de la división.

No sabemos qué es lo que más ha molestado a los partidos nacionalistas, si que sus ancestros no tenían «chorritos de colores» en los jardines de sus casas o que les había abandonado el jabón y el desodorante. La cosa es que han cogido un cabreo de órdago y de paso, al pobre de D. Manuel, le han puesto a bajar de un burro con lo de su incapacidad para presidir, con el más elemental sentido de equidad, el Tribunal Constitucional.

Lo cierto que la gran mayoría silenciosa de españoles, gran parte de ella votante del NO al texto constitucional, se ha sentido aliviados con las susodichas declaraciones. Sólo se ha reconocido en voz alta una evidencia que no resiste el más elemental sentido de la Historia, de la lógica administrativa, del derecho y de la prudencia política.

A estas alturas de la película no resulta aventurado el afirmar que el texto de la Constitución, producto sabido del consenso, no garantiza en nada la Unidad que declara su artículo 2, es decir que dicho texto no se corresponde con el contexto. Tanto es así que si viviera el genial Enrique Jardiel Poncela seguro que ya habría escrito algún libro titulado algo así como «La inconstitucionalidad de la-Constitución».

Pero el ilustre jurista Jiménez de Parga (D. Manuel), defensor de lo imposible ante el desaparecido Tribunal de Orden Público, seguro que recuerda el cómo y el porqué de la Norma Normorun que tenemos. De qué manera, cuando nadie lo pedía, se llevó al BOE la configuración, de nueva planta, del «estado de las autonomías»; qué es lo que se quiso respetar, a toda costa, de la llamada herencia del franquismo; de qué manera se tuvieron que pagar los «favores recibidos» desde las más variopintas alianzas o coaliciones todas ellas representadas en lo que se llamó la Platajunta Democrática, a la que seguro perteneció el D. Manuel que ahora se queja.

Ya he dicho en alguna ocasión que es más que sospechoso que la Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, aprobada en la Séptima Sesión Extraordinaria del Soviet Supremo de la URSS de la novena legislatura de 7 de Octubre de 1977, tenga en numerosos artículos (1, 2, 21, 23, 34, 35, 37, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 48, 52, 53, 54, 55, 56, 63, 70, 71, 72, 82, 83, 84, 86, 151, 152, 154 173 y 174), tenga cierto parecido con los diferentes artículos que configuran la Constitución Española.

Resulta de sumo interés realizar un estudio comparado en las fechas en que se promulgan ambas, de la composición de los grupos de trabajo en la redacción de los proyectos y, lo que es más importante, las intenciones ocultas que cada uno de los «padres constitucionales» llevaron a la nueva configuración del Estado.

El tiempo se encarga de poner a cada uno en su sitio. Por eso todo ese conjunto de desatinos (perfectamente medidos para lograr la fragmentación de España) mueve ahora la conciencia, tarde y sin tino, del Presidente del Tribunal Constitucional, para alzar una voz que algunos llevamos clamando en el desierto de la intoxicación informativa desde el mismo momento en que empezaron a conocerse los borradores de la Ley de leyes.

En una palabra: conforme añade en su comentario mi querido Peribañez, D. Manuel se ha caído del guindo y, no tardando, desgraciadamente se caerá de la presidencia del Tribunal que preside, al no resultar nada correcto, políticamente hablando, decir las cosas que dijo. Al tiempo.


 
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