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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 156
Miércoles, 05 marzo a las 20:11:50

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 156 – 4 de marzo de 2003

SUMARIO

  1. A ver si lo entiendo, por Francisco Gelonch
  2. La violación y la muerte, por José Manuel Cansino
  3. La paz y la escuela, por Luis Antonio Vacas Rodríguez
  4. Galería de pendejos: Trinidad Jiménez, por Alvarfrías
  5. Desplazamiento de lo sagrado, por Pío Moa
  6. Comentarios, por Españoleto


A VER SI LO ENTIENDO
Por Francisco Gelonch

Nuestro colaborador argentino nos envía desde su Córdoba natal este artículo que podía haber sido escrito por cualquier cristiano de la parte de acá del mar océano. En estos días nuestros políticos gritan demagógicamente el «guerra no» frente a la actitud del Gobierno, utilizando los movimientos del Papa para llevar el gallo a su corral, cuando hace nada de tiempo le denostaban por opinar la Iglesia sobre el aborto, la eutanasia, las parejas entre homosexuales, la adopción de niños por éstos, etc. ¡Serán hipócritas! El trabajo es digno de ser meditado por quienes tienen que actuar en conciencia en las elecciones que no tardando mucho se celebrarán en España.

A ver si entiendo bien: El mundo (o la parte de él que todavía se mantiene conciente) ha depositado sus mayores esperanzas de paz respecto del inminente ataque de Estados Unidos a Irak en las gestiones que lleva a cabo el Papa Juan Pablo II. Así lo demuestran los cotidianos informes sobre las negociaciones encaradas por el Vaticano y la relevancia dada a estas noticias dentro de los panoramas informativos «pre-bélicos».

Es innegable que la actitud del Sumo Pontífice responde, más allá de sus convicciones personales, a un desesperado clamor para que alguien con autoridad moral reconocida mundialmente (o al menos en Occidente) intente poner paños fríos, algo de cordura a una guerra que se aproxima no se sabe bien si por motivos de «seguridad» (versión de Bush), por cuestiones del manejo del petróleo (versión de gran parte del orbe) o directamente por ver con qué moneda se maneja el comercio del petróleo, el dólar o el euro (aparente causa del desencuentro entre los ejes EEUU-Inglaterra-España por un lado, y Francia-Alemania por el otro). Ante tantas ambición y venganza, millones de personas esperan que Su Santidad logre evitar que la sangre no ya no llegue al río sino que no tiña los mares.

Ahora bien, cualquier analista llegará a la conclusión de que lo que se le pide al Vaticano es que intervenga en un conflicto netamente político y económico (no exteriormente espiritual) lo cual implica darle un rol preponderante a la Iglesia en el devenir de las cuestiones meramente temporales al solicitarle que siente a la mesa de los «jefes» del mundo para discutir la solución a un problema «mundano».

Si quien lee estas líneas está de acuerdo hasta aquí, deberá concordar con que la sociedad argentina, y por extensión la de la «civilización occidental» está dando una nueva, notable e histórica muestra de falsedad, mentira e hipocresía.

¿Por qué? Porque a la vez que niega cotidianamente la autoridad del Papa y de la Iglesia en relación a la conducta de cada individuo, sea católico (lo que es más grave) o no lo sea, le pide que imponga su jerarquía en un conflicto entre naciones.

Por si no quedó claro: se ponen en tela de juicio los preceptos morales con los que la Iglesia trata de impulsar a las almas de cada ser humano a su Salvación (tarea primera y esencial de la Iglesia Católica Apostólica Romana) pero se clama que como líder espiritual se esfuerce por salvar al mundo de una guerra.

Dirá el Islam que no tiene legitimidad la Cabeza de una Iglesia cuyos fieles no aplican sus preceptos, cuyos fieles viven del modo que les parece mejor y no de acuerdo a lo revelado por su Dios, a lo prescripto por su Iglesia. Y tendrán razón.

¿Acaso no estamos viviendo los argentinos el ataque del relativismo moral, tan aceptado por todos, al permitir y aplaudir una Ley de Salud Reproductiva contraria en su concepto y en su aplicación a los contenidos de la Fe Católica y al Magisterio de la Iglesia? ¿No se escuchan los alaridos de protesta por la «intromisión» de la Iglesia en lo que se considera «una cuestión de Estado» y el «derecho de cada uno a decidir sobre su vida sexual»? ¿Y si no reconocemos la autoridad de la Iglesia a velar por la vida y por la salud espiritual de cada persona, por qué le pedimos que trate de imponer un mensaje de paz a los jerarcas del Orden Mundial, a los gobernantes de países en los que la religión es otra? ¿No vemos que pedimos algo de los demás que nos negamos a aceptar en nuestras vidas? ¿Enarbolamos nuestras banderas defendiendo normas totalmente contrarias al Catolicismo pero después le rogamos al Papa que nos libre de la catástrofe? Por favor, no seamos tan hipócritas.

Alguno dirá que el tema de la «Salud Reproductiva» es un problema de la libertad de la conciencia individual. Respuesta: por un lado «el» tema del mensaje de la Iglesia es la salvación del alma (conciencia) individual, por el otro, también la guerra será al fin y al cabo un problema de la libertad de conciencia de Bush, Hussein y tantos otros.

Otro señalará que en este Tercer Mundo tan pobre y miserable, en este contexto de desnutrición y corrupción, debe controlarse la natalidad. Respuesta: para el control de la natalidad existen métodos naturales (que, eso sí, exigen espíritus educados y templados para no sucumbir a la primer tentación instintiva, una formación que se le niega a la Iglesia por políticas oficiales de educación y de comunicación), segundo: la política económica que nos sumió en este fango fue siempre y abiertamente criticada por la Iglesia desde hace más de cien años y fuimos nosotros quienes no la oímos y nos dejamos engañar por becerros de oro. así que no vale quejarnos. Es más, en pocos meses ¿no iremos de nuevo a votar pensando más en nuestros bolsillos que en nuestras almas?, ¿no nos damos cuenta que estaremos legitimando un sistema que busca destruir la Verdad embadurnando nuestros corazones de placeres, sensiblerías y sentimientos de autosatisfacción basados en el olvido de Dios y en el reemplazo de sus Mandamientos por las leyes que aprueba la mayoría? Entonces ¿tenemos derecho a invocar ante Dios para desobedecerlo una realidad adversa que nosotros construimos justamente negando el mensaje divino a la hora de actuar? No seamos caraduras y aceptemos nuestra gran culpa.

A ver si entiendo: queremos que otros acepten lo que nosotros no queremos aceptar. Queremos que los protestantes y los musulmanes sean más católicos que nosotros. Queremos que respeten al Papa que nosotros no respetamos. Y a su vez queremos que Dios, a quien tampoco respetamos, nos respete a nosotros en algo que es contrario al Fin de nuestra creación. No queremos convertirnos pero tampoco queremos guerra ¡Cuánto necesitaremos de la misericordia de Dios! ¡Y cuán justas resuenan hoy aquellas palabras de Jesucristo: «Perdónalos, Señor, no saben lo que hacen»!
 

LA VIOLACIÓN Y LA MUERTE.
Por José Manuel Cansino

El progreso social equivale a la realización de valores tanto individual como colectivamente. Esta es una de las conclusiones a las que llegó Manuel García Morente, catedrático de Ética, en Ensayos sobre el progreso. Como es sabido, junto con Ortega y Gasset y el doctor Marañón, García Morente fue uno de los más significados intelectuales españoles de la Generación del 14 comprometidos con los inicios de la II República.

La incógnita de la definición de García Morente es -naturalmente- el concepto de «valor». A despejar tal incógnita dedicaron parte de sus esfuerzos primero Ortega desde la Revista de Occidente y luego Julián Marías.

Marías concluyó que los valores son «objetivos» y para ello desmontó dos acepciones alternativas. La primera definiría el valor como aquello que produce agrado (lo que naturalmente conduce a un concepto subjetivo) y la segunda lo definiría como aquello que provoca deseabilidad (lo que conduce al mismo resultado).

Estamos con Marías cuando concluye que los valores, además de ser objetivos son «polarizados», esto es, a cada valor le corresponde un contravalor. Esos valores, en opinión de José Antonio Primo de Rivera son, además del propio de la vida (pues el hombre/persona es el eje central de su concepción política), aquellos que el hombre porta, a saber, la libertad, la justicia y la dignidad.

También estamos con García Morente en Lecciones preliminares de Filosofía cuando afirma que los valores son jerárquicos. La jerarquía de los valores queda patente en situaciones como esta. Supóngase un incendio en un prestigioso museo en el que ha quedado atrapado un niño. El dilema que se le plantea al bombero consiste en elegir entre salvar la vida o salvar la obra de arte y quedaría resuelto a favor de la primera opción que -jerárquicamente- es superior.

Esto es lo que me permite abordar la cuestión de actualidad que motiva este artículo.

La vida es el principal valor y, por tanto, el derecho a la vida es el principal derecho sobre el que han de descansar las leyes fundamentales de los estados.

Escribió con acierto Francisco Díaz de Otazú que desde la invención del microscopio electrónico, la vida que contiene el óvulo fecundado no es una cuestión de fe sino biológica.

El hecho brutal de la violación de una niña nicaragüense de nueve años y su posterior embarazo plantea una cuestión gravísima que ha de resolverse desde lo que ha quedado expuesto anteriormente.

La Medicina no es una ciencia exacta. Por eso, científicamente no puede afirmarse sin posibilidad de error que el parto supusiera un mayor peligro para la vida de la madre que el aborto al que finalmente se la abocó. La opinión, pretendidamente inequívoca, de quienes afirmaron que principalmente el parto -antes que el aborto- pondría en grave riesgo la vida de la madre sólo puede formularse en esos términos cuando se asienta en los juicios de valor previos de los «científicos» que así se expresaron. No puede, sin embargo, formularse esa opinión desde una perspectiva científica estrictamente objetiva, es decir, asentada únicamente en un enfoque positivo como contraposición al normativo.

La brutalidad de la violación y de su gravísima consecuencia -el embarazo- hubiera provocado para la madre principalmente un problema psiquiátrico y un problema moral. El primer problema hubiera exigido el oportuno tratamiento psiquiátrico para la madre si, finalmente, hubiera seguido adelante con la vida que fue obligada a engendrar. Por cierto que muy pocos hablan de los problemas psiquiátricos que afectan a muchas mujeres después de haber abortado.

El segundo problema, el moral, debería haberse resuelto afrontándolo desde las propias convicciones de la madre llegado el momento.

Efectivamente la Medicina no es una ciencia exacta; mucho menos lo es la Psiquiatría. Pero entre el éxito incierto del tratamiento psiquiátrico de la madre violada y el hecho irreversible de la muerte del hijo concebido contra su voluntad, el derecho fundamental a la vida debería haber garantizado el primero.

La conducta criminal de seres indeseables nos pone con demasiada frecuencia ante decisiones de una dureza casi sobrehumana. Pese a tan extrema dureza, la muerte no debe ser la solución.
 

LA PAZ Y LA ESCUELA.
Por Luis Antonio Vacas Rodríguez

Ahora que está en el candelero el Oriente Medio, creo conveniente alargar la mirada hacia el Extremo Oriente, y que le prestemos un poco más de atención a la sabiduría oriental.

Considero de gran interés, lo que Lin Yutang, nos dice en su libro La importancia de vivir, refiriéndose a la primera lección que los estudiosos orientales recomiendan como lo primero que los niños deben aprender en las escuelas, y cito el texto de sus antiguos sabios:

«El pueblo antiguo que deseaba tener una clara armonía moral en el mundo, ordenaba primero su vida nacional; los que deseaban ordenar su vida nacional regulaban primero su vida familiar; los que deseaban regular su vida familiar cultivaban primero sus vidas personales; los que deseaban cultivar sus vidas personales enderezaban primero sus corazones; quienes deseaban enderezar sus corazones hacían primero sinceras sus voluntades; los que deseaban hacer sinceras sus voluntades llegaban primero a la comprensión; la comprensión proviene de la exploración del conocimiento de las cosas. Cuando se gana el conocimiento de las cosas se logra la comprensión; cuando se gana la comprensión la voluntad es sincera; cuando la voluntad es sincera, el corazón se endereza; cuando el corazón se endereza, se cultiva la vida personal; cuando la vida personal se cultiva, se regula la vida familiar; cuando se regula la vida familiar, la vida nacional es ordenada, y cuando la vida nacional es ordenada, el mundo está en paz. Desde el Emperador hasta el hombre común, el cultivo de la vida personal es el cimiento para todo. Es imposible que cuando los cimientos no estén en orden se halle en orden la superestructura. Jamás ha habido un árbol de tronco delgado cuyas ramas superiores sean pesadas y fuertes. Hay una causa y una secuencia en las cosas, y un comienzo y un fin en los asuntos humanos. Conocer el orden de precedencia es tener el camino de la sabiduría».

Nosotros ya consideramos a la persona como base de la sociedad y al hombre como portador de valores eternos. Para ello es importante que la formación de la persona, que comienza en la familia, se complemente en la escuela. Y sin una buena escuela, no se puede conseguir la paz.

De manera, que ya sabemos donde está el objetivo: Hay que lograr una buena escuela que forme bien los hombres del mañana. Sin personas bien formadas, no puede existir paz en el Mundo, ni en la Nación, ni en la propia familia, y lo que es aun peor, no le alcanza la paz ni uno mismo. La obra se comienza por los cimientos. El problema está en la escuela, no le demos más vueltas. Pongamos pronto la solución.
 

GALERÍA DE PENDEJOS
Por Alvarfrías

TRINIDAD JIMÉNEZ

Nuestra Galería ha estado un poco de tiempo sin aparecer por estas páginas. ¿Razón? Muy sencilla. Se produjo tal aglomeración sobre ella que el peso la derrumbó. No fue necesario acudieran los bomberos ni el SAMUR; únicamente ha sido preciso levantar nuevos pilares, bien robustos, y poner un forjado resistente para que pueda soportar a todos los insensatos de nuestra dolorida España, a todos los miserables que lanzan sus diatribas sin discreción alguna, a todos los malandrines que campan por la vieja piel de toro, a todos los pendejos que cada día dicen una nueva estupidez.

En este retorno de nuestra Galería a la «vida pública» son muchos los temas que podría tratar. Mas no es cuestión de tomarlo con demasiado ímpetu. Que sea sosegadamente.

Para ir despertando del letargo sin que sea con demasiada violencia, traigamos la aseveración de Trinidad Jiménez, esa chica que pretende ser Alcaldesa de Madrid por el PSOE, que ha recorrido todas las capitales europeas para aprender, que cada día acude a varios lugares de la capital para ofrecer sin tino lo necesario, lo innecesario y lo imposible, y que con su absoluta inexperiencia quiere dar la vuelta a todo lo que se ha venido haciendo en años. No digo que no se puedan hacer cosas: a mí mismo se me ocurre un buen cúmulo.

Pues bien, a esta joven se le ha ocurrido que la plaza de Colón, no hace mucho remodelada con bastante fortuna, tiene que sufrir una nueva transformación: volver a situar la estatua de Colón en lugar que estorbe la circulación del eje de la Castellana, quitar la bandera nacional (que tanto daño les hace) del digno lugar en el que se encuentra para que siga ondeando en otro sitio destacado de Madrid, y levantar un nuevo centro cultural como espacio «transgresor» que cobije eventos culturales en un amplio sentido de la palabra; vamos, lo que ya existe en el lugar pero sacándolo de la «clandestinidad».

Solamente por esta estupidez merece que los votantes de las próximas elecciones para el Consistorio capitalino no la concedan su confianza. Aunque ésta no es más que una muestra del rimero de tonterías que va ofreciendo por ahí.
 

DESPLAZAMIENTO DE LO SAGRADO
Por Pío Moa

Tomado de libertaddigital

Lo sagrado suele definirse como algo que inspira un sentimiento profundo de respeto y veneración, y normalmente se refiere a la divinidad. En un plano más trivial cabría definir lo sagrado como aquello sobre lo que no se admiten bromas. Como en nuestra época la noción de la divinidad se halla bastante marginada en la vida social, ha cundido la idea de que «no hay nada sagrado», invocada por muchos, algo jactanciosamente, como prueba de su libertad de pensamiento.

Sin embargo, apenas observamos a quienes así se expresan percibimos cómo suelen engañarse ellos mismos. Rechazan el sentimiento de lo sagrado referido a la divinidad, pero en cambio lo trasladan a ideas, a veces objetos, con respecto a los cuales muestran un extremo dogmatismo y no admiten la menor burla. Me ha venido esta reflexión a la cabeza con motivo de las airadas reacciones despertadas por mi artículo , donde ponía en tela de juicio la coeducación, un poco en broma. Ya insistiré en el asunto, pero ahora lo interesante es constatar la visceralidad de dichas reacciones: cartas agresivas, insultos y reproducción del artículo en algunos foros de Internet como demostración irrecusable de mi perversidad. Creo que ha sido el artículo mío que más cabreo ha causado. Para esas personas, ese tema no admite discusión, no digamos ya bromas. Se trata de algo sagrado en un sentido muy literal.

Lo ocurrido, por tanto, ha sido un desplazamiento de lo sagrado desde la divinidad a una idea dogmática, convertida en una especie de fetiche. Esto es lo más común. El movimiento comunista, cuando era poderoso, rodeaba de veneración supersticiosa conceptos como el del «proletariado», el «socialismo real», el «progreso» de la historia, la «ciencia marxista», etc. y lograba incluso que muchísima gente no marxista demostrara su respeto supersticioso hacia tales fetiches. Términos como el de «antisoviético» o «reaccionario» cobraban la misma fuerza que el de hereje en otros tiempos. El comunismo, pues, tenía sus dioses y sus demonios, objetos también, estos últimos, de sacralización, aunque en un sentido negativo.

El fracaso soviético ha originado una tendencia curiosa: los dioses marxistas casi han desaparecido, pero en cambio mantienen una asombrosa vitalidad los demonios: así «la globalización», el «machismo» o el «patriarcado», la «burguesía», el «fascismo», por supuesto, el «poder», y tantos más, males absolutos e indiscutibles, que sirven a muchos para orientarse (más o menos) en los laberintos de la vida. Existen, además, otros fetiches como la coeducación, ya visto, las modas, o la «libertad» sexual, manifiesta en el ambiente de puterío en que estamos inmersos, gracias a la labor de políticos, educadores, programadores televisivos, etc. Hoy se puede bromear, injuriar o vejar cualquier manifestación de lo sagrado tradicional, es decir, de la religión, pero métase usted con esos otros ídolos y podrá constatar la dureza de la respuesta.

Da la impresión, por tanto, de que el ser humano no puede prescindir de lo sagrado, y que cuando cree haberlo desterrado, lo único que ha hecho es desplazarlo. Una observación más: por su propio carácter, lo propiamente divinal exige una fe que, o se tiene o no se tiene, pero escapa a la discusión meramente racionalista. En cambio, todos esos conceptos e ideales convertidos en fetiches son, por su propia naturaleza, el objeto preciso de la discusión racional. Bueno, al menos debieran serlo.
 

COMENTARIOS
Por Españoleto

MENDILUCE QUIERE PONER SU BANDERA

El candidato a concejal en la candidatura socialista afirma que se propone colocar la bandera de los homosexuales (el arco iris) en sustitución de la nacional en la Plaza de Colón de Madrid.

Es propio de un maricón proponer mariconadas, pero ¿qué piensa de ello la cabeza de la candidatura socialista, Dña. Trinidad Jiménez? ¿Por qué no se debate en público acerca de temas como éste? Podrían satisfacer el morbo de los electores y distinguir las personas de los meros portavoces de dogmas de la corrección política actual.
 

BUSH Y SADAM, TIRANOS POR IGUAL

Uno de los voluntarios para ir a Irak como «escudo humano» afirma que ha llegado el momento de detener a «estos dos tiranos, Sadam y Bus».

El nihilismo en el poder exige «condenar la violencia, venga de donde venga», o encontrar la razón «en la mitad entre los extremos» y simplezas semejantes. Pero ¿cómo puede alguien en el mundo occidental calificar de tirano al presidente de EE.UU.? Estamos metidos en la cultura que ellos nos crean. Todos conocemos su sistema democrático, frecuentemente calificado de ejemplar, y no conocemos protestas significativas de ese tipo allí, excepto algunas de la extrema derecha americana. ¿Qué confusión intelectual demuestra eso?
 

REFOCILARSE EN EL DESASTRE

Una revista dominical revive esquemáticamente el episodio de Annual y Monte Arruit, cargando las tintas en el número e víctimas (las dobla), la ineficacia de los oficiales o generales y en el desconcierto nacional del momento. Omitiendo todo elogio a actuaciones tales como las cargas del Regimiento de Alcántara o acciones tácticas de unidades que contuvieron aquello.

¿Qué insano sentimiento domina a los creadores de opinión en España que les exige refocilarse en lo peor de nuestra historia y omitir lo mejor? ¿A qué extrañas consignas obedecen, y qué satisfacción personal les procura?

Es un interrogante permanente para cualquiera que procure observar nuestra realidad nacional.


 
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