Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda

    Menú
· Inicio
· Presentación
· Recomendar
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
    Envíos

Si deseas recibir nuestras publicaciones por correo electrónico, además de otras noticias de la Hermandad, indícanos tu dirección de correo-e:

Suscribirte
Cancelar suscripción

Dirección:

El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 158
Martes, 18 marzo a las 23:14:58

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 158 – 18 de marzo de 2003

SUMARIO

  1. Wagner haciendo cantar a los luceros, por Arturo Robsy
  2. El caso Pío Moa, por Ángel Palomino
  3. Al-kanziyya: Traiciones, por Aquilino Duque
  4. El progresismo que viene, por Miguel Ángel Loma
  5. Comentarios, por Españoleto


WAGNER HACIENDO CANTAR A LOS LUCEROS
Por Arturo Robsy

Dan algo más de las tres en este lugar en que primero amanece pero, ay, donde primero anochece. Más de las tres, que quizá son las Tres Gracias. Más de las tres en muchos corazones donde todo se desliza gravedad abajo y hay como un llanto seco, como un saber sin recuerdos, como un miedo valeroso. José Antonio, se piensa tras muchas lecturas, no fue culpable más que de amor a un ente de razón. Ya es demasiado el amor; ya es excesiva la seguridad de trascendencia, que por ahí llego la muerte antes que por los puñados de valientes con una camisa azul y, en ocasiones, pantalones atados con una cuerda.

Aquella España terrible, pero magnífica, creadora, capaz de alumbrar aún ideas caballerescas de hidalguía y sacrificio, hoy echadas a la herrumbre de las armas nobles, hierro frío y pecho ardiente; echadas al alimento de almas impuras, viejas, incapaces de dar nombres a las mil fecundas sangres. Y con ellos pienso en nuestros Almogávares de ayer y de hoy, forjados con acero en el que no cabrá el robín. Aquella España murió porque no era España sino inercia, óxido, silencio e injusticia. No le dolieron a José Antonio las verdades, porque sólo desde la verdad se puede partir hacia el dominio de uno mismo y hacia la conquista de la estrella. Aquella España partió durante la noche, atribulada por la luz dorada y roja que ocupaba el horizonte de la amanecida.

Pero, por Dios, que no tienen ya importancia ni los dolores del parto fecundo, ni las campos abonados por tantas muertes alegres, ni los aires estremecidos por el eco de la Patria, el Pan y la Justicia, dominando al cañón. Están ahí, para siempre ciertos, para nunca ocultos. Sin el hito de un heroísmo que no se entiende hoy, un heroísmo que, en su raíz, vale por el que lleva la bandera, o sea, para el puesto de mayor riesgo. Y heroísmo es hoy, tristemente, decir lo contrario que Pedro: yo iba con él, yo le conozco, yo le sigo.

Pero algo me desasosiega. Figura en una de las mejores piezas de la contemplación de la muerte: El Testamento del Joven César, que no es hombre jactancioso sino seguro.¡.

Pero José Antonio murió con la extrañeza de sus tres últimos años de lucha: Se nos juzgaba, se le condenaba, sin conocernos, sin acercarse a un mundo naciente y veraz. Entendió o no este último punto, pero nada reveló. Aquella gente enemiga nos conocía. Los cultos, más, porque siempre hubo algún José Antonio aquí, la extraña mezcla de la razón y del valor; la ligera carga de ser fiel a la propia medida. ¿Y qué otra medida tendrá el español más que España?

Se escribió «incomprendido» en el momento supremo, en el testamento en el que aún respira hoy. Pero la causa de la muerte no fue que los enemigos no entendieran el empeño falangista, sino que lo comprendían demasiado y sabían que llevaba dentro el fin de las torpezas, la liquidación de los hambrientos y de los ahítos, pero no de cuerpo: de ese espíritu vigoroso y milenario que arrastra a lo imposible cuando es preciso lo imposible. Y así se cantó lo alemán con el verso español que prometía: «Y si la Muerte llega y nos acaricia...». Quien no supere todas las barreras no puede decir ni cantar algo así. La caricia de la muerte, suave, amiga, entroncada con la Novia Muerte del Legionario. El abrazo postrero que no es otra cosa que la victoria absoluta: No por morir ni por vencer: sino por entregarse a la eternidad.

Comprendieron a José Antonio desde el principio. Comprendieron a La Falange desde el momento que dijo Arriba España. Demasiada grandeza para excesiva miseria: el esfuerzo del amor frente al odio que adormecía. ¿Murió mi Capitán sospechando, en capilla, que sería un incomprendido más, un olvido de su amor y de su ira? Lo sentiría yo tanto como la muerte. No pudo, sencillamente no pudo, porque no es justo, irse de nosotros, de los nacidos, de los muertos, de los venideros cuyo soy, creyendo que media España no era capaz de entender lo sencillo, la complicidad con el universo estricto y ordenado. Pan y norma.

Tuvo que saber mi Capitán que lo mataron precisamente por entenderle bien, incluso mejor que muchos de los suyos que se jugaban la vida y el corazón que buscaba el sol de cara. Y tuvo que saber, hombre de pálpitos, que no le mataban a él sino a la España que renacía entre pólvora, sangre y razón. Ya no era un hombre, desde la sentencia, sino un símbolo de la juventud que no pararía hasta rasgar la oscuridad, como dice nuestra canción..

No intentaron conocerle ni conocemos, aunque muchos no hubiéramos nacido pero estábamos allí, testigos de la gloria de la muerte ganada con honor. Y no lo intentaron porque nos conocían ya. Más aún: porque una parte de José Antonio, la parte que era España Limpia, estaba en todos; hablaba en todos los corazones. Era el momento de luchar y, hasta en eso, aquellas gentes, mucho más lejanas en talante que los falangistas del 36 o cualquier otro que luchara de cara al mundo, a favor del vero mundo. Y aquellas gentes enemigas, pero españolas, lucharon. Sólo las almas perdidas odiaron. Hasta hoy. ¿A cambio de qué? De saber, como sabían, lo que López escribió en el Siglo XIX: No puede esclavo ser pueblo que sabe morir.

Creo, y con buenos motivos, que José Antonio, en aquella noche y aquella amanecida de atropello y urgencia del alma, supo esto y más aún. Moría por España pero el mundo miraba y aprendía y, de buena o mala gana, volvía a aprender qué cosa es España, justiciera y terrible, cuando la sirven buenos vasallos que se entregan a un buen Señor. No pudo irse mi Capitán, lo juro, sin saber la amplitud del alma de su enemigo. La misma amplitud, más la angustia, más los jefes, españoles, sí, pero invasores.

Se le juzgó conociéndole. Se le juzgó conociéndonos, no importa si nacidos o no. Se le juzgó porque el hombre entero, el hombre de la verdad, impone un ansia terrible al que debe ser su enemigo y no lo es.

Todo lo tuvo que percibir José Antonio, que siempre se supo amigo, asistente, de los españoles heridos por la injusticia. Cayó por sus enemigos lo mismo que por sus amigos. Y nadie, nadie, cuenta, cómo fue aquel sol que amaneció el enorme Veinte de Noviembre. Más color de mies, quizá; mayor. Y, seguro, más lento, oyendo cómo la naturaleza entera lloraba la muerte del héroe. Wagner haciendo cantar a los luceros.

Todo lo tuvo que saber, insisto, mientras Dios sacaba de la tierra no sólo el alma de José Antonio, sino la de España.
 

EL CASO PÍO MOA
Por Ángel Palomino

La historia de la II República y la Guerra Civil les sale feísima a los partidos de izquierdas desde el mismo día 14 de abril de 1931. Pasó lo que pasó, la historia es así, pero no les gusta.

No dudo de la corrección política de los actuales militantes de aquellos partidos pero ello no les autoriza a cambiar la historia. Basta una leve mirada al pasado para tropezar con recuerdos indeseables. Recuerdos de los que, a estas alturas, no tendrían por qué avergonzarse porque los tiempos son otros y otros –pese a que conserven las siglas- los partidos. Y otros los hombres, aunque sean hijos o nietos o herederos aproximadamente ideológicos de aquellos que hacían la revolución con los peores modales: de aquellos republicanos que daban golpes de estado contra la República, lo mismo desde la oposición (1934) que desde el poder (1936).

Con descaro y terquedad inagotables emplean a sus más brillantes asalariados e influyentes políticos y a los submarinos infiltrados en medios informativos y culturales, en presentar la II República como el período histórico más democrático, progresista, benéfico y culto de la historia de España. Es cierto que la nación cambiaba; pero añaden que la justicia social iniciaba un asombroso rumbo de elevación de nivel de vida mediante leyes justas encaminadas a la corrección de hábitos seculares y costumbres feudales, mientras la derecha reaccionaría y la Iglesia oscurantista, aliada de los ricos, más la acción perversa de los partidos monárquicos y fascistas se opusieron a tan provechosos cambios en actitud de permanente beligerancia que culmina en un alzamiento militar encabezado por Franco, un general bajito de quien ya nadie se acuerda; un militar mediocre que nos condujo a una horrible guerra civil en la que los militares cometieron todo tipo de crímenes y lograron aplastar al ejército republicano con ayuda de Alemania e Italia, países fascistas. Sin esta ayuda, el gobierno legítimo de la República hubiese aplastado la sublevación. Luego, los vencedores, oprimen al pueblo español mientras vive el general bajito; durante casi cuarenta años, España padece una tenebrosa dictadura permanentemente combatida por la heroica izquierda clandestina. Tanto a propósito de la guerra como de la dictadura, los creativos de la propaganda izquierdista fabrican mitos y antimitos basados en realidades como el bombardeo de Guernica y la defensa del Alcázar, o en invenciones como la matanza de Badajoz, el exilio de millones de republicanos y la existencia de campos de exterminio calcados de los modelos rusos y germánicos. Recientemente, el conocido intelectual y destacado estadista don Alfonso Guerra ha organizado una tosca falsificación del dramático episodio del exilio; una versión desacreditada históricamente desde que se anunció y que aún se mantiene viva, jaleada y difundida como testimonio histórico con la colaboración, por todo lo alto, de RTVE.

De pronto, un antiguo comunista, que militó activamente en el terrorismo de ultraizquierda, publica una serie de libros de los que con abundancia de documentos procedentes en gran parte de fuentes republicanas y socialistas, desmiente los más conocidos de esos mitos.

Se indignan con él los voceros actuales de aquellos partidos del Frente Popular y protestan beatuconamente por sus declaraciones que califican de «escandalosas, preconstitucionales y franquistas».

El señor Moa está siendo crucificado por políticos, escritores y hasta supuestos historiadores de izquierda y centro izquierda. Piden, además, la cabeza del periodista Carlos Dávila, que lo entrevistó, y acusan a TVE2 (a la cadena que tanto jaleó el invento del señor Guerra) de aliada del franquismo y manipuladora de la información.

Una tormenta. No pueden consentir que se analicen sus mitos. Algunos, porque se los han creído. Otros porque saben que son falsos y piensan -como Goebels- que mil veces repetidos ya se han convertido en verdad. Temen que su verdad queda con las carnes desnudas y al aire.

Bendita paz. Bendito olvido de la guerra civil. Pero bendita sea, de paso, la verdad verdadera. Que no se enfaden por eso. Y que los intelectuales asimilados, por lo menos ellos, se comporten con decencia; que investiguen; que no rechacen con desprecio y descalificaciones lo que dice un investigador que no es sospechoso de sectarismo ni de fascismo. Discútanlo científica y documentalmente con él. No sean tuñoneros.
 

AL KANZIYYA
Por Aquilino Duque

TRAICIONES

De todas las calamidades del siglo XX tal vez la única que tuvo buen fin fue la Guerra Civil española. No hay mal que por bien no venga, y el mal que aquella guerra fue, le deparó a España el bien de evitarle el dudoso honor de ser la precursora del destino que cupo en suerte a la Europa oriental en 1945. La apertura de los archivos soviéticos no deja hoy lugar a dudas sobre algo que muchos españoles sabían de primera mano, pero que no era «políticamente correcto» reconocer. Nada nuevo dicen los documentos publicados en España en un libro del profesor Elorza y en Estados Unidos en otro coordinado por Ronald Radosch y otros. Este último tiene por cierto un título poco afortunado, que es Spain betrayed, «España traicionada», y es que cuando nos conviene nos olvidamos de que la traicionada por Stalin no fue España, sino la República. La guerra aquella fue consecuencia de un régimen que puso una abstracción política, la República, por encima de una realidad histórica, la nación o la patria, hasta el punto de que gritar «¡Viva España!» llegaría a ser un grito subversivo. España tuvo la suerte de contar con el apoyo activo de las potencias del Eje y la benevolencia cómplice de las democracias anglosajonas, que sabían muy bien lo que ocultaba cierto «antifascismo». Ésas sí que no traicionaron a España, ni siquiera en 1945.
 

EL PROGRESISMO QUE VIENE
Por Miguel Ángel Loma

«Creo que el paso decisivo fue la aprobación de aquella ley que tanto defendieron los grandes laboratorios farmacéuticos, y que trataba de ayudar a diabéticos y otros enfermos. Supuso la supresión definitiva de los tontos prejuicios que entonces existían contra la experimentación científica con embriones humanos. Luego, casi seguidamente, vino la ley de interrupción voluntaria del embarazo, libre y gratuita para todos. Ni una ni otra me inquietaron porque yo ya estaba en este mundo, y todavía no logro comprender cómo hubo gente que estando tan vivitos como yo, se sintieron tan indignados con ambas leyes. Cierto es que al poco tiempo tuvieron que reformar la segunda (reforma que hubo de superar la oposición de muchos sectores intolerantes) y convertirla en obligatoria para embarazadas sin recursos y con alto riesgo de infelicidad; bueno, y luego también para otros casos... Pero eso fue debido a la crisis económica tan grave que por entonces padecimos; aquella que precedió a la instauración universal de la Nueva Civilización Democrática de Progreso, a cuyo amparo vivimos hoy tan felizmente. Aquellos días los recuerdo muy bien porque poco antes de que aprobaran la reforma, nació mi segundo hijo. Fue la época más dichosa de mi vida.

El siguiente gran avance humanitario lo trajeron las diferentes medidas legislativas sobre interrupción voluntaria del sufrimiento, para enfermos y otros seres desgraciados, que podían solicitar ellos mismos o los familiares que acreditaran excesiva exigencia de dedicación a estos enfermos. Tampoco esto me importó, porque entonces yo gozaba de muy buena salud y mi familia todavía me adoraba (el traumático episodio de mi divorcio y la pérdida de toda relación con mis hijos vino después; pero no quiero volver más sobre esa etapa de mi vida, porque este tipo de recuerdos personales me los tiene prohibido mi psiquiatra, y luego tengo que atiborrarme de pastillas).

Más tarde ampliaron las anteriores medidas incluyendo también a discapacitados y deficientes, lo que tampoco me inquietó demasiado porque aunque nunca fui un atleta ni una lumbrera intelectual, yo creo que distaba bastante de que me considerasen un inválido o un imbécil (incluso gané una vez un concurso en televisión).

Lo último ha sido esa ley aprobada el año pasado que tiene un nombre tan complicado y que no logro retener; esas malditas pastillas me están dejando un poco imbécil (en sentido figurado, claro). Bueno, aunque no sepa cómo se llama, sé que constituye un nuevo avance social contra la improductividad ciudadana insolidaria o algo así. Como hay gente que nunca está contenta con nada, al igual que pasó con las otras leyes, también ha habido manifestaciones contra ésta y para controlarlas han tenido que intervenir agentes especiales de pacificación. La verdad es que estos grupitos contestatarios que se oponen por sistema a las leyes progresistas me dan pena. Son casi siempre los mismos: fundamentalistas religiosos y fanáticos irracionales que hablan de la dignidad humana y de viejas palabras que ya nadie utiliza y que suenan muy solemnes. ¿Dignidad humana? ¿Pero cuándo hemos vivido mejor que ahora? ¿No se dan cuenta de que todo lo que hacen nuestros dirigentes es por nuestra felicidad? Además, ¡que se preocupen aquellos que se sientan afectados!

Por mi parte estoy tranquilo. No es que mi trabajo sea de una alta relevancia social, pero he sido un gran consumidor y he gastado mucho dinero a lo largo de mi vida. Siempre se nos ha dicho que las personas como yo constituimos el fundamento y sostén de la Nueva Civilización. Mi única preocupación es que en los últimos meses no me siento muy bien, me los he tirado casi enteritos yendo y viniendo al hospital. Menos mal que los gastos corren a cargo del Estado de la Nueva Civilización.

A propósito..., están llamando a la puerta dos funcionarios del Ministerio de Sosiego y Felicidad. No sé por qué hay gente que les tiene miedo. Yo siempre los he visto sumamente educados; claro que, a diferencia de otros, no tengo nada que temer porque nunca me he metido en política. Qué amables: traen una lista donde aparece mi nombre. Esto va a ser uno de esos premios que conceden a quienes hemos mantenido una actitud de ejemplar colaboración ciudadana. Estoy intrigadísimo por conocer en qué consistirá mi premio, aunque si puedo elegir me quedo con un crucero por el Caribe en uno de esos enormes transatlánticos que aparecen en la publicidad del Ministerio. Como el que me dijeron que obtuvo aquel tipo tan simpático que conocí en el hospital los primeros días de mi enfermedad. Ahora recuerdo que cuando se lo dieron, llevaba seis meses enfermo: el mismo tiempo que ahora llevo yo. Debe tratarse de un largo viaje porque aquel tipo no ha vuelto aún. Los amables funcionarios me ruegan que les acompañe. Ya no me queda duda de que se trata de uno de esos estupendos cruceros, y además mejor de lo que imaginaba: cuando he ido a recoger mis efectos personales y mi medicación, me han dicho que no era necesario. Formidable: un largo viaje con asistencia sanitaria incluida, y todo a cuenta del Ministerio. Para que luego hablen mal de este Estado».
 

COMENTARIOS
Por Españoleto

SORPRESA, LOS ESCUDOS MIRAN Y VEN

Los «brigadistas» que viajaron a IRAK ofreciéndose como escudos humanos para «proteger» escuelas y hospitales vuelven defraudados. Por un lado, el Gobierno de allá les sugiere se emplee tan valiosa defensa en proteger centrales eléctricas e instalaciones fabriles, donde es más probable que caigan bombas. Por otra parte, lo que ven no les gusta. No están tan convencidos de que hayan tomado una decisión correcta.

Ellos se lo guisan, ellos se lo comen.
 

EL INNOBLE COMPORTAMIENTO DE UN RECTOR

El rector de la Universidad de Barcelona intenta justificar su cobardía demostrada al negar una conferencia a la profesora Gotzone Mora, de la UPV y miembro destacada de «¡Basta ya!». Declara el rector, villanamente, que este movimiento es equiparable en partidismo y virulencia a la Eta que combate. Tal miseria moral, agravada por el hecho de haber prestado tal cátedra a Otegui y otros de su cuerda, le dibuja adecuadamente, aunque él pretenda arroparse con un manto de imparcialidad respetable.

La realidad es que le molesta el reproche antinacionalista de ayuda a Eta por parte de «¡Basta ya!» en el que se considera implicado (el que se pica, ajos come). Y que no se considera capaz, o no quiere, sofocar las previsibles protestas y violencias de los forofos estudiantes nacionalistas
 

LOS INSENSATOS POLÍTICOS ESPAÑOLES PROGRES

Los incidentes con Ana Botella, Pilar del Castillo y Gallardón demuestran que hay un sector juvenil dispuesto al alocamiento político. Esta vez alegando el pretexto emotivo de la guerra, con irracionalidad en los argumentos. Y poniendo en evidencia una pasión partidista capaz de avasallar a las personas de los políticos contrarios. Sin respeto por ellos ni por sus partidarios.

Una vez más, los políticos españoles de izquierda han demostrado su capacidad para enconar, en vez de sosegar, las relaciones políticas y hacer que los forofos odien a los contrarios. Como siempre a lo largo de su larga historia, plena de desgraciadas consecuencias de irresponsabilidad.
 

ARZALLUS SE ESCONDE

Arzallus no recoge el reto de la madre de Pagazaurtundua, a la que insultó públicamente con pretensiones lastimeras. Ella le respondió públicamente, reprochándole, con llaneza esencial, que «no tenía vergüenza ni temor de Dios». ¿Con qué argumentos contesta un supuesto creyente como Arzallus, en estos tiempos políticamente correctos, a un reproche tan entero?

Es lógico que se esconda. ¿Se habrá puesto ceniza en la soledad de su escondite?
 

LOS BATASUNOS SE ACOGEN A LA CONSTITUCIÓN QUE QUIEREN DESTRUIR

Los abogados batasunos, que demuestran siempre su excelente calidad para defender lo indefendible, replican al Tribunal Constitucional que no se les puede condenar por guardar silencio ante los asesinatos.

Es obvio que en su caso, quien calla no otorga. Pero también lo es que deben dar cuenta de multitud de acciones y dichos expresos de insulto y agresión que demuestran su talante salvaje. Están conscientes de ello, y de que se cierran los espacios a su alrededor. Y que sus sucedáneos políticos que puedan establecer los tienen cerrados ya desde un principio.

El Gobierno de Aznar puede apuntarse excelentes tantos policiales, pero sobre todo unos logros legales derivados de una acción política coherente y constante.
 

EL TC DA LUZ VERDE

Por unanimidad, el Tribunal Constitucional declara que no hay nada anticonstitucional en la Ley de Partidos políticos. Ello significa Luz verde para que el Supremo pueda ilegalizar Batasuna conforme a esa Ley. Y significa un varapalo más a la torticera política del PNV, que procura aparentar legalidad mientras apoya a los salvajes.

Una excelente noticia, por tanto, que se ha visto complementada con la decisión del Supremo de ilegalizar a la organización pro etarra.


 
    Opciones
· Versión Imprimible
· Enviar a un Amigo
    Otros enlaces
· Más Acerca de El Risco de la Nava


Noticia más leída sobre El Risco de la Nava:
El Risco de la Nava - Nº 124


Hermandad del Valle de los Caídos (hermandaddelvalle.org)
Colaboraciones, comentarios, sugerencias: