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Altar Mayor - Nº 84 (63)
Jueves, 27 febrero a las 20:28:31

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

PEGASO DEBE VENCER DE NUEVO A QUIMERA
Por Anna Birulés. ExMinistra de Ciencia y Tecnología

La Cumbre de Barcelona ha vencido, en muchos aspectos, la actitud un tanto cínica pero muy realista de Maquiavelo: «nada más difícil de emprender, ni más peligroso de conducir -decía ese veneciano universal- que tomar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tropieza con la hostilidad de todos aquellos a quienes les sonrió la situación anterior y sólo encuentra tibios defensores en quienes esperan beneficios de la nueva».

El Consejo Europeo ha conseguido un consenso, precisamente, para converger superando las heterogeneidades de cada país a la hora de contribuir unidos a la Europa del conocimiento. La Presidencia española se había marcado en materia de ciencia y tecnología propuestas claves en cuatro líneas estratégicas de actuación:

-Aprobación del VI Programa Marco de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación.

-Impulso al Espacio Europeo de Investigación e Innovación, con liderazgo y proyección internacional.

-Resaltar la importancia de la I+D+i como factor clave para el crecimiento económico, subrayando el papel determinante a jugar por las pymes y mejorando su financiación.

-Aprobación de un nuevo plan de acción e-Europa para el impulso de la Sociedad de la Información para Todos, más ambicioso que el que finaliza este año y con vigencia hasta el 2005.

La reciente Cumbre de Barcelona ha logrado plasmar estos objetivos necesariamente ambiciosos en esas líneas maestras de lo que podríamos llamar el «Espacio Europeo del Conocimiento». Por un lado, ha adoptado el compromiso de aumentar el gasto total en I+D e Innovación hasta alcanzar el 3% en el año 2010, y de lograr que dos tercios de esa inversión la aporte el sector privado. El esfuerzo global y de convergencia es, por tanto, bastante considerable.

La reunión del Consejo Europeo ha consensuado también políticas para atraer o retener a los científicos más capacitados, ya que Europa -hay que reconocerlo- tiene déficit de investigadores. El indicador en la UE medido sobre población activa es de 5 por 1.000, frente a 7,4 en Estados Unidos ó 9 en Japón. Para lograr este objetivo, una de las claves, como reconocen las conclusiones de la Cumbre de Barcelona, es el logro de una verdadera movilidad de científicos y tecnólogos entre el sector público y el privado, y entre los diferentes países europeos.

Pero no basta con resolver los problemas de recursos humanos y financieros para garantizar la eficacia del Sistema Europeo de Ciencia y Tecnología. Aguas abajo de las fuentes del conocimiento y de la I+D es preciso agilizar también los estímulos que se refieren a la innovación. Las medidas basadas en el apoyo a la investigación científica han sido válidas hasta ahora, pero ya no bastan para atender las necesidades de sociedades que empiezan a comprobar, y hay una tarea educativa pendiente, que la innovación es clave para lograr desarrollos competitivos y más bienestar.

Una de las tareas más apasionantes planteadas en Barcelona es la de impulsar la alfabetización tecnológica como instrumento para transformar la información en conocimiento. Ese reto exige de los responsables de ciencia y tecnología lograr la colaboración de los elementos clave del sistema educativo, facilitando el uso de las tecnologías desde las primeras fases educativas, con el objetivo de lograr en el año 2003 una proporción de un ordenador conectado a Internet por cada 15 estudiantes y una titulación en Internet e Informática para alumnos de secundaria. Estos objetivos se sitúan plenamente en la línea apuntada para el nuevo Plan de Acción e-Europa 2005, que entre sus prioridades incluye el aprendizaje por medios electrónicos, la administración electrónica y la sanidad on-line. Para el logro de estos objetivos es indispensable -como ha aprobado la Cumbre- la generalización de la utilización de redes de banda ancha antes de 2005. La atención a los otros campos de fomento de la innovación como son la regulación, la financiación, y el mercado, hasta ahora no suficientemente abordados, debe tener muy en cuenta el papel fundamental que, por su cercanía con la realidad social y económica, juega la administración regional y local.

Dentro de esos campos, se deben potenciar las medidas que faciliten el acceso a los instrumentos financieros orientados a la innovación -capital riesgo, capital semilla-, tanto a las iniciativas empresariales, como a los organismos de investigación, que no suelen encontrar una adecuada respuesta en la financiación tradicional. En este sentido, el impulso a una integración de los mercados europeos de valores y de capital riesgo en 2003, creando mercados de mayor dimensión, supondrá un fuerte estímulo a la utilización del capital riesgo y del capital semilla en las fases iniciales de las empresas innovadoras.

El desarrollo de estas medidas exige un esfuerzo adicional e integrado de todas las administraciones. La Unión Europea debe optar por la creación de un único Espacio Europeo de Investigación e Innovación en el que se coordinen las acciones desarrolladas por las distintas administraciones en sus ámbitos de actuación, dotándose para ello de las estructuras políticas y administrativas adecuadas.

Los objetivos son ambiciosos, pero no hablamos ya de mitos ni de algo inalcanzable. Pegaso, el caballo alado, ha sobrevolado Europa desde la Grecia Clásica. Dice la mitología que cuando fue embridado y dirigido por Belerofonte logró vencer a Quimera, ese monstruo con cabeza de león y cuerpo de cabra, que en tiempos ha simbolizado la desunión del Viejo Continente, dando origen, con una interesante etimología, al uso de la palabra hoy. Quimera: «Lo que se propone a la imaginación como posible o verdadero no siéndolo».

Una vez más, tras la Cumbre de Barcelona, Pegaso tendrá quizá que volar y vencer de nuevo a Quimera en esa Europa del Conocimiento que debe hacer no sólo posible sino habitual e imprescindible el hecho de innovar.


 
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