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Altar Mayor - Nº 84 (59)
Jueves, 27 febrero a las 20:42:18

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

BARCELONA, UNA CUMBRE HISTÓRICA PARA LA POLÍTICA DEL TRANSPORTE
Por Francisco Álvarez-Cascos - Ministro de Fomento

Nadie seriamente cuestiona el éxito del Consejo Europeo del 15 y 16 de marzo bajo Presidencia española, aunque algunos hubieran preferido encontrar motivos para hacerlo. La Cumbre de Barcelona ha supuesto un decidido paso adelante en la construcción de una Europa mejor, retomando el espíritu de Lisboa, con un compromiso claro y explícito en torno a las reformas estructurales pendientes que permitirán aumentar el potencial de crecimiento y el empleo de la UE. Se han impulsado reformas en los mercados -laboral, financiero y de productos- hacia una Europa más conectada y competitiva, basada en el conocimiento (véanse los compromisos concretos en materia de educación e investigación), compatible con un desarrollo sostenible que no ponga en peligro las posibilidades de las generaciones futuras. En definitiva, más Europa.

En materia de transportes, la Cumbre Europea de Barcelona desbordó las previsiones más prudentes y realistas, hasta convertirse en una reunión histórica en cuanto al logro de los objetivos de la Presidencia española. Gracias a la tarea desarrollada en los últimos meses, y al personal impulso de José María Aznar desde la Presidencia del Consejo, se han conseguido avances decisivos en las tres prioridades que había marcado la Presidencia española del Consejo de Transportes, y que hace tan sólo tres meses atravesaban por serias dificultades: Programa Galileo, Cielo Único Europeo y Redes Transeuropeas.

El desbloqueo del programa Galileo es, a mi juicio, el mayor éxito de la Cumbre de Barcelona, con unas repercusiones que van más allá de lo que es posible intuir en estos momentos. El proyecto Galileo, que desborda ampliamente el ámbito de los transportes, no sólo sienta las bases del desarrollo de la industria aeroespacial y de las telecomunicaciones en Europa, sino que garantiza la independencia y el liderazgo tecnológico de Europa. Además, desde el punto de vista de la economía de mercado, el sistema Galileo permite introducir competencia en un sector hasta ahora sometido al monopolio del sistema GPS americano, lo que repercutirá en beneficio de los usuarios, en calidad de servicio y precio. Por otro lado, Galileo supone una garantía adicional para el usuario al tratarse de un sistema básicamente civil, como alternativa al actual GPS, dependiente de las autoridades militares y subordinado, por ello, a los posibles escenarios de conflicto (como de hecho ocurrió en la Guerra del Golfo).

La Cumbre de Barcelona supuso un empuje definitivo para el programa Galileo, con un mandato claro al próximo Consejo de Transportes de mañana para que articule las «decisiones necesarias en relación con su financiación y lanzamiento», superando de este modo las reticencias de algunos países que habían paralizado el proyecto. Un gran éxito para la Presidencia española.

El segundo objetivo de la Presidencia española -impulsar el proyecto de Cielo Único Europeo- se ha saldado en Barcelona con el compromiso explícito de hacerlo realidad en 2004, y de la adhesión de la Unión Europea a Eurocontrol. El Cielo Único es la apuesta por una gestión más eficaz del tráfico aéreo en Europa, para superar los problemas que hacen que hoy, con la mitad de tráfico aéreo que Estados Unidos, se gestione peor. La competencia y la efectiva apertura del mercado de transporte aéreo pasa, necesariamente, por la coordinación de las operaciones en el espacio aéreo europeo y por una mejor asignación de los «slots» en los aeropuertos (sobre lo que también se ha pronunciado el Consejo de Barcelona).

Respecto al tercer objetivo, se ha logrado potenciar el desarrollo de las redes de transporte transeuropeas, con especial referencia a la reducción de los «cuellos de botella» en los pasos de los Alpes, los Pirineos o el mar Báltico, con un mandato al Consejo y al Parlamento Europeo para que antes de fin de año revisen las cuestiones pendientes, incluidos los nuevos proyectos prioritarios.

No menos importantes son los avances en materia ferroviaria, en la que se ha alcanzado una fórmula de compromiso para desbloquear el segundo paquete ferroviario (interoperabilidad y mayores niveles de seguridad), fundamental para el futuro del ferrocarril en Europa. O respecto a la liberalización de los servicios portuarios, con un plazo de final de año para adoptar las propuestas concretas. O en relación al reparto de los costes de los distintos modos de transporte, con el acuerdo de acelerar los trabajos para preparar una directiva marco sobre tarificación de infraestructuras antes de 2004.

El Consejo Europeo de Barcelona dio también un respaldo político al deseo no sólo de los Estados y administraciones competentes sino del propio sector y de los sindicatos, de avanzar hacia una armonización europea para el transporte por carretera, que signifique un mercado donde las relaciones de competencia sean claras y respetadas por todos. Se ha destacado la importancia de la regulación de las condiciones sociales, que tienen una enorme repercusión sobre las condiciones de competencia y organización del mercado y sobre la seguridad en la realización del transporte por carretera, además del respaldo al Reglamento de los contratos de servicios públicos, para el caso de los transportes de viajeros, marcándose en ambos casos el objetivo de que ambas normas sean aprobadas antes de diciembre de 2002.

Finalmente, en materia de fiscalidad, y al hilo del acuerdo sobre fiscalidad energética para finales de año, es importante destacar el reconocimiento de la singularidad de «las necesidades de los profesionales del sector del transporte por carretera».

Además de estos acuerdos concretos, la preocupación por el transporte impregna muchas de las conclusiones de la Cumbre, reflejando la incidencia de este sector en el desarrollo económico de la UE. Sociedad de la información, apertura de mercados, liberalización de sectores, desarrollo sostenible o cambio climático son temas que merecen una consideración especial en relación con el transporte. En este sentido, por primera vez un Consejo Europeo se ocupa de la importancia del transporte urbano para el medio ambiente y la calidad de vida en las ciudades.

La integración de las redes europeas de transporte y comunicaciones es un elemento vital para perfeccionar el Mercado Único. Así lo reconocen las conclusiones de Barcelona al considerar que unas redes de transportes potentes e integradas son, junto con las redes de energía, la «columna vertebral del mercado interior europeo». La mayor apertura del mercado con un marco jurídico adecuado, el mejor uso de las redes existentes y las nuevas conexiones «aumentarán la eficacia y la competencia y garantizará un nivel adecuado de calidad, al tiempo que reducirán la congestión y reforzarán, por tanto, la sostenibilidad». Es necesario avanzar hacia una movilidad sostenible, con un cambio hacia medios y modos de transporte más respetuosos con el medio ambiente, «teniendo en cuenta las diferencias locales y regionales dentro de los Estados miembros y de éstos entre sí y en los países candidatos». Es la hora de hacer auténtica política europea de transportes. En Barcelona, la Unión Europea también ha querido ser «más Europa» en los transportes.


 
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