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Altar Mayor - Nº 84 (29)
Sábado, 01 marzo a las 16:50:53

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

EUROPA, NECESIDAD INELUDIBLE
Por Luis Buceta Facorro - Catedrático de Universidad

Dentro de la altura, seriedad y buena construcción de las intervenciones, en general, todas ellas, en mayor o menor grado, destilaron un pesimismo sobre Europa y sus posibilidades. En relación con esta actitud, manifestada mediante expresiones que, en cierta manera, se están convirtiendo en estereotipos de los euroescépticos, deseo hacer algunas puntualizaciones.

1.- La Europa de los comerciantes. Efectivamente, la Unión Europea se inició y fue desarrollándose mediante acuerdos que condujeron a un mercado común el cual fortaleció y desarrollo el estado de bienestar que se ha logrado. Se ha ido realizando mediante pequeños pasos hasta alcanzar el momento actual con una unión que ya implica una ciudadanía común, una moneda única y normas de índole económico-social de obligado cumplimiento para todos los miembros de la unión. El siguiente paso es una Constitución en vías de realización cuya primera consecuencia es que Europa tendrá una personalidad jurídica única y sancionará la ciudadanía común.

Los pequeños pasos que algunos hemos podido considerar, en ciertos momentos lentos, sin embargo hay que reconocer que la solidez de lo que se ha logrado quizá exigiera este caminar lento pero seguro. Lo que habría que plantearse es si no hubiera sido a través y mediante los intereses económicos, si estaríamos donde estamos. Los políticos, a través de sus dispares puntos de vista y sus ideologías encontradas, tengo mis dudas sobre si se hubiesen puesto de acuerdo y hubieran sido capaces de iniciar y desarrollar este proceso. Más dudas tengo con respecto a las llamadas fuerzas sociales, que aún ahora, cuando Europa es zona privilegiada por el nivel de vida alcanzado, sin límites en sus peticiones, que ya no son derechos sino deseos y exigencias, en muchos casos desbocadas, son capaces de hacer huelgas parciales con frecuencia e, incluso, generales con la consiguiente perturbación de la vida de los ciudadanos, y afectando al bienestar de las personas, cuando no poniendo en peligro la estabilidad política y económica. En el momento actual, una huelga sin previamente haber consumido un amplio proceso de diálogo, buscando el acuerdo con ahínco, dada la precaria situación de desarrrollo del resto del mundo, cinco mil millones, es, en Europa, inmoral y no tiene, en la gran mayoría de los casos, razón de ser. Y esto afecta tanto a las fuerzas sociales como a las políticas, en el poder o no. Tenemos tantos ejemplos de grandes tratados de integración por parte de los gobiernos, en diversas partes del mundo, que no han logrado prácticamente nada y se han quedado en rimbombantes conferencias y declaraciones de principios. Frente a esta triste realidad, Europa, con todas sus carencias operativas, es una realidad, ejemplo y envidia de muchos otros proyectos. Como acaba de señalar el Presidente del Parlamento Europeo, Sr. Cox, los actuales europeos tenemos ante nosotros la oportunidad de hacer lo que no se ha hecho en milenios de historia europea: crear una nueva unidad, no con la espada, ni con las balas, sino mediante la libre voluntad de pueblos libres, soberanos e independientes.

2.- Europa es un club al que es elegante pertenecer. Esta frívola idea pierde la verdadera perspectiva de la concepción europea. Europa no es una conveniencia para mantener y aumentar nuestro nivel de vida, objetivo que ya, en sí, sería valioso. Europa es una necesidad de supervivencia. Los Estados tradicionales son incapaces de afrontar, por sí solos, problemas que han rebasado sus fronteras y se han mundializado o globalizado. El terrorismo, las mafias de tráfico, de drogas o de personas, la inmigración, el hambre y la miseria, la educación, los atentados a la naturaleza, las fuentes energéticas, etc., no se pueden resolver particularmente sino en acciones comunes. Ante el proceso de globalización, irremediable e imparable, sólo bloques fuertes, producto de la integración de nuestras viejas naciones, podrán afrontar estas cuestiones con éxito. Europa, dentro de este devenir histórico, se encuentra en una situación geográfica y espiritual específica y propia. Geográficamente, volvemos a ser frontera del Islam, fuente hoy de un evidente fundamentalismo que uniendo lo político y lo religioso, amenaza, a través del terrorismo, la concepción y principios de vida de Occidente. Geopolíticamente, Europa se encuentra en una encrucijada histórica muy comprometida de forma directa y real. Cualquier cuestión en un area tan extensa afecta directamente a Europa. El Mediterráneo y Oriente próximo están físicamente pegados a Europa. La tendencia geopolítica del mundo, en el siglo XXI, se desplaza hacía grandes países del lejano oriente que ahora ya es cercano. Cuando algún conferenciante afirma «no creo que un ejercito europeo garantice nuestra seguridad», habría que recapacitar si un simple ejército español o francés tiene hoy capacidad para garantizar la seguridad y lo que nos debe preocupar es que la existencia de ese ejército va más lentamente de lo que desearíamos los que presentimos el peligro real y cercano. Europa no es un club al que es elegante pertenecer, en todo caso sería un club al que es ineludible pertenecer como necesidad de supervivencia.

3.- Dificultad cuando no imposibilidad de una Europa homogénea por la gran variedad de las naciones europeas. Si nos dedicamos a reafirmar lo diferente como elemento de separación, es muy difícil que se llegue a la unidad. Pero lo diferente como algo propio no impide el entendimiento con elementos comunes, que en Europa son muchos, y, en base a estos, lograr la posibilidad de acción común para resolver cuestiones comunes, máxime cuando éstas son vitales. Ya he dicho y reitero que es la necesidad de supervivencia la que nos exige renunciar a potestades propias en aras de garantizarnos la vida en el futuro. Si fuera cierto el argumento de las diferencias no existirían las naciones actuales, surgidas de la unión conveniente y necesaria de antiguos reinos, condados, marcas o señoríos autónomos de distinta naturaleza. Si fuera cierto este argumento se estaría dando la razón a los localismos y nacionalismos surgidos en nuestras propias naciones, donde hay diferencias, pero que ante el proceso histórico, no fueron obstáculo para un quehacer común. Este quehacer común, este proyecto de vida en común, esta unidad de destino en lo universal, ha pasado de las naciones tradicionales a Europa y, aún me atrevo a decir a Occidente para éste y sucesivos siglos.

4.- Cuanto más avanzamos en los descubrimientos, especialmente los tecnológicos en los diferentes campos, se nos presenta una profunda contradicción. Esos avances positivos, como nunca pensamos, para la vida de las personas, a su vez implican cada vez más riesgos de destrucción de esta vida. Los avances en biotecnología, los descubrimientos energéticos, el uso de las fuentes de energía, el tratamiento para acabar con plagas ancestrales, etc., traen consigo fuerzas de destrucción hasta ahora desconocidas y de una capacidad difícil de creer, que ponen o pueden poner en peligro, de forma masiva, nuestra propia vida, e, incluso, según algunos científicos, cambiar al propio hombre, afectando a la naturaleza humana. Esto nos lleva a que vivimos un mundo de posibilidades para el desarrollo de la humanidad como nunca ha existido, pero, al mismo tiempo, de riesgos globales y reales como tampoco antes hemos tenido. Ante esta situación de mundialización de los riesgos se precisan unidades más fuertes capaces, con un carácter más global, de afrontar estos riesgos, para que no se conviertan en catástrofes. Se necesita cordura, ponderación, prudencia, fortaleza y eficacia, aspectos que los gobiernos nacionales conocidos, por sí mismos, son incapaces de ofrecer y garantizar. La falta de una unidad superior nos llevaría a ser meras comparsas y estar sometidos al poder más fuerte, en cada momento, que si no estamos atentos, puede dejar de ser de Occidente y de nuestra cultura. No se trata de dominar sino de mantener un equilibrio para la convivencia pacifica con otros poderes emergentes. Cuanto más riesgo, se precisa más realismo, prudencia, ponderación, fortaleza y eficacia frente a tanta incapacidad, torpeza y desatino a la que la simpleza ignorante nos tiene acostumbrados.

5.- Si bien es verdad que las raíces de Europa se pueden y deben buscar en la Edad Media, hay que descartar como objetivo actual volver a la unidad de ideas y valores que representó la cristiandad. De la misma forma, la oferta que se hizo de que puesto que Europa apenas avanzará, el camino que nos corresponde es recuperar nuestras esencias, es decir, seguir siendo lo que somos y sentirnos orgullosos de ser españoles, me parece de un anacronismo patético. Los españoles tenemos sobrados motivos para sentirnos orgullosos de serlo y precisamente con ese peso que proporciona nuestro pasado, podemos ser un factor altamente positivo en esa nueva unidad histórica de Europa que apenas alborea, pero que tiene por delante mucho camino que recorrer.

Se quiera o no, guste o no, Europa ha encarnado la civilización occidental, cuna de una concepción del hombre y de la vida, de donde han surgido los Derecho Humanos que consideramos piedra angular de la convivencia social. En el mundo de hoy y del futuro, Europa ha de ser ejemplo político, económico, social y religioso, representando el marco de referencia de convivencia para otros pueblos y culturas.

Nuestro estilo y concepción de la vida que está siendo atacado y que desean destruir, posturas fundamentalistas, no sólo han de ser defendidas, sino que a Europa le va a corresponder ser la guardiana de los derechos humanos y, como parte de Occidente, procurar su extensión y respeto en el resto del mundo. Con esta tarea histórica, España y los españoles, unidos y conscientes de lo que somos y representamos, podemos ser una aportación muy significativa. Decir que parece que todos queremos ser europeos, «yo no», me parece, a estas alturas, como mínimo, una torpeza y un desatino, pero, sobre todo, representa una ceguera total de por dónde va la historia de la humanidad y el compromiso que exige. Como ejemplo, en este momento y de forma inmediata una de las misiones de Europa es encarnar una potencia que represente la ponderación, prudencia, fortaleza y eficacia que pueda llevar la cordura y el equilibrio a los desbocados y egoístas planteamientos de la máxima potencia Occidental y mundial. Europa con su peso histórico y su experiencia ha de tratar de ser la defensora de un rumbo de vida, abierto pero no ingenuo, de ponderar los peligros pero buscando la amistad, de defender unas reglas de juego internacional que deben ser cumplidas por todas las naciones, sin aplicaciones particulares y sectarias para unos sí y para otros no. En un periódico nacional venía un artículo de Antonio Garrigues sobre el triunfo aplastante de los republicanos en EE.UU., cuyo título es suficientemente expresivo: «Enhorabuena Sr. Bush, Pero...».

6.- En las palabras de clausura, el Presidente de las conversaciones, Dtor. Suárez, ofreció una equilibrada postura al señalar que Europa no es un simple ámbito geográfico sino una manera de ser, una cultura. Llamó la atención sobre nuestra responsabilidad sobre el presente y el camino hacia el futuro lleno de incógnitas. Mostrando una gran esperanza hacia ese futuro, nos señaló la necesidad de no mirar con nostalgia al pasado sin renunciar a sus contenidos, pero abriendonos a los nuevos tiempos. Con una visión acertada de la misión de Europa de sembrar en la sociedad los valores cristianos de la realidad del ser humano, contribuyendo al crecimiento de la idea de crear una noción del hombre que ha surgido en Europa, conceptos que comparto totalmente.

7.- Estas «Conversaciones en el Valle», que van tomando cuerpo de naturaleza y dan lugar a una publicación con reflexiones muy valiosas, considero que han de abandonar el tono pesimista o por lo menos equilibrarlo con otros conceptos y opiniones que den más variedad a sus contenidos. Hay una tendencia, natural en el ser humano, de someterse sólo a la información acorde con lo que piensa y siente. En un club de pensantes o lugar de encuentro de personas pensantes que trata de estudiar los problemas que afectan a las personas, en el hoy y en el mañana, no cabe esta actitud ni ese comportamiento. Tenemos que escuchar y reflexionar desde distintos puntos de vista, aunque aquello que escuchemos no sea lo que nosotros pensamos ni sea de nuestro gusto y agrado. Esto es la apertura al pensamiento, de lo contrario hacemos como nuestros políticos y diferentes ámbitos sociales y religiosos que se reúnen entre ellos para decirse lo acertados que están y lo acertado de sus ideas, propuestas y acciones. Cada cual se regodea en su propio ámbito y se produce una especie de «autismo social».


 
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