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Altar Mayor - Nº 84 (28)
Sábado, 01 marzo a las 16:52:38

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

DEL RAPTO DE EUROPA A LA UE
Por Luis Antonio Vacas Rodríguez

Antes de dar comienzo la Historia tenemos el Mito. Para algunos la palabra mito deriva del griego mitos, que significa palabra o historia. No obstante, «un mito expresa cosa muy diferente para el creyente, para el antropólogo, para el investigador de la cultura popular, para el psicólogo o para el filólogo». Otros sostienen que el mito sirve para mantener la contradicción y la ambigüedad. Sin embargo, la mitología nos ofrece una manera poética de entender el mundo a través de la metáfora.

Por el mito sabemos que Europa tiene su origen en las orillas del Mediterráneo Oriental, dando comienzo a la manera clásica: Érase una vez, que el rey Agenor de Tiro y Sidón, tenía una hija llamada Europa, y un buen día: «Zeus, el Crónida, había sido herido por los dardos del amor, únicos capaces de derribar al indomable padre de los dioses, y había quedado turbado ante la belleza de Europa. Temiendo, sin embargo las iras de la celosa Hera, y no creyendo poder turbar la inocencia de la virgen, el taimado dios ideó una treta. Cambió su propia figura en la de un toro; pero ¡qué toro! [...] Zeus transformado en toro, monte abajo hacia la designada orilla, al prado precisamente donde la hija de Agenor jugaba despreocupada con las flores rodeada de las doncellas de Tiro». Zeus, se mezcló con los toros de la manada del rey en los prados cercanos a la playa. Europa le acarició, le colocó guirnaldas de flores en los cuernos, y como parecía tan manso, acabó finalmente por subirse a su grupa. Inmediatamente, Zeus se dirigió con ella hacia el mar a toda velocidad, realizándose así el famoso rapto de Europa. La llevó hasta la isla de Creta, donde la violó bajo un plátano que, según la tradición. ha permanecido verde desde entonces. Europa, alumbró tres hijos de Zeus: Minos, Radamantis y Sarpedón. Posteriormente se desposó con Asterión rey de Creta, quién nombró heredero de su reino a Minos, hijo de Europa y Zeus. De tal manera que, según el mito, Europa, el Toro y el mar Mediterráneo están en el origen de todo aquello que después en la Historia le acontecerá a Europa.

Para el profesor F. H. Hinsley, «Los hombres no aceptan ni se someten a la soberanía: aceptan y se someten a la autoridad o al poder. La autoridad y el poder son hechos tan viejos y omnipresentes como la sociedad misma, pero no en todas partes ni en todas las épocas han disfrutado del apoyo o sufrido las limitaciones que la soberanía, una teoría o concepción del poder político, tratan de edificar para aquellos. [...] En una palabra, el origen y la historia del concepto de soberanía se halla estrechamente vinculados a la naturaleza, origen e historia del Estado. [...] En las modernas sociedades políticas muchas veces se ha afirmado que al igual que la soberanía, el Estado no es más que un concepto, una ficción de los filósofos, un mito. Sin embargo aun si admitimos que no existe algo como el poder del Estado, sino sólo del poder de los individuos, sigue siendo necesario reconocer que el Estado -o cuando menos el instrumento de poder al que debemos dar este nombre- existe realmente en el mundo fenoménico. [...] Estado es el nombre que asignamos a una de las diferentes instituciones políticas que se desarrollan en las sociedades. [...] La forma particular de organizar el poder político que las sociedades han adoptado en un estadio determinado de su evolución».

Ahora nos vamos encaminando hacia la Unión Europea (UE) aquellos Estados que pretenden unirse por unos vínculos determinados por ellos. Y dicho esto, retomemos de nuevo el hilo del pasado. De manera que volvemos de nuevo a las andadas del rapto femenino. El pathos oriental y el logos griego se entrecruzan de nuevo con el rapto de Helena por Paris, hijo del rey Príamo de Troya. Es Hornero quien nos cuenta la famosa epopeya de los griegos poniéndole sitio a Troya, y nos narra también la cólera de Aquiles, que se vengó en Héctor, hijo del rey de Troya, arrastrando su cadáver atado a su carro de guerra. En la Iliada nos dice que: «Padre Zeus, favorece a Ayax, o al hijo de Tideo, o al que es rey de la dorada Micenas», y en la Odisea que: «Hay una isla llamada Creta, en medio del mar oscuro como el vino, bella y fértil y rodeada por el mar; tiene un número incontable de hombres, y noventa ciudades y ahí las lenguas se mezclan entre sí [...] Y allí se encuentra Cnosos, la gran ciudad, donde gobierna Minos, nueve años por nueve años, que tiene el favor del poderoso Zeus».

El Mediterráneo, a Oriente fenicia y el rey Agenor, padre de Europa, a Occidente: «...Toros eternos de Iberia, unos con la tierra que tiene, entre manos, la forma de su piel; toros de Gerión codiciados por Hércules; toros que, en las astas inflamados haces, lanzó Orisón a los cartagineses».

Islas griegas, Creta y su Minotauro, hijo de Pasifae, esposa del rey Minos de Creta, y de un toro blanco enviado por Poseidón, dios del mar, ser violento, mitad toro, mitad hombre, que se alimentaba de carne humana. Cada nueve años, siete mujeres y siete jóvenes, tributo a la ciudad de Atenas.

La metáfora poética de la Europa actual se la debemos al gran escritor Rafael García Serrano, en el capitulo dedicado a su rapto, del bello libro Los Toros de Iberia, que seguidamente transcribo: «Europa es fina y esbelta. La línea de sus caderas insinúa un vestigio de opulencia griega, un agarradero de maternidad. Europa, rubia con ojos azules -copiados en el desdén de las aguas bálticas o en el calor de las mediterráneas- sacude sus melenas con gesto de león heráldico, sonríe con la gracia andaluza. Ha reformado su nariz en una clínica parisién y, en lugar del clásico perfil, arremanga el respiradero con un desparpajo insolente de agradable cancán. Europa ama el césped inglés, los valses vieneses, el esprit galo, los castillos fronterizos. Sus ojos tienen la llama mirada del paisaje polaco, la mirada infinita y alerta. En todo su cuerpo, a lo largo y a lo ancho, reside la elegancia romana y sabe ser la misma con un fondo de pinares o un trasfondo de robledal. ¿Ha estado Europa atada a un roble, ha sido rescatada de la afrenta por amor? Las hayas, las encinas, los cipreses y los olivos forman en su jardín genealógico junto con las brumas y los soles, los valles y las montañas azules, los ríos y los lagos, los mares broncos y los mares gatunos, afelpados, ronroneantes. Europa es hermosa y variada. Cada uno de sus ademanes tiene miles de años y para mover un dedo moviliza espontáneamente la fabulosa aristocracia de su sangre.

»Cuando regatea en un salón de modas, Descartes y Kant le soplan sutiles razonamientos que convencen a la vendedora. Y Europa se lleva el último modelo casi regalado. Frente a un barco, su casta wikinga le da la palabra certera que define el viento. Frente a un aduanero, el P. Vitoria le ayuda al contrabando. En un alboroto, su frialdad reside en aquellos veinte loores que hace tres centurias reposan bajo tierra. Frente a una botella, le vale su estirpe de maestra cantora. En un salón, toda la dialéctica francesa le viene a la boca y con eso y su cintura italiana -que apoya indolente, sus argumentos- bate a los acosadores. Su cuarto está siempre ordenado y una rigidez prusiana formaliza la fatua presunción de los perfumes. Llora con Werther, amaga con Larra, sueña con Don Quijote, domina con los Conquistadores, aunque ella no vea muy claro esto último porque su Narciso le enseñó -muy de niña- a mirarse al espejo. En cambio cree firmemente que ama como una española -es el veneno de Carmen- y en realidad vive alejada de amor. ¡Resulta inapresablemente hermosa!

»Le gustan las charangas militares, las banderas al viento y a veces -vencida por algún oscuro instinto- prefiere un discurso empalomado a una arenga a palo seco. Los días en que tal cosa ocurre acaban purgándose.

»La noche es agitada y feliz. Europa...».

Esta metáfora de Europa, está pidiendo a gritos una sola cosa: ¡Amor! Para entenderse y alcanzar la verdadera UE.


 
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