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Altar Mayor - Nº 84 (23)
Sábado, 01 marzo a las 17:03:42

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

SIGNIFICADO DE EUROPA PARA LOS SURAMERICANOS
Por Alberto Buela - Catedrático Universidad Buenos Aires

Raro privilegio el nuestro de poder escribir sobre pedido de nuestros amigos europeos acerca de Europa, pues en general sobre el tema escriben ellos. Sucede en este dominio como en la filosofía, el monopolio es casi exclusivamente europeo con alguna excepción norteamericana, el resto sólo llegamos a la categoría menor de pensadores o ensayistas.

Podríamos comenzar con una caracterización ontológica de Europa y después pasar a responder a la pregunta qué significa el Viejo Continente para nosotros hoy, para terminar con una breve prognosis acerca de Europa.

Intentar la primera tarea no es difícil porque ya se ha hecho muchas veces, sobre todo si tenemos en cuenta que Europa et occidente convertuntur. Y en este sentido los rasgos fundamentales son:

a) El indoeuropeo como substrato lingüístico fundamental e irrecusable. Y aunque quisiera verse allí cierto matiz oriental, ha sido, en definitiva Occidente que le ha dado el carácter operatorio.

b) La noción de ser aportada por la filosofía griega, que es el menos natural de todos los problemas, aquel que las tradiciones no occidentales jamás presintieron ni barruntaron.

c) La concepción del ser humano como persona, esto es, como ser moral y libre. Este concepto conjuntamente con aquel de la propiedad privada, como el espacio de expresión de la voluntad libre, son el núcleo de una antropología que nos ha llegado de la mano del Imperio Romano a través de su concepción jurídica.

d) El Dios agapístico, uno y trino, personal y redentor como el aporte más propio del cristianismo.

e) La instrumentación de la razón humana como poder científico y tecnológico que ha dado hasta el presente la primacía de Occidente sobre Oriente.

Vemos pues cómo una concepción lingüística, una del ser, una de Dios, una del hombre y de las cosas que lo rodean y de su poder para transformarlas, es lo que conforma la base común de Occidente=Europa.

La segunda cuestión es describir qué significa Europa hoy para nosotros los suramericanos.

En primer lugar Europa se nos presenta como una cierta unidad, la Comunidad europea, la moneda común, nos están indicando la idea de un cierto bloque o conjunto de países que han decidido hacer cosas en conjunto.

En este sentido en Suramérica somos siempre arkagueutas (eternos comenzantes, como decía Platón de sí mismo), no hemos podido crear ninguna institución que nos unifique, que durara más de una generación, aun cuando desde nuestras guerras por la independencia (circa 1800) nuestros próceres -Bolivar, San Martín- las propusieran por todos los medios a su alcance.

Europa representa hoy la culminación del Estado de bienestar. Así el confort, la seguridad, cierta justicia y el goce de la vida forman parte de lo que los mass media se encargan de mostrar a diario. Claro que la contrapartida de ellos son los miles de inmigrantes ilegales que desde África, Asia y América la asaltan por los cuatro costados.

Vemos también la americanización de Europa, pero al mismo tiempo tenemos una cierta esperanza que el Viejo Continente colabore en la desnorteamericanización de Suramérica. Para nosotros el peso de yanquilandia es abrumador, y ello nos viene justificado por la Doctrina Monroe de 1823, un año antes de la batalla de Ayacucho, la última de nuestra aparente independencia.

Europa para nosotros, a pesar de quinientos años de tira y afloje, tiene algo de común, es algo de lo que formamos parte. Ni tan español ni tan indio afirmaba Bolivar para definirse a sí mismo y con ello a todos los iberoamericanos. Y en el español involucraba a todos los europeos.

Qué interesante relación existe entre Europa y Nuestra América. Ni una ni la otra fueron las mismas luego del descubrimiento-encuentro de 1492. Así ante la nueva idea de orbe Europa comenzó a verse como parte del mundo y no ya como «todo el mundo», en tanto que América pudo mostrarse a la totalidad del mundo. Sin embargo Europa no perdió su centralidad y siguió por cuatrocientos años llevando la batuta del mundo hasta que luego de la Primera Guerra Mundial lo cedió a la parte norte de América. Y así desde hace casi cien años son los Estados Unidos los que se reservan y ejercen el derecho a la conducción del mundo.

Pero los Estados Unidos no son otra cosa que la Europa limitada a la razón calculadora y a la técnica. No son otra cosa que europeos transterrados cuya expresión es el gigantismo. Salvo raras excepciones su gente está desprovista de vida interior y se parecen a la criaturas de los juegos de video que ellos fabrican. Lo grave es que intentan exportar la vaciedad de su estilo de vida al mundo entero.

Ante esto, la vieja Europa calla y acepta, en tanto que Suramérica padece el más profundo de los extrañamientos por obra y gracia del dios monoteísta del libre mercado. Sobre 346 millones de habitantes hay 290 millones de pobres producto de la política y la economía practicada por el Gran Hermano del Norte.

Qué podemos esperar de Europa, sería la tercera y última de las cuestiones.

Es sabido que la prognosis, que no la esperanza, es aquello que quedó encerrado en la Caja de Pandora cuando Epimeteo pudo al fin cerrarla. Y eso es lo que no nos está permitido a los mortales. No podemos conocer el futuro. Y es mejor que así sea. Pero de todas maneras siempre es bueno hacer algún ejercicio como para pergeñarlo.

Europa si sigue así, no sólo se va a extrañar en orden al tipo humano que rápidamente va a ser reemplazado sino también en el orden cultural, se va a producir su alienación. Se va a transformar en otra cosa. Las consecuencias de este cambio sustancial son imprevisibles, sobre todo cuando no aparecen en el horizonte ninguno de los mecanismo de defensa bio-cultural que le permitan permanecer en su ser íntimo. Pareciera que su índole estuviera atacada mortalmente. En ese sentido conviene recordar a Martín Heidegger, último gran filósofo europeo, cuando afirmó: Sólo un Dios puede salvarnos.


 
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