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Altar Mayor - Nº 84 (22)
Sábado, 01 marzo a las 17:05:57

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

EL COOPERATIVISMO EUROPEO
Por
Alfonso Vázquez Fraile. Lic. en Derecho, Graduado Social. Presidente de la Confederación de Cooperativas de Viviendas

1. Orígenes del cooperativismo

El Cooperativismo tuvo su nacimiento precisamente en Europa. Históricamente se reconoce como creadores del movimiento cooperativo a los llamados «Pioneros de Rochdale» porque fue en el Callejón del Sapo de la citada ciudad de Inglaterra donde el año 1844 un grupo de obreros tejedores constituyeron la primera Cooperativa conocida, que hoy llamaríamos integral, porque sus objetivos eran varios: facilitar el consumo de artículos de primera necesidad a precio de costo, la construcción y adjudicación de viviendas, la explotación agraria, el ahorro, etc., y formularon en sus estatutos fundacionales los llamados principios cooperativos que a pesar de haber sufrido diversas modificaciones posteriores para actualizarlos a cada época (la última reforma fue en 1995 en el Congreso de la ACI celebrado en Manchester), la ideología básica continúa vigente fundamentada en la adhesión libre y voluntaria, la carencia de ánimo de lucro, la igualdad de derechos, el retorno de los beneficios o excedentes netos de forma proporcional, la creación de fondos de reserva, la participación activa mediante el control democrático a través de un voto por cada asociado, la ayuda mutua entre los socios, la neutralidad política y religiosa, el servicio a la comunidad, la promoción de la educación, la integración cooperativa fomentando la cooperación entre las distintas entidades, etc. Sin duda estos principios fueron orientados por teóricos doctrinarios de aquel tiempo como: Owen, King, Fourier, Buchez, Proudhon, Saint Simón y otros que entonces y posteriormente como Charles Gide alumbraron los principios cooperativos simultáneamente con los iniciales del socialismo utópico y el sindicalismo, planteados por los doctrinarios citados y desarrollados por la gran masa de obreros deseosos de lo que ahora llamaríamos mejor calidad de vida ante la precaria y dificultosa existencia de las familias obreras como consecuencia de la revolución industrial. Sin embargo conviene advertir que el socialismo no ha sido históricamente gran entusiasta ni defensor del cooperativismo, porque entendían que los trabajadores, al integrarse en cooperativas y lograr el acceso a la propiedad de la vivienda o a los medios de producción, etc., se convertían en futuros burgueses; aunque ha sido utilizado por los sindicatos socialistas el cooperativismo de consumo como cajas de resistencia y con más o menos fortuna el de viviendas.

Realmente en Europa y concretamente en España ya existían precedentes con unos principios doctrinales semejantes –solidaridad, ayuda mutua- en los gremios artesanos, en las cofradías de pescadores y en las comunidades de regantes, además de otras organizaciones rurales desde los siglos XIV y XV.

Quizá por ello el cooperativismo se manifestó prontamente en España, y además de otras experiencias anteriores con distintas denominaciones, en 1858 se creó la primera cooperativa de papeleros de Buñol (Valencia) y otras, vinícolas en el Penedés, la Obrera Mataronense de actividad textil en Barcelona y de consumo en Madrid, Valencia y Andalucía.

Igualmente se fue extendiendo por Europa durante el siglo XIX, y otros continentes, incluso en África, para resolver problemas sociales y económicos con motivo de la descolonización.

Cuando comienza el siglo XX existen cooperativas en todos los países del continente Europeo con más o menos extensión.

En España se crean cooperativas agrarias amparadas por la Iglesia católica y acogidas a la Ley de sindicatos agrícolas. Las cooperativas de consumo se constituyen como cajas de resistencia de iniciativa sindical. Las cooperativas de viviendas comienzan su actuación en 1917 como la «Colonia de la Prensa» y «El Hogar ferroviario» en Madrid; y posteriormente se fomentan con mayor intensidad al amparo de la Ley de Casas Baratas de 1920 y años posteriores. Las cooperativas industriales se regulan en la ley de 1931 llamadas posteriormente de producción y hoy de trabajo asociado. También surgen las de crédito, de pescadores, de transportistas, de servicios, etc.

En Europa se fue extendiendo por la propia Inglaterra, e inmediatamente por Francia, Suecia, Bélgica, Alemania, etc. Así, en Alemania se creó una modalidad muy interesante, las Cooperativas de Crédito concebidas por el Dr. Riffaisen denominadas ya siempre por el nombre de su fundador, idealista cristiano, que fueron incorporadas a la legislación mercantil en 1868.

El año siguiente, en 1844, se crearon en Inglaterra nuevas cooperativas que se extendieron por todo el país, como ya se ha indicado, constituyéndose en 1845 la Unión Cooperativa que creó una red de productos y servicios cooperativizados. Esta Unión fue la génesis de la fórmula cooperativa que funcionó a partir de entonces en toda Europa y en todo el mundo como auténticas «Cooperativas de Cooperativas» con magníficos resultados, denominándose Uniones, Federaciones o Confederaciones.

En Suecia, donde ha gobernado la Social-democracia durante décadas, el cooperativismo ha alcanzado cotas muy sobresalientes, especialmente en el sector del consumo y de la vivienda.

Asimismo en Francia también han proliferado las cooperativas de consumo, viviendas y de modalidad agrarias, de inspiración católica éstas últimas y fomentado por los sindicatos socialistas las primeras. En 1867 Francia encajó a las cooperativas en su Ley sobre las sociedades mercantiles y años después también ocurrió en Italia y en Bélgica como sociedades autónomas.

En la URSS el Cooperativismo convivió con el socialismo real, con el marxismo, introduciendo los correspondientes correctivos, generando un sistema cooperativo muy singular. Se concretó con el tiempo en una única cooperativa, Centrosoyud, con 325 millones de socios, es decir con todos los ciudadanos soviéticos, que producía desde viviendas a través de los municipios, hasta toda clase de productos, vestidos, muebles, alimentos, bebidas, etc. que se distribuían a través de establecimientos estatales.

También la Iglesia Católica se ha ocupado del cooperativismo. Ya se ha señalado su influencia en las primeras cooperativas agrarias españolas, y en la actualidad es importante en Alemania la dedicación de los Movimientos Católicos creando cooperativas de viviendas para rehabilitar el parque residencial deteriorado de la antigua Alemania del Este (RDA).

El magisterio pontificio se refirió en ocasiones: Pío XII impulsó la necesidad de la presencia de los Católicos en el cooperativismo para que en el dinamismo que es propio de éste, se respeten y fomenten las virtudes sociales. Juan XXIII menciona el cooperativismo en las encíclicas Mater et Magistra, recomendando el fomento de la formación idónea, en la Rerum Novarum y otras. De igual forma ha actuado Juan Pablo II.

La Alianza Cooperativa Internacional (ACI), creada en 1895 en Inglaterra, se ha extendido por todo el planeta –prácticamente hoy existen Cooperativas en todos los países-, pero recientemente, ante las diferencias económicas, sociales, políticas, culturales, etc. de los cinco continentes, se ha decidido regionalizar la organización, sin perder los principios de solidaridad y ayuda mutuas entre todas ellas, constituyéndose la ACI-Europea, llegándose en algunos casos a fusiones de las Organizaciones sectoriales europeas y las secciones respectivas de la Alianza, como el caso del Cooperativismo de Viviendas, que actúa conjuntamente la Sección de Viviendas de la ACI con la Sección de Cooperativas del CECODHAS (Comité Europeo de Coordinación de la Vivienda Social).

En la actualidad es Europa el continente con mayor implantación cooperativa, funcionando en todos los países a través de 30 millones de socios, incorporados en cerca de 200.000 entidades (25.000 en España) y más de dos millones de Empleados.

La integración en la Unión Europea ha obligado a que las Cooperativas de cada país se agrupen por ramas en distintos Comités, coordinados todos ellos por el CMAF (Comité Consultivo de las Cooperativas, Mutuas, Asociaciones y Fundaciones) junto con otras Instituciones de la Economía Social (Sociedades Laborales, Mutualidades y otras Asociaciones sociales).
 

2. Ramas del cooperativismo

Las características de las más importantes ramas son:

a) El cooperativismo de crédito

En España se ha polarizado fundamentalmente en las Cajas Rurales, aunque en la transición política padeció una profunda crisis siendo algunas absorbidas por las Cajas de Ahorro y Bancos de la zona; en el resto de Europa operan más de 60.000 oficinas con cerca de 40 millones de socios y 500.000 empleados, destacando los Bancos Riffaisen ya citados en Alemania, los Bancos Populares en Italia, los de Crédito Agrícola en Francia y los Bancos cooperativos en el Reino Unido; su objetivo es satisfacer las necesidades financieras de sus socios, prestándoles el mejor servicio posible y al menor coste.

b) El cooperativismo de viviendas

Además de España, que puede presentar un buen panel con 1.300.000 viviendas, la mayoría en unidades residenciales, destaca Suecia, Austria, Alemania e Italia totalizando en Europa 45.000 Cooperativas que han construido 35 millones de viviendas.

c) El cooperativismo de consumidores

Su origen se remonta a los «fundadores de Rochdale» en 1844 y han tenido un desarrollo importante en Europa, con diferencias notables de unos países a otros. Se ha fortalecido en aquellas Naciones donde se han integrado las pequeñas cooperativas locales en cooperativas de segundo grado, incluso de ámbito nacional, como ha ocurrido en Suecia desde hace décadas, o lo intenta ahora España a través de su Confederación de Cooperativas de Usuarios y Consumidores (HISPACOOP). En Francia han tenido mucha importancia, especializándose en la defensa del consumidor. A nivel de la unión Europea existe EUROCOOP con más de cinco mil entidades, cerca de 30 millones de socios y 300.000 empleados.

d) Cooperativismo de trabajo asociado

Es heredero, en España, del llamado Cooperativismo Industrial primero, y de Producción después, que es como se viene denominando en Europa. Muchas de ellas tenían su origen en empresas tradicionales con dificultades económicas, adquiridas por sus trabajadores, aportando en España la capitalización de sus indemnizaciones y/o créditos del extinguido Fondo de Protección al Trabajo. Su desarrollo ha sido muy desigual, pero existen vivas más de 16.000 Cooperativas en nuestro país. En Europa ha demostrado su utilidad a lo largo del siglo XX, como un eficaz generador de puestos de trabajo, mejorando los derechos sociales, económicos y políticos respecto a las sociedades de capitales.

Habitualmente las Cooperativas de Trabajo Asociado se han desarrollado con mayor eficiencia en aquellos sectores, sobre todo industriales, donde coinciden la cualificación profesional con una pequeña inversión económica por cada trabajador (electrónica, mecánica, artes gráficas, productos de madera, auxiliares de la construcción, etc.).

En Italia nace de forma paralela al desarrollo industrial a finales del siglo XIX, en los sectores del vidrio y la imprenta esencialmente, pero su impulso lo adquiere después de la Segunda Guerra Mundial, con la reconstrucción económica. Más tarde, y a través de tres asociaciones nacionales, vinculadas a las tres tendencias políticas dominantes: democristiana, socialista y comunista –como otras ramas del cooperativismo-, extienden su actuación a otros sectores: servicios, construcción, cerámica, muebles y actividades electrónicas.

En el Reino Unido, cuna del Cooperativismo, el de Trabajo Asociado no ha tenido mayor importancia hasta fecha reciente. En Francia también la mayoría de las Cooperativas son pequeñas empresas. Todas las Cooperativas europeas de esta rama se integran en el Comité Europeo de Cooperativas de Producción: CECOP.

e) El cooperativismo agrario

Ya la primera cooperativa europea, la de los pioneros de Rochdale, se ocupó de fomentar la agricultura en régimen común entre sus socios. Con el tiempo ha sido una de las principales ramas en todos los países. En España el 40% de la producción agraria es en régimen cooperativo y cifras similares se dan en Austria, Bélgica, Alemania, Dinamarca, Francia, Reino Unido, Luxemburgo, Holanda y Portugal; generándose en los últimos años un proceso de fusión o concentración de Cooperativas por sectores o cultivos similares.
 

3. Cooperativismo en otros países

Pudieran citarse algunos otros países, pero la limitación de este trabajo no permite ocuparse de Grecia, con escasa presencia cooperativa, o Portugal, o Irlanda en fase de desarrollo, o Dinamarca donde es importante el Cooperativismo Agrario, o los países del Este, donde se ha practicado un cooperativismo muy singular, estatalizado durante la ocupación soviética, y que ha comenzado hace muy pocos años a funcionar paulatinamente con normalidad.
 

4. El cooperativismo y la economía social

El Cooperativismo ni en Europa ni en el resto del mundo se puede concebir como una tercera opción, como algunos defienden, entre el socialismo y el capitalismo, entre la estatalización de los medios de producción cuya experiencia ha fracasado y la economía de libre mercado con sus defectos patentes. El Cooperativismo siempre será minoritario, aunque ejemplificante, en tanto cubra una parcela de la economía basada en los valores esenciales de la persona humana, que puede contagiar, junto con las Mutualidades –con principios semejantes-, las Sociedades Laborales y algunas Fundaciones y Asociaciones sociales, integradas en un sector en vías de desarrollo con implantación relativamente nueva pero progresiva en Europa, a la Economía Social.

La Economía Social es una realidad europea institucionalizada en los Órganos de la UE, cuya columna vertebral es el Cooperativismo, igual que en España, donde existe la Confederación Española de la Economía Social (CEPES) y la Dirección General de Fomento de la Economía Social en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y en numerosas Comunidades Autónomas, y que, como en Europa, donde también se la denomina Economía Solidaria, la raíz, sus orígenes, sus principios y su trayectoria son netamente Cooperativistas. De ahí que, para concluir, se puede afirmar que configurar a la Economía Social como una economía participativa es el mejor servicio que el cooperativismo europeo, con más o menos entusiasmo (más los latinos y menos los anglosajones), ha aportado, garantizando su propio futuro.


 
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