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Altar Mayor - Nº 84 (21)
Sábado, 01 marzo a las 17:19:26

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

LA ENERGÍA, EL DESARROLLO Y LA SUPERVIVENCIA
Por Luis García de Viedma - Investigador

Es un buen momento, éste en el que en Johannesburgo no se han resuelto ninguno de los problemas importantes que se presentan a nuestro tiempo (como el del cambio climático o el que casi todo condiciona como es el del desarrollo normalizado), para escribir unas líneas en esta revista sobre el problema de la energía en relación con el cambio climático y el almacenamiento de residuos, como gran cuestión social que presenta la energía nuclear junto con el de la seguridad de las centrales nucleares.

Para enfocar este tema en nuestro tiempo partiré de lejos, de los tiempos de las primeras experiencias que condujeron a la fabricación de la primera pila nuclear.

Y es un recuerdo de la ciencia romántica realizado por un número reducido de hombres, naturalmente italianos, con escasos medios pero con grandes dosis de inteligencia.

Es inevitable que algunos de los términos empleados no sean muy corrientes para un lector no muy ducho en Física; procurare que pueda ser entendido por un lector del antiguo bachillerato, el de siete años y examen de estado (no soy muy ducho con los planes de estudio que le sucedieron).

Érase una vez (el principio de los cuentos es siempre el mismo y luego viene la fantasía) que en un bello estanque de la Universidad de Roma (Citta degli Studi, Piazzale delle Scienze, ¡qué buenos recuerdos!) sucedió un hecho que a sus autores, todos jóvenes profesores de la Facultad de Física, les pareció muy importante, como así era, aunque lo interpretaron, con un muy justo espíritu científico, muy ajustado a lo que midieron. Y fue que usando el agua corriente del estanque de su Universidad como moderador de la velocidad de los neutrones, experimentaron que cambiaban estos sus características pudiendo ser absorbidas por los núcleos creando así especies nuevas.

Fermi, con su brillantísimo equipo de jóvenes científicos (Segre, Ettore Majorana, Bruno Pontecorvo, etc.), interpretó este fenómeno como una nueva tecnología para producir elementos nuevos, y hasta se dice que (finales de los felices 30) a alguno de estos elementos nuevos pensó llamarle Mussolinium (¡la mujer de Fermi era judía!).

En todo caso, lejos se estaba entonces de pensar que, tiempo después, trabajando en la Universidad de Chicago y (otra pincelada romántica) utilizando el campo de fútbol de la Universidad, apilando grafito junto al Uranio en vez de agua, se conseguiría el 2 de Diciembre de 1942 la primera reacción de fisión en cadena auto controlada, principio de los reactores nucleares modernos capaces de liberar grandes cantidades de energía.

El primer reactor europeo se construyó por un grupo de científicos rusos con dosis menores de romanticismo, aunque no de inteligencia, dirigidos por I. V. Kurchatov y se puso en funcionamiento en Diciembre de 1946 en Moscú.

Aunque había prometido no exagerar con la tecnología, creo que algunas líneas introduciendo el concepto de reactor nuclear son a este punto necesarias. Podríamos definirlo como una instalación en la que se produce una reacción de fisión nuclear en cadena controlada acompañada de liberación de energía. La fisión nuclear se consigue bombardeando con neutrones substancias fisionables (combustible) como el U 235, el U 233 o el Pu 239. Para adecuar la velocidad de los neutrones (en el argot se dice moderar) se emplean grafito, agua u otras substancias constituidas por núcleos ligeros. Si no existe moderador alguno en el núcleo activo la parte fundamental de las fisiones viene provocada por los neutrones rápidos de energía superiores a 10kev.

El núcleo del reactor, con sus barras de combustible y sus barras de control (venenos, fuertes absorbentes de neutrones) viene rodeado por un reflector y por un blindaje que impiden la salida de neutrones o de radiación al exterior. El resto de una central nuclear es igual al de una térmica convencional: cambiador de calor, turbina y generadores. En diez líneas no se pueden decir más nimiedades sobre el asunto pero espero que dé una idea.

Volvamos al histórico.

En los tiempos que se vivían, no es extraño (tampoco lo sería hoy) que los señores de la guerra vieran el enorme campo de aplicaciones destructivas que esta nueva energía les prometía, pero las aplicaciones militares es un campo que no voy a tocar. Estos señores abrieron la caja de los truenos y cambiaron el mundo.

La historia les ha juzgado.

Pero como nada es blanco o negro, el enorme esfuerzo tecnológico que solicitó el campo militar tuvo pronto, como siempre, sus aplicaciones en beneficio de la sociedad. El uso de la energía nuclear, que muy pronto se evidenció como productor de energía eléctrica, exigía un tratamiento internacional diferente.

El Organismo Internacional de Energía Atómica, con sede en Viena, fue creado en 1956 para controlar su uso pacifico. Los países se dotaron de Organismos, no militares, para su desarrollo. Los laboratorios americanos (Oak Ridge, Lawrence Livermore, Argonne, etc.) se abrieron a la investigación comercial y desarrollaron programas conjuntos con Organizaciones similares de sus aliados (UKAEA, CEA, KFK, JAERI, etc.).

España, esta vez estuvo al loro. Tan pronto como en Octubre de 1948, sólo seis años después de la pila de Fermi, se constituía en Madrid la Junta de Investigaciones Atómicas, la cual daría lugar a EPALE que, a su vez, dio lugar, a finales del año 1951, a la creación de la Junta de Energía Nuclear (JEN). Hay libros, entre ellos uno excelente del Dr. Rafael Caro y otros, que desarrollan la historia de este centro.

Cuando yo ingresé a principio de los 60 en la Junta, éste era un Organismo lleno de entusiasmo, con un cuadro científico numeroso y con un muy buen nivel de conocimiento, en el que se desarrollaban proyectos notables. Relacionado con los centros de vanguardia del mundo, formaba un espléndido cuerpo de científicos que alargaba el área de conocimientos de España a todos los campos implicados.

El primer reactor nuclear del que se dotó la JEN, un reactor experimental de tipo piscina (el núcleo del reactor estaba inmerso en una piscina de agua natural que hacía las funciones de moderador y de refrigerante), estaba dedicado a la investigación y a la fabricación de isótopos para su uso en Medicina e Industria. De diseño de General Electric, fue reelaborado por personal de la Junta y modificado a otro reactor de similares características pero con capacidades superiores en la producción de radio isótopos.

Otros dos reactores, el ARGOS y el ARBI, construidos enteramente en la Junta e instalados en las Universidades de Barcelona y Bilbao, cerraban el ciclo de construcción de reactores térmicos.

Con el diseño y la construcción enteramente nacional del reactor experimental rápido CORAL, la Junta dispuso de un parque de facilidades de experimentación y enseñanza apropiados. La producción de isótopos y otras facetas de las aplicaciones en el campo completan su lista de facilidades.
 

LAS CENTRALES NUCLEARES ESPAÑOLAS.

¿Estaba la Junta en situación de afrontar, al menos en cuanto a diseño, la creación de un reactor nuclear de potencia para su aplicación comercial?

Es una pregunta retórica sin posible respuesta. Alguien dijo que el camino se hace marchando. Lo que sí es seguro es que la situación de fraccionamiento y privatización de la energía eléctrica en España hizo más cómodo, y quizá rentable, la adquisición, llave en mano, de las primeras centrales nucleares, privando del conocimiento a la industria nacional.

En efecto, países como Francia, con la industria eléctrica nacionalizada (EDF aún hoy posee prácticamente el 100% de la capacidad de generación de Energía eléctrica), se dotaron de Organismos como el CEA (Commission pour la Energie Atomique), Framatome, etc., que hoy les permite ser autónomos y exportadores de centrales nucleares.

En España la producción de energía eléctrica estaba en manos privadas (¡desafortunadamente en demasiadas manos!). Baste recordar que la creación de una red eléctrica, extendida a todo el territorio, sólo tuvo lugar en los últimos 40. Para algunas empresas eléctricas, que poseían importantes saltos hidráulicos y estaban afrontando la construcción de importantes centrales térmicas, la decisión fue obvia.

Unión Eléctrica Madrileña adquirió, llave en mano, un reactor nuclear de 510 MW del tipo de agua a presión desarrollado por Westinghouse, que instaló en la margen izquierda del río Tajo, en el termino municipal de Almonacid de Zorita. El 30 de Junio de 1968 alcanzó por vez primera estado crítico (se dice que un reactor es crítico cuando es estacionario y el número de fisiones se mantiene constante en el tiempo) y se conectó a la red eléctrica. En estos casi cuarenta años de funcionamiento la central de Zorita ha dado un resultado técnico y económico muy estimable con algunos problemas quasi-normales en un reactor de sus características que nunca afectaron la seguridad.

Recientemente ha sido objeto de fuertes ataques por Greenpeace y otros grupos que, como casi siempre, esgrimen motivos más razonables, como la obsolescencia de la tecnología básica del reactor (quizá el más importante el contar con un solo lazo de refrigeración) frente a otros de normal funcionamiento.

Luego mencionaremos el capítulo de la seguridad. Pero es de mencionar que de las 7 centrales nucleares que existen en España (Santa María de Garoña, Vandellos 2, Almaráz 1 y 2, Cofrentes, Asco 1 y 2, Trillo y Zorita) sólo han sido reportados, según la Escala Internacional de Sucesos Nucleares, 28 incidencias.

Lo sucedido con la central de Lemoniz, capítulo negro de nuestra serie de tragedias (sucesos para algunos) asociadas con el país vasco, provocó que no se inaugurase después de estar casi completamente terminada. Miles de millones tirados, trabajo e inteligencia de mucha gente desperdiciados e insultados, gobierno central (¡que mal me suena por inapropiado!) y vasco ridiculizados (quizá éste no tanto). Después de unos años de fortísima oposición social y de una serie dramática de atentados y asesinatos por los chicos de las pistolas (como entonces les llamaban algunos por ahí arriba), la central de Lemoniz cerró antes de abrirse.

Cierto que la elección del sitio quizá no fuera muy acertada. Hoy, si se construyera, posiblemente se hiciera en un lugar diferente; pero Vizcaya no es La Mancha.

La historia con Valdecaballeros es paralela. Aquí el PSOE, sobre todo el extremeño, fue el motivo; pero el desenlace fue el mismo. Con la central muy avanzada, se cerró. Claro que en ambos casos las compañías eléctricas propietarias fueron indemnizadas y este coste lo hemos estado padeciendo en nuestras facturas de energía eléctrica por años. ¡Si será por dinero!

Ahorro la descripción minuciosa de las restantes centrales. La web del Consejo de Seguridad Nuclear, incluye una descripción bastante completa de los puntos que pueden ser más importantes: tipo de reactor, potencia que genera, locación geográfica, etc.
 

LA SEGURIDAD EN LAS CENTRALES NUCLEARES

La producción de energía nuclear es atmosféricamente limpia. Sus torres de refrigeración expelen vapor de agua limpio y el agua que se devuelve a los ríos sÓlo ha sufrido algún ligero incremento térmico. La radiación ambiente fuera de las centrales es menor que, por ejemplo en La Pedriza (sitio que, al menos los madrileños, conocemos bien).

¿Por qué entonces existe esa oposición a este tipo de energía, barato, disponible y muy eficiente? Las razones existen y son muy importantes:

a) La seguridad de las centrales no estÁ garantizada y son posibles, si bien improbables, accidentes serios con consecuencias graves para el entorno.

b) Los residuos que generan, fundamentalmente los residuos del combustible quemado, son venenos altamente peligrosos para el hombre y de vida extraordinariamente larga.

Entonces, ¿que hacer?

Pues, primero, no preguntar (o al menos no preguntar mucho) a los científicos expertos en el tema. Éste es un tema de importancia capital para toda la humanidad y deben ser sus canales de representación, de opinión, de inteligencia, los que tienen y deben tener la responsabilidad del asunto. Claro que, a la luz de las no recomendaciones del congreso de Johannesburgo, no hay que abrigar esperanzas en una solución rápida al problema del desarrollo mantenido, de qué energías utilizar y de cómo controlar el cambio climático. El problema es de una gran complejidad y necesitará de tiempo y de educación de la sociedad futura para su solución. De todos modos, ese es el camino.

Volvamos a la seguridad de las centrales nucleares.

Decía de no preguntar mucho a los científicos porque, a esa pregunta, los que nos dedicábamos llenos de entusiasmo, de ingenuidad y orgullo de casi-sabios hace cuarenta años, responderíamos con suficiencia: «Lo tenemos todo controlado y además no te lo puedo explicar, es demasiado complicado para que lo entendáis». ¡Qué sabios ...! Nos tendrían que haber contestado: «Pues si no sabéis hacernos entender lo que estáis haciendo mejor os vais para casa a aprender idiomas». Pero no nos dijeron nada.

Hoy, desde luego, todo ha cambiado; y a cambiarlo han influido también en gran manera los dos sucesos que a continuación menciono.

Un accidente como el sucedido en Chernobil o en la isla de las Tres Millas (TMI) será muy poco probable que se repita. Se seguirán produciendo accidentes de menor importancia, sin duda (el accidente de Criticidad en Tokay Mura), provocados por errores humanos, que a posteriori son sólo explicables por el exceso de confianza y la falta de cultura de seguridad. Estos dos, sobre todo la cultura de la seguridad, han cambiado radicalmente en el modo en que actualmente se operan las centrales. Con una cuidada operatividad y un severo control de la aplicación de las normas y regulaciones aprobadas por los Comités Internacionales de Seguridad de Reactores, podemos estar razonablemente seguros que accidentes con consecuencias dramáticas serán muy improbables en el futuro. Reforzado el control de los entes nacionales de regulación (nuestro Consejo de Seguridad Nuclear) sobre las centrales nucleares, es necesario exigir políticas muy severas sobre la absoluta obligatoriedad del cumplimiento de toda medida de seguridad. Más aún en sociedades como la nuestra, en que la producción de energía está en manos privadas, que pueden ser tentadas por el aumento de beneficios (el gasto en seguridad es el capítulo quizá más importante en el coste de una central). Un control reforzado por la sociedad (gobierno, partidos políticos, sindicatos, ecologistas) debe ser exigido.

Será siempre insuficiente mejorar la calidad técnica si no se asegura la calidad de la operación. Todos los accidentes importantes reportados han sido debidos a fallos humanos. Revisemos lo que pasó en los dos más importantes: el de TMI y el de Chernobil.

El primero ocurrió cuando, durante un mantenimiento de rutina, la alimentación de agua a los generadores de vapor fue interrumpida, esta pérdida de alimentación de agua causó el aumento de temperatura del sistema primario con el consiguiente aumento de presión. El sistema de barras de control paró el reactor, pero no antes de que el sistema de presión abriera una de sus válvulas de regulación de presión. Hasta aquí nada mencionable. Pasó lo que se esperaba pasase. Desgraciadamente, cuando la presión disminuyo, la válvula abierta no se cerró completamente provocando un accidente por perdida de refrigerante (lo que llamamos small break loss of coolant accident, SBLOCA). Y ahora el error de operación: las lecturas de los diversos paneles de operación fueron incorrectamente interpretadas y los operadores de la central terminaron la operación de los sistemas. Alia jacta est. El núcleo del reactor se recalentó, la protección de las barras de combustible se oxidó produciendo hidrogeno y acelerando el proceso. La importancia del accidente fue muy relevante en el interior de la central pero, por fortuna, con ligera incidencia en el exterior, en el que no se detectaron aumentos mencionables de Cesio o de Yodo.

A pesar de la importancia del accidente, no se lamentaron heridos debido a la radiación, pero los individuos que viven en el área padecieron, por tiempo, problemas psicológicos producidos por el estrés.

De la tragedia de Chernobil se ha escrito mucho. Hay muchos libros, resúmenes de Conferencias Internacionales, estudios técnicos de los más acreditados Comités Internacionales. Si se puede resumir en una razón, la reunión de desatinos causa del accidente fue ésta: Falta de cultura de Seguridad.

El reactor numero 4 de la Central de Chernobil es (fue) del tipo RMBK moderado con grafito y refrigerado con agua. Esta configuración provoca que, separando la moderación del reactor al refrigerante, se facilita la creación más rápida de neutrones térmicos, que incrementa el número de fisiones con el inconveniente de hacer el reactor más inestable.

No voy a hacer una historia de cómo sucedió la tragedia, diré sólo que mientras realizaban una revisión ordinaria de mantenimiento, los técnicos pretendieron hacer una experiencia para comprobar cuánto tiempo podía generar electricidad una turbina sin afluencia de vapor. Bajaron la potencia del reactor, para lo que desconectaron algunos sistemas vitales de seguridad que habrían impedido su experimento. Realizando esta prueba se produjo una súbita elevación de potencia que provoco después la fractura de combustible, generación de vapor, reacción del agua del refrigerador con el circonio de las vainas de combustible produciendo hidrógeno que al reaccionar con el oxígeno provocó una terrible explosión que hizo saltar el reactor. Y fue la mayor catástrofe nuclear posible.

La actuación heroica de los bomberos y de los pilotos de helicópteros que consiguieron dominar el incendio tuvo el coste de su vida. Su arrojo y su coraje, resistiendo más allá del heroísmo, impidieron que la tragedia fuera más allá, propagándose a los otros tres reactores de la centrales. El mundo entero tiene con ellos una deuda de gratitud.

Las consecuencias económicas y de salud fueron y son enormes. Las áreas contaminadas son 1.400.000 hectáreas en Bielorrusia, 350.000 en Ucrania y 725.000 en Rusia. Se tuvo que evacuar a unas 100.000 personas. El número de ciudadanos considerados víctimas supera los 3.000.000 de personas, de entre ellas 8.000 a 10.000 mortales, incluyendo los trabajadores de los primeros días entre los que la mortandad fue casi total. Estas son las cifras.

Cierto es que aquel 28 de Abril de 1986 nos dio la lección y que la hemos aprendido. ¡Y bien!

La tecnología mejora, la seguridad en las centrales se ha multiplicado por mucho, el control de la sociedad sobre las centrales ha aumentado y progresa cada día.

El mensaje es de un ligero optimismo: el hombre ha evolucionado dominando al diablo de cada época. Y en ésta lo estamos haciendo.
 

EL PROBLEMA DE LOS RESIDUOS RADIACTIVOS

Las centrales nucleares generan, como residuo de combustión (fisión), materias altamente radiactivas, incompatibles con la vida, que serán peligrosas durante más de cincuenta mil años.

Se han discutido diversas tecnologías para deshacerse de ellos, quemándolos o enterrándolos en silos de gran profundidad y en condiciones de gran seguridad para la humanidad presente y venidera. Parece, por el momento, que esta segunda tecnología ha sido preferida, aunque quizá, en el estado actual del arte, se pudiera prever que una acción combinadas de ambas será posible en el futuro, haciendo la opción más acertada.

La gestión definitiva de los residuos de alta actividad exige aislarlos de la biosfera durante períodos de tiempo extraordinariamente largos, asegurando el control del riesgo del acceso inadvertido del hombre y con la garantía de la impermeabilidad de la ubicación.

A nadie escapa los riesgos, también éticos, diría sobre todo éticos, de una mala gestión que podría comprometer aspectos de la vida de nuestros descendientes sobre la que, evidentemente, no podemos ni debemos basar ni nuestro desarrollo ni nuestro modo de vida.
 

NECESIDAD DE LA ENERGÍA NUCLEAR DE CARA AL FUTURO

Pero esta tecnología nuclear es vital para nuestro presente y para nuestro inminente futuro

Primero utilicemos toda nuestra inteligencia y conocimiento para desarrollar un sistema que ofrezca las mayores garantías de éxito.

En España los residuos de baja intensidad (emisores de radiaciones beta y/o gamma cuyo período de desintegración es inferior a 50 años) son almacenados desde hace años en El Cabril, antigua mina de uranio, en pleno corazón de Sierra Morena.

El material que en estas instalaciones se almacena proviene bien de las centrales nucleares españolas o de material contaminado procedente de los hospitales y centros de investigación.

Las instalaciones de almacenamiento son instalaciones superficiales formadas por celdas de hormigón armado. Estas celdas de almacenamiento contienen los residuos en bidones debidamente tratados y sellados.

Cuando todas las plataformas queden completadas el conjunto se recubrirá con una capa de materiales impermeables de 2 metros de grosor.

Como se ha dicho anteriormente, este sistema de almacenamiento, totalmente seguro y vigilado, es apto solamente para materiales de baja y media actividad.

El almacenamiento definitivo en formaciones geológicas apropiadas es el método más ampliamente recomendado para tratar los materiales altamente radiactivos que provienen de las centrales nucleares (principalmente los residuos del combustible quemado). Existen numerosos laboratorios subterráneos en el mundo que nos permiten evaluar el comportamiento, a largo plazo, de la seguridad de las barreras interpuestas para la contención de la radiación y la protección de la biosfera. Esta evaluación, cuyo objetivo es el cálculo de la dosis que eventualmente podría recibir el hombre como consecuencia de incidencias, geológicas o de otro tipo, en el emplazamiento, se apoya en modelos matemáticos que reproducen su comportamiento teniendo en cuenta los parámetros geológicos, físicos, químicos, etc. del sitio elegido.

Un ejemplo, quizá el más significativo pero no el único, es el laboratorio subterráneo situado en Yucca, 100 millas al NE de Las Vegas, Nevada. Después de 20 años y 4.000 millones (4 billones) de dólares de estudio, el Congreso de Estados Unidos aprobó recientemente aceptar ese lugar como el indicado para almacenamiento de combustible gastado y de residuos de alto nivel radiactivo y proceder a su construcción y licenciamiento.

Otros países se encuentran en una situación parecida. Francia está construyendo un laboratorio subterráneo experimental a 500 metros de profundidad entre la Meuse y la Haute-Marne, en un lecho de arcilla de 150 millones de años. ANDRA, la Agencia Francesa para la Gestión de Residuos Radiactivos, ha finalizado, también, los estudios para la construcción, cerca de la Central de Auge, de un centro, en superficie, para el almacenamiento de los residuos de vida media y corta.

En España se está lejos de un acuerdo similar. Todos sabemos la fuerte oposición social y política que este asunto despierta, más aún con nuestra situación autonómica; pero, aunque está pendiente de aprobación (Enresa presentará el sitio elegido dentro de dos o tres años), parece que el primer Almacén Temporal Centralizado (ATC) estará operativo para el 2010. Y no puede ser mucho más tarde porque los residuos procedentes de la central nuclear de Vandellos1, reprocesados en Francia, volverán a España a partir de ese año.

Este ATC debiera permitir, además, almacenar el combustible gastado que las centrales en ejercicio no podrán ya almacenar en sus propias piscinas y el procedente del próximo desmantelamiento de centrales como Garoña y Zorita.
 

CONTRIBUCIÓN DE LA ENERGÍA NUCLEAR AL DESARROLLO. FUENTES DE ENERGÍA ALTERNATIVAS

En los países del OCDE la Energía Nuclear representa aproximadamente una cuarta parte de toda la energía producida.

A finales del año 2001 la producción de energía eléctrica de origen nuclear, en algunos de los países más importantes de nuestra área, era la siguiente:
 

País Núm. de CCNN Twatt/h generados % de E. T.
Alemania  19 162.3 30.5
Bélgica 44.2 58.2
Canadá 22 70.0 11.9
Checos 5 13.8 2.1
España 9 61.3 27.3
Finlandia 4 21.7 30.3
Francia 59 401.3 76.1
Hungría 4 13.3 39.6
Japón 53 321.9 35.8
U.K. 33 83.0 23.7
USA 104 763.0 19.9

Esta enorme cantidad de energía producida condiciona, evidentemente, el desarrollo económico. Ya el presente, en el que solamente 11 unidades están en construcción, hace interrogarse sobre cuáles van a ser las fuentes de energía disponibles en el próximo 2020, cuando la mayoría de las actuales centrales nucleares estén en desmantelamiento.

El protocolo de Kyoto, con las obligaciones impuestas a cada país de disminuir las emanaciones de anhídrido carbónico a la atmósfera, aliviando así el cambio climático, debería anticipar la disminución de las centrales térmicas, causa primera de dichas emanaciones.
 

LAS ENERGÍAS ALTERNATIVAS

Veamos primero qué esperanzas ofrece en un futuro razonable la energía derivada de la fusión termonuclear.

Múltiples experiencias se han realizado en este campo con éxitos diferentes. Como más significativas mencionemos las europeas JET (Joint European Torus), que se realizan en unos laboratorios de investigación con una gran utilidad, pero de resultados prácticos muy limitados.

Las diversas tecnologías estudiadas (confinamiento magnético, inercial, sterallator, etc.) no han conseguido sino muy cortos instantes de plasma con producción de energía despreciable a un gasto muy relevante.

El proyecto internacional ITER (Canadá, Rusia, Japón, la Unión Europea e inicialmente EE.UU.) tiene como objetivo demostrar la viabilidad de la fuente de energía de fusión. Este proyecto, que se encuentra en fase de selección de emplazamiento y en el que España es candidato, constará de una gran instalación con el objetivo de conseguir una producción de 500 MW térmicos. Esta cifra es muy ambiciosa si se la compara con la actualmente conseguida de 16 MW, pero es lejana de la producida por los reactores convencionales de fisión. Sería una magnífica noticia que el proyecto se convirtiera en realidad y coronara el éxito, pero, ¿para qué fecha se podría contar con un parque suficiente de reactores de fusión? ¿Y mientras tanto?

Las eólicas y solar están en fase de desarrollo y se presentan como soluciones parciales, útiles para proveer de energía comunidades pequeñas pero dudosamente con capacidad de suministrarla en cantidades estimables. El ahorro energético es otro parámetro a considerar, pero en una sociedad famélica de energía como la actual parece ser un argumento con objetivos obligadamente muy limitados.

La solución no se presenta fácil porque el problema no lo es. Las actuales centrales térmicas significan más envenenamiento atmosférico, más cambio climático con las consecuencias que estamos empezando a intuir.

Las centrales nucleares representan sí a Kioto, sí al desarrollo mantenido, sí a la energía ecológicamente impecable, pero con riesgos de accidentes nucleares que pueden ser importantes (aunque razonablemente no dramáticos) y con la exigencia de un acuerdo de la sociedad y de todos sus componentes por aceptar soluciones razonables y pactadas al problema de los residuos. Y todo ello en espera que la fusión, para la que se llevan gastadas cifras enormes durante más de treinta años, sea una realidad.

El hombre ha sido siempre capaz de gestionar situaciones difíciles y arriesgadas, también lo será en esta ocasión.


 
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