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Altar Mayor - Nº 84 (12)
Sábado, 01 marzo a las 17:42:00

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

¿TERRORISMO EN ESPAÑA? ¿TERRORISMO EN EUROPA?
Por Carlos Divar - Presidente Audiencia Nacional

El terrorismo en nuestra Patria ha sido, durante muchos años, considerado como un problema particular de España, aparentemente ajeno a Europa y cuyo desarrollo y consecuencias quedaban dentro del ámbito de nuestros límites nacionales. Aún, hoy día, se dice que entre los diversos problemas que van solucionándose, el «terrorismo» constituye «nuestra asignatura pendiente».

No me propongo, en este momento, hacer un estudio generalizado e histórico del fenómeno terrorista en Europa, pero sí puedo afirmar que esa llamada «asignatura pendiente» de nuestra Nación, afectó siempre a Europa y al mundo civilizado y, en el futuro, no será posible hablar de verdaderos Derechos Humanos y de una construcción eficaz de Europa, basada en la Paz y la Justicia, si no desaparece esa lacra del terror, con la respuesta más firme de la Sociedad Internacional.

Si nos fijamos en el triste «mapa» del terrorismo, en determinados puntos cruciales del mundo, sus actividades perturban sistemáticamente no sólo la vida de cada País en particular, sino también la del Continente en el que se desarrollan esas fuerzas malignas. Hay oscuros intereses relacionados con figuras execrables de tráfico de armas, de droga y blanqueo de dinero, que pueden estar muy íntimamente unidas con las diferentes «organizaciones» ilegales armadas. Refiriéndonos en concreto a la banda ETA, se la presenta, por algunos, como un grupo patriótico que, aunque equivocado en la violencia de sus métodos, reclama una independencia y unos derechos para el País Vasco. No deseo entrar a considerar los aspectos históricos, al respecto, que podrían examinarse con una serena observación de los hechos acaecidos a finales del siglo XIX y del siglo XX. Ahora es importante insistir que ETA y su llamado entorno que, también, es ETA, ataca directamente a la esencia cultural y jurídica de Europa, aunque el País que recibe más directamente sus terribles consecuencias es España.

Nunca en el mundo ha existido una «organización» criminal de las características de aquella, con sus llamados «aparatos»: «políticos», «militares», «financieros», «de información»..., y con un fin muy específico que no es la independencia del País Vasco, sino un proyecto permanente de ruptura de la convivencia, primero de los españoles y luego de los europeos. Ese proyecto final se va haciendo realidad dolorosa cada día, no sólo en atentados contra la vida y los bienes de las personas, sino también en las palabras y conceptos ambiguos que unas veces exaltan el terror y otras no lo condenan explícitamente, cuando existe una obligación moral, por parte de la Sociedad, de pronunciar una condena sin paliativos a esa «actividad» que como la carcoma va destruyendo el auténtico concepto de Libertad en Europa.

La deformación de la verdad histórica y la falsificación de la realidad, suponen un daño irreparable. La defensa de la verdad es, además, un requisito indispensable para la normalización política. En este sentido, la defensa de la historia es también la defensa de la paz.

No se debe olvidar que desde 1968, año en el que ETA comete su primer asesinato planificado, el llamado problema vasco se mezcla con el fenómeno terrorista que distorsiona la vida social y contribuye a profundizar las divisiones entre los vascos.

La plena integración de nuestro País en la Unión Europea ha producido efectos muy diferentes de lo que esperaban las organizaciones extremistas. Las reivindicaciones de autodeterminación no han sido legitimadas internacionalmente. Al contrario, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, se ha pronunciado contra cualquier forma de terror. España ha recogido el apoyo de los demás países europeos y el anhelo de una Europa que acoja la realidad de su tradición y principios morales, y no puede pasar por el discurso equivocado de «Europa sí, España no».

ETA ha sido la historia del abuso de una minoría violenta y el pasado demuestra que ha abusado de nuestros complejos y mezquindades, de nuestra falta de confianza en nosotros mismos. Se ha aprovechado de los resquicios existentes en las soberanías de los Estados Europeos y, en algunos casos, con apariencia de legalidad, produce y está produciendo auténticos fraudes de Ley.

La respuesta ante tamaña agresión criminal, debe ser política, de seguridad y de Justicia entre todos los países europeos y de aquellos que aman la civilización o la cultura de la vida. Esto requiere el volver a valores morales que parecen olvidados en nuestro tiempo. A una claridad de los conceptos y del lenguaje que pueda llamar a las cosas por su nombre, esto es al bien, Bien y al mal, Mal. «Basta pensar en los grupos organizados que, sin contentarse con transgredir la ley, atentando contra la vida y los bienes de los demás, tratan también de modificar el ordenamiento en función de sus propios intereses, por encima de los principios éticos y de la consideración del bien común. Así se mina en su raíz la convivencia segura y pacífica. Por tanto, una civilización jurídica, un Estado de Derecho y una Democracia digna de este nombre, no sólo se caracterizan por una eficaz estructuración de los ordenamientos, sino, sobre todo, por fundarse en las razones del bien común y de los principios morales universales inscritos por Dios en el corazón del hombre» (Juan Pablo II: Discurso a la Asociación Nacional de Magistrados de Italia. L´Observatore Romano, Nº 14, 7 de Abril del 2000).


 
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