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Altar Mayor - Nº 84 (08)
Sábado, 01 marzo a las 18:09:52

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

ESPAÑA Y EUROPA
Por Luis Eugenio Togores. Decano Facultad Humanidades Universidad San Pablo-CEU

Este es un tema tan difícilmente inconcreto que no resulta fácil su desarrollo. Yo soy historiador y el tema es más propio para políticos, para politólogos.

Quisiera hacer tres puntualizaciones antes de empezar: que mi intervención va a ser sobre reflexiones personales sin tener mayor trascendencia; segundo, que cuando voy a hablar de Europa voy a hacerlo de los miembros de la UE, aunque no sólo y todos los que voy a llamar europeos lo son, es decir que hay otros pueblos que no pertenecen a la UE que son tan europeos como lo puedan ser los portugueses, los alemanes, los belgas, o los españoles, y que por tanto, aunque voy a hacer referencia a los miembros de la UE, los yugoslavos, los serbios, los checos, incluso los rusos blancos, los finlandeses también son europeos, con lo cual Europa no es sólo un concepto de los miembros de la UE; y mi tercera apreciación es que, pese a que los organismos internacionales que hoy día proliferan y existen tienen teóricamente una finalidad para mejorar la sociedad internacional y las relaciones entre los seres humanos, la verdad es que yo ahora no me lo creo, es decir, que creo que al final solamente prima el derecho de la fuerza sobre la fuerza del derecho y que todavía, a pesar de que existen las Naciones Unidas, que existen una serie de organismos internacionales y el Derecho Internacional Público y el Privado se van extendiendo cada vez más, a la hora de la verdad siempre priman los intereses individuales de colectivos que normalmente están agrupados en Naciones-Estado, y todo lo demás es papel mojado. Por ejemplo: el tema del Estado de Israel, donde vemos lo que está ocurriendo en el próximo oriente que, con indedencia de simpatías, resulta absolutamente inaceptable lo que están haciendo los israelíes en el tema palestino desde un punto de justicia internacional. Y me pregunto: ¿por qué esos organismos internacionales no intervienen cuando en 1947 la ONU parte el antiguo mandato de Palestina en dos estados (el Estado Palestino y el Estado Judío) y ahora no envían los cascos azules como se han enviado a otros sitios? Está clarísimo de que es porque no interesa a nadie; los cascos azules se envían a aquellos sitios donde hay intereses de alguno de los miembros privilegiados de esa sociedad internacional, no cuando la Justicia Internacional (con mayúsculas) realmente lo exige.

Exactamente igual ocurre en otros muchos casos. Últimamente hemos tenido los ataques generalizados al presidente Chávez cuando el golpe de estado. El presidente Chávez ha llegado democráticamente al poder, y nos guste o no, los venezolanos lo han elegido. Mas como a una serie de naciones no le parecía bien, la sociedad internacional se ha volcado contra Chávez. De igual forma hay una serie de gobiernos que consideran que ese derecho internacional les abarcan cuando piensan con el pensamiento oficial, con el pensamiento mayoritario y no cuando están contra él. El tema más escandaloso es el de Milosevic, que no me parece ni mejor ni peor que ninguno de los líderes balcánicos, y sin embargo está siendo procesado cuando otros, por ejemplo los croatas, están tranquilamente a la espera de acontecimientos. Traigamos también el ejemplo clásico: Pinochet y Castro: ¿por qué no detenemos a Castro y lo procesamos?

Esto me lleva a esa duda sobre los organismos internacionales, el derecho internacional, y sigo pensando que la realidad internacional viene marcada por los intereses de las grandes naciones, de esas viejas naciones que se consolidan en el siglo XIX y que siguen existiendo en la actualidad.

Hemos visto cómo en multitud de casos los sistemas internacionales tienen nombres y apellidos de una o varias naciones y que nunca realmente han funcionado como algo verdaderamente justo. Recordemos cómo el sistema internacional no funciona en el tema del 98 español, donde los americanos, para proteger teóricamente a los cubanos, llegan a una guerra de agresión absolutamente justificable para ellos y España pierde sus colonias. Ejemplos como estos hay infinidad.

Una vez puestas de manifiesto estas premisas, sí me gustaría señalar cuál sería un poco la Europa de ayer, de hoy y de mañana. Empecemos un poco por la Europa de ayer.

A lo largo de la Historia los proyectos de Europa han buscado siempre un objetivo; ha habido algo, normalmente una idea, que ha sido la que les ha llevado a articularse en torno a un proyecto. Unas veces proyectos justos, otros injustos; unos casos utópicos, otros realistas.

Voy a tomar unas palabras que D. Luis Suárez ha publicado en Altar Mayor. Señalaba que Roma buscaba el ius, en el caso del Imperio español el objetivo era la catolicidad, en el caso de Estados Unidos todo va en torno a ese proyecto de democracia. Quizá en el caso de la Europa actual esa idea fuerza es bastante vaga; posiblemente sea el bienestar económico, lo cual es una idea que, comparada con el ius o la catolicidad, es bastante débil, excesivamente materialista y tal vez se podría complementar con una idea de poder, de tener el poder por el poder sin ninguna finalidad, para competir con los Estados Unidos, lo cual lo convierte en un proyecto bastante endeble a pesar de que hay gente que no piense así en relación a otros proyectos que ha tenido Europa en el pasado. Hubo proyectos con los que se puede estar o no de acuerdo, pero que evidentemente tenían una idea mucho más brillante. Por ejemplo: el sistema napoleónico; Napoleón tiene un proyecto para Europa. El segundo, el sistema del Congreso de Viena, el de la Santa Alianza. Luego tenemos el sistema de las grandes potencias, las cinco naciones europeas. Está también el proyecto europeo de Lassalle, que pone fin a la primera Guerra Mundial y que fracasa. Luego el proyecto racial y darvinista, el de Hitler, que estuvo a punto de llevarse a cabo. Y más tarde el proyecto europeo que va más allá, el fruto de la segunda Guerra Mundial, el cual lleva a esa situación de bipolaridad mundial y de guerra fría que ha durado hasta la actualidad. Finalmente tenemos el proyecto actual, que ya no es europeo, sino que también es mundial, que es el del control y dominio de los Estados Unidos con alguna serie de matices como la globalización, término que no acabo muy bien de comprender ni tampoco me acaba de gustar, en el cual el papel de Estados Unidos es determinante y en el que también hay una serie de naciones y de pueblos que se muestran abiertamente contrarios a él.

En este catálogo de intentos de agrupación, de crear una Europa unida, de proyecto europeo, el motor siempre ha sido una idea detrás de la que ha habido un hombre, una clase social, un grupo político, pero sobre todo ha habido una nación en el sentido clásico. Así, volviendo a alguno de los ejemplos que he puesto, entre 1800 y 1815 tenemos el proyecto bonapartista, napoleónico, evidentemente un proyecto que es de un hombre y de una nación que lo sustenta: Francia. La Francia imperial quiere transmitir a Europa una serie de mensajes, algunos de ellos perfectamente admisibles como constitucionalismo, código civil, libertad, igualdad, idea de nación; pero no nos engañemos, detrás de ese proyecto está lo de siempre: una nación que quiere tener el poder hegemónico: Francia. Si vamos a otro de los proyectos, por ejemplo el del III Reich, evidentemente también hay un proyecto europeo, una Europa racialmente homogénea, en la cual los pueblos blancos europeos sean más poderosos, sean más libres, donde se destierre el comunismo.

Entre los libros que tengo en casa está la colección de una vieja revista de los años 40, Joven Europa, y al preparar esta intervención leía algunos artículos en los que me llamaba la atención cómo jóvenes de toda Europa eran partidarios de aquel nuevo modelo de Europa, desde españoles a croatas, finlandeses o daneses, y cómo esos jóvenes además estaban dispuestos a luchar y morir en los frentes europeos por esa idea. ¿Al final qué había? Siempre había un hombre, unos hombres, en algunos casos sin escrúpulos como es el caso de Hitler, y una nación que quería dominar el continente, que era Alemania: una vieja nación que en un proyecto europeo quería crear la hegemonía.

Un tercer proyecto de construcción europea es el del comunismo, que también es un diseño europeo, incluso mundial, con una ideología que ha causado más de cien millones de muertos, en el cual también hay un hombre que la lidera, quizá el más representativo sea Stalin, y también hay una nación que está ahí detrás, que es Rusia, la Unión Soviética. No se me olvida esa foto que para los historiadores es sistemática: la famosa manifestación de Pasionaria de ¡Muera España, viva Rusia! Sucede que ellos tienen un mensaje que ha tenido más éxito y ha vivido más que el de Napoleón o el de Hitler. Quizá porque ha encontrado un quintacolumnismo en muchos países europeos que no han comprendido que han estado durante años colaborando con él, ya sea porque algunos han creído esa utopía de un mundo mejor, ya sencillamente porque han aspirado a ser los dueños de los regímenes que se tendrían que crear en todo el continente. Pero la realidad es bastante sorprendente.

De todos estos sistemas sigo creyendo que el que ha durado y va a seguir durando en el futuro es el de naciones independientes, solas y fuertes, sin enmascaramientos y sin subterfugios, que buscan el futuro, la justicia y el derecho de sus propias naciones, a veces por procedimientos injustos, incluso belicosos como es la guerra. Me parece mucho mejor que el sistema internacional donde en el fondo perviven estas viejas naciones, donde las reglas del juego no están muy claras. Sigo pensando que el derecho de las naciones, el de los pueblos agrupados en naciones-estado tiene más fuerza, más realidad, más legalidad, más moralidad que estas sociedades internacionales más o menos vacías.

Por tanto, cuando hablamos de la Europa de hoy y cuál va a ser el papel de España, me surgen muchísimas dudas. Me haría la siguiente pregunta: ¿es posible una Europa potencia unitaria en la cual España estaría imbricada, formaría parte? Creo que no, salvo que se produjese una catarsis verdaderamente importante que, siguiendo los ejemplos de la Historia, tendría que ser bélica y por lo tanto no sería deseable, que agrupase a los europeos frente a otro, los europeos contra los no europeos. No veo la argamasa de esa unión salvo que hubiese una potencia, como en los casos anteriores, que llevase el liderazgo, en cuyo caso sería una Europa unida pero con subtítulo alemán, francés, británico, español, italiano, ruso, etcétera.

Lo que está claro es que Europa sí tiene la potencialidad para ser una gran potencia y ser una potencia unida. De hecho, si hacemos un análisis breve veremos que Europa podría competir clarísimamente con algunas de las cuatro o cinco potencias que la hacen sombra: Estados Unidos, lo que queda de Rusia (que ya es una sombra del pasado pero todavía está ahí como amenaza potencial), Japón, China evidentemente, y quizá un mundo islámico unido que cada día va cobrando más fuerza.

Cuando reflexionaba sobre el proceso leía un libro que tuvo bastante éxito, el de Paul Kennedy: Alza y caída de las grandes potencias. Kennedy reflexionaba sobre este auge de caídas y de imperios, cómo habían subido y bajado a lo largo de la historia, y traía a colación la unificación alemana. La verdad es que en el proceso de unificación alemana puede darse un paralelismo con lo que pudiera ser un proceso de unificación europea real. Decía que en el mundo alemán existía una verdadera unión, una unión aduanera, una Alemania de los comerciantes, y se había demostrado que esa Alemania era útil, donde el comercio y la industria progresaba, donde había un ambiente mucho más fuerte que el que hay en Europa actualmente de idea común, una lengua común, una tradición común, en cierta forma inventada por los historiadores ochocentistas, y un convencimiento que venía desde el año 48 de la necesidad de formar esa comunidad política. Pero la realidad es que esa comunidad no se va a formar hasta que se produzca un proceso de unidad real que va a tener que tener un líder (en este caso Bismarck), una nación que lo encabece (que va a ser Prusia), y además va a tener una serie de conflictos armados: la guerra de los Ducados, la guerra Austro-Prusiana y la guerra Franco-Prusiana. Con lo cual esa amalgama, como dijo Bismarck, se va a tener que hacer a sangre y fuego, y si no, no hubiese ocurrido.

Volviendo a la unidad europea veo que no existe ese catalizador, falta ese liderazgo, esa nación que lleve adelante el proyecto, en la que habría que ver seriamente si los europeos, como ha ocurrido otras veces en la historia, estaríamos dispuestos a que una nación y un líder nos unificase. Y pienso que no sería deseable porque probablemente esos líderes fueran gente como Hitler, como Stalin, lo que sería verdaderamente horrible.

Europa sí tiene los valores necesarios para formar esa unidad. Tenemos una demografía importante la cual nos convierte en un colectivo de pueblos mucho más numeroso que lo es Rusia, que lo es Estados Unidos, que lo es China. Tenemos una serie de aportes militares importantes (el ejercito europeo tiene más de un millón de hombres, es más grande que el ejército norteamericano, más importante o equiparable al ejército chino, tiene unas posibilidades de reservismo de varios millones de soldados, aunque no acaba de cuajar y por mucho que nos digan y hablen de un ejército europeo la realidad es que lo que hay son ejércitos nacionales; de hecho el eje más importante, el franco-alemán, sigue siendo una utopía ya que ni siquiera se ponen de acuerdo en el idioma que tienen que hablar; y por supuesto los armamentos son absolutamente dispares, cada uno tiene los suyos propios, con lo que en realidad lo que existe es una alianza de ejércitos nacionales. En la economía sí es donde realmente funciona; ahora tenemos el euro, que no todos los países de la UE lo han aceptado (hay tres que no), y que realmente es cambiar al marco de nombre. Pero funciona el dinero, funciona la banca, funcionan muchas de esas grandes ventajas económicas, Pero ¿realmente eso es una ventaja para los europeos? Es cómodo, pero no mucho más allá. La realidad es que ese es el negocio de los grandes capitalistas europeos y de la gran banca. Será cómodo pero no justifica un proyecto europeo. Entonces, ¿cuál es la realidad? Que falta un concepto de unidad, un patriotismo europeo común, un proyecto ilusionador para todos, una unidad de destinos en lo universal.

Voy a contar una anécdota que quizá es esclarecedora. Yo soy aficionado al boxeo y voy las raras veces que hay boxeo digno de ver. Recuerdo uno de aquellos combates de hace tiempo que organizaba Sarasola. Había un español contra un francés y el árbitro era británico. Normalmente voy con unos amigos que son mecánicos. En la parte baja estaban los amigos de Sarasola, con abrigos de visón, y en las gradas del antiguo palacio de los deportes estábamos la gente normal. Sonó el himno británico y la gente elegante se puso de pie, sonó el himno francés y la gente elegante se puso de pie, y sonó el himno español y nos pusimos todos los demás. Y me acuerdo de un mecánico que gritaba: claro nosotros sólo nos ponemos de pie porque los de aquí arriba sólo somos españoles. Eso todavía sigue siendo una realidad. Para parte de la gente que vive en muchos países europeos siguen siendo de sus nacionalidades; Europa está bien, pero está un poco en el aire. Porque Europa es un club al que está bien pertenecer, que tiene sus ventajas y también sus inconvenientes, porque evidentemente tiene una serie de servicios interesantes de usufructuar, que incluso socialmente está bien visto entre las naciones europeas, donde en sus salones y en sus foros se hacen buenos negocios, pero que sin lugar a dudas no es la casa de nosotros, de ninguno de los europeos; es un club donde uno va aunque a dormir va a su casa, y nuestra casa, en nuestro caso, sigue siendo España. Donde nuestra familia es nuestro estado-nación al que seguimos perteneciendo y al que nos seguimos encontrando ligados.

¿Los otros miembros de ese club, naciones como Francia, Gran Bretaña, Italia se creen algo más de lo que he expresado aquí? Yo creo que no. Creo que piensan exactamente como nosotros: es un buen foro donde estar, pero no deja de ser únicamente un foro. Concretamente los países siguen siendo estados-nación y ahora veremos cómo perder prerrogativas nacionales y derechos a favor de la UE está retrocediendo. Tenemos el caso de Alemania, nación de ochenta millones de habitantes; quizá el futuro de una UE pasaría por una nación como Alemania que sería quizá la fuerza motora como ha sido otras veces; pero los alemanes evidentemente no creo que hiciesen dejación de sus derechos a favor de uno de los otros pueblos siendo el país más poblado y más rico de Europa. No me imagino que cediesen a favor de los griegos, los portugueses o los españoles.

Nuestros amigos los británicos ni siquiera han entrado en el euro, siguen mirando, para la mayoría de las cosas, más hacia Estados Unidos que hacia Europa. Recordemos que cuando ha habido algún conflicto que les ha afectado a nivel comunitario normalmente los ingleses lo que han hecho es rechazar en lo posible todo el tema de la Comunidad. El tema de Gibraltar no se solventará; cuando tuvimos el pleito del fletán se pusieron al lado de sus viejos aliados canadienses y estadounidenses y no al lado de su propia «nación europea»; con el tema de las vacas locas hemos visto lo que hacen; porque los británicos siguen siendo británicos y consideran que el proyecto europeo está bien, pero Inglaterra sigue siendo Inglaterra y sigue siendo la nación euroexcéptica por naturaleza.

Francia en estos momentos no vive su mejor momento europeo, sobre todo con el tema Le Pen subiendo, donde además muchos de sus políticos que hacen difusión de europeismo en sus esencias son antieuropeístas o relativamente europeístas, y no pocos de ellos golistas.

Si hablamos del caso italiano, donde gobierna un señor que no solamente no es europeísta, sino que es regionalista como Bossi, habría que ver qué hay ahí de europeísmo; además hay gente como Fini, que es algo tan raro como posfascista que tiene una determinada postura hacia Europa; también habría que ver qué hay en realidad de los antiguos herederos de Mussolini respecto al proyecto europeo.

Esto lleva a una reflexión sobre si Europa va hacia derroteros de unidad. Yo creo que se separa. De hecho, en la mayoría de Europa están empezando, no a triunfar, pero sí a apuntarse una serie de partidos que son antiglobalización, antieuropeos, importantemente nacionalistas y además cada vez van a más. La tormenta Le Pen no tuvo unos pequeños éxitos momentáneos sino que poco a poco va ganando votos, va ganando importancia. Le Pen en Francia (segunda fuerza nacional), Bossi y Fini gobernando en Italia (que habrá que ver a dónde irán y cuál es su ideología), Haider en Austria, la derecha suiza que es racista muy importante, en Dinamarca el movimiento del pueblo, son grupos que van creciendo y que tienen unas serias dudas sobre el futuro de Europa. Calculemos que un 20% de europeos votan a estos partidos y evidentemente son euroexcépticos.

Si a todo esto vemos la serie de problemas que tiene Europa de cara al futuro nos lleva a formar parte de esos euroexcépticos. Quizá el problema más importante es la falta absoluta de un proyecto de liderazgo: Europa no tiene un proyecto. No es un proyecto la Europa de los comerciantes. Eso es un negocio que puede ser muy interesante para los eurofuncionarios, para grandes grupos bancarios, para grandes grupos industriales, pero para la gente normal no es un proyecto.

Otro tema importante es si ese proyecto europeo es realmente creíble. No creo en él como no creo en la soberanía popular, como tampoco creo en el derecho al voto por nacer en un país y tener 18 años, pues sigo pensando que el voto censitario tendría que volverse a implantar, no ya por motivos económicos sino por motivos culturales y de compromiso con la propia nación; y evidentemente tampoco creo que las grandes naciones europeas (Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia) vayan a ser las naciones primigenias y dar los mismos derechos a portugueses, españoles, y sobre todo a húngaros, checos, griegos, etcétera. ¿Alemania se va a poner en igualdad con el voto de un checo o un eslovenio? Me parece impensable. Vamos a poner un ejemplo: el tema de la leche. Nosotros entramos en la CE, y siendo capaces de producir la leche que consumimos, nuestros ganaderos tienen que tirar la leche al mar para que compremos la leche holandesa por los famosos cupos. Es claro que siempre hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Por eso me parece que el proyecto europeo es verdaderamente complicado.

Hay otro tema que también señalaría como importante: el de la emigración, tema recurrente del que todos hablamos y nos preocupa. La emigración, uno de los efectos que va a tener, aparte de potenciar el éxito de Le Pen y gente así, es que va a potenciar nuestras entidades nacionales en cuanto que gente que viene de fuera del continente europeo está debilitando las esencias de lo que es Europa; tarde o temprano habrá una situación de rechazo, lo que, como siempre ha sucedido en la Historia, será de potenciación de los propios valores reales existentes, que son los nacionales: los españoles seremos más españoles, pero no seremos más europeos, con lo cual esta emigración o nos hará desaparecer, con lo cual no seremos nada, o se producirá una resistencia como está ocurriendo en muchos países que votan a los partidos que hemos citado para intentar conservar la peculiaridad nacional, lo cual es bastante importante. Por lo tanto al proyecto europeo el tema de la emigración lo va a debilitar o saldrá un proyecto muy distinto al que estamos pensando. La cuestión del multiculturalismo también es otro de los temas inviable. Al final habrá una reacción de las diferentes nacionalidades respecto a este problema.

No podemos olvidar el tema del envejecimiento de los europeos. Tarde o temprano, o los europeos recuperamos nuestros verdaderos valores (familia, religión, tradiciones, cultura) y empezamos a ser lo que hemos sido en el pasado y por tanto empezamos a tener una política demográfica acorde a lo que es nuestra historia, o desapareceremos; por tanto esto va a favor de las viejas costumbres nacionales y no del espíritu europeo, porque la Europa que nos están vendiendo es la Europa donde no nacen niños, una Europa mercantilista donde solamente se busca el lujo, la calidad de vida, etcétera y no otras cosas.

También tenemos la posibilidad de hacer una Europa de Norte y Sur. Nos plantearíamos que si tenemos que vivir como los daneses prefiero irme a Marruecos. A muchos de los latinos nos sigue gustando vivir como lo hacemos, con nuestra forma de vida y nuestra cultura, con sus virtudes y sus defectos, y homogeneizar Europa, que es una de las cosas a las que también se aspira, no sé hasta qué punto sería aceptado. Probablemente a los países del norte sí les gustaría vivir como vivimos los mediterráneos, pero habría que ver si a nosotros nos gustaría tener una vida como la de los anglosajones.

Por otro lado habría que señalar el tema lingüístico. ¿Es posible tener una lengua común en Europa? El único idioma posible sería el latín y no me lo imagino como idioma europeo. ¿Sería posible llegar a un acuerdo respecto al inglés? Creo que no, pues de hecho nos encontramos que las comunidades bilingües se están radicalizando, por ejemplo flamencos y valones, o aquí en España catalanes y vascos con respecto a otros españoles. Con lo cual eso del idioma común es verdaderamente complicado.

Esto nos lleva a que quizá la opción de Europa sería una Europa vacía de valores culturales reales, vacía de religión, de valores sentimentales en los cuales palabras y sentimientos como patria, honor, cultura, quedarían desaparecidos por otras como consumo, riqueza, gasto. Esta sería una opción de Europa, y si la conseguimos iremos mal, por lo que pienso que no vamos a ir a la larga hacia ese proceso.

La opción que veo más razonable es seguir siendo lo que somos, lo cual no quiere decir que estemos fuera de Europa, ese club en el cual es cómodo, nos da servicios, nos da instalaciones, se hacen negocios, pero no llegando a perder nuestras propias identidades. No creo que nuestros políticos, a la hora de la verdad, acepten renunciar a su representación; ni que el presidente de gobierno de turno deje de ser presidente para ser algo así como jefe de una autonomía europea. No creo que un ejército europeo nos garantizase realmente la paz; recordemos que la mayoría de nuestros conflictos armados no han sido contra los habitantes de Bora Bora, ni contra los surafricanos, o contra los colombianos, sino contra franceses, británicos, portugueses y contra éstos por motivos lógicos, con lo cual esas garantías reales nos las tendremos que dar nosotros mismos. La prueba está en que cuando hemos tenido conflictos nuestros aliados han hecho más bien poco: tal el conflicto del Sahara donde el armamento americano no se pudo utilizar y éramos aliados, o el tema de Gibraltar, o el de Marruecos que está fuera de la OTAN.

¿Cuál es el camino? Europa va a ser lo que es, avanzará algo con bandazos, y el camino que tendremos será el de siempre: el del patriotismo. Recuerdo lo que decía Jesús Suevos sobre el patriotismo: «la Nación, como su nombre indica, es el lugar donde se nace, y tiene el mismo origen etimológico que nacimiento, pero también es de naturaleza que existe sin que el hombre haya intervenido en su existencia; mientras que la Patria, como también lo indica su nombre, es la tierra de los padres, es decir, no sólo la tierra donde nosotros hemos nacido, sino donde ya han nacido nuestros padres y los padres de nuestros padres; no es algo que nos encontramos sino que es algo que heredamos». Continúo pensando que esta tierra sigue siendo el modelo en el cual va a seguir existiendo.

¿Qué decir más? Solamente dar mi opinión sobre cuál va a ser el camino. El camino que tenemos es el de andar por la senda europea porque sería ilógico salirnos fuera del entorno geográfico-cultural que tenemos; siempre hemos estado integrados en Europa, unas veces con ella, otras contra ella y otras participando en las Europas divididas. Pero la realidad es que veo con poco futuro esa estructura supranacional que se quiere construir. Un futuro que, además, lo percibo incierto por todos los problemas que tiene, incluso por la voluntad de los propios europeos. Lo que evidentemente tenemos que hacer los españoles es volver a recuperar nuestras esencias, fundamentalmente culturales, religiosas, morales, intentando hacer nuestra patria mejor, sintiéndonos orgullosos de lo que somos, de dónde venimos y adónde vamos; y dentro de eso sí integrarnos en ese mundo europeo como también debemos integrarnos en ese mundo americano con el que nos unen tantos lazos o más que con el mundo europeo, pero siempre sabiendo que realmente nuestra identidad es una identidad propia, única, indivisible, quizá todavía de las pocas cosas serias que se siguen pudiendo ser en el mundo es ser español. El ser europeo me sueña bonito, utópico, pero poco realista.


 
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