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Altar Mayor - Nº 84 (01)
Sábado, 01 marzo a las 18:28:26

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

PRESENTACIÓN
Por Emilio Álvarez Frías

Decíamos al convocar las «IX Conversaciones en el Valle» que el concepto de Europa, hoy, es como un hechizo, como un mago al que se entregan las pertenencias para que las devuelva mejoradas, transformadas, con poderes especiales jamás soñados. Pero, ¿es en verdad ese concepto de Europa el taumaturgo que solucionará todos los problemas del Viejo Continente, que armonizará los intereses de los hombres que le pueblan, que equilibrará desigualdades, que colmará las ansias de felicidad, que universalizará la cultura, que extenderá la justicia, que encontrará la fórmula de alcanzar la paz, que conseguirá una auténtica democracia anclara en la libertad del hombre y fórmulas nuevas para que resulte imposible la manipulación de los individuos? ¿O resultará un complejo organismo de doctos funcionarios que impondrá normas, formas de ser y comportarse, rasando a los ciudadanos por lo mínimo imprescindible para que sus pautas seas frágiles y anémicas y de esa forma resulten manejables?

Era, sin duda, como una queja amarga y doliente por la escasa fe que promueve la UE pues, aparte planteamientos económicos no siempre satisfactorios y normativas que nos hacen vivir más incómodos, ni nos entusiasman ni nos alborozan los caminos por los que transita intentando salvar los peñascos o las oquedades que ponen los poderosos o ignorando en no pocas oportunidades voces que claman en la necesidad; todo ello sazonado con medidas inyectadas por la progresía que considera llegado el momento de una «nueva reforma» en la que la quiebra de los principios básicos que han alentado al hombre desde que fuera creado por el Ser Supremo, el rompimiento con la experiencia de miles de años de Historia, el resquebrajamiento de las normas ancestrales de convivencia, la disolución de las instituciones básicas de la sociedad, eran aval suficiente para nuevos planteamientos de cara a una convivencia de futuro anclara en puros programas materialistas, utilitarios, egoístas.

Así, en los foros europeos, como en otros foros repartidos por el ancho mundo, se habla de globalización y mundialización y de uniones de diverso sino. Pero nadie, entre tanta palabrería, nos dice cómo se va a enfocar el mejoramiento de la cultura general manteniendo las peculiaridades de cada pueblo; ni nos ofrece una visión de cómo sería aconsejable llevar adelante la educación y formación de las nuevas generaciones para conseguir una sociedad más armónica teniendo en cuenta que si bien es bueno y conveniente que los jóvenes adquieran los conocimientos científicos necesarios, es imprescindible que, además, reciban un buen barniz de formación humanista que es lo que, en definitiva, le llevará por la vida a través de un camino recto en sus actuaciones, en sus comportamientos, en su calidad interna; ni nos presenta un plan maestro para encauzar a los jóvenes que hoy transitan por la droga, la delincuencia, el nihilismo; ni formula soluciones para que los pueblos se aproximen en busca de la paz, de la armonía, sustituyendo el horror de la guerra por el entendimiento de las voluntades que tienen la obligación de hallar un orden de concordia universal; ni encuentra la forma de acertar con la fórmula que evite los absurdos planteamientos nacionalistas que inquietan a los pueblos que los padecen; ni escucha a quienes, teniendo algo o mucho que decir, no se ajustan a los esquemas irreductibles que se han trazado; ni da paso a una justicia cierta y realmente igual para todos, ejercida por auténticos hombres buenos, sin contaminar y sin estar sometidos a presiones de cualquier índole; ni investiga nuevas formas del ejercicio de la política y de gobierno que permitan romper con la partitocracia que impera en la mayoría de los países o con las dictaduras existentes en no pocos, para el correcto ejercicio de la democracia desde la auténtica libertad del hombre sin que éste se vea presionado, engañado constantemente, manipulado permanentemente, estafado por vividores de la política y ambiciosos de poder; ni... ¿Acaso sueños utópicos, ilusorios, teóricos? Probablemente.

Y en lo que vemos no hay otros planteamientos que los económicos que benefician a los poderosos y no llegan a los humildes, a los que se debaten en un mundo de miseria que ocupa una enorme extensión en nuestro planeta. ¿Globalizar el poder y la miseria es el objetivo? Triste destino de nuestro mundo globalizado.

Sin ideas preconcebidas, como es nuestro planteamiento al convocar las «Conversaciones en el Valle», nos enfrentamos en esta ocasión con el tema de Europa. Y tratando de evitar planteamientos que en cierta medida pudieran estar obsoletos, llevamos al estrado a hombres jóvenes que no estuvieran hipotecados por una dilatada trayectoria vital. Curiosamente ellos dejaron de manifiesto que no se encuentran en la onda de la globalización, de la mundialización, de una Unión Europea sin contenidos, de una unión con fachada de relumbrón pero sin un profundo bagaje que apunte hacia un futuro prometedor. Todo lo contrario; de sus intervenciones cabe deducir que posiblemente ellos son más refractarios que gente de otras generaciones que han visto pasar ante su vista imágenes de todo tipo, han soportado en su cuerpo lanzazos de uno y otro lado, y muchas de sus vivencias están entre el recuerdo placentero y el rechazo categórico. En la libertad de opinar sin condicionamientos mostraron su disconformidad con un mundo que no ofrece ningún plan sugestivo a las nuevas generaciones, sin ideales, sin proyectos ilusionantes, sino pletórico de materialismo, de egoísmo, de hedonismo, de ambiciones, de reyertas por cualquier causa, casi siempre injustificadas.

En nuestro deseo de acercarnos a esa Europa que se encuentra entre el conocimiento y el arcano, entre la mitología y el pragmatismo, entre lo sublime de las ideas y el conocimiento y la tosquedad de despreciar y excluir los valores que al hombre dignifican, hemos intentado aproximarnos a conceptos diversos, recorriendo caminos variados y allegándonos a fuentes documentadas.

Como en otras ocasiones, no siempre las llamadas han tenido el eco apetecido. No sentimos rubor en confesarlo. Nuestras peticiones fueron dirigidas a todos los puntos de la rosa de los vientos ya que en el deseo de buscar la verdad no limitamos la posibilidad de opinión sólo a los más próximos, sino que respetamos y escuchamos a todos cuantos en el dilatado espacio de las ideas tienen algo que decir desde la honestidad del pensamiento, circunstancia que no es frecuente encontrar, ya que el libre albedrío frecuentemente se encuentra limitado por intereses de muy variado tipo que impiden la exposición del pensamiento individual de muchas personas por ataduras a intereses más o menos egoístas o posiciones temerosas. Y lo sentimos, pues algunas aportaciones hubieran sido muy ilustradoras al tiempo que hubieran completado el panorama que queríamos ofrecer a cuantos sientan la curiosidad de escucharnos.

No con todos los mimbres deseados, pero sí con una gavilla de buenos colaboradores, hemos preparado este número especial de Altar Mayor sobre Europa.

Como oferta de la antigüedad nos ha parecido, para abrir el diálogo, aunque sea sólo desde la alegoría, presentar a Europa dentro de su mito, por mas que nuestro propósito vaya por otros senderos.

Ya en la idea de reflexionar sobre Europa como lugar de asentamiento, vida y evolución del conjunto de países que la componen, hemos partido de sus orígenes para llegar al presente. Sin duda muchos avatares la han zarandeado durante tan largo período de tiempo: muchas alianzas, no pocos intentos de creación de una unidad sin precisar su alcance, cuantiosos sinsabores, considerable número de confrontaciones, guerras devastadoras. En ese espacioso tiempo a unos y otros países les ha tocado un momento de mayor predominio, de una mayor influencia en un aspecto concreto (el cultural, el político, el de las ideas, el de los descubrimientos, el de la ciencia), o de una opacidad temerosa y de renuncia a todo protagonismo. España, como ejemplo cercano, en los últimos tiempos ha parecido olvidar su pasado en esa Europa sobre la que en otras épocas estuviera con nervio, con vehemencia, con ofertas, con eficacia, con ideas, y ha mendigado migajas sin reclamar lo que por su pasado la corresponde. Quizá se deba a que ha querido olvidar vergonzantemente su Historia y le ha faltado la seguridad de ser.

Y en esa búsqueda de conocimientos para encontrar el saber más ajustado a la Verdad, hemos rastreado muchas pistas. Unas nos han llevado al fracaso, otras han tenido éxito. Los resultados son los que ofrecemos en este volumen.

Queremos significar que intencionadamente no hemos agrupado las colaboraciones por temas próximos, con la idea de que el lector siga la reflexión como en un diálogo abierto en el que las intervenciones saltan irremediablemente de un tema a otro, y así romper la similitud para tomar el tema siguiente con mayor interés por lo nuevo.

En el último tramo aparecen las reflexiones de algunos intelectuales que nos han parecido esclarecedoras, y las de políticos con ocasión de la Presidencia de España en la UE.

Desde aquí nuestro agradecimiento a cuantos nos han enviado su colaboración en un gesto de comprensión y generosidad; también a los que tuvieron la intención de hacerlo pero luego no les resultó posible; y por qué no, a quienes ni respondieron a nuestra llamada: ello nos ha servido, al menos, para conocerlos un poco más.


 
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