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Altar Mayor - Nº 86 (21)
Viernes, 30 mayo a las 20:13:30

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 86 – mayo-junio de 2003

LIBROS Y REVISTAS

 

¿FUI YO UN REHÉN?
LA LEYENDA NEGRA DEL ALCÁZAR DE TOLEDO
Fuerza Nueva Editorial, 1997 y 2002
Lorenzo Morata

Dos libros sucesivos del autor, hijo de un guardia civil defensor del Alcázar, que se vio encerrado en el mismo el 21 de julio de 1936, con once años y medio, y vivió todo el asedio. El primero, escrito a sus setenta años, rememora sus recuerdos día por día, dando su visión de aquellos setenta días. El segundo es una refutación personal de las patrañas de Luis Quintanilla, el pintor socialista que escribió un libro tachando de falsas muchas de las heroicidades del asedio, particularmente el famoso diálogo de Moscardó con el jefe de milicias que le amenazó matar a su hijo.

Este segundo libro, más voluminoso y documentado que el anterior, demuestra la implicación del autor en la defensa de la autenticidad de todas las peripecias conocidas del asedio. Con capacidad intelectual pero, sobre todo, con emoción vital desmonta todas las afirmaciones de Quintanilla, estableciendo la verdad histórica de unos hechos grandiosos, de los que cualquier sociedad o Nación, menos domeñada por políticos hostiles que el caso español actual, guardaría reliquias, respeto y veneración constantes. Sin embargo, no alcanza el interés del primer libro, aparentemente más sencillo, por más ingenuo.

Porque la narración de unos hechos gloriosos desde un protagonismo secundario (no sólo desde la visión de uno que no es combatiente, sino infantil) permite información no asequible en los libros de memorias habituales. Y este libro es pródigo en ello. Y constituye un caso raro en la historiografía. Pese a que suscita sospechas de reelaboración de los recuerdos con recursos ajenos a la memoria, dada la pormenorización para cada uno de los casi setenta días del asedio. Es evidente que el autor se ha ayudado de datos históricos, tales como la colección que conserva del diario El Alcázar, para complementar sus diarios (intuidos en los escritos) y sus recuerdos día a día. Y que engloba en muchos de los días sentimientos de tipo general, tales como la angustia, el machaqueo artillero, la escasez de comida, etc. Pero el resultado tiene la credibilidad de todo testimonio de primera mano.

Con él se entera uno del trasiego de alojamientos, a medida que la destrucción progresaba, de la forma de satisfacción de las necesidades vitales, del régimen de vida reglado por las tandas de artillería y bombardeos, de la comunicación periódica entre combatiente y sus familias, de las peripecias de suministro de sacos de trigo… Un conjunto de datos que complementan la humanidad de la gesta.

Y se aprende a conocer el extraordinario temple de aquellos guardias civiles, plenamente conscientes de su decisión personal de alineamiento en aquella lucha, absolutos subordinados al mando y críticos y avergonzados de los escasos desertores del cuerpo (descalificados por los compañeros como «guardias de la gasolina», es decir, conductores, no habituados a los servicios de armas). Personas como el padre del protagonista, capaces de pasar los setenta días del asedio al lado de su ametralladora, durmiendo en la posición, sin otras discontinuidades que un permiso de una o dos horas para ver a su familia, en los sótanos.

El libro está repleto de observaciones y descripciones acerca de las distintas personas que el protagonista llega a conocer y resulta muy recomendable para cualquier lector interesado en las dimensiones humanas de las gestas. Los oficiales, las familias, las criadas, los soldados de reemplazo, los paisanos refugiados, los falangistas, los guardias… Todos reciben atención, en algún momento, de un chaval de once años que lleva cuenta de los cañonazos recibidos, procura reengancharse a la comida, se arriesga al patio cuando se lo toleran (y algunas veces sin que se lo toleren), e incluso discute con los mayores acerca de las perspectivas reales de liberación. Un chaval que se las arregla para que el primer moro que entra en el Alcázar le entregue toda la comida de su macuto. Un chaval que saca fuerzas todos los días de sus rezos a la Virgen, y que toma nota del cúmulo de «casualidades» que ocurren a su alrededor que le permiten librarse de peligros vecinos. El autor recuerda sus vivencias más fuertes tras una fecunda vida como médico. Y demuestra que no ha perdido la sensibilidad ante lo grandioso.

E. Hermana
 

ASÍ LO VIMOS OTROS
Edicep CB, 2002
Salvador Muñoz Iglesias

Hemos recibido dos recensiones de este libro, que se complementan. Por ello, excepcionalmente, incluimos ambas en nuestro espacio de hoy.

Acabo de leer un libro. Lo llaman «El libro de don Salvador. Sí, don Salvador; el cura de la tele». Sí, así lo llaman: así de largo. Y de claro.

Y recordamos la cara afable de su autor, don Salvador Muñoz Iglesias, que nos hablaba de religión en aquella tele fascinante de los años 60, tan pobre de medios; y tan bien hecha que quienes entonces eran niños, aún conservan en su memoria imágenes, nombres, programas que se realizaban en estudios poco más dotados que el de un fotógrafo.

El libro se titula Así lo vimos otros y, según don Salvador, debería titularse «Así fue... Y así lo vi yo», aunque -por modestia- ha decidido no aparecer en el título como protagonista y centro del relato, crónica de la llamada Transición que «no logró la pacificación tan cacareada sino a base de concesiones que han dañado visiblemente a nuestro pueblo».

Y es verdad. Como es verdad que, sin tarancones ni dadaglios, los creyentes de otros pueblos, sus maneras y formas de ser católicos han resultado dañadas por influencias falsamente renovadoras, purificadoras, aggiornadas o sociales iniciadas antes de que el Papa Juan convocase el Concilio Vaticano II. Influencias que convirtieron las decisiones y orientaciones conciliares en río revuelto para dinamitar -intento vano- el sólido edificio de la fe católica, apostólica y romana.

Esta es la batalla en la que estamos aún (o están; yo rezo). En ella, la Iglesia se fortalece iluminada su andadura por el ejemplo de Su Santidad Juan Pablo II, ese hombre de Dios que se agota por la fe y por nosotros; de ese Papa que tanto irrita a los enemigos de la Iglesia porque no se muere y, sobre todo, porque les ha vencido en su intento de destruirla. Disimulan su ira con expresiones de compasión. Y por compasión fingida, piden que dimita, que lo jubilen, que lo quiten de ahí. Y él les puede.

Don Salvador relata sucesos y anécdotas de unos comportamientos laicos, políticos, muy relacionados con la Iglesia funcionarial y administrativa y de sus relaciones poco espirituales con los poderes, y las intrigas de los gobernantes, los aspirantes a serlo, las jerarquías implicadas en la lucha política por el dominio de la Iglesia, no por la salvación de las almas. Cuenta, también, sucesos y fenómenos aterradores. Y su drama personal. Yo me consuelo con el grito, estimulante del Papa: «No tengáis miedo».

Es un relato tras el que corro a buscar mi memoria de niño, de creyente, mi fe de carbonero. Y rezo pidiendo espíritu, para todos, al Espíritu Santo. Ahora, como siempre, necesitamos que venga Él a renovar la faz de la tierra.

Ángel Palomino
 

El autor, testigo y actor destacado de la actividad eclesial española durante las décadas sesenta, setenta y ochenta, narra sus memorias como sacerdote en la Diócesis de Madrid. Con mucho protagonismo en los espacios religiosos de TVE desde sus primeros momentos hasta los ochenta, describe con testimonio de primera mano, muchos episodios de la transición religiosa postconciliar española. Donde no puede referirse a lo que describe como experiencia directa, utiliza referencias de testigos directos que, aunque siempre es posible que pueden haber tergiversado sus manifestaciones sin darse cuenta, parecen suficientemente verosímiles para considerarlas de primera mano.

La transición eclesial española, que provocó tantas tormentas de confusión entre los fieles y tantas deserciones de la vida consagrada, solapa con la transición política. Ese solapamiento no fue casual. El autor narra el malestar de Monseñor Eijo y Garay en sus últimos meses como obispo de Madrid, en 1962, al recibir el encargo del nuevo Nuncio, Monseñor Riberi, recién llegado, de que «preparase una Carta Colectiva del Episcopado español desenfeudándose del franquismo». Esa Carta nunca se redactó, pero el talante del nuevo Papa, Pablo VI, ya estaba expresado. El mismo Papa que el día de San Pedro de 1972 pronunció la famosa frase hablando del «humo de Satanás, que a través de alguna grieta ha entrado en el Templo de Dios». Una frase que el autor dice haber escuchado directamente, pero que «extrañamente no fue recogida en las publicaciones del Vaticano y que solamente reprodujo en su totalidad, tomándolo de cinta magnetofónica, La Agencia Informativa de Colaboraciones CIO, con fecha 10 de julio».

En España, el protagonista principal de aquella transición fue el Cardenal Tarancón, nombrado Arzobispo de Madrid por el Vaticano, con postergación del deseado Marcelo González. El autor del libro protagonizó una reunión masiva de los párrocos de la Diócesis en 1972, en la cual leyó una ponencia denunciando los males detectados en la Diócesis. La reunión fue desbaratada por el Cardenal, empleando artes que el autor pone de manifiesto.

El conjunto sorprende al lector laico, porque revela luchas y tensiones que el clero cuida, quizás muy sensatamente, que no trasciendan al conocimiento de los fieles. De la decisión y talante del autor en esas tensiones, y del talante opuesto de algunos obispos que sufrimos, da cuenta la frase con que uno de ellos, Monseñor Rafael Torija, vetó la participación suya en una Asamblea de la Adoración Nocturna en Ciudad Real, en 1981: «Ese señor habla demasiado claro y... no conviene».

El autor menciona una frase del Cardenal Villot a un periodista de La Croix, que le protestaba por la política Vaticana con la Iglesia de España: «El Papa (Pablo VI) tiene tanta confianza en la solidez católica del pueblo español que se permite experimentos allí que elude en otros pueblos». Suponiéndola cierta, los comentarios queda para el gusto de cada lector.

E. Hermana
 

LOS MITOS DE LA GUERRA CIVIL
La Esfera, Madrid, 2003
Pío Moa

De nuevo otra obra de Pío Moa, extensa, documentada y destructora de mitos. Mitos que la izquierda dominante de la cultura española a principios del siglo XXI ejerce dictatorialmente y en intensidad abrumadora, gracias en gran parte a una peculiar simbiosis de cobardía e ignorancia de esa derecha reconvertida en centro, falsificando la historia de la II República, la guerra civil y elevando a las alturas a personajes mediocres, cuando no malvados.

Moa, sin estridencias de ningún tipo, algo totalmente antitético con su propia esencia y su labor de investigador, se afirma cada vez más como el descubrimiento de forzosa referencia de la historiografía actual. La obra extensa, está divida en veintiocho capítulos de interés cierto todos ellos. En los once de la primera parte asoma una vez más, y con qué fuerza, el deshacedor de tópicos, develador implacable de las falsificaciones y mitos de los Tussell, Viñas, Preston, Tuñón, etc, convertidos en verdadera biblia de la progresía. Adquiere especial interés la revelación, siempre basada en documentación rigurosa, no en apreciaciones subjetivas propias de los manipuladores pero antitéticas con el historiador, relativa a Azaña en su actuación en el periodo 1931-1936, como durante la guerra. Sobre el democratismo de Azaña, su espíritu de concordia y de pacificación, las pruebas aducidas por sus admiradores no suelen pasar de frases y expresiones del propio político, bien escritas y a veces hasta conmovedoras, pero totalmente contradictorias con la realidad de su obra, como demuestra Moa. Su jacobinismo reluce desde la misma proclamación de la república, influyendo decisivamente en los rasgos más antirreligiosos y sectarios de la nueva Constitución, elaborada no por consenso sino por el rodillo aplastante de la izquierda. Toda su actuación política hasta su dimisión como presidente de la república está marcada por el resentimiento, el desprecio con frases extremadamente hirientes hacia sus propios correligionarios, por la doblez y falsedad continua, desde el 31 a la revolución de octubre del 34, a su labor como presidente de la república, animador del golpe de estado cuando la situación era adversa a sus proyectos. No descalificación rotunda la que expone Moa, sino situación en su justo papel de esa personalidad ambivalente entre frases y actuación. Azaña y Largo Caballero, el «Lenin español» luego defenestrado por los propios comunistas y al que dedica Moa un sustancioso estudio, figuran entre los culpables máximos de la guerra civil.

Estudios también en esa característica propia de Moa del desapasionamiento y frialdad objetiva, son los dedicados a Franco, a José Antonio, a Calvo Sotelo, a José Díaz, el ejecutor de la estrategia de Moscú. A Alcalá Zamora el fatuo conservador que trajo la república y precipitó la guerra, a Gil Robles ¿fue posible la paz?

Con ese rigor citado y siempre, siempre, basándose en documentación y hechos comprobados, no en las opiniones particulares del historiador, resaltan los capítulos dedicados a temas como Guernica, uno de los grandes tópicos de la guerra civil, el Pacto de Santoña donde reluce en toda su miseria la actuación del PNV traicionando a sus aliados. O los dedicados al Alcázar de Toledo, a la guerra civil dentro de la guerra con los sucesos de Barcelona de mayo de 1937 entre el partido comunista y los anarquistas. Para nuestra opinión también reviste un especial interés el estudio dedicado a las matanzas de Badajoz y las de la cárcel Modelo madrileña. O el análisis ya definitivo de cómo el oro enviado a Moscú no fue un mito franquista. Con un mínimo de honradez intelectual A. Viñas tendría que reconocer el fiasco colosal de su tesis, ahora ya inequívocamente desacreditada.

También en su incansable labor de buscador de la verdad asoma en su crudeza la irresponsabilidad y abierto espíritu de mendacidad el pretendido heroico salvamento de las obras del Museo del Prado y otros salvamentos, en contradicción total con alguna película de las que con tanta profusión como escaso éxito produce el cine español actual en su obligatoriamente señalamiento de maniqueísmo extremo: derrotados buenos, magnánimos, generosos versus franquistas crueles y malvados suma de todos los males sin mezcla de bien alguno.

El último estudio va dedicado al enigma Franco, continuado con el epílogo sobre la guerra vil española en el siglo XX, y la guerra civil en la historia de España.

Con este libro frente al cual la dictadura informativa no ha podido silenciarlo, pues está constituyendo un verdadero éxito editorial, unido al enorme sedimento dejado por sus obras anteriores, ya indispensables para conocer la verdad sobre la II República y la guerra civil Moa se afirma como autoridad indiscutible en la historiografía española hoy.

Ángel Maestro
 

EL AMOR ESCONDIDO
Belacqva, 2002
Janne Haaland Matlary

Se trata de un relato autobiográfico de la conversión de la autora al catolicismo, partiendo de un estado de agnosticismo, con el trasfondo luterano de su país, Noruega. Su inquietud filosófica le lleva a tratar con un dominico prestigiado, que le introduce en la filosofía de Santo Tomás. De allí evoluciona a la Fe católica, tras una inspiración concretada en un momento y un lugar, ante el asombro de su entorno familiar, que no la comprende. Un matrimonio posterior, con un médico húngaro emigrante, le reafirma en esa Fe.

De su calidad humana da cuenta el que haya sido Viceministra de su país para Asuntos Exteriores, bregando con diversos entornos conflictivos, tales como Kosovo, Armenia, Cuba y otros, y haya formado parte de la delegación Vaticana en la Conferencia mundial de Pekin. Pero su itinerario espiritual es lo que hace interesante el libro. Partiendo de una inquietud filosófica, como se ha dicho antes, su inquietud espiritual le lleva a apelar directamente al Vaticano cuando no encuentra eco adecuado en su escaso entorno católico. Su trasfondo familiar luterano, que ella aprecia entrañablemente, le hace difícil entender el culto a la Virgen, en el que se introduce lenta y progresivamente, de un modo amoroso. Su posición de partida, filosófico, le coloca en un planteamiento escéptico ante todo lo que le parece sospechosamente emotivo en la práctica religiosa. Su entendimiento progresivo de la vivencia religiosa, apartándose de la visión exclusivamente intelectual, le hace percatarse de la dimensión de la persona y reafirmarse en su conversión. Su descripción del entorno de Lourdes es particularmente ilustrativa de su conflicto intelectual de conversa.

Un libro enriquecedor, de una persona de valía que ha procurado, y conseguido, encarar el conflicto esencial de cada persona, no cediendo a la tentación generalizada de mirar a otro lado y olvidar lo esencial. Un caso desgraciadamente escaso dentro de las biografías actuales.

E. Hermana
 

EL NACIMIENTO DEL CRISTIANISMO: ¿QUÉ SUCEDIÓ EN LOS AÑOS INMEDIATAMENTE POSTERIORES A LA EJECUCIÓN DE JESÚS?
Ed. Sal Terrae, Santander 2002, 653 pp.
John Dominic Crossan

La personalidad de John Dominic Crossan es difícil que suscite indiferencia. Es sin duda uno de los mejores conocedores del Jesús histórico, al que enjuicia siempre desde una postura muy personal. Llamó hace años la atención su manera de plantear el reto revolucionario de Jesús. La vinculación de Crossan con el «Jesús Seminar» quizá lo haya marcado de por vida, pues sus estudios ya de por sí suelen prestarse a la polémica. En esta obra aborda uno de los puntos más oscuros de nuestra religión: el que se cuestiona por sus orígenes. No resulta fácil saber qué ocurrió realmente en los albores de aquel movimiento conocido como «camino» y apoyado por cuantos se aferraban al hecho -muchos lo impugnaron ya entonces- de la resurrección de Jesús. Creo que más de un lector, tras enriquecerse con el abundante material que recoge Crossan en esta obra, seguirá cuestionándose sobre lo acontecido tras la muerte de Jesús. El autor tiene la osadía -otros la entenderán como originalidad- de romper los esquemas seguidos por quienes hurgan en la génesis del cristianismo. Sin ignorar la importancia de los documentos canónicos, se inspira ante todo en el Evangelio de Tomás (Nag Hammadi 1945), en la fuente Q y en la «Didajé». Y ello le abre nuevos horizontes en el estudio de la temática, que él asocia con la oferta que Jesús lanzó en el territorio galileo de aquel tiempo, donde tan flagrantes eran las injusticias. Partiendo del Jesús histórico, se adentra en la génesis del movimiento cristiano que por fuerza ha de conectar con la resurrección. Esta viene, sin embargo, situada en el marco ambiental de aquel tiempo donde Crossan cree descubrir razones que le permiten replantear la incidencia de ese evento que siempre se ha considerado el pilar sobre el que se cimenta la fe crística. Tiene claro que Pablo de Tarso no inventó el cristianismo, sino que ajustó a sus inquietudes un flujo de pensar y de vivir que, cuando él inició su labor misionera, llevaba ya varios años abriéndose camino en la historia. El cristianismo de los orígenes, para ser adecuadamente comprendido, ha de situarse en el marco de la antropología, de la historia, de la arqueología y de la literatura. Así lo proclama sin remilgos el autor. Y sus aportes, rompiendo un sinfín de esquemas, abren nuevas vías en el estudio de una época sobre la que apenas existe documentación directa. Crossan escribe con erudición, vivacidad y convicción. Ello hace que su libro, aun siendo bastante denso y complejo, se lea con agrado. Cabe, no obstante, preguntarse si consigue en efecto despejar cuantas incógnitas se ciernen sobre los albores del movimiento cristiano. El tiempo emitirá su veredicto. Pero, a primera vista, se saca la impresión que la mayoría de los interrogantes siguen en pie. En todo caso, ha de celebrarse con júbilo un esfuerzo tan denodado por clarificar lo ocurrido en unos años donde la tradición canónica, aunque se la acepte como fiable, ofrece muy escasa información.

A. Salas
 

EL CORAJE DE SER CATÓLICO
Planeta, 2003
George Weigel

El autor es un publicista católico, famoso en EE.UU. por obras anteriores. Se muestra consternado por los escándalos de pedofilia en el clero americano, aireados a caballo entre 2001 y 2002. Intenta transmitir esa consternación al lector listando decenas de casos, con nombres, lugares y fechas a lo largo de nueve páginas al comienzo del libro. Aquella campaña, zanjada con una tardía, pero eficaz, intervención del Vaticano ha convulsionado a la pujante Iglesia americana.

El autor plantea los casos de pedofilia como una crisis de fe por parte de los sacerdotes implicados, que olvidaron su condición de representantes de Cristo como consecuencia de la confusión cultural de los años setenta y ochenta, derivada del postconcilio. Unas décadas en las que la formación teológica en los seminarios americanos se diluyó en un sincretismo tolerado, y en una apelación a tratamientos psiquiátricos o psicológicos, postergando la vocación y la oración. El tema le sirve para preguntarse si el Vaticano II será rescatado por los esfuerzos del actual Papa o le espera un destino en la historia similar al del Concilio Lateranense V, cerrado treinta años antes de que comenzase el de Trento, y olvidado como consecuencia del éxito de éste último.

El libro es una exposición del conflicto que durante esas dos décadas ha conmovido a los católicos americanos. La confusión doctrinal se manifestó de muy diversas formas, que guardan similitud con lo sucedido en España. Partiendo de la debilidad en aceptar íntegramente la Encíclica Humanae Vitae en 1968, se derivó a un relativismo en el sentimiento del pecado, transmitido por sacerdotes confusos a los fieles. Después se planteó la confusión de criticar el «autoritarismo» en la Iglesia y plantear algo así como una revisión democrática del Magisterio. La relajación en los actos litúrgicos y la pérdida de hábito de la confesión fueron consecuencias inmediatas.

Weigel reitera continuamente la necesidad de retornar a la seguridad de estar sirviendo a la Verdad, no manipulable por decisiones humanas, con el convencimiento de que es precisamente la seguridad de ello lo que fomenta vocaciones y el servicio permanente a las mismas. Plantea el caso de cómo los seminarios de las diócesis más tradicionales y menos confusas atraen vocaciones de toda la Nación. Se podría estudiar el caso de la Archidiócesis de Denver en Colorado como similar a lo que ha sido el caso de Toledo bajo don Marcelo: focos de atracción de vocaciones.

A lo largo del libro se fustiga especialmente a la mayoría de los obispos católicos, más preocupados de administrar sus diócesis con eficaces técnicas de gerencia que de mostrar celo apostólico. Que se comportaron con cobardía ante el mundo moderno, en vez de afrontar sus críticas con la seguridad de estar sirviendo a la Verdad. Y más propensos a abandonar responsabilidades en abogados y psiquiatras que en denunciar y escandalizarse por lo sucedido. Los califica como «rebaño de pastores», para destacar su incapacidad para cumplir con su deber pastoral. El libro es una denuncia de ese colectivo como principal responsable de la crisis, demostrando con ello el profundo sentimiento católico del autor.

El libro se lee dolorosamente, tanto por lo que denuncia como por tomar conciencia de que el fenómeno de confusión, que no las consecuencias pedófilas, reproducen exactamente lo que ha ocurrido en la Iglesia española en las mismas décadas. La misma denuncia cabe hacer de una generación de obispos, larvada por Tarancon y Dadaglio, que felizmente están siendo sustituidos por una nueva generación de personas con Fe, impulsadas por Juan Pablo II.

E. Hermana


 
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