Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda

    Menú
· Inicio
· Presentación
· Recomendar
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
    Envíos

Si deseas recibir nuestras publicaciones por correo electrónico, además de otras noticias de la Hermandad, indícanos tu dirección de correo-e:

Suscribirte
Cancelar suscripción

Dirección:

Altar Mayor T
Altar Mayor - Nº 86 (16)
Viernes, 30 mayo a las 20:26:38

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 86 – mayo-junio de 2003

Retazos de una novela histórica (1931/1934)
CASAS VIEJAS
Por Mario Tecglen

Celia Ruiz Moreno, la maestra de Casas Viejas, prima de Adolfo Butrón, está viviendo momentos de mucha tensión. Desde que llegó de Medina Sidonia, de vuelta de las vacaciones de Navidad, las reuniones constantes de vecinos, el ambiente misterioso que se respira, y los cuchicheos en cada esquina que, invariablemente, cesan a su paso, son el pan nuestro de cada día.

-Hay que reconocer -se dice a sí misma- que el hambre acumulada que está soportando esta pobre gente acaba con la moral de cualquiera; pero ¿qué cuernos estarán tramando? Porque algo traman.

Celia vive pegada a la casa del Alcalde, Juan Bascuñana, con el que mantiene una buena relación. Y ya le ha informado que, en casi toda España, se están produciendo levantamientos anarquistas que reclaman, para todos e inmediatamente, el Comunismo Libertario. Le ha hablado de levantamientos en Asturias, Cataluña y Levante. Y le ha dejado caer que en Cádiz van a ser mucho más importantes, sin aclararle más.

Todo ello la tiene muy asustada. Es joven, vive sola en el pueblo y se siente desamparada:

-No debería tener tanto miedo –se decía–. La verdad es que en el pueblo todo el mundo me quiere.

Al clarear la fría mañana del 10 de enero, le despiertan las voces de un numeroso grupo de vecinos que reclaman la presencia de su alcalde. Celia, entreabre ligeramente uno de los fraileros de su ventana, y puede ver que se trata de un grupo bastante numeroso.

A los pocos minutos sale el alcalde totalmente vestido y abrigado, y el que capitanea el grupo, un anarquista muy peligroso apodado El Gallinito, le participa con voz sonora, nada menos, que los vecinos han proclamado el «Comunismo Libertario. Que se han acabado las autoridades». Y que debe ir inmediatamente a comunicárselo al sargento de la Guardia Civil, advirtiéndole que si se rinde a los libertarios no le ocurrirá nada.

La joven maestra está aterrada. Amplía prudentemente la rendija de su frailero y comprueba que casi todos los vecinos van armados. Deduce entonces que el movimiento anarquista obedece a consignas comarcales o, quizá, nacionales.

Observa a continuación que el alcalde, de buen o mal grado, se acerca con todos ellos a la casa-cuartel de la Guardia Civil, que está a dos pasos de allí, a requerir al sargento. La joven maestra no se pierde detalle.

El lucero de la mañana se está imponiendo, poco a poco, a las sombras de la noche, y las casas blancas, impecables, de rejas forjadas y pequeños aleros de teja árabe, comienzan a reflejar la luz del día, cuando retumba en toda la calle la voz potente del Sargento respondiendo: «Antes moriré defendiendo la República que entregarme a vosotros».

A partir de ahí, se oye una descarga cerrada y después un tiroteo continuo que cesa en unos minutos.

La refriega ha causado la muerte a uno de los tres guardias civiles, y ha herido mortalmente al sargento y a otro guardia.

Anulada la Guardia Civil, el pueblo se encuentra a merced de los sediciosos. Se dirigen al Ayuntamiento, queman documentos e izan la bandera roja y negra del Sindicato Anarquista. ¡Están viviendo su Paraíso Soñado!

Después, cortan la línea telefónica y abren una zanja en la carretera que les une con Medina Sidonia. Todo se traduce en cánticos, voces y alegrías.

Hacia las dos de la tarde, sin embargo, acuden desde Medina Sidonia varias parejas de guardias civiles armados; se dispersan por el pueblo, y disparan indiscriminadamente sobre los vecinos causándoles la primera baja mortal y haciéndoles huir hacia la parte alta del pueblo, donde se hacen fuertes.

Sobre las cinco de la tarde se presenta un grupo de unos doce guardias de asalto, más varios guardias civiles. Les manda un teniente de asalto, muy alto y muy joven, que empieza por arriar la bandera del Sindicato Anarquista. Y es, precisamente, Celia Ruiz, muerta de miedo, la que temblando les provee de una bandera nacional, con su escudo republicano, que tiene en la Escuela.

Alentado por la presencia de la bandera, el joven teniente se dirige al pueblo, a voz en grito, invitándoles a salir de sus casas. Les explica que sólo está allí para garantizar el orden y que no deben temer. Sin embargo, detiene a dos de los que dispararon contra los guardias de la casa-cuartel y con ellos se dirige a la choza de otro anarquista difícil: un carbonero apodado el Seisdedos que se resiste a abrir su choza, en la que se ha encerrado con varios compañeros.

Se adelanta un guardia de asalto y, al tratar de forzar la puerta, le disparan desde dentro a bocajarro y cae malherido. Después, le arrastran para dentro en calidad de rehén.

El joven teniente toma posiciones y les intima para que dejen las armas y salgan con los brazos en alto. Desde dentro le responden con una descarga que hiere de muerte a otro guardia y con voces entremezcladas de hombres y mujeres declarándoles que están dispuestos a morir antes que entregarse.

El teniente, ante la difícil situación, telegrafía al Gobernador Civil de Cádiz y espera instrucciones.

A las dos de la madrugada del día 11 de enero, se presenta en Casas Viejas una compañía completa de guardias de asalto al mando del capitán Manuel Rojas con órdenes severas de acabar rápidamente con todo aquello; y ordena, inmediatamente, un nuevo ataque a la choza rebelde.

Todo es inútil. Y el capitán Rojas, cumpliendo las órdenes taxativas que trae de Madrid, ordena prender fuego la choza.

Las llamas se propagan fácilmente en la cubierta de hojarasca y producen una imagen dantesca bajo el frío amanecer. Diez o doce personas, algunas de ellas mujeres y puede que algún niño, se encuentran dentro. La situación es patética.

Pasan los minutos, y bajo el humo de la hoguera se destaca el hueco oscuro de la puerta abierta. De ella sale una mujer con un niño en brazos, que se salvan.

Inmediatamente después, varias sombras vacilan entre morir abrasados por las llamas o caer bajo las balas de los sitiadores. Optan por lo segundo y, abatidos por el fuego implacable de los sitiadores, van cayendo, uno a uno, sobre el propio umbral.

Los muertos, apilados alrededor de la puerta, son ocho: siete hombres y una mujer.

Las fuerzas asaltantes logran rescatar con vida al guardia de asalto herido que mantenían de rehén.

Pero el capitán Rojas, excitado, entiende que la represión ejemplarizante que le han ordenado no está concluida, y se dirige al pueblo con órdenes severas a los guardias de disparar sobre cualquier conato de rebeldía.

Ya en el pueblo, arranca del fondo de sus hogares, uno a uno, y desoyendo los gritos desgarradores de sus mujeres y de sus hijos, a once vecinos; los pocos que no han huido, y los conduce esposados a la Choza del Seisdedos, todavía en ascuas

Y allí, ante los ocho cadáveres calcinados por las llamas, les invita a que vean lo que, por su culpa, ha sucedido. Después, fuera de sí, alegando más adelante que habían mirado con desprecio al guardia muerto, dispara sobre ellos a quemarropa matándoles a todos.

El total de vecinos masacrados es de diecinueve.

Aunque Azaña siempre alega que no se le había informado debidamente, los españoles no lo aceptan. El Parlamento encarga una investigación rigurosa de los hechos, y la matanza de Casas Viejas le supone, a él y a su gobierno, un grave descalabro del que nunca conseguirá sustraerse. Y, aunque ordena encarcelar al Capitán Rojas y al Director General de Seguridad Arturo Menéndez, no puede evitar el gran desprestigio personal y político que le ha supuesto aquella horrible matanza.


 
    Opciones
· Versión Imprimible
· Enviar a un Amigo
    Otros enlaces
· Más Acerca de Altar Mayor


Noticia más leída sobre Altar Mayor:
Altar Mayor - Nº 81 (12)


Hermandad del Valle de los Caídos (hermandaddelvalle.org)
Colaboraciones, comentarios, sugerencias: