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Altar Mayor - Nº 86 (06)
Viernes, 30 mayo a las 20:45:36

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 86 – mayo-junio de 2003

ALGO MÁS SOBRE METAPOLÍTICA
Por Alberto Buela

Leer y entender es algo;
Leer y sentir, es mucho;
Leer y pensar es cuanto
puede desearse.
(Eulogio de Letos)

Una mirada sin valores recorre la vida cotidiana, hoy los hombres están en condiciones de mirar todo lo que sucede en el mundo, pueden técnicamente recibir información de lo que acontece en el último rincón de la tierra y aún fuera de ella. El hombre mira todo pero rara vez ve, y este es el problema.

El ser de las cosas es sólo accesible a un nivel más profundo de la doble percepción visual, sea micro o macrocósmica. A él no se llega como pretenden los «especialistas de lo mínimo» a través de una subdivisión infinita de los saberes que no les permite ver el todo de su disciplina, ni tampoco como propugnan los «tuttologos esotéricos de la nueva gnosis» a través de métodos infundados y arbitrarios como un atajo al saber.

El acceso al ser de las cosas es lo más difícil de aprehender y requiere por tanto otras condiciones o instrumentos de acceso. Los viejos filósofos, esos filósofos oscuros que han jalonado la historia de las ideas sin la publicidad de un premio Nobel, hablaban del hábito metafísico como camino de entrada. Esto es, en tanto hábito, la práctica reiterada y regular en el uso de los primeros principios -de identidad, de no contradicción, etc.- del ser y del obrar y, en tanto metafísico, la utilización de las nociones últimas –de analogía, participación, sustancia-accidente, potencia-acto, esencia-existencia etc.- para la captación del ser de los entes.

Los tratados de política desde los griegos para acá, pasando por La República de Platón, La Política de Aristóteles, De legis de Cicerón, De Civitas Dei de San Agustín, Defensor pacis de Marsilio de Padua, El Príncipe de Maquiavelo, Les six livres de la république de Jean Bodin, El Leviatán de Thomas Hobbes, Tratado sobre el gobierno civil de John Locke, El Contrato social de J. J. Rousseau, La filosofía del derecho de Hegel, El Manifiesto comunista de Marx-Engels, Sobre el Estado de Lenin, El espíritu de la revolución fascista de Mussolini, Mi Lucha de Hitler, El Proyecto nacional de Perón, por solo citar a los más significativos, nos hablan de las condiciones, instrumentos y objetivos de la política como ciencia del bien común general, pero poco o nada nos dicen acerca de las categorías que condicionan la acción política ni de la metafísica de la política. En una palabra, poco nos dicen sobre la metapolítica, que es el saber interdisciplinario sobre la que queremos hablar algo más.

El eterno inconformista español, Pío Baroja, algo barrunta cuando afirma: «La política no está basada más que exteriormente en principios doctrinales; en la realidad, se rige por un conjunto de intuiciones, de habilidades, de genialidades. Sigue siendo un arte hermético, como era para Bismark, para Richelieu, para Fernando el Católico y para Cesar».

Así la inmensa mayoría de los teóricos de la política nos habla en sus manuales y tratados de los principios doctrinales y casi nada nos dicen de ese «arte hermético» del que nos habla el vasco. Menos aún nos hablan de los poderes indirectos, de las grandes categorías que condicionan la acción política de los gobiernos de turno. De eso no se habla, porque no es ciencia sino en el mejor de los casos intuiciones no desarrolladas.

Sin embargo, la metapolítica como metafísica de la política, siempre está presente. Está presente en las decisiones geoestratégicas, está presente en los proyectos o modelos que ejecutan los gobiernos. Está presente, en definitiva, en el «arte hermético» de los que conducen el mundo.

Por supuesto que algunos conductores (Napoleón, Bismark, Perón, Cesar) han escrito acerca de este «arte hermético» pero lo han hecho por analogía desde un saber como el arte de la conducción militar aplicado a la política. Pero el tema sigue en pie: ¿existe este arte hermético como disciplina enseñable? Nosotros creemos que sí y que esta disciplina es la metapolítica.

La metapolítica tiene dos caras o aspectos bien determinados: uno, el estudio de las grandes categorías que condicionan la acción política (homogeneización cultural, pensamiento único, políticamente correcto, light o débil, monoteísmo del libre mercado, consenso como método, etc.) y, otro, el «arte hermético» de la conducción (psicología de las masas, persuasión y discurso político, determinación del enemigo, kairós o tiempo oportuno, cultura mediática, el retiro de Dios, al decir de León Bloy, etc.).

Hoy nuestros dirigentes, sobre todo los del «mundo bolita», los de las sociedades periféricas, necesitan de la metapolítica como el pez del agua para vivir, de lo contrario seguirán convalidando con su accionar decisiones tomadas en otro lado, en los centros de poder mundial, reñidas con la defensa de nuestros intereses más propios.

Y ello es así, porque «nadie puede dar lo que no tiene» y nuestros dirigentes carecen de un conocimiento en profundidad de lo que acontece en el mundo. Específicamente no entienden, no inteligen (=intus legere: leer adentro), no pueden leer adentro, en la oscuridad del mundo, para tomar el título del artículo de Baroja. Tienen avidez de novedades pero se agotan en ellas porque no las pueden repensar o elaborar desde ellos mismos. Esto es, no les pueden dar el carácter de genuino, de propio. Estas novedades siguen siendo en ellos un remedo, una mala copia de lo pensado por otros y para otros.


 
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