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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 174
Domingo, 13 julio a las 14:01:45

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 174 – 8 de julio de 2003

SUMARIO

  1. Para entendernos, por Antonio Castro Villacañas
  2. El diputado desconocido, por Ángel Palomino
  3. Pueblo soberano, por Jesús Flores Thíes
  4. Seducción juvenil por la falsedad en política: reforma de la Ley Electoral, por J. M. G. Páramo


PARA ENTENDERNOS
Por Antonio Castro Villacañas

La copla popular dice, o decía, que cualquiera sabe si ahora se canta o si se tiene en cuenta: «La primera verbena / que Dios envía / es la de San Antonio / de la Florida». En su contra nunca faltaba la voz de un discrepante: «Détente, majo / que es la de San Isidro / 15 de mayo». Dejando a un lado que San Isidro no se celebra con una verbena, sino con una romería, lo que pretendo resaltar hoy es que este año los madrileños -y por extensión el resto de españoles- hemos padecido o disfrutado desde el 25 de mayo hasta el 30 de junio una verbena nueva, en honor de Santa Desvergüenza y Santa Democracia, que aún no ha terminado. Gracias a ella hemos refrescado o acrecido nuestro lenguaje político; mejor dicho, parte de la jerigonza que utiliza la clase política para encubrir sus auténticos «sentires y pensares»… No es cosa de repetir aquí lo que se ha podido leer en todos los periódicos y escuchar en todas las radios. Mi propósito es otro: por un lado, recordar que ya Larra y Mesonero Romanos habían advertido -nada más comenzar en España la democracia parlamentaria- que alguien debía enseñar a los españoles lo que dice y oculta el vocabulario utilizado por los políticos, a fin de que cualquiera entienda cuanto se encierra dentro de expresiones como «elección directa», «responsabilidad ministerial», «lista cerrada», «oposición», «resistencia», «poder», «masas», «interpelación», «voto de censura o de confianza», «orden del día», «inmunidad parlamentaria», «derechos y garantías», etc. Por otra parte, recordar también que desde esa misma época se utilizan en los recintos políticos -y desde allí saltan a la calle- calificativos tales como o , aplicados por los liberales a los absolutistasy los de o conque los últimos respondían a los primeros. y tienen desde 1812 el sentido de componenda y mandanga que les dieron entonces con sus actitudes y sus actos los «moderados», directos ascendientes de los que hoy presumen de «centristas» y «populares». sigue teniendo hoy el mismo significado que se le dio el año 1814, mientras que el ahora tan habitual se bautizó en 1811 como , y después como o incluso , que en este caso significaba también un o un emboscado, mientras que (Martínez de la Rosa fue su primer prototipo) era entonces el político que visto de lejos parecía siempre vestir de un color diferente, pero que de cerca delataba carecer de color definido y concreto. pasó de ser un cuerpo celeste fijo a designar un político reacio al cambio: José María Aznar, por ejemplo, es hoy una persona debido a no ser partidario de que se cambie, ni siquiera que se retoque, la Constitución de 1978. No me atrevo a calificarle de o , aunque me lo parezca, pues con toda evidencia no es avaro y menos aún jorobado, con lo que sus enemigos pueden llamárselo en español pero no en portugués. En el castellano que se hablaba en Quintanilla de Onésimo antes de la tra(ns)ición, más de uno se atrevería a calificarle de unos por verle como carcomido o carcamal y otros como simple hombre aviejado en ideas y formas políticas. Por esa misma razón, sus enemigos podrían llamarle contrario a , o , e incluso pues de sobra se sabe que todo lo contrario son -¡faltaría más!- los socialistas, los comunistas y sus respectivos dirigentes…

Ya es suficiente por hoy. Seguiré dándole al pandero en cualquier otro momento.
 

EL DIPUTADO DESCONOCIDO
Por Ángel Palomino

Ha sido una larga y fatigosa tarea -años-, paciente tarea, en ocasiones servidumbre humillante, pero ya está: consiguió que lo subieran en la lista electoral, ascender desde los puestos de cola a la zona de los tusalesseguro. Número diez en una lista que, según los sondeos y la historia obtendría entre diez y catorce escaños. Y así ha sido: han conseguido once y él ya es diputado autonómico, al servicio de la ciudadanía. Diputado -y lo que venga- para toda la vida.

Qué bien: un trabajo para toda la vida, lo que me recomendaban mis padres. Qué contentos estarán.

Sus jefes le han entregado la herramienta de trabajo: su única herramienta: el voto. A él lo han votado, para que vote: toma el voto. Pero es nuestro, ya lo sabes.

-Claro que lo sé; descuida.

No pregunta: sabe cómo ha de manejar su herramienta. Todos los días acudirá a la obra, el salón de plenos, las salas de comisiones, con su voto limpio, bruñido, engrasado, ese va a ser su trabajo, esperar que el presidente o la presidente disponga que se someta a votación algo de lo que han hablado los portavoces, para defenderlo unos, para vituperarlo otros y, alguno, para conceder un reticente apoyo.

Es el momento de mirar al jefe del equipo, al capataz, consultarle con la mirada. Este jefe ya es conocido, repite cargo; tiene tres contraseñas. 1) Se agarra las manos como saludándose a sí mismo significa SI. 2) Levanta la mano derecha abierta: significa Abstención. 3) Corte de manga con el puño izquierdo cerrado y golpe de mano derecha abierta en la articulación brazo-antebrazo izquierdos, significa NO. Este código de señales siempre produce indignación entre los trabajadores adversarios y, en los casos de voto negativo, es ocasión de pateos, insultos y amonestaciones de la presidencia.

El trabajador novato -en general- durante los descansos o al término de la jornada laboral, guarda su preciado voto y se va a los pasillos en busca de algún encuentro casual con periodistas; con alguno de tantos que andan por allí. Pero nunca le hacen preguntas los periodistas. Ni nadie; hay quien ha estado veinte años trabajando en lo del voto, cumpliendo como un honesto asalariado, y se jubila sin merecer la atención de la prensa y sin haber hecho uso parlamentario de la palabra. Nunca se le presentó esa oportunidad; ni en la presidencia recuerdan su nombre. En la tribuna de prensa, menos.

El Diputado Desconocido intuye lo mucho que puede valer su escaño. Lo pensó desde que se hicieron públicos los prietos resultados electorales. Si se fugara al Grupo Mixto, su voto le daría el mayor poder que es posible tener en la actividad política: el de gobernar, decidir, legislar sin miedo a mayorías ni a minorías; su voto es oro.

En la sesión de apertura, su plan era muy sencillo: dejar su voto quieto, guardado: abstenerse, faltar a su deber y aguantar el chaparrón con cara de póker.

Pero se produjo un acontecimiento inesperado: dos compañeros -diputado y diputada- habían desaparecido llevándose la herramienta. El Diputado Desconocido comprendió que le habían pisado la idea: tendría que esperar a otras elecciones y preparar mejor la operación.

Luego, asistió al esperpento. Los fugitivos ya no eran compañeros: eran basura, eran corruptos; guerra de improperios, querellas, decisiones y afirmaciones contradictorias, secretas amenazas hasta de muerte y, desde luego, de ruina; los dos «corruptos» se rodearon de abogados; escondídos en costosos refugios, aparecían y desaparecían entre insultos: no tenían nombre ni apellidos; eran, simplemente, «esos corruptos».

Y el Diputado Desconocido empezó a sentirse contento por su fracaso: de buena se había librado.

Porque -ahora lo ve- él no había sabido procurarse una base financiera. Carece de medios para atrincherarse por todo lo alto y resistir. Lo hubiesen machacado.

Verá cómo se les arregla. Lo primero que necesita un diputado de su perfil económico inicial es corromperse bien. Luego podrá disponer de su voto; hacerlo trabajar para él: está aprendiendo mucho. Y muy deprisa.

Entonces, además de enriquecerse, podrá enfadarse y hasta querellarse cuando lo califiquen de corrupto. O de corruto. ¿Corrupto yo? No lo consiento. Tendrá usted noticias de mis abogados.

Está ahí, agazapado en su escaño. Nadie conoce sus pensamientos: ni los imaginan. Sólo él cree en su futuro.
 

PUEBLO SOBERANO
Por Jesús Flores Thies

A cada momento nos recuerdan los políticos, y se felicitan por ello, que su poder les viene del pueblo que es quien les elige en votaciones libres y democráticas. Luego la realidad es muy otra, no ya en las Vascongadas, donde manifestar pública o privadamente una opción política, es pedir plaza en «La Virgen de Begoña» como paso previo al cementerio, sino viendo cómo se mueve, manipula o conduce a esta sociedad hacia donde interesa a los verdaderos manipuladores del poder.

Se decía que el «franquismo» se mantenía embruteciendo al pueblo con fútbol, las películas de la Sarita y las fotonovelas de Corín Tellado. Luego ha resultado que el fútbol se ha convertido, con la democracia de las libertades, en un dios omnipresente; Sarita se ha trasformado, además de en una sombra de sí misma, en una roja de toda la vida; y Corín Tellado ha conseguido sacar de alguna parte su pasado «republicano» y hoy hasta la seleccionan en colecciones de libros clásicos. Si antes era Franco el culpable hasta de las sequías, como cada palo ha de aguantar su vela, la democracia de las libertades (presuntas) es la responsable del perfil de nuestra sociedad, es decir, del pueblo soberano cuya «sabiduría» sabe elegir a quien debe gobernarle durante cuatro macizos años.

Cuando vemos la inmensa, enorme, desorbitada y hasta hortera manifestación multitudinaria alrededor de un futbolista inglés; la millonaria aceptación del pueblo soberano de la televisión basura; las manifestaciones broncas, con banderas rojas y de la segunda república contra esto o aquello, que siempre acaban destrozando «el mobiliario urbano» o las ciento y pico sedes de un partido político, y sin detenciones; cuando vemos las banderas españolas quemadas en el césped de campos de fútbol en Vascongadas o Cataluña ante el entusiasmo, la indiferencia o la cobardía del gentío, sin reacción oficial alguna; o las depredadoras manifestaciones por el triunfo de esta liga o aquella copa en los lugares más céntricos cuyos monumentos hay que proteger; o la juventud amontonada los fines de semana en plazas y discotecas, con «botellón» o con pastillas alucinógenas, y con sus cabezas vacías de ideas que, de tenerlas, con el tremendo ruido no las podrían expresar; o cuando vemos que el mejor consejo que se da a estos jóvenes es «póntelo, pónselo»; o nos «felicitamos» por record conseguido por un astuto fotógrafo que ha despelotado en Barcelona a muchos centenares de cretinos... Viendo todo esto nos preguntamos: ¿y toda esta tropa, a quién vota?, ¿son ellos los que nombran, quitan y ponen gobiernos?, ¿o son simplemente multitudes de paja para los partidos políticos que se aprovecha animando a su bajo vientre como motor de su cerebro?

Pero un día vemos las multitudes que acuden a la visita del Papa, multitudes cuyo aspecto exterior resulta sorprendentemente limpio y alegre; las que acuden al desfile del Día de las Fuerzas Armadas, incluso al descafeinado de Barcelona; a nuestros soldados que van o vienen casi sin ruido de sus misiones en el extranjero o para hincar el hombro (más que nadie) limpiando el chapapote en las playas de Galicia...; entonces nos damos cuenta de que, además hay millones de españoles que no salen ni hablan jamás por radio o televisión, que no existen para la prensa, y nos damos cuenta de que lo más importante de nuestra sociedad no es la que se ve sino la que no se ve, es decir, nuestras sociedad silenciosa que es la que con más tesón se resiste a la droga mental que tratan de inocularla con dosis de caballo. Esta sociedad es como el «arpa» del poema que está esperando la mano que hará vibrar de una vez sus cuerdas.
 

SEDUCCIÓN JUVENIL POR LA FALSEDAD EN POLÍTICA: REFORMA DE LA LEY ELECTORAL
Por J. M. G. Páramo

Es obligado ir contra los «pactos del caos» construidos con material y espíritu demoníaco. Por algo, el demonio es «padre de la mentira» y de propina «rey de las moscas». ¿Es justo que los adversarios de los más votados se desplacen por los menos votados con propuestas contrarias e ideologías independentistas y comunistas, a veces, «intrínsecamente perversas»? Ni es justo ni es proporcionado ni equitativo ni funcional para la democracia. Ni los perjudicados por ese error de la Ley Electoral; los favorecidos, cuando tienen vergüenza, deberían subsanar el yerro y evitar sus anti-democráticos efectos como el de impedir el gobierno en mayorías minoritarias. Si el PSOE fuera el más votado en cada jurisdicción, ¿aceptaría ser desbancado por un pacto PP-CiU-CC? Hoy por nosotros mañana por ellos hay que conseguir los votos necesarios para suprimir los pactos posteriores, conózcanse las alianzas antes. ¡Sepa el elector a qué se arriesga! Eso equivoca a las mayorías y les priva de participación. Acaso podrían aceptarse los pactos anteriores y así los votantes y los partidos darían cuenta de la soportabilidad de lo resultante y todos adquirirían la ventaja de saber dónde apretar o no competitivamente. Si no se sabía con seguridad el pacto de progreso, ¿lo quería el pueblo, o quisieron PSOE, BNG, PNV, EA, etc,..?; novias en cada puerto, que evidencian que en el PSOE no hay disciplina ni seriedad en el pacto contra el terrorismo por ellos propuesto. ¿Puede en la España de los reinos de Taifas y el caciquismo haber un partido federal?.

¿Cómo evitar ese incordio y obstrucción a la democracia gane quién gane?

B. Pendás, otros profesores y analistas sugieren:

1. La conveniencia de tener claros los pactos antes de los comicios y prohibir pura y simplemente los posteriores.

2. Introducir la 2ª vuelta (si el pacto no es previo). La 2ª vuelta elimina cuanto se trata de ocultar. La «mayoría gana», siempre con ella.

3. Hay que limitar el afán expansivo de los partidos como sea (el transfuguismo, propiedad de las actas). «Los nuevos jacobinos centralistas» en las autonomías y las administraciones no deben conseguir por unión post-: el triunfo de los menos votados sobre los más votados que siempre tienen esa posibilidad antes de la votación. Es menester -insistimos- reformar la Ley Electoral.

4. Más osado es consensuar que los más votados por el mismo hecho obtengan el 51% del poder. Sea el PSOE, sea el PP u otro, sólo se puede gobernar con consenso, sí pero con mayoría absoluta.

5. La gobernabilidad padece y se adelgaza por la adquisición del poder, por los no elegidos que además obturan -repito- la participación de los hombres y fuerzas mayoritarias. Mañana el PSOE, hoy el PP, tienen que ver que esto es favorable para cualquier fuerza realmente representativa y seria.

6. Esta modificación la exige la ética y el pragmatismo. Los beneficios del adversario tienen que reducirse al mínimo sin aprovechar de lagunas legales.

7. Hay que tipificar penalmente el engaño de los agregados y colectivos como la juventud atrapada en la desorientación y la abulia, en el post-modernismo y la ignorancia (cuyo origen fue la fallecida LOGSE). El abuso del derecho de opinión, del derecho de manifestación (¿qué hacen los sindicatos protestando contra la política exterior?). Tipificar la injuria, la calumnia, la difamación, la contumelia, llamar «asesinos» a gritos, en pancartas, el tachar de «criminales» a los adversarios y a las gentes de la ayuda humanitaria del PP, es claramente excesivo, como lo es la violencia hacia las sedes de un partido, se haga directamente o se dé ocasión para ello.

8. Vender en la campaña electoral radicalismo y nacionalismo favorece a los radicales y separatistas como se ha visto el 25 M.

9. Es de justicia social y electoral ser rígidos en muchos ayuntamientos y alguna comunidad, lograr el poder por un pacto posterior con un aliado poco o no deseado ni deseable.

10. El pluralismo excesivo es caótico, el «pluralismo» del pensamiento único constituye el fundamento de la tiranía. Juguemos al Centro y a la reforma social.

11. No es injuria recordar la corrupción, el GAL, lo sentenciado y/o el haber realizado mucho más del doble que otro partido en la mitad de tiempo y legislaturas. Todo lo relacionado con la tipificación hay que estudiarlo para no desbordar las elecciones, como estuvieron y tal vez aún estén. El agnosticismo que ama desordenadamente el poder y el dinero no es garantía de nada. No es injuria recordar la cárcel merecida de algunos altos cargos y la no devolución de los dineros desaparecidos. Camus decía: «Yo sólo creo en los que creen».

12. Es imprescindible roforzar las riendas del caos y el desorden público a que se puede llegar por el abuso de derechos, también tipificable como la falta de limitación de la responsabilidad y por embustir e incumplir deberes de los máximos responsables. Hay que tipificar en el Código Penal muchas conductas anti-democráticas e inmorales como el engaño.

13. Conviene recordar que el comienzo de todos los males ha sido la mentira del tentador (215). El deseo de ser dioses, del poder o de la nada nacen del príncipe, padre de la mentira. El paso siguiente es sustituir a Dios por un ídolo (392). Los límites y errores desfiguradores exponen a la desesperación más radical (844). Maldecir, vanagloriarse, dejarse llevar del orgullo y la soberbia son medios ilícitos corruptores de los buenos (1753). El hombre participa de la sabiduría de Dios, confía en Él su dominio de sí, se rige por la verdad y el bien y, por supuesto, discierne la verdad y el engaño, el bien y el mal (1954). El juramento en falso constituye la reprobación de Dios. Él es la norma de toda verdad, poner al Dios (al innombrable) por testigo del engaño es un envilecimiento y puede ser una canallada (2151). Creado el hombre en la justicia y la santidad de la verdad tiene que rechazar toda malicia, engaño, hipocresías, cinismos, envidias, maledicencias,.. (2475). La mentira es ofrecer la falsedad como obra elíptica del diablo, nunca hay verdad en el engaño procedente de la mentira (2482). El discernimiento de espíritus desenmascara al falsario, el hombre sencillo y bueno es obrero según el espíritu y aborrece nuestra miseria (2848). Homicida Satanás, desde el principio, mentiroso y engendrador de la mentira seduce al mundo entero; por él, el pecado y la muerte entran en el mundo. «El mundo entero yace en poder del maligno» (2852). El hombre sosegado ama la bondad, ser afable, manso, benigno, clemente, apacible, siente la piedad, la generosidad, la abnegación, la indulgencia y es magnánimo, tiene grandeza de espíritu. La mayor merced, el mayor bien, le llevan a evitar las coacciones externas a Él y sabe que su norma máxima tiene que ser practicar el bien y evitar el mal (1777). Todos estamos obligados a buscar la verdad con amor, paciencia y prudencia. Respecto al destello de verdad que hay en todas las religiones debemos ser respetuosos y libres y no testimoniar en falso (2463 y 24). Los hombres que son como hay que ser no falsean la verdad en las relaciones con los demás. Las ofensas a la verdad en palabras y gestos son rechazadas por la rectitud del hombre nuevo que evitan las infidelidades que socavan las bases de la alianza entre los hombres y Dios.

En el Vol. VII, pag.293ss, Michael Schmaus engarza unas bellas reflexiones tranquilizantes del creyente cuando su adversario le derrota por distinta apreciación del bien y del mal: «Dios tiene un plan eterno que tiene que ser cumplido en cualquier caso y a través de todas las dificultades y resistencias. Nada puede ocurrir sin que Dios lo haya permitido, sin que Él lo quiera y haya querido como ocurre. Tod lo que ocurre en el mundo, todo lo que acontece al hombre, todo lo que el hombre hace libremente, Dios lo hace. Incluso cuando calla sigue siendo el poderoso conductor de la historia. También obra en el silencio. El silencio de Dios es activo, a pesar de los gritos de los paganos y de los gestos revolucionaros de los reyes de la tierra. "El que mora en los cielos se ríe, Yavé se burla de ellos". Dios usa para su acción histórica como instrumento los poderes naturales y los pueblos. El ordena los poderes enemigos en su plan histórico de forma que precisamente en su obstinación antidivina se convierten en realizaciones de sus decisiones. El nunca saciado instinto de presa y el titánico impulso de poder son en la mano de Dios un medio para la realización de su plan histórico. El asirio es sólo el hacha con que corta, la sierra que maneja. Nabucodonosor, el señor del mundo, es su siervo. Ciro, el conquistador del mundo, fue creado por él. La victoria del persa es en realidad victoria de Dios. No es el hombre quien hace saltar los cerrojos de las ciudades enemigas, sino que es Dios quien los destruye. Todos los vencedores de la historia son instrumentos de Dios sin que lo sepan. Persiguen sus planes egoístas y con ello cumplen los planes de Dios. Cuando los realizadores del plan histórico de Dios, elegidos por Él, hayan cumplido su tarea, serán también sometidos a juicio. No pueden, por tanto, enorgullecerse con el vano esplendor de su éxito ni elevarse sobre los vencidos como favoritos de la providencia divina. Por eso la historia es también su palabra; por sus obras habla Dios con los hombres. Ninguna desgracia puede caer sobre los hombres antes de que Él lo permita. Sólo cuando el cordero abre el sello del libro de los destinos pueden irrumpir las tribulaciones sobre los destinos. Cada una de ellas conduce al mundo un poco más cerca de su fin. Como con voces de trueno llama Dios a sus mensajeros, a los que traen la desgracia, con un cuádruple "Ven".

»La obra de la criatura no es rebajada con ello a una mera apariencia. Aunque Dios es el autor de todo acontecer, el transcurso de la historia depende, sin embargo, del hombre. Todas las acciones de la criatura son acciones de Dios, sin embargo la criatura es responsable de sus obras. Su acción, precisamente por ser creada, es decir, omnilateralmente dependiente, es soportada por la acción de Dios creador. La libre decisión del hombre está incorporada a la decisión de Dios en una incomprensible compenetración de la acción humana y divina...

»Se extiende hasta toda la vida de la creación. El hombre es por voluntad de Dios representante de toda creación. Esto se ve en su dominio sobre ella, pero con especial fatalidad en el hecho de que la creación fue arrastrada a la maldición. Pues toda la creación fue sometida por la decisión antidivina del hombre, señor suyo puesto por Dios, a la esclavitud de la caducidad. A cualquier parte de la creación que se dirija la mirada se ofrece la imagen de la caducidad. Este es el primer gran poder del cosmos. El cosmos no es capaz de producir vida imperecedera. Está inevitablemente bajo la ley de la muerte. Mientras que entre los griegos la historia humana era un fenómeno dentro de la vida cósmica, según la Revelación cristiana el acontecer cósmico es un fenómeno dentro de la historia humana. El hombre es el destino del mundo...».


 
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