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Altar Mayor - Nº 87 (15)
Viernes, 25 julio a las 19:17:17

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 87 – julio-agosto de 2003

EL PERONISMO
Por Gustavo Morales

A Javier Iglesias, hedillista de los 70 y miembro del movimiento argentino de los Sin Techo en los noventa, asesinado en 1996 en Buenos Aires.

INTRODUCCIÓN

Estas líneas son militantes, no neutrales. Recogen el desarrollo de una situación con la vocación expresa de aprender de ella cuanto contiene de válido y universal para el mundo hispano. El presente trabajo no pretende exponer con erudición el proceso revolucionario que llevó a la génesis del movimiento peronista ni sentar las bases de una tesis doctoral sobre el justicialismo argentino. Su propósito es, más bien, repasar los avatares de la Argentina tercerista desde una perpectiva diferente, la española. No priorizamos cuándo sino cómo. En resumidas cuentas, como bien dice Horacio R. González, «el problema irresuelto no es saber quién o quiénes votan, sino dónde se vota y qué se decide». En resumidas cuentas, no aceptamos limitar la democracia al ámbito formal de las libertades políticas, hemos de extrapolarla considerando la justicia social una base de partida y no un fin, es decir, institucionalizar la democracia industrial o económica. A esto se opondrán con fiereza cuantos loan las virtudes del parlamentarismo partitocrático pues destruye los fundamentos de su poder real, dado que parte sustancial de la libertad es la independencia económica.
 

ANTECEDENTES: LA CRISIS DE 1929. ASCENSIÓN DE LA BURGUESÍA NACIONAL Y DEL PROLETARIADO URBANO

Iberoamérica, como cualquier región preindustrial, basaba su economía en la exportación de productos primarios. La crisis mundial de 1929 produce el derrumbe de dichas ventas, privando a la América Hispana de las divisas necesarias para las importaciones. Las restricciones en la demanda reducen los precios de esos productos. La disminución en la cuantía de las exportaciones más la bajada del precio unitario multiplican las pérdidas que inciden en las balanzas de pagos. La importación de toda Iberoamérica cae un 31% en el quinquenio 1930-35, lo que supone un 37% menos de capacidad de importación por habitante. La crisis evidencia la caducidad del sistema imperante, aparecen nuevos modelos: la democracia populista y la dictadura militar colegiada. El antiguo régimen realiza variopintos esfuerzos, tan peregrinos como el intento de la oligarquía argentina por convencer a Inglaterra que Argentina formaba parte del Imperio Británico. No se pudo dar una confesión más paladina de subordinación colonial que el acuerdo Roca-Runciman, sometiendo a Argentina al dominio económico de Inglaterra, en lo que se conoce como la Década Ominosa, de la que hablaremos más adelante.

Las carencias fuerzan a la industrialización nacional por sustitución de importaciones. Emergen dos nuevos actores sociales en las naciones hispanas: la burguesía y el proletariado nacionales. El proceso es impulsado por la burguesía que producía para el mercado interno, en detrimento de la oligarquía orientada al comercio exterior. Este desarrollo industrial propicia un enorme crecimiento del proletariado, tanto más importante en su aspecto cualitativo que en el cuantitativo. La nueva clase no procede ya de la emigración exterior sino del interior. Así, en 1895, el 59% de la población de Buenos Aires es extranjera. En 1914 lo es el 48%. Y en 1954 sólo lo es el 19%. Han ido creciendo los porcentajes de población nacida en Argentina que ha ido a parar a Buenos Aires, peones que marchan a las ciudades en pos de mejores salarios. Menos cualificados en el ámbito de experiencias sindicales, transforman la composición del proletariado nacional. Y esa transformación es básica para entender cómo nacen los movimientos de contestación, dado que ese nuevo proletariado es más antioligárquico que antiburgués. Los comunistas son incapaces de penetrar en el nuevo proletariado por no entender el origen agrícola del mismo, ya no son obreros emigrados de Europa y Oriente Medio. El rígido discurso monoclasista del marxismo fracasa, no comprende al nuevo proletariado. El peronismo asumirá la función de ser el instrumento que expresa los intereses de ese proletariado nacional emergente.

Con la universalización de la Segunda Guerra Mundial (SGM), Sudamérica acentúa la industrialización. La producción industrial, aportación de la burguesía a la economía nacional, supera a las exportaciones agropecuarias de la oligarquía, a pesar del incremento de ventas de productos primarios a los beligerantes. Crece el atesoramiento financiero sin poder usar las divisas obtenidas al carecer de mercados disponibles.

Iberoamérica contribuye a la victoria aliada congelando los precios de sus exportaciones. Al finalizar la guerra, los países industrializados vencedores, en especial Inglaterra, pagaron el favor devaluando drásticamente su moneda, con la consiguiente reducción del valor de las divisas atesoradas por los países del área iberoamericana. En cambio, con el mismo fin, los Estados Unidos procedieron a la subida de los precios industriales, trasladando el coste de la contienda a Iberoamérica.

Esta situación enmarca la aparición de los fenómenos populistas que, en definitiva, reflejan la coincidencia eventual de los puntos de vista de la burguesía y del proletariado nacionales. Estos movimientos populistas que agrupan a grandes cantidades de proletarios de zonas urbanas, no tienen nada que ver con los llamados movimientos populistas de EE.UU. y URSS que, básicamente, están en contra de los procesos de industrialización. El populismo iberoamericano es una consecuencia de tal industrialización. Los movimientos populistas nacen al calor del cambio social consecuencia de la industrialización llevada a cabo por la burguesía, quien no asume la tarea de montar un entramado político propio. Serán los militares nacionalistas quienes lo hagan: el Estado Novo brasileño, el peronismo argentino y el velasquismo peruano.
 

ESTRUCTURA DE LA DEPENDENCIA ARGENTINA. LA DÉCADA INFAME

El caso argentino ha sido un modelo claro de país colonial y dependiente. Argentina aceptó el papel asignado por los anglosajones en la división internacional del trabajo, ciñéndose al proyecto librecambista. La independencia supuso el paso de ser colonia a neocolonia. Los grandes propietarios de tierras hicieron de intermediarios entre la metrópoli británica y el satélite argentino, en contra de los intereses de la burguesía manufacturera e industrial.

Argentina tuvo, en teoría, las potencialidades de EE.UU. para desarrollarse. Sin embargo, mientras que en Norteamérica hubo una minoría que atendió a sus intereses conjugándolos con los de la colectividad, en el sur de América esa minoría sacrifica los intereses comunes en favor suyo exclusivamente. Nace la Argentina centrada en el puerto de Buenos Aires, a instancias de Inglaterra y a su servicio, llegando a ser, como Irán e India, uno de los diamantes más preciados de Londres. La época de mayor sometimiento de Argentina a Inglaterra se conoce como la década infame, período en que el Banco Central, la Compañía de Transportes y otras instancias públicas funcionan con capital inglés.

Lo mismo que en el terreno económico, en los terrenos políticos y sociales se denota también la misma situación de postración. La crisis de 1929 es un duro golpe a la clase terrateniente, al retraerse la demanda de exportaciones argentinas. Las clases medias, aupadas por la industrialización que protagonizan, accederán poco tiempo al poder a través de la Unión Cívica Radical, liderada por Hipólito Irigoyen. En 1930 el general Uriburo da un golpe militar y derroca a Irigoyen, en defensa de los intereses de la oligarquía. La minoría agroexportadora está plegada sobre sí misma y pendiente, de forma absoluta, de los designios de Inglaterra. El presidente Augusto Justo asume la vuelta a la normalidad hasta 1938. En las elecciones de ese año obtiene el triunfo el candidato conservador del Partido Democrático Nacional, siendo elegido Roberto M. Ortiz, quien abandona el poder para morir en 1942. Le sucede el vicepresidente Ramón S. Castillo, conservador pero con una visión diferente, pues es proclive a los sectores burgueses industriales del interior, con lo cual da un quiebro a las relaciones de dependencia con la metrópoli inglesa. Esta línea de mayor independencia se concreta en la negativa de Castillo a romper la neutralidad ante la Segunda Guerra Mundial (SGM) como solicita EE.UU. La casta militar argentina, representado por el Grupo de Oficiales Unidos (GOU), comparte la opción de la neutralidad, dado que es claramente nacionalista y hostil a EE.UU. e Inglaterra. Castillo, a su pesar, es incapaz de resistir las presiones de su propio partido, que exige un candidato partidario de la beligerancia en la SGM.

Los peones argentinos, sin perspectivas de conseguir el poder, sólo votan porque es obligatorio para conservar la libreta de enrolamiento, optan por el candidato que impone el hacendado. La población obrera tampoco goza de derechos laborales legítimos, aunque se encuentre en mejor situación que la de otras clases obreras del subcontinente. Hasta entonces, la CGT está controlada por los partidos socialista, muy moderado, y comunista, plegado a las directrices de Moscú, con y sin Komitern.
 

EL RÉGIMEN MILITAR NACIONALISTA Y PERÓN

El 4 de junio de 1943, se levanta el Ejército a instancias de los conservadores. La nueva Junta Militar también asume la función de ser instrumento político de la burguesía industrial. El monopolio político de la clase oligárquica reduce su base económica, la industria y la manufactura habían rebasado ya la producción agropecuaria. Y a eso va a responder el golpe militar, un golpe tan desordenado que ni se molestó en publicar documento alguno para explicarse.

Arturo Ravasen ocupa la presidencia un solo día. El GOU le sustituye por el general Pedro Pablo Ramírez, que designa como ministro de la Guerra a E. Farrell, quien a su vez nombra secretario de ese Ministerio a Juan Domingo Perón, encargándole mediar en un conflicto obrero de la rama de los frigoríficos. Perón soluciona el enfrentamiento y descubre su aptitud en estas cuestiones. En las postrimerías de 1943, consigue el nombramiento de director del Departamento Nacional de Trabajo, desde donde presiona para que sea transformado en Secretaría o Ministerio. Consigue crear la Secretaría de Trabajo y Previsión (STP). Con ella realiza una labor urgente de acercamiento de los trabajadores al régimen, organizando reuniones y comisiones con diferentes secciones de la CGT. Los trabajadores constatan que Perón es el primer hombre que les recibe, les atiende y resuelve sus problemas, aumentando sus salarios y mejorando sus condiciones de vida. A la vez, Perón propicia encuentros con los empresarios para hacerles entender que la elevación de los salarios obreros beneficia a todos. Su amplia política social de mejoras gana el apoyo de las organizaciones sindicales y obreras. Desde la STP realiza un estatuto del peón o trabajador del campo. Por primera vez el campesino es equiparado al obrero, para disgusto de la oligarquía latifundista. Perón también legisla para estabilizar el monto de los arriendos que los campesinos pagan por las tierras alquiladas. Su actuación le acerca cada vez más a los campesinos, quienes engrosan las filas de sus seguidores.

Washington presiona a Ramírez para romper la neutralidad, tachando al proyecto argentino de fascista. El presidente accede y corta relaciones con el Eje en 1944. El GOU rechaza el cambio y, el 25 de febrero de 1944, Farrell releva a Ramírez al frente de la Junta Militar. Perón asume el Ministerio de la Guerra, sin dejar la STP, y, poco después, ocupa, también, la vicepresidencia. Es el hombre que más poderes concentra, asumiendo gran número de responsabilidades, gana popularidad en el pueblo y animadversión entre los oligarcas. A la postre, Farrell cede a las presiones aliadas y declara la guerra a las potencias del Eje en marzo de 1945, poco antes del fin de la SGM, sin otro valor que el testimonial.

La política de los militares nacionalistas es la habitual: suspensión de los partidos políticos y de las libertades, sin osar construir un estado totalitario. Como evidencia, la abolición de la partitocracia es meramente provisional. Ni sus más enconados enemigos tachan a esa dictadura de sanguinaria, ya que no hay represión política. En el ámbito económico se alienta el desarrollo de la industria nacional, facilitando créditos baratos por medio de la creación del Banco de Desarrollo Industrial. El Gobierno también interviene una serie de compañías de capital extranjero. Esta política nacionalista y proindustrial es acompañada de una política obrerista y laboral protagonizada por Perón y la CGT.

La presión interior y exterior aumenta contra el régimen. La oposición oligárquica exige, en junio de 1945, el cese de Perón a lo que Farrell se niega. Las presiones de las clases pudientes, los empresarios y los partidos de izquierda cuajan en un sector militar que da un golpe de Estado. La guarnición de Buenos Aires impone a Farrell la destitución de Perón, quien responde con una dramática maniobra: Tras obtener autorización de Farrell para despedirse de la STP, radia su discurso a todo el país, incitando a las masas, las recuerda un decreto de mejoras sociales recién firmado que no puede llevar a cabo al cesar. Perón se retira con Evita a su «Quinta del Tigre». La oligarquía empuja a la Armada argentina a detenerle y encerrarle en la isla de Martín García, en la desembocadura del Río de la Plata. Paralelamente, ese año, la heterogénea oposición exige el retroceso a la democracia liberal. Contra la Junta Militar se alinean los grandes propietarios, los partidos de izquierda y los universitarios, que forman la Unión Democrática. La coalición es manejada, descaradamente, por el embajador norteamericano S. Braden, exponente perfecto de los intereses imperiales de su país en el subcontinente. Braden organiza una manifestación en Buenos Aires, el 17 de septiembre de 1945, so pretexto de tornar a la «normalidad democrática». El régimen militar, sin proyecto distintivo, negocia transferir el poder a la Junta Suprema de Justicia, encargándola la vuelta al parlamentarismo. Nadie pide opinión a un nuevo y vigoroso protagonista, el proletariado argentino, identificado con J. D. Perón.

Los trabajadores entran en escena. El 17 de octubre de 1945, la CGT lanza una huelga general salvaje, que se extiende por fábricas y talleres. Una gran multitud marcha hacia la Plaza de Mayo, sede de la Casa Rosada, el palacio presidencial argentino. Farrell ante la gigantesca manifestación da un giro a su política y ofrece a Perón la vuelta a la situación anterior. Perón rechaza la oferta, sabe que es el momento de presentarse a las elecciones democráticas que pide la oposición. La CGT expone sus reivindicaciones a Farrell, entre las que destaca su oposición a traspasar el poder a la Corte Suprema, la exigencia de libertad para Perón y la fijación de plazos para las elecciones democráticas.

Este 17 de octubre es clave en la historia reciente de Argentina, marca el paso de una época oligárquica a otra revolucionaria. Washington pierde influencia. Los reaccionarios pactan por doquier para minar el poder de Perón. La alianza entre la oligarquía y la izquierda se enmarca en el frente común mundial contra el fascismo, dado que acusan frívolamente al peronismo de fascista. Al contrario que en Europa, en el caso de Argentina, la izquierda es la compañera de viaje de la oligarquía.

Dados los acuerdos Farrell-CGT, la convocatoria electoral se fija para el 24 de febrero de 1946. Acuden, por un lado la Unión Democrática, amplia coalición que reúne a todos los partidos de la oposición, presenta como candidatos a Tambeini-Mosca. Por otro, la candidatura obrera con Perón para presidente y Quijano como vicepresidente. Ningún partido importante respalda la candidatura de Perón, sólo el pequeño Partido Laborista, fundado por líderes sindicales, y una fracción de la UCR, la más nacionalista e irigoyenista en torno al núcleo denominado Forja. Perón sí cuenta con la masa obrera de la CGT que ha pasado de tener 500.000 afiliados a 4.500.000. Perón quiso atraer al Partido Comunista, pero fracasó dado el cerril acatamiento del PCA a Moscú.

El planteamiento electoral peronista fue muy radical: Elegir entre Argentina o EE.UU. Todos aceptan que las elecciones de 1946 son totalmente limpias. El resultado es la amplia victoria de la candidatura Perón-Quijano, con el 52,40% de votos, seguida por la Unión Democrática con el 42,30% de votos. Perón supo movilizar enérgicamente a los obreros y a las masas populares, empleando la radio y desvinculando a los campesinos del voto cautivo a los terratenientes.
 

PRIMERA PRESIDENCIA DE PERON (1946-52)

Perón asume democráticamente el poder el 4 de junio de 1946. El balance de su primer sesenio es muy positivo, materializado en grandes transformaciones para el país.

La gestión se inicia con varios apoyos: La mayoría del Ejército de Tierra, de carácter nacionalista y antibritánico; la masa popular, encuadrada por la CGT; y el Partido Laborista escindido de la UCR. Los tres sectores van cristalizando en un movimiento, germen del Partido Peronista, en torno a la figura carismática del General. Eva Duarte crea el Partido Peronista Femenino.

El programa inicial del movimiento es sencillo, defiende principios de amplio espectro. El discurso peronista lanza diversos lemas en dos frentes: el justicialista, pretende llegar a la equidad social quebrando la fuerza de la oligarquía, y el tercerista, cortando los nexos con la metrópoli exterior. La primera etapa del gobierno peronista se caracteriza, en el ámbito doméstico, por cuatro objetivos, que irá consiguiendo inexorablemente:

a) Redistribución de los ingresos. Elevación de los salarios y subida controlada de los precios.

b) Acabar con el paro mediante una política de pleno empleo. Incremento de la oferta de empleo público.

c) Intervencionismo del Estado en la economía por medio del sector público. Expansión del gasto público.

d) Desplazamiento del capital extranjero sobre la base de una política de nacionalizaciones, por etapas, de los bienes de otros países en Argentina.

La CGT adquiere un peso importante en la configuración del poder político. Se intensifica la legislación obrera anterior. En el ámbito económico, ya desde la STP, Perón, bajo la presidencia de Farrell, adoptó dos medidas fundamentales: a) La creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), ente que monopoliza la venta de los productos que Argentina exporta, con lo cual los beneficios del intercambio los recibe el Estado, y éste los emplea en la promoción de la industria. b) La nacionalización del Banco Central, que hasta ese momento estaba en manos de capitales ingleses.

Perón continúa esa política, de la que es autor. Nacionaliza los ferrocarriles y las compañías de gas; crea una empresa de energía argentina; establece un plan quinquenal que tiende a promocionar a la industria, a pesar de la entonces deficiente estructura de la industria básica. El peronismo cumple sus objetivos económicos. A fines de los cuarenta, Argentina alcanza el pleno empleo y crece en dos tercios la participación del capital extranjero en la economía nacional. Perón impulsa el avance del Estado en el control económico, la reducción de la aportación extranjera en la misma, el aumento del empleo y el incremento salarial.

Políticamente, el peronismo completa su definición al lanzar la idea de lo que se conoce como «tercera posición», tanto en el orden exterior como en el interior, coincidiendo con el fin de la SGM, en plena luna de miel entre todas las fuerzas políticas que han luchado contra el fascismo. La formulación tercerista queda equidistante entre las posiciones liberales occidentales y las soviéticas. Para ello, el mismo mes que Perón asume la Presidencia establece relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. También hay un entendimiento con el régimen franquista, que se materializó con el envío de barcos cargados de alimentos para paliar el hambre, provocada en España por el bloqueo internacional. Ambas naciones firman un protocolo de colaboración económica, que no se aplicó nunca y hubiera supuesto la formación de cierto mercado común. Más adelante, en la segunda legislatura peronista, las relaciones bilaterales se enfriaron hasta casi romper relaciones diplomáticas.

Con relación a Iberoamérica, el modelo peronista estuvo siempre a favor de la unidad del subcontinente. Perón realiza amplia propaganda en toda la América Hispana: «El año 2000 nos verá unidos o colonizados», con lemas muy hostiles hacia EE.UU.

Los críticos del peronismo argüyen que la primera fase del modelo justicialista mantiene aún lo esencial de la economía capitalista, corregida por medidas de orden socio-económico. Obvian la intención expresa de Perón y algún otro teórico del peronismo, como el padre Hernán Benítez, cuando hablan de rebasar los moldes del sistema capitalista, proponiendo un modelo político con tendencias socializantes. En el ámbito doctrinal, el justicialismo que Argentina vive es un sistema en tránsito hacia un paradigma autogestionario. Como evidencias, tenemos la formación de la Sociedad Eléctrica del Gran Buenos Aires (SEGBA), constituida como empresa autogestionada, que sobrevivió a Perón. Otro caso es la editora del diario La Prensa, en manos de los trabajadores. Sí es cierto, en cambio, que el Gobierno peronista desplaza del poder a la oligarquía, sin eliminar su base económica, la reforma agraria era el acto esencial para truncar la fuerza de esa clase dominante.

La ideología de Perón se concreta en su obra La Comunidad organizada, donde se funden un socialismo cristiano con un corporativismo de inspiración sindicalista.

La praxis de Perón incrementa de forma notable el número de sus simpatizantes, como ratifica el apoyo masivo a la reforma constitucional en los comicios de 1949. Ese año, los argentinos celebran elecciones constituyentes para variar la vieja Carta Magna de 1853. El cambio es esencialmente económico y social, redactado por el arquitecto Arturo Sampay. Las tesis del justicialismo son votadas por la mayoría. La nueva Constitución incorpora las mejoras sociales del modelo peronista. En el terreno político, legitima el voto de la mujer, por primera vez en la Historia argentina, a instancias de Eva Perón. Abre, además, la posibilidad de reelección consecutiva del presidente, prohibida por la Constitución de 1853. De esta forma, Perón puede presentarse a las elecciones previstas para principios de 1952. Tras cierta tensión con elementos castrenses y un conato de golpe militar, los comicios se adelantan y se celebran en noviembre de 1951. Se presentan varias candidaturas. Una es la misma que en 1946: Perón y Quijano. Enfrente, como máximo adversario, está la candidatura de UCR, con Balbín y Flendizi. También acuden al plebiscito conservadores, socialistas y comunistas. El triunfo de Perón supera las anteriores elecciones: obtiene el 62,5% de los votos, casi dos tercios del total y el más amplio de la Historia argentina. Los demás partidos suman, entre todos, el 32,5% de los votos emitidos.

Sin embargo, las cosas van a cambiar de rumbo en esta legislatura a causa de una variación en las circunstancias externas. También hay que reflejar la desaparición de Eva Martínez de Perón, el 26 de julio de 1952, poco después de la segunda toma de posesión de Perón. La muerte de Eva bien puede ser el punto de inflexión que separa la trayectoria ascendente del peronismo de su eventual caída y persecución.
 

EVA DUARTE DE PERON: EVITA

A Evita sus críticos la acusan de ser una mujer sin esquemas políticos estudiados y carente de formación académica. En cambio nadie niega su fuerza y sensibilidad para acercarse a las masas y reconocer sus problemas. Fue el bastión crítico de ataque a las clases oligárquicas. Eva estuvo a punto de ser nombrada vicepresidente del gobierno, cuando murió Quijano, que no llegó a tomar posesión en el segundo período, pero fue vetada por la casta militar.

Eva era el contacto de Perón con las clases trabajadoras, debido a que estaba continuamente vinculada a los líderes de la CGT. Además, ella era la presidenta de la «Fundación Eva Perón», institución de beneficencia a la cual sufraga con gran amplitud de medios económicos, sin interesarse por su estricta legalidad.

A Perón le es de mucha utilidad el trabajo de su mujer, porque también es quien da la cara ante los enemigos de Perón. La oligarquía argentina la profesa un odio rabioso. Todos los ataques a Perón se reflejan primero en Eva, como si pensaran que ella es quien manda.

Al final, muere víctima de leucemia. Su muerte debilita la conciencia de acercamiento a las masas. La figura de Evita llega a ser santificada por las masas populares, que piden incluso su canonización a la Santa Sede.
 

SEGUNDA PRESIDENCIA DE PERÓN (1952-55): NUEVAS CIRCUNSTANCIAS ECONÓMICO-SOCIALES Y EVOLUCIÓN DEL RÉGIMEN

El cambio de rumbo del Gobierno de Perón viene mediatizado por las condiciones económicas externas, algo amortiguadas por el activismo social de Evita, pero haciendo mella en la estructura política peronista. En general, se puede decir que ese nuevo panorama económico internacional da al traste con la política populista primitiva.

Así las cosas, la burguesía industrial opta entre hacer más crítica su propia revolución o plegarse a los intereses imperialistas de EE.UU., eligiendo lo segundo. El peronismo debate entre oponerse a la decisión de la burguesía o asumirla y seguir sus pasos. El régimen, en términos económicos, opta por la segunda posibilidad aunque políticamente profundice en las formas izquierdistas: pugna con la Iglesia, inestabilidad de relaciones diplomáticas con el régimen de Franco y el aumento del lenguaje radical de sus líderes.

En el nivel económico la coyuntura internacional provoca un retroceso de los logros conseguidos. Así, en 1952, la relación de intercambio cae un 30% respecto a 1951, lo que dificulta financiar el desarrollo industrial interno con los beneficios de la transferencia de ingresos propios de la actividad agropecuaria. La situación exige un sacrificio. La izquierda peronista señala a la oligarquía, pero a ésta no se la inquieta como tampoco a la burguesía. A final, son sufragadas las pérdidas con el capital exterior y con una reducción creciente de la democracia industrial, la participación obrera en la economía. Las directrices del segundo plan quinquenal marginan paulatinamente a los trabajadores del desarrollo económico. Nuevas medidas tienden a burocratizar a la CGT, a la vez que separan de la organización a ramas tales como médicos, abogados, arquitectos, profesiones liberales, formando la Confederación General de Profesionistas. Los empresarios crean, en ese momento, la Confederación General Económica. Esta institución y la CGT forman el Instituto Nacional de la Productividad, de carácter corporativo, que pretende elevar las tasas de productividad relacionándolas con los salarios. Por otro lado, el país se abre a los intereses económicos foráneos al crear una empresa mixta con la Standard Oil, cediendo territorio argentino para explotar las reservas de petróleo. Estas medidas dañan los intereses de las fracciones nacionalistas, quienes acusan a Perón de vender el país al capital extranjero.

En el aspecto político, el régimen, nacido de la libertad democrática, adolece de rigideces en su trato con las minorías. No hay represión, pero sí una elaboración constante en materia legal para limitar los órganos de expresión de los partidos ajenos, quienes acusan al sistema de buscar causas menores para intervenir la correspondencia y los teléfonos. También, el lógico desgaste del peronismo en el poder propicia el paso a la oposición de potenciales sociales nacionalistas y católicos. Éstos critican el ideario excesivamente personalista en torno a la figura de Perón, le acusan de perder la colaboración de la gente más inteligente y rodearse de aduladores. Sí es cierto que las nuevas carreras políticas nacen en la Escuela Superior Peronista, fundada por el propio régimen para su potenciación En todo caso, las críticas intransigentes contra el peronismo no proceden de la izquierda, sino de la derecha. Soporta la hostilidad de católicos y nacionalistas, enervados con la entrada de inversiones extranjeras.

La Iglesia lanza las críticas más aceradas. Ciertos sacerdotes progresistas increpan al gobierno peronista e intentan fundar el Partido Demócrata Cristiano en Rosario y otros núcleos. Crece la hostilidad. En noviembre del 54, Perón denuncia a los malos curas durante su discurso ante los gobernadores: «Sirvamos a Dios en su doctrina, no en los intereses parciales de organizaciones que no son Dios, aunque crean en Dios». Voces interesadas hablan del feroz anticlericalismo de Perón. El 17 de noviembre, en Buenos Aires, la CGT convoca una concentración anticlerical: «Haga patria, mate un cura» es uno de los lemas. La prensa peronista arrecia los ataques contra la Iglesia. Se legislan medidas como el divorcio, la enseñanza política sustituye a la religiosa en las escuelas. Piden la separación entre Iglesia y Estado. El profesor Rubio Cordón acierta al señalar que lo usual es adoptar primero las medidas y la Iglesia reaccione después, pero aquí es a la inversa.

Clausurado el periódico católico, las manifestaciones claman: «Cristo sí, otros no». Grupos católicos inundan el país de panfletos antiperonistas. En respuesta, en la concentración del 1 de mayo, la CGT pide la separación definitiva entre Iglesia y Estado. Abolida la fiesta del Corpus Christi, pasan a cerrar centros de Acción Católica y boicotear los sermones. Los obispos expulsados de Buenos Aires logran excomulgar a quienes los echaron. Algunos debaten si Perón está excomulgado o no.

En esta situación se produce un primer intento de derrocamiento de Perón, el 16 de junio de 1955, en Buenos Aires. Lo protagonizan la Marina de Guerra y grupos civiles armados. Planean ocupar los centros estratégicos (teléfonos, electricidad, etc.) para actuar en cuanto la Marina bombardee la Casa Rosada. Pero la meteorología es adversa y los aviones no despegan hasta mediodía. Para entonces, los grupos encargados de los centros neurálgicos se han retirado.

La CGT radia sus mensajes: Concentración en la Plaza de Mayo para defender a Perón. Los aviones navales ametrallan a los manifestantes. El Ejército de Tierra, fiel a Perón, desaloja a la Armada de sus posiciones. La sublevación ha fracasado. Esa noche del 16 de junio, grupos peronistas descontrolados atacan a los derrotados golpistas, se incendian iglesias, desaparece una biblioteca de 80.000 volúmenes, etc. El Ejército pone fin a los desmanes y se adueña de la situación. Los militares fuerzan a Perón a dar un giro político. En contra de lo esperado, se inicia una política de entendimiento, de apertura, etc. Termina el problema con la Iglesia, se amplía la libertad a los partidos de oposición y a sus líderes. Perón sorprende a propios y extraños al decir, el 15 de julio, que la revolución peronista ha concluido, y ahora el partido peronista es sólo uno más.

Perón maniobra para recuperar el poder, dando un golpe de efecto, el 31 de agosto del 55, dimite, alega que puesto que a él le señalan como obstáculo para la pacificación del país, se marcha. La maquinaria peronista concentra multitudes en la Plaza de Mayo. Le piden que se quede. Perón anuncia: «Ahora la orden es de lucha».

La estrategia de Perón es la misma que en el 45: movilizar las masas para recuperar el poder. Pero ahora aquellas masas enormes de trabajadores que se movilizaban sin esperar las decisiones de las cúpulas sindicales, ya no existen. Las mejoras en el nivel de vida y el desgaste de Perón en el Gobierno debilita el entusiasmo de antaño.

Nuevo golpe de Estado contra Perón el 16 de septiembre de 1955. A los facciosos se suma el ejército del interior, con la excepción de la milicia de la capital. El General piensa armar a los trabajadores, pero no lo hace al considerar que carecen de moral de lucha. Perón decide marcharse. El 18 de septiembre dimite y el 19 se va a Paraguay. El golpe antiperonista ha triunfado. Un grupo desesperado de nacionalistas es reducido a cañonazos. Las masas trabajadoras comienzan a entender que han permitido el retorno de sus tradicionales enemigos.

El peronismo derrocado ha cumplido el papel de elevar el nivel económico y la conciencia de las masas, pero no quiso optar entre inclinarse a la izquierda o a la derecha y ser una dictadura militar. El retorno de un régimen reaccionario, conlleva la negación de los derechos de la clase trabajadora, etc. Las masas desconcertadas tornan al peronismo. La CGT recupera su fuerza y Perón se convirtió en el gran deseado. El primer gobierno no peronista intenta la conciliación, pero en noviembre hay un nuevo golpe que reinstaura a la oligarquía, retrayendo la situación anterior.
 

EL PERONISMO SIN PODER: EL GOBIERNO DE EDUARDO LONARDI

Con la caída de Perón se pretende retornar a la situación anterior a 1943. Durante algunas semanas, Lonardi intenta seguir con el esquema de gobierno de Perón pero sin Perón. El general Lonardi, militar nacionalista, ve cómo su gobierno enfrenta dos tendencias opuestas sólo unidas para derrocar a Perón. En el gobierno hay representantes de los sectores nacionalista y oligárquico, dos planteamientos incompatibles, y expulsado Perón cesa el entendimiento. La política de Lonardi busca una Argentina sin vencedores ni vencidos. Intenta continuar la obra de Perón en el campo socio-laboral, conservando la CGT como fuerza de unión sindical, lo que vale a Lonardi el calificativo de fascista. Por otro lado, el líder oligárquico Rojas busca arrasar todo lo que el peronismo había construido y también militarizar la CGT. Rojas, ¿cómo no?, se autotitula «democrático».

Alrededor de la CGT se genera el enfrentamiento entre ambos sectores. La central sindical, en reuniones con Lonardi, acepta eliminar el calificativo peronista de sus estatutos y «democratizar» la organización. Pero el sector de Rojas quiere destruir los sindicatos, interviniendo en la marcha de la CGT. Ésta responde con una huelga de protesta apoyada por el Ministerio de Trabajo, dado que Lonardi no quiere dividir a la clase trabajadora. El general está a punto de formar un gobierno sin el sector de Rojas. Pero el 13 de noviembre de 1955, en un golpe palaciego, el grupo de Rojas expulsa a los militares de Lonardi e imponen como presidente de la Junta Militar al general Pedro E. Aramburu, marioneta de Rojas, quien conserva la vicepresidencia de la Junta y es el hombre que dirige toda la política a partir de ese momento.
 

EL GOBIERNO DE ARAMBURU-ROJAS: PERSECUCIÓN DEL PERONISMO

La fecha de 13 de noviembre de 1955 marca el fin del proceso abierto en 1943, y el inicio de un período de revanchismo de la arcaica oligarquía. La feroz persecución deviene en la recuperación del peronismo como idea y de Perón como figura mítica que es necesaria para volver a levantar al país. Este alzamiento de 1955 es bautizado como la revolución libertadora por los círculos oligárquicos; los peronistas la denominan «libertadura».

El gobierno de Aramburu se presenta como democrático, aunque no convoca elecciones antes de destruir el poder de la clase trabajadora. Aramburu es durísimo contra el peronismo y su organización social, encarcela a líderes políticos y sindicales y les envía a la Patagonia. Los sindicatos son intervenidos militarmente, ponen a oficiales como interventores, etc. El resultado global de todo esto puede estar bien recogido en el siguiente cuadro estadístico, a la vez que sencillo y conciso, bastante aclaratorio:

Año Remuneración trabajo Ingreso capital
1942 43'5% 56'5%
1954 60'7% 39'3%
1959 50'6% 49'4%
1973 42'5% 57'5%

Durante el gobierno de Perón se redistribuyeron los ingresos y las rentas de forma bastante favorable al trabajador pero el cambio de régimen aporta exclusivamente una vuelta al antiguo régimen. Perón favoreció a los obreros y perjudicó a la oligarquía, aún sin completar el cambio de estructuras ni la reforma agraria, sencillamente apartando a la oligarquía de la política, como muestran las cifras.

Las primeras medidas de la «revolución libertadora» no van contra la clase obrera en general, sino contra la CGT como su instrumento de representación. Tres días después del golpe, los reaccionarios intervienen la CGT y nombran un interventor militar en la organización sindical, arrebatándola su personalidad jurídica unitaria. Con ello pretenden fraccionar la clase obrera argentina. Los militares eliminan a los líderes sindicales de la CGT, poniendo en su lugar a jerarcas de antes de 1943. Pero, a medida que se desarrollan las elecciones sindicales, las candidaturas sindicales peronistas ganan puestos, con lo que la CGT se reconstituye de nuevo de la forma más real dado que va ganando las elecciones que convocan los militares.

Los resultados son abrumadores: triunfan las candidaturas peronistas llamadas grupo de «las 62», le siguen «las 32» formadas por los radicales, reformistas y socialistas, y por último están «las 18» candidaturas comunistas, que más tarde entrarán en contacto con los peronistas para trabajar juntos en una coordinadora unitaria. La extracción de los líderes peronistas son los núcleos obreros industriales, mientras los reformistas, socialistas y radicales salen de las clases medias. Más tarde, la nueva junta Militar disuelve el Partido Peronista y el Partido Peronista Femenino, sus líderes son encarcelados y confinados.

A comienzos de 1956, derogan la Constitución Justicialista de 1949, y reinstauran la de 1853, que la dictadura militar de Videla mantendrá en el futuro. Con esta medida suprimen la posibilidad de reelegir al presidente de la nación, pero también desaparece la legislación social peronista.
 

LOS INTENTOS DE «DEMOCRATIZACIÓN» SIN PARTICIPACIÓN PERONISTA

En 1956 los militares comienzan a pensar en el retorno a la democracia, por etapas y con garantías hacia los oligarcas. Lo principal, piensan, es apartar a los peronistas de los comicios. Este es el intento de cuadratura del círculo de la política argentina: No dejan presentarse a los peronistas a las elecciones porque saben que las ganan. El instrumento represivo es el decreto 4.161, de marzo del 56, de carácter inquisitorial: Introduce el delito de opinión y prohibe la defensa de los fundamentos del peronismo, la mención de los nombres de sus líderes peronistas, de sus himnos, de sus banderas, etc.

La exclusión del peronismo de todo proyecto electoral da como resultado el engrandecimiento de ese movimiento y de su líder. También hay un efecto contrario, pues, ante la posibilidad de ganarse votos los partidos opuestos a Perón, comienzan a reducir sus críticas a la figura y política de Perón, moderando su antiperonismo y sus críticas. Así acontece en la UCR, en el Partido Comunista, en el Partido Demócrata Liberal, etc. Con lo cual hay un cambio en todos ellos y el más importante es el de la UCR, donde se produce una escisión en dos: la Unión Cívica Radical del Pueblo, liderada por Balbín y la más conservadora y cercana a posiciones oligárquicas, y la UCR intransigente, liderada por Frandizi, quien piensa que es bueno atraerse a las masas peronistas.

Antes de las elecciones, se produce una intentona peronista en junio de 1956, dirigida por los generales Valle y Tanco. Esta acción, demasiado romántica, fracasa de inmediato. Valle es detenido y Tanco se refugia en una embajada extranjera. El gobierno de Aramburu y Rojas reacciona de forma cruenta: los militares arrestados, unos cuarenta, son fusilados sin que medie juicio alguno. Al mes siguiente, en julio, los militares convocan elecciones para Asamblea Constituyente. La reforma militar fracasa. Frandizi, aupado por los votos peronistas, cumple su palabra y se retira de la Constituyente para evitar el quórum necesario. Le imitan algunos partidos de la minoría. Esa medida desbarata la reforma propuesta por el régimen militar.

En esta situación, Aramburu anuncia las elecciones para finales de 1957 o principios de 1958, manteniendo fuera de ese proceso electoral al partido peronista o justicialista. Los comicios tienen lugar el 23 de febrero de 1958. Hay dos candidatos fundamentales que son Balbín y Frandizi, como ya se dijo antes, escindidos en dos tendencias de la UCR. Balbín es el candidato oficialista de Aramburu y Frandizi representa las ideas del peronismo junto con las de su sector de la UCR, formando lo que se llamará Coordinadora Nacional y Popular. Celebradas las elecciones, Frandizi obtiene un importante triunfo, cuatro millones de votos, el 41%, y Balbín sólo 2.600.000, el 29%.

Frandizi es partidario del desarrollo del capitalismo nacional de Argentina. Es un político astuto, un verdadero Maquiavelo de su tiempo. Sabe plegarse a cualquier viento contrario en una situación política bastante difícil. Mantiene dos frentes: Cumplir el acuerdo con los peronistas, que le han dado sus votos, dando entrada a la CGT así como personalidad jurídica a la estructura peronista. Pero, por otro lado, ha de tener cuidado de que no se levanten los militares apoyados en la oligarquía.

Frandizi consigue mantenerse cierto tiempo en una situación política más o menos estable. Su política se caracteriza por su sinuoso desenvolvimiento entre los poderes militares y las presiones sindicales, a la vez que de cara al exterior aparece como un gobierno progresista y en el interior va a desarrollarse como un gobierno regresivo, aplicando políticas monetaristas para intentar corregir el curso de la política económica.

Frandizi deroga la ley 4.161, enfureciendo a los militares hasta tal punto que en el primer intento golpista está implicado el vicepresidente Gómez, que es apartado del poder. Los militares le imponen una política rigurosa contra los comunistas, fidelistas y peronistas. Pero, por otro lado, los trabajadores presionan para que cumpla su palabra y, en 1961, Frandizi restaura la personalidad jurídica unitaria de la CGT y la devuelve a los trabajadores, que acaban con el intervencionismo militar. Su ministro del Interior anuncia la próxima legalización del Partido Peronista. Frandizi cumple el acuerdo: el peronismo le ayudaba a llegar al triunfo a costa de devolver la libertad y la personalidad jurídica al movimiento peronista.

Estas actuaciones no son perdonadas. A los cuatro años de tomar el poder estalla la crisis. En política internacional, debido a la política que Frandizi asume, sin someterse a los designios de EE.UU. En 1961, varios dirigentes de Sudamérica se reúnen en Punta del Este. Entre ellos está Ernesto Guevara, ministro de Industria de Cuba, quien se entrevista con Frandizi. En 1962, en el mismo lugar, critican la presencia de Cuba tras la revolución de 1959, y la expulsan de la Organización de Estados Americanos. Todos, excepto México, rompen relaciones con La Habana y Argentina se abstiene, por lo cual el régimen político de Frandizi pasó a no ser «conveniente» para EE.UU., impulsor de todo ese proceso contra Cuba.

A nivel interno, en marzo de 1962, la crisis salta en las elecciones para cubrir 16 gobernadores. Los justicialistas acuden camuflados en la neo-peronista Unión Popular. También se presentan las dos UCR. El resultado es aplastante a favor de los peronistas que obtienen 8 gobernadores, incluida la provincia de Buenos Aires. La UCRP sólo obtiene dos. A la vista de los resultados y del posible futuro, los militares fuerzan a anular parte de los resultados de esas elecciones, a favor, según ellos, de salvaguardar la democracia, interviniéndose el gobierno de los tres poderes de varias provincias en donde triunfó el neo-justicialismo, como en la provincia de Buenos Aires, Río Negro, etc.

Frandizi acepta plegarse a los impulsos militares, y se echa encima a toda la opinión pública, ante la que afirma que no va a renunciar al poder. Ese año, los militares secuestran a Frandizi y le llevan a la isla de Martín García, sustituyéndole por el presidente del Senado, Guido, para aparentar que lo que ha ocurrido no es un golpe militar.

Poco a poco, en la contextura del ejército argentino se da una fusión entre militares legalistas y militares duros o gorilas. Ambas tendencias se aúnan al anunciarse las elecciones de 1963 y, en concreto, cuando se discute sobre la presencia en esos comicios de los peronistas. En principio no se prohibió la participación de la Unión Popular, que va a formar el Frente Nacional y Popular con el sector de Frandizi. Los militares entienden que el triunfo sería aplastante para esta coalición, por lo cual, se levantan nuevamente el 2 de abril de 1963, con el único fin de luchar por la ausencia del peronismo en los comicios. Como el levantamiento es parcial y como ese sector de militares duros es inferior en número al de los legalistas, éstos pueden reconducir la situación pero a costa de aceptar las exigencias de los militares duros. Entre otras cosas, se instaura el decreto 4.161 prohibiendo la existencia de cualquier partido que esté apoyado por el peronismo. Los peronistas toman la iniciativa de votar en blanco o al partido menos hostil a ellos.

Las elecciones de 1963 tienen poco interés dada la no participación del partido peronista. En estas elecciones obtiene el triunfo Umberto Illia, el candidato de la UCRP, que obtiene el triunfo con sólo el 25% de los votos.

Illia toma posesión del cargo en octubre de 1963 en una situación caótica en el orden económico-social, donde disminuye en 3% el índice de la renta personal. Con la victoria de Illia se consolida la oligarquía, como consecuencia crece el desencanto del pueblo argentino, sin fe en la política ni en los golpes militares, creyendo sólo en el milagro del regreso de Perón a Argentina.

El nuevo gobierno termina por restablecer las libertades y afirma permitir la participación pública de todos los partidos. En estas condiciones Perón vuelve a Argentina en diciembre de 1964, pero, al hacer una escala técnica en Río de Janeiro, es detenido y devuelto a Madrid.
 

LOS GOBIERNOS MILITARES DE ONGANIA A LANUSSE. LA VIOLENCIA

En junio de 1966, el general Ongania dirige un nuevo golpe, que se diferencia de los anteriores en que no pretende restaurar la democracia depurándola de elementos peronistas, sino que pretende hacer un cambio de estructuras haciendo una revolución nacionalista, asumiendo todos los poderes a excepción de la CGT, e interviniendo todas las instituciones de la vida pública del país. Ongania carecía de esquemas y de ideas. Tenía un mimetismo enorme con relación a la situación de la España de ese momento, impresionado con el desarrollismo económico franquista. Incapaz de reproducir ese esquema, Ongania se enfrenta a una serie de incidentes y al progresivo enfrentamiento popular y sindical contra su régimen militar. Estos hechos llevan al cordobazo en 1969, en donde los peronistas, los universitarios y el pueblo general, toman la ciudad de Córdoba. El régimen de Ongania sólo sustituye a su ministro de Economía. Pero otros sectores militares apartan del poder a Ongania, que se había fijado un plazo ilimitado para hacer modificaciones económicas y sociales.

Paralelamente se generan diversas tendencias de lucha armada guerrillera, asumida por diversos grupos como los Montoneros -peronistas radicales- y la URP de tendencia troskista. A mayor actividad guerrillera, incremento de la represión militar.

En junio de 1970, el general Levingsten sustituye a Ongania, tan ineficaz e incapaz uno como otro. En las FF.AA. germina la idea de que la solución militar, en sí misma, no es viable y de que hay que ir a una solución democrática. En marzo de 1971, el general Lanusse releva a Levingsten. Dice plantear la reinstauración de la democracia. Anuncia la celebración de elecciones en 1973, a la que podrán presentarse los candidatos que estuviesen en Argentina el 25 de agosto de 1972.

Lanusse juega con dos ideas: una pública y conocida, la restauración democrática, y otra de estrategia personal, la pretensión de legalizar al peronismo para desmitificarlo. Piensa que la normalización del peronismo desembocará en su desintegración, en especial dado que un Perón inmerso en la vida pública argentina tendría que tomar ciertas determinaciones impopulares para su figura. Lanusse también busca la ruptura de Perón con los movimientos armados peronistas estando aquél ya en la Argentina.

Lanusse modifica la Constitución de 1853 e introduce el sistema presidencialista similar al francés. En la primera vuelta, para ser presidente, tendría que obtenerse el 50% más 1, en caso contrario se pasaría a una segunda vuelta para elegir al presidente entre los dos candidatos más votados, en la creencia que Perón no conseguiría el triunfo en la primera vuelta.

Mientras tanto, Perón desde Madrid analiza la situación. Ongania le presiona insultándole e incitándole. Perón deja pasar la fecha establecida y, después, va a Argentina, donde permanece menos de un mes antes de regresar a España. En ese período, constituye el Frente Justicialista de Liberación que va a aglutinar una serie de partidos encabezados por el Justicialista. Al frente de la coalición sitúa a Héctor Cámpora. La visita muestra las dificultades para que cuaje Perón en la izquierda peronista, formada por jóvenes trabajadores y estudiantes muy radicalizados en ese tiempo, pero sí apoyan a Héctor Cámpora.

En esa situación se producen las elecciones el 11 de marzo de 1973. En la primera vuelta, la candidatura de Cámpora obtiene seis millones de votos, es decir, el 49,59%, con lo cual no alcanza la mayoría. Balbín, al frente de la UCR reunificada, saca 2.600.000 votos, el 21,7% del total. El resto se lo reparten los demás partidos minoritarios. Ante el gran número de votos de Cámpora, la UCR renuncia a la segunda vuelta. La Junta Militar proclama como presidente del gobierno al candidato justicialista Héctor Cámpora el 25 de abril de 1973. El entusiasmo es delirante entre los sectores más radicalizados del peronismo, la izquierda justicialista da la tónica.
 

EL GOBIERNO PERONISTA DE CÁMPORA

A la toma de posesión de Cámpora acuden algunos líderes de la izquierda de Sudamérica, como O. D'Nosticos por Cuba, Allende por Chile, el general Mercado por Perú, etc. Las juventudes peronistas ocupan los principales lugares en la ceremonia, en representación de la izquierda peronista.

El régimen de Cámpora libera a los presos políticos y depura a la Policía de los elementos reaccionarios. Acomete la constitución de un Pacto Social desde el Gobierno. El pacto es beneficioso para todas las partes: lucha contra la fuga de capitales y la inflación, en pro del bienestar socio-laboral, etc. La buena racha de la política de Cámpora no dura mucho, debido a que, desde el momento en que toma el poder, Perón comienza a expresar su deseo de ocupar el poder. Ambos se encuentran personalmente, en 1973, cuando Cámpora visita Madrid respondiendo a una invitación de Franco quien, a su vez, convoca a Perón a las recepciones oficiales. Cámpora y el vicepresidente aceptan dimitir para que, en nuevas elecciones, tome el poder Perón, quien regresa definitivamente a Argentina el 20 de junio de 1973. Su retorno provoca incidentes. Un grupo de la ultraderecha del peronismo, dirigido por el coronel Ossinda, ocupa el puente 12 del aeropuerto de Ezaza y provoca 20 muertos y 300 heridos entre la multitud. El avión de Perón aterrizará en un aeropuerto militar. Ese hecho marca un hito en el peronismo y el inicio del auge de la derecha peronista.

El 13 de julio Cámpora dimite y se encarga de la presidencia Raul Lastiri de forma transitoria hasta la celebración de las elecciones del 23 de septiembre. Se presenta el partido justicialista en coalición con algunos partidos de la izquierda popular, candidatura que está presidida por Perón y María Estela Martínez de Perón. El grupo de izquierda popular está encabezado por Abelardo Ramos. Otra candidatura es la de Balbín y Ros en la UCR. Quedan los radicales, más a la derecha, y los troskistas, aún más a la izquierda, quienes no quisieron pactar con Perón.
 

TERCERA PRESIDENCIA DE PERÓN

Perón obtiene más de dos tercios de los votos, el 61,5%. Balbín suma el 22,3%. El partido de Abelardo Ramos pasa de los 48.000 votos de antaño a más de 900.000 votos en 1973, pero ese incremento de votos no valió para presionar a Perón a conducir su política por el camino de la izquierda nacional que Abelardo Ramos y él proponían. El verdadero vencedor es López Rega, centrado en acabar con el ala izquierdista. López Rega organiza una policía paramilitar, la Triple A, destinada a eliminar físicamente a los opositores a Perón y a los peronistas de izquierda. Formó el grupo con policías que habían sido expulsados del cuerpo por Cámpora. Las tensiones en el gobierno se van dramatizando, no sólo llevan a polémicas verbales sino, también, al derramamiento de sangre.

En política internacional el gobierno argentino mantiene una postura avanzada, crítica ante los bloques, aliándose con los países tercermundistas, etc., posicionamiento político e ideológico poco compatible con el desarrollo político interno.

En la concentración del primero de mayo de 1974 estalla el conflicto. Las juventudes peronistas reclaman un posicionamiento izquierdista más firme. Para la juventud y los sectores críticos el justicialismo es una forma de socialismo. Durante la crisis generalizada, muere Perón, el 1 de julio de 1974, dejando la presidencia a su mujer, Mª Estela Martínez de Perón.

CONCLUSIÓN

Los problemas que enfrenta Mª Estela son bastante críticos: Una crisis económica generalizada y grave; el peronismo fragmentado y controlado institucionalmente por el ministro López Rega, el Brujo; la actuación de bandas armadas como ERT y los Montoneros. Las FF.AA. comienzan a intervenir en la represión de la lucha guerrillera por decisión del legislativo y del ejecutivo. En el plano económico se trató de imponer cierta austeridad con el plan de estabilización de Rodrigo, ministro de Economía, lesionando los intereses de los obreros, que denostan a la figura de López Rega. Ante esta situación, Mª. Estela destituye al Brujo como ministro de Bienestar Social.

La presidenta se queda sola. Parte de la población argentina clama por la vuelta de los militares al poder. El 24 de marzo de 1976 dan un golpe de Estado, gestado sin oposición y casi públicamente. El Ejército vuelve a ejercer directamente el poder.

La ofensiva anglosajona contra los gobiernos de Cámpora, Perón y Mª Estela fue esencialmente económica. En 1973 el orden mundial cercena las posibilidades de repetir políticas similares a las del primer período del peronismo, forzando a optar por lo malo conocido: la solución socialista o la ortodoxa liberal. Pero el gobierno argentino, en estas tres etapas, no aceptó ninguno de esos caminos. Continuaron con la ampliación del área de maniobra del sector público; en políticas de cambios para controlar las inversiones extranjeras; y aumentando la ocupación en el sector público y la Administración. En cambio, el empleo baja en el sector privado. La elevación del déficit fiscal se refleja en las siguientes cifras: En 1970 los ingresos tributarios cubrían el 80% de los gastos presupuestarios; en 1975 sólo se cubrían el 20% de los mismos.

La capacidad de mantenimiento y desarrollo de un modelo tercerista es casi imposible si se limita a un solo país, requiere de su extensión al área cultural y geográfica lindante para poder ir desarrollando redes de intercambio y mejora que permitan enfrentar la segura hostilidad de los anglosajones hegemonistas.

El justicialismo fue y es un ejemplo vivo, un objeto de análisis para cuantos creen en el modelo tercerista y quieren descubrir soluciones prácticas a problemas reales, así como los errores cometidos en su resolución. De su estudio y conocimiento han de extraerse las oportunas lecciones para la construcción del necesario paradigma tercerista de cara al siglo XXI.


 
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