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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 176
Viernes, 25 julio a las 20:05:06

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 176 – 22 de julio de 2003

SUMARIO

  1. Esta democracia, por Emilio Álvarez Frías
  2. Capitalismo de izquierda, por Antonio de Oarso
  3. El plante corso y la España débil, de www.lanoticiadigital.com
  4. Comentarios, por Españoleto


ESTA DEMOCRACIA
Por Emilio Álvarez Frías

¡Jesús, qué cosas hacen y dicen los políticos! Todo, claro está, por el pueblo que les ha votado y al que representan, por el «ciudadano» que les ha dado su confianza para que hagan lo que les venga en gana sin obligación alguna de dar cuenta de sus compromisos, de sus actitudes, de sus decisiones, de sus posturas, de la forma en que se manifiesta en todos los órdenes, de los insultos que profiere a quienes no están de acuerdo con ellos,...; es decir, que haciendo uso del cheque en blanco recibido de los «ciudadanos», los políticos pueden obrar como gusten en su nombre. O, invirtiendo la acción, que pueden robar libremente, con lo que también roba el ciudadano; que puede insultar, con lo que también insulta el ciudadano; que puede cometer perjurio, o cohecho, o equivocarse, o disfrutar, o pactar con quien quiera, con lo que también lo hace al mismo tiempo el ciudadano ya que su representante ha actuado en nombre de él, del ciudadano.

Pero, ¡oh, Señor!, si el político se sale de la línea que marca el partido por intentar actuar de acuerdo con lo que le dicta su conciencia o ha prometido al ciudadano, se da la paradoja de que el partido que le ha incluido en la lista votada por el elector actúa contra él «por respeto al ciudadano». ¡Qué barbaridad! En ese momento no es el político elegido por el ciudadano el que tiene su representación sino que ésta ha sido asumida por el partido político. Estamos diciendo que no es que el político en cuestión se aparte de la moral, la honradez el bien de la nación que son todos los ciudadanos, etc., no, en absoluto; de lo que se aparta es de lo que le conviene al partido para imponer sus objetivos, defender sus intereses particulares, sus cambalaches, no los del ciudadano.

Ahora ha surgido el escándalo en las filas del PSOE de la Comunidad Autónoma de Madrid porque dos de sus miembros han decidido, en un momento determinado, no otorgar el voto a su jefe de filas. No vamos a entrar en dimes y diretes al respecto ya que no es nuestro propósito en este comentario. Lo que intentamos decir es que la democracia que nos hemos dado no es la más saludable por mucho que todos los políticos se empeñen en su defensa y, como recordatorio, la tengan continuamente en la boca usando el vocablo en cualquier momento con aplicaciones de lo más variopintas y como garantía de quiénes son los buenos, quiénes no y quiénes los excelente.

Decididamente esta no es una democracia que pueda llenarnos ya que para lo único que sirve es para elegir a unos «representantes del pueblo» que no tendrán obligación alguna de dar cuenta de la gestión que desarrollan. Es decir, que es un remedo de democracia utilizada para la elección de una autocracia de partido, lo que es un sin sentido, un puro desatino.

La razón aludida en un primer momento por los disidentes socialistas madrileños tenía coherencia: no conceder «carteras» a otro partido cuyos objetivos no son los mismos, no someterse a chantaje para poder gobernar por alcanzar así la mayoría suficiente, etcétera. Repetimos que no nos interesa lo que mantuviera el político disidente, pero lo tomamos porque nos parece que es la postura lógica del político que ha recibido un mandato de acuerdo con el programa ofrecido al elector y quiere hacer honor a su compromiso. Al menos esa es nuestra opinión, ya que sostenemos que es inmoral que por apaños de conveniencia no gobierne quien más votos ha concitado y que, precisamente el enano en los resultados sea quien ponga las condiciones y se alce con el liderazgo del «respeto al ciudadano».

Vivimos en un mundo necio y disparatado.

Y porque así lo pensamos no tenemos más remedio que declarar que abominamos de esta democracia, que consideramos es necesario cambiar este sistema partitocrático en el que no es posible disentir de lo que se decide en la cúpula, que el hombre-político debe ejercer su opinión, que al ciudadano no se le ofrece opción de conocer los actos de quien detenta su representación, que al hombre-ciudadano se le impide pensar pues es manipulado por la propaganda y dirigido hacia decisiones preestablecidas.

¿Es que no hay pensadores que investiguen sobre nuevas formas de gobierno, sobre ajustes en los sistemas? ¡Claro que sí! Pero son silenciados. Los historiadores honestos suelen ofrecer un panorama sugerente y claro de qué ha sucedido en tiempos pasados para que se puedan sacar enseñanzas que lleven al encuentro de nuevas formas; los filósofos analizan la evolución de las ideas cribándolas adecuadamente para separar la ganga de lo aprovechable; los antropólogos observan el comportamiento de los hombres, comparan hechos y determinan en qué situación reacciona de una u otra forma y se comporta adecuada o inadecuadamente; los expertos en las formas políticas saben cómo se han conducido los humanos en diferentes momentos y sugieren cuál debe ser lo más adecuado en cada tiempo;... ¿Es que no hay pensadores que digan que la forma política que padecemos está obsoleta, anclada en un pasado que se empeñan en mantener los que de ello se benefician?

Si los investigadores en otras ramas de la ciencia nos ofrecen cada día el resultado de su paciente búsqueda, ¿cómo no es posible avanzar un paso en las ideas?

No es lógico mantener una ley electoral como la actual en un tiempo en el que se habla de libertades negando la libertad de la persona a pensar y a decidir a quién concede su confianza, por qué lo hace y qué espera de ella.
 

CAPITALISMO DE IZQUIERDA
Por Antonio de Oarso

La persistencia de un capitalismo incólume en una sociedad de la que han desaparecido los valores que se llamaron burgueses de forma interesada, ha de desanimar al revolucionario auténtico.

La antigua creencia de que la izquierda defiende a los menesterosos y la derecha a los ricos no deja todavía de tener alguna vigencia entre bastante gente sencilla y muchos intelectuales progredecadentes que no tienen nada de sencillos y sí mucho de resentidos. Claro está que la vigencia que tal idea tiene en estos últimos es simplemente utilitaria (ya que no creen en ella) y está derivada exclusivamente de su resentimiento. Y si hay una guerra civil de por medio, como en España, el resentimiento ha de ser mucho mayor.

Pero si existen motivos para ese rencor, también los hay para que se sientan satisfechos. Es lógico que les encolerice la perdurabilidad del capitalismo, pero otras cosas que deseaban que se derrumbasen, de hecho se han derrumbado. Pero esto no acaba de contentarles, pues su fin último no era ese.

La teoría tradicional marxista es que si se genera un cambio en las condiciones económicas (infraestructura) de una sociedad, esto ha de conllevar un cambio en el pensamiento y la moral (superestructura) de los hombres de esa sociedad. La revolución ha de iniciarse, pues, desde abajo, con la destrucción de la infraestrucura económica capitalista. De esta revolución, ha de surgir un hombre nuevo.

Ya por los años veinte surgieron teóricos del marxismo que disintieron de esta estrategia. El húngaro György Lukács y también el italiano Antonio Gramsci, al analizar fríamente la realidad de la sociedad soviética, coincidieron en un diagnóstico pesimismta: el hombre nuevo no estaba surgiendo del nuevo régimen comunista. La sociedad había sido subvertida mediante la violencia, pero ésta únicamente había afectado a su corteza externa. El hombre seguía siendo el mismo. Los valores burgueses del cristianismo persistían en las almas. Era ahí donde había que actuar: en las almas. Y era ilusorio pensar en una traslación de la revolución soviética a los países de Occidente, como no fuese mediante revoluciones sangrientas, y era igualmente utópico pensar en ello. El capitalismo no estaba empobreciendo al proletariado, sino al revés, y no era realista contar con este proletariado demasiado conformista para meterse en revoluciones.

Había que actuar sobre la cultura. Desarraigar los valores cristianos, el arma suprema de la burguesía. Actuar en medios de comunicación, en Universidades, en editoriales, en el cine; ir cambiando la mentalidad de la gente. Es decir, actuar directa y primordialmente sobre la superestructura de la sociedad. Una vez conseguido el cambio cultural mediante esta revolución incruenta, el poder «caería en el regazo marxista como fruta madura», decía Gramsci.

Lukács y otros miembros del Partido Comunista alemán fundaron en 1923 un Instituto Marxista con sede en la Universidad de Frankfurt. Pronto recibió el nombre de Escuela de Frankfurt. Con la llegada de Hitler al poder, sus miembros tuvieron que emigrar y lo hicieron a Estados Unidos. Con el patrocinio de la Universidad de Columbia instalaron en Nueva York su nueva Escuela de Frankfurt y se dedicaron activamente a minar los valores de la nación que les había acogido. Miembros prominentes fueron Max Horkheimer, Theodor Adorno, Erich Fromm, Wilhelm Reich, Herbert Marcuse.

Sus teorías consiguieron fácil arraigo entre los liberals que entonces estaban en auge bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt. La semilla fructificó. Paralelamente, en Europa, esta variación o derivación de la teoría marxista fue preparando a las generaciones sucesivas. En resumen, la cultura occidental cristiana fue minándose progresivamente. El proceso llegó a su florecimiento durante los años sesenta, con la revolución del 68, los hipis y la contracultura. En las décadas siguientes acrecieron los supuestos avances progresistas con la legalización del aborto, la permisividad respecto de la droga, la dignificación del homosexualismo, el desprestigio de los valores tradicionales y las figuras históricas, etc., pudiéndose afirmar que lo vigente en la actualidad en las sociedades occidentales es precisamente la contracultura, bajo el nombre de progresismo.

Dado que la raíz de este proceso es el marxismo, en buena lógica debieran los marxistas estar satisfechos. No hay duda de que las ideas izquierdistas predominan en cualquier expresión cultural. No es de extrañar que en el campo de la política, los partidos de derecha hayan aceptado la mayor parte de los presupuestos culturales izquierdistas, ya que los partidos aspiran a ser un reflejo de la sociedad y no a reformar ésta, por lo que se amoldan a las directrices marcadas por los hacedores de opinión izquierdistas. Hoy en día no existen grandes diferencias entre los partidos de izquierda y de derecha en el plano de las costumbres.

Pero hay que comprender que el auténtico revolucionario marxista no puede estar conforme con esta situación. Porque no se ha cumplido la profecía de Gramsci: «el poder caerá en el regazo marxista como fruta madura». Es decir, la estructura capitalista se derrumbará y el poder pasará a los comunistas.

Esto no ha ocurrido. Por el contrario, la Unión Soviética sí que se ha derrumbado y el sistema comunista se ha esfumado en sus territorios y el de los satélites. Y el capitalismo ha salido triunfante como nunca lo estuvo hasta la fecha. Porque han desaparecido tanto los enemigos ideológicos como las trabas morales. Éstas últimas, por efecto de la acción del marxismo cultural ya señalado. Por tanto, el capitalismo actual resulta más feroz y salvaje que nunca. Y es que aquellos valores religiosos y morales que con tanta saña y eficacia se atacaron por considerarlos el blindaje de la burguesía capitalista, es decir, el blindaje del capitalismo, eran precisamente los factores que podían reprimir o suavizar su acción. Estos valores tenían, y tienen, su fundamento más allá de conceptos tales como burguesía o proletariado. Tienen su fundamento en lo íntimo de la naturaleza humana, en su parte buena. La burguesía no los inventó. No eran, por tanto, valores burgueses. Si acaso, la burguesía los utilizó con fines interesados. Pero todo en el hombre puede ser corrompido y utilizado.

El capitalismo está ahora firmemente asentado en sociedades culturalmente de izquierdas, no obstante lo cual no se debilita, como Lukács y Gramsci pensaban, sino que se fortalece. Porque el capitalismo tiene su asiento y su motor en la codicia humana, y son codiciosos igualmente los hombres de derecha que los de izquierda, pero estos últimos no están sujetos a las trabas morales que se ocuparon de destruir; y los primeros sólo conservan jirones de ellas. El capitalismo sufre ahora deformidades que antes se reprimían en función de valores morales vigentes. Y no sólo eso: surgen negocios fabulosos alrededor de la droga, la prostitución, el aborto, la pornografía, etc., actividades prohibidas antes y que ahora son legales o cuasi legales.

Uno puede imaginarse la frustración que ha de sentir el auténtico revolucionario marxista (tanto si lo es por razones idealistas como por razones de odio de clase) al percibir este capitalismo de izquierdas. Y al averiguar que ha sido engañado miserablemente por los detentadores del poder marxista, auténticos granujas. Al enterarse, por ejemplo, de que su ídolo Fidel Castro es una de las mayores fortunas del mundo; de que los antiguos dirigentes de la Unión Soviética son los grandes capitalistas de la Rusia democrácita de hoy; de que, por ejemplo, el antiguo dirigente comunista, Viktor Chernomirdin, es el dueño de Gazprom, el monopolio del gas en Rusia, y su fortuna asciende a cinco mil millones de dólares; y de que multimillonarios de otro origen, como Bill Gates o Ted Turner (dueño de la CNN y amigo íntimo de Castro), o políticos millonarios como Ted Kennedy, son hombres de izquierda. ¿O sea que son como yo? se ha de preguntar con sarcasmo el auténtico revolucionario marxista. ¿Esta es la revolución a la que aspirábamos?

La Escuela de Frankfurt alcanzó la primera etapa de sus objetivos, pero no la segunda. Algún marxista de a pie podrá contentarse con lo conseguido, sobre todo si una de sus grandes aspiraciones fuera el sexo libre. Pero el auténtico revolucionario marxista no puede estar satisfecho. Y quiere rebelarse. Pero sabe que su rebeldía es inútil. ¿Cómo, a estas alturas, alguien puede siquiera imaginar la dictadura del proletariado? ¿Y qué sentido tiene «acabar con la moral burguesa», si de ésta sólo quedan residuos ínfimos? ¿Contra qué, entonces, rebelarse? ¿Contra la Iglesia? Pero la Iglesia está callada, y de atacarla ya se ocupan los izquierdistas bien instalados, liberales o marxistas, cuando quieren desentumecerse un poco.

Tiene que ser deprimente para un auténtico y honesto hombre de izquierdas de, por ejemplo, Madrid, ver a la socialista Ruth Porta declarando en el parlamento local que su patrimonio se reduce a diecisiete casas y una pinacoteca; y saber que su esposo tiene negocios inmobiliarios de muchísimos millones; y enterarse de que los socialistas Balbás, Tamayo, y los demás protagonistas de un escándalo político de esa Comunidad, poseen igualmente intereses inmobiliarios de muy grande cuantía.

Cocidos en su propia salsa, estos disgustados izquierdistas, si tienen algún talento, exudarán su amargura en artículos venenosos como lo hace Eduardo Haro Tecglen. Pero es fácil prever que no reconocerán el error de no haber contado con la naturaleza humana en sus previsiones y que no cabe otra alternativa que humanizar y socializar el capitalismo con el encauzamiento en lo posible de esta naturaleza mediante la recuperación de los valores tradicionales; los mismos que se encargaron muy bien de denostar, desprestigiar y destruir.
 

EL PLANTE CORSO Y LA ESPAÑA DÉBIL
www.lanoticialdigital.com

Los ciudadanos parecen no respaldar más procesos de descentralización, incluso cuando éstos vienen impulsados por las instituciones gubernamentales. Los votantes de Córcega así lo acaban de decidir –bien es cierto que por un ajustado margen- en su reciente consulta electoral. La sociedad portuguesa se pronunció en similares términos hace unos años rechazando una iniciativa legal que pretendía instaurar en el país vecino una suerte de estado de las autonomías.

En España se orilla el dato que arrojan las encuestas del CIS en virtud del cual la administración autonómica es la peor valorada por los españoles. La descentralización no ha llevado pareja la mejora de la atención a las demandas de los ciudadanos. No ha resuelto los vicios del centralismo administrativo. Antes al contrario ha sido la forma de paliar las demandas de un nacionalismo periférico que hace del victimismo el argumento central de su discurso. Por esa razón, la descentralización es una respuesta sin límite a unas demandas secesionistas que tampoco tienen límite. Gestionar la cesión del poder central no es la tarea de servicio del político local sino el negocio de una clase dirigente que vive, en demasiados casos, de inducir demandas sociales inexistentes y de imputar a otros niveles de gobierno la responsabilidad por los problemas no resueltos.

Los partidos que administran los nacionalismos locales disfrutan hoy de una influencia política muy superior a su respaldo electoral. Nacen con vocación de partidos bisagra y se benefician de una abyecta forma de entender el servicio a la «res-pública»; negocio a cambio de modular la presión secesionista.

Países y regiones como Portugal, Quebec o Córcega no se han dejado seducir por el negocio de la descentralización incluso, en el caso de Córcega, plantando cara colectiva a la presión terrorista.

Los veinticinco años transcurridos tras el consenso constitucional de 1978 muestran bien a las claras las graves deficiencias del estado de las autonomías y la ausencia de voluntad política por reforzar la siempre necesaria solidaridad nacional.
 

COMENTARIOS
Por Españoleto

LA NUEVA MEZQUITA

Se inaugura en el Albaicín de Granada una nueva mezquita «la más grande de Europa, y la primera construida desde 1492», con asistencia de autoridades. Parece ser que está a cargo de la misma un converso escocés. Y que se ha limitado la altura del minarete para que no sobrepase la vecina iglesia de San Nicolás. Ha contribuido al costo un Emir del golfo Pérsico, que asistió a la inauguración. Se suscitan los comentarios correspondientes acerca de la hipocresía de que los musulmanes prediquen aquí la tolerancia, cuando persiguen y matan a quien predica la Fe en Cristo en sus tierras. Pero eso no tiene importancia, comparado con el tema de que los musulmanes ganan terreno que la Fe cristiana pierde por abandono.
 

HISTERIA AISLACIONISTA

El PSOE adopta una postura de reservar su indignación para cuando haya una baja española en Iraq. Dando a entender que se alegrarán de que se produzca, para provecho de sus fines políticos. Aparte de ello, se suscita un escándalo por el envío de un magro contingente militar (no estamos para muchos trotes) fuera de España. Se reaviva así una mentalidad timorata de alejamiento de los problemas mundiales y ensimismamiento nacional. Algo que nos ha hecho mucho daño, histórica y culturalmente, y que deberíamos erradicar con alegría.
 

LA ACOGIDA AMERICANA A AZNAR

Aznar se ha paseado por California, Nuevo México y Texas, recibiendo el aplauso de sus Cámaras, políticos y pueblo, que aprecian el apoyo político durante el conflicto de Iraq. Se lo merece, pues puso valentía y coraje político para afrontar una parte de nuestra sociedad enloquecida por la oposición. Y se ha reafirmado en mantener buena relación con la primera potencia mundial, que es un aliado auténtico. Sobre todo si se compara con nuestro vecino del Norte, tan imprevisible a lo largo de su historia.
 

PERMANENTE AGRESIÓN NACIONALISTA

El escándalo de los jueces nombrados por el PNV para el TSJPV, buscando a los más favorables y saltándole una veintena de ¿hostiles? ¿imparciales?, no es sino una faceta más de la agresión del nacionalismo vasco a las instituciones españolas. Que el Estado está respondiendo con la parsimonia precisa es algo claro. Que esa parsimonia sea la más conveniente ya es materia discutible, pues la eficacia debe tener en cuenta el impacto sobre la opinión pública de nacionales y nacionalistas, que es importante. Se está estableciendo una situación en la que parece que los del PNV pueden eludir la ley, que es inexorable para otros (menos los Albertos, por supuesto). Y eso es nocivo para el bien de nuestra Nación.
 

LA JUVENTUD MUNDIAL MUERE DE SIDA

Un breve comentario periodístico destaca que una parte muy importante de la juventud mundial desaparece como consecuencia del SIDA y de las drogas. Una muestra del «progreso» destructor propugnado por la progresía cultural y política mundial desde hace décadas. Y de cuyo impulso no se retractan, sino que insisten en él. A eso se llama (¿o tenemos que decir que se llamaba?) contumacia en el error. El más grave problema actual es la pérdida de consciencia en el pecado.
 

LOS ARTISTAS FRANCESES EXIGEN EL SUBSIDIO

Los artistas franceses están en huelga. Han obligado a cancelar diversos festivales de verano y han causado pérdidas económicas importantes al sector turístico y a sus compañeros menos favorecidos. Protestan contra la decisión del gobierno de no pagarles prestaciones de paro en los períodos en los que no les contratan. Algo habitual con los trabajadores autónomos. Son una faceta más del mal francés que pretende vivir de las ubres estatales. De una vaca que está un poco pachucha últimamente.
 

EL «SEñOR» CAñIZARES

Así denomina una portavoz socialista a Monseñor Cañizares, Arzobispo de Toledo, Primado de España, con motivo de una pequeña trifulca acerca de si los socialistas habían consensuado la Ley de la Enseñanza Religiosa. Demuestran que su mentalidad progre sigue condicionándoles hasta incurrir en la estupidez, más que en la falta de cortesía o etiqueta. Estos políticos añoran los tiempos de la Guillotina, en los que todo parecía plegable a la mentalidad doctrinaria de los jacobinos. Y se niegan a considerar ninguna otra realidad.
 

LOS AMERICANOS SE PONEN NERVIOSOS

El goteo de bajas en Iraq está trascendiendo a los periódicos americanos, que empiezan a angustiar a la sociedad (o a transmitir la angustia creciente de ésta) con la incertidumbre acerca de si el Mando sabe copar con la nueva situación. Un terrorismo en medio de una sociedad en reorganización es una carrera en contracorriente de dos fuerzas. Si la Sociedad se reorganiza y se asienta, acabará con el terrorismo y los terroristas. Si éstos prevalecen, la Sociedad se deprimirá en la ineficacia y la desesperación. El apoyo lúcido de las fuerzas militares extranjeras es primordial para el bien del pueblo iraquí.


 
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