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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 178
Martes, 05 agosto a las 11:50:46

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 178 – 5 de agosto de 2003

SUMARIO

  1. Memorialismo, por Aquilino Duque
  2. José Antonio, por Antonio Castro Villacañas
  3. Indicios de justicia hacia Franco, por Mario Tecglen
  4. Otras víctimas, por Matías Méndez
  5. Contumacia en el error, por Ismael Medina
  6. Lo que no se quiere decir, por Antonio Caponnetto
  7. Galería de Pendejos: Miquel Roca, por Alvarfrías
  8. Cartas de nuestros lectores, de Joaquín Serrano


MEMORIALISMO
Por Aquilino Duque

La que pudiéramos llamar generación del 68 o del porro empieza a sentirse vieja y se sienta a escribir sus memorias, que invariablemente son las de una infancia y una adolescencia sometidas a una implacable represión. De represión o refoulement se hablaba ya bastante antes del 68, pero fue a partir de entonces cuando, en lugar de ser un secreto de confesión o de psicoanálisis, fue una fuente pública de lágrimas de cocodrilo. La gran víctima de la represión era, por supuesto, el sexo, y la gran culpable, la moral católica en los países latinos y, en los anglosajones, la moral victoriana. Eso de que al niño, angelito, se le infundiera el temor de Dios con los ejercicios espirituales, y el sentido del deber, de la obediencia y la disciplina con la instrucción militar, era un contradiós y un contrafuero.

Siempre lamenté no haber ido a aquellos colegios religiosos donde los niños bien lo pasaban tan mal, por no hablar de Harrow o Eton, donde la pena de azotes era de rigor y donde al niño se le enseñaban dos cosas fundamentales: dominar sus sentimientos y no tener lástima de sí mismo. Puede que esa pedagogía explique la superioridad anglosajona en el mundo moderno. Nos guste o no, todos acatamos esa superioridad, y los que más la acatan son los que más la detestan, por ejemplo, los llorones memorialistas del porro, que son sus grandes víctimas por haberse aplicado, desde los años 60, a imitar todos sus defectos y ninguna de sus virtudes.
 

JOSÉ ANTONIO
Por Antonio Castro Villacañas

El retrato de un José Antonio triste ocupó durante cerca de cuarenta años un lugar destacado en muchas paredes oficiales de España. Sin embargo, aunque su figura se utilizara como un icono garantizador de ortodoxia política, la verdad es que cuanto él significaba -y todavía representa- no se conoció del todo en aquella época -incluso puede que sólo se conociera una parte de lo para entonces más conveniente- y como es lógico menos aún se conoce en ésta que ahora vivimos.

Por eso no tiene nada de extraño -si tenemos en cuenta la falsedad del sistema cultural y político construido desde 1976- que el centenario de su nacimiento esté pasando voluntariamente oscurecido por la enemistad de unos y la cobardía, la prudencia -o simplemente el cálculo de beneficios a obtener- de otros. Así, por ejemplo, ni el actual Gobierno español ni cualquier clase de poder autonómico o municipal ha considerado conveniente recordar a este joven político pese a que tuvo una innegable influencia en el desarrollo de la España del siglo XX y a que muchas de nuestras actuales figuras políticas, comenzando por la primera, se declararon joseantonianas o utilizaron los símbolos y las doctrinas del fundador de Falange cuando era rentable hacerlo.

El único diario de difusión nacional que ha dedicado un mínimo de atención a este aniversario ha sido el madrileño La Razón. El oficioso órgano de la derecha española publicó el pasado 23 de abril cuatro artículos sobre José Antonio (originales de César Vidal, Jesús López Medel, Rocío Primo de Rivera y Enrique de Aguinaga) y una especie de comentario editorial -pues apareció sin firma-, todo ello en las páginas que dedica a temas culturales. Como es natural, el diario monárquico -borbónico y juanista- tuvo mucho cuidado en dejar claro que su heredado y floreciente espíritu liberal le hacía tener que recordar el perfil político de un controvertido español del siglo XX, pero que éste no le es grato. Así, ya en su tercera frase se apresuró a calificarle como «ideólogo del fascismo español», y en la siguiente aseveró -para que no hubiera dudas al respecto- que «La Razón rechaza su ideario político y las consecuencias posteriores para nuestra historia reciente».

Dos puntualizaciones merecen esas frases. La primera es que únicamente los frívolos, los ignorantes o los malintencionados pueden afirmar que José Antonio y su Falange se identificaran alguna vez con el fascismo en sus escasos tres años de existencia. Sería fácil demostrárselo a cualquier escritor «racional» que se atreviera a mantener lo contrario. La segunda puntualización consiste en decir que nada tiene de extraño el que un diario seudoliberal y clasista rechace las superliberales, íntegras y unitarias ideas políticas de José Antonio, por cierto aceptadas -al menos de cara al público- por españoles tan ilustres como Alfonso de Borbón y Habsburgo, Juan de Borbón y Battemberg y Juan Carlos de Borbón y Borbón en determinados momentos de sus respectivas biografías, pero sí que parece raro en ese diario el rechazar «las consecuencias posteriores para nuestra reciente historia» de tal ideario cuando una de esas consecuencias, si bien indirecta y desgraciada, es la instauración o restauración de una estructura política tan grata a quienes mantienen ese periódico y se mantienen del mismo
 

INDICIOS DE JUSTICIA HACIA A FRANCO
Por Mario Tecglen

En los últimos tres meses, han ocurrido cosas en España muy interesantes y dignas de ser comentadas.

Quizá la audacia de Pío Moa cuyo libro Los mitos de la Guerra Civil, con 22 semanas seguidas figurando como el libro más vendido, haya contribuido en esta apreciable brisa de justicia; pero es cierto, y digno de ser anotado con letras mayúsculas, el fracaso tremendo de las algaradas genuinamente golpistas de esa izquierda historicista y obsoleta que conocemos muy bien los que la hemos padecido en nuestras carnes. Me refiero, por supuesto, al movimiento sobre el chapapote y la guerra del Iraq que pretendían echar, literalmente, del gobierno de la nación al Presidente Aznar y a su partido.

Es previsible que hoy, después del 25 de mayo, los políticos del PSOE e IU, y la mayoría de los medios de comunicación que les apoyaron, prefieran olvidarlo.

Sobre estos mismos hechos, el columnista de El Mundo: Federico Jiménez Losantos ha publicado el 14 de julio pasado la frases transcritas a continuación que son las últimas de su trabajo.

«Es muy natural que esos políticos y esos medios no quieran acordarse de lo que hicieron hace unos meses, porque fue una fechoría infecta, inmoral y liberticida, pero lo hicieron, y la violentísima sensación de acoso padecida por la media España que no vota a la izquierda tardará tiempo en ser olvidada. De aquella clamorosa injusticia, además de la providencial visita del Papa que fue el punto de inflexión y de la reconquista de la calle por la derecha, la sacó José María Aznar. ¿El que la metió en el lío? No, porque el lío lo montaron los otros, no él.

»Y como sucedió en el 34 y, sobre todo, en el 36, la derecha no puede ni debe olvidar lo que le debe al hombre que la salvó. ¿Qué suena a Franco? Peor es sonar a Largo Caballero, como Zapatero, que buscó la guerra civil y la perdió. Hay quien aprende de la Historia y los hay que no aprenderán nunca».
 

OTRAS VÍCTIMAS
María Méndez
, Bilbao

Con todo mi respeto a las víctimas de terrorismo de uno y otro lado. Con todo mi respeto hacia el vascuence (considero que no debe perderse), pero creo que se le está dando un tratamiento desmesurado (hoy en día existe «la dictadura del "euskera"») y unos gastos astronómicos en formación para tan pobres resultados. Después de hacer estas salvedades quiero manifestar que hay otro tipo de víctimas que, aunque no les quiten la vida, les ayudan a morir: llevo toda la vida, desde los 17 años que acabé la carrera, ejerciendo como maestra y estudiando a la vez con el propósito de dar mejores respuestas a mis alumnos. Pero no sé vascuence (lo intenté, pero motivos de salud me impidieron continuar). Ahora me encuentro que como no sé vascuence «no sirvo para nada», no puedo dar clase de lenguaje y matemáticas en el modelo «B» o «D». Se nos echa de los centros a los que nos ha costado tantos años llegar después de peregrinar por pueblos alejados del hogar. Se nos echa sin más o se nos ofrecen puestos que nada tienen que ver con lo que es toda mi vida, mi vocación: enseñar. Me considero una víctima y no tengo ninguna asociación a quien acudir (los sindicatos dicen amén al gobierno). Nadie nos defiende, no le importamos a nadie y esto, señores, no mata, pero ayuda a morir, porque yo me siento como el estiércol, me siento muerta.
 

CONTUMACIA EN EL ERROR
Por Ismael Medina

Iñaki Ezquerra, recae en su libro Sabino Arana, o la sentimentalidad totalitaria en uno de los muchos tópicos insostenibles que durante los último cinco lustros persiguen deformar y denigrar la figura de José Antonio Primo de Rivera con un ahínco digno de mejor causa. No he leído el libro, pero me atengo a la glosa de Martín Prieto («Sabino Arana: el elitismo de la chistorra», El Mundo, 13.07.2003). Ezkerra equipara a Sabino Arana con Hitler y José Antonio, y dice que el paridor del nacionalismo vizcaitarra supera en racismo a los otros dos, siempre según la referencia de Martín Prieto, para quien «el del fundador del fascismo español ni siquiera está explicitado». Presumo que es Ezquerra el que no lo justifica y no Martín Prieto.

Recurro, a dos breves citas de José Antonio Primo de Rivera para eludir un análisis de la cuestión prohibitivo para «Cartas al director»:

«La nación no es una realidad geográfica, ni ética, ni lingüística; es sencillamente una unidad histórica» (FE, num. 1, 7.10.1933).

«España no se justifica por tener una lengua, ni por ser una raza, ni por ser un acervo de costumbres» (Discurso en el Congreso de los Diputados, 30.11.2.1934).

Al mentís que explayan las dos anteriores citas debo añadir un hecho real suficientemente expresivo: Falange Española tenía dos militantes de raza negra, según oí comentar a falangistas de aquel tiempo, afines a Dionisio Ridruejo y creo recordar que uno guineano y el otro de origen cubano.

¿Puede sostenerse, aún con sólo los anteriores datos, que José Antonio Primo de Rivera era racista?
 

LO QUE NO SE QUIERE DECIR
Por Antonio Caponnetto, Buenos Aires

A propósito de las extradiciones a los militares

El gobierno de Kirchner representa un cambio respecto del de sus predecesores, que es necesario comprender.

Por primera vez en veinte años, la guerrilla marxista no se conforma, como hasta hoy, con el dominio de la revolución cultural en sus múltiples y perversos frentes. Ni siquiera con el ejercicio de la autoridad política, que viene ejecutando en las últimas dos décadas, a través de los personeros que supo colocar en los tres poderes del Estado. Ni tampoco con la fingida oposición que ha tomado las formas regulares de la partidocracia de izquierda o las irregulares del piqueterismo depredador. Va por más. Y lo hace, no sólo ni principalmente amparado en la propia fuerza, sino en la debilidad culposa y cómplice de quienes debieran presentarle batalla.

Va por más decimos, el gobierno de Kirchner. Va por el aniquilamiento de aquellos que, en su momento, recibieron la orden de aniquilarlos por ser beligerantes invasores de nuestra patria al servicio de la insurrección comunista mundial. Se trata, lisa y llanamente hablando, de una prolongación explícita del partisanismo marxista, con el agravante de que ahora, sus viejos y renovados cuadros disponen de todos los resortes del poder estatal.

Quien no quiera ver que el marxismo ha declarado nuevamente la guerra, y está en operaciones, o es ciego de ceguera suicida o fautor de sus trapisondas.

La extradición de los militares es apenas un movimiento de esta nueva contienda subversiva. Como no se les ofrece resistencia alguna, seguirán otros, cada vez más audaces y ofensivos.

Cada Jefe castrense que manifiesta cobardemente el acatamiento a las actuales medidas punitivas del Gobierno Marxista, es socio del mismo. Cada cúpula de los respectivos Estados Mayores que entrega a los integrantes de sus cuadros a la vindicta de los facciosos, es verdugo de sus propios camaradas. Cada declaración de las Fuerzas Armadas expresando la tranquilidad de sus cuadros ante las presentes persecuciones, no hace sino cohonestarlas y rubricarlas. Cada blanco militar o civil de esta cacería de la Internacional Roja que se presente mansamente ante la justicia revolucionaria, la refrenda y convalida. Cada intento de fuga o de suicidio agrava la rendición y la derrota. Cada defensa en nombre de la misma legalidad positiva que colocó y que mantiene en el poder a los militantes setentistas, no hace sino otorgarles el marco jurídico para su consolidación. Cada actitud de simetría frente a presuntos dos demonios, a quienes habría que castigar, que perdonar o que olvidar por igual, acrecienta la horribilísima confusión ideológica.

La guerra debe ser respondida con la guerra.

No saben de qué estamos hablando los que insisten en defender al indefendible Proceso; los que creen que estamos justificando a aquellas jerarquías militares hueras de lucidez y de coraje, los que suponen que cruzamos espadas por Generales sin batallas, uniformados sin dignidad y Comandantes sin honor, turiferarios todos a su turno del Imperialismo Internacional del Dinero. Por culpa de ellos, que después de enrarecer una contienda lícita entregaron el poder al abogado del más crapuloso líder guerrillero, la Nación agoniza desde entonces en manos de sus peores enemigos históricos. Estultos de estulticia probada, los que insisten en reaccionar en nombre de la democracia liberal, como si no fuera ésta la criminal engendradora y sostenedora de la actual descomposición de la Argentina. Como si liberalismo y marxismo no fueran las dos caras funestas y torvas de la Revolución Mundial Anticristiana.

La guerra cuya legitimidad proclamamos es por la memoria de aquellos soldados que, con escapularios en el pecho y rosarios anudados en los fusiles, cayeron por Dios y por la Patria, en los montes tucumanos o en los laberintos urbanos, peleando virilmente contra la guerrilla homicida. La guerra limpia y justa contra las bandas marxistas, en cada sitio donde ellas desataron su odio y su perfidia. La guerra frontal e hidalga, que sumó nombres heroicos a nuestras epopeyas, vilmente ignorados hoy por la falsificación histórica dominante. La guerra que tuvo aires de gesta y de cruzada, resistiendo los ataques imprevistos y traicioneros, y atacando a bandera desplegada los focos creados por el enemigo. La guerra de la espada invicta y del pensamiento recto. La que cobró la sangre de los mejores, desde Berdina hasta Hermindo Luna, desde Carpani Costa hasta Jordán Bruno Genta, desde Larrabure hasta Maldonado, desde Sacheri hasta Horacio Fernández Cutiellos.

Militante agazapado y subrepticio que supo ser de ese terrorismo marxista, es aquella contienda que le infligió una derrota militar la que quiere vengar Kirchner con su gobierno. Llama a la venganza con el eufemismo predilecto creado para tales efectos: defensa de los derechos humanos. Una ficción más, que todos conocemos.

Por eso no hay que permitirles que extraditen a nadie: porque más allá de las reales o conjeturales culpas de los acusados que hoy se entregan dócilmente a un juez prevaricador, y más allá de los artilugios leguleyos que puedan mentarse sobre la iniquidad del procedimiento, el sentido primero y último de las extradiciones es el de la revancha marxista, propalada agresivamente. Un bofetazo arrojado a la cara de los combatientes cabales. A la gloria de los guerreros caídos con honor, antes que a la libertad de los vivos. A las Fuerzas Armadas y a la Soberanía Nacional, objetos de odio constante por los sicarios marxistas.

En memoria de sus batallas honrosas y de sus muertes martiriales, urge enfrentar al marxismo gobernante.

Hasta que el Señor de los Ejércitos nos separe de la lucha, para unirnos en el cielo eternamente.
 

GALERÍA DE PENDEJOS
Por Alvarfrías

Hacía mucho tiempo que no prestábamos atención a un político como Miquel Roca i Junyent. La verdad es que nos dejó de interesar desde el principio de su aparición política. No tiene nada que ofrecer y lo que dice, o carece de interés o es avieso.

Este es el caso del artículo publicado en La Vanguardia el pasado 22 de julio, aprovechando el aniversario del 18 de julio de 1936.

Tiene razón el Sr. Roca: a la mayoría de los jóvenes el 18 de julio les suena como a nosotros nos sonaba la Guerra de Cuba, con una diferencia: nuestra formación nos permitía conocer qué pasó en Cuba, y la formación que recioben los jóvenes hoy les impiode, incluso, conocer los hechos de la Hisatoria de su Nación, salvo el de la Constitución del Sr. Roca y poco más; sobre todo los jóvenes de Cataluña.

Pero, claro, el Sr., Roca manipula la historia que dice desconocern los jóvenes e impide que, de acercarse a ella, se enteren qué sucedió en aquel tiempo, que motivó la Guerra Civil, y cuales fueron los frutos de los que se benefició el Sr. Roca y el resto de los españoles.

El Sr. Roca no ha hecho ningún esfuerzo para superar nada como queda bien patente en su artículo. El Sr. Roca no ha aprendido nada de los errores del pasado sino que incurre de nuevo en ellos. Es cierto lo que dice: sin memoria histórica dificilmente se puede entender la Historia y sacar enseñanzas para el futuro. Es una pena que personajes como el Sr. Roca tengan audiencia.

Pobrecillo.

Memoria histórica

18 de julio. Pequeña pero representativa encuesta entre jóvenes de edades comprendidas entre los 20 y los 35 años: ¿qué os recuerda esta fecha? Silencio. El más rápido lo asocia al aniversario de alguno de los presentes a quien debía haber felicitado y no lo ha hecho; otros manifiestan que no les recuerda absolutamente nada. El más ilustrado lo asocia con la revolución francesa y el más prudente señala que debe de relacionarse con algún episodio de la Segunda Guerra Mundial.

No vamos bien. Seguramente, del 18 de julio de 1936, la historia ha hecho posibles muchas y diversas lecturas, pero lo que resulta innegable es que es una fecha relevante y decisiva de la historia de España. Un alzamiento militar contra el Gobierno de la Segunda República inició una dramática guerra civil que duró tres años, que costó centenares de miles de muertos, que abrió la puerta a la dictadura del general Franco y que convirtió España en el laboratorio donde experimentar lo que más tarde desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Esta fecha, la del 18 de julio de 1936, no puede desconocerse; nuestros jóvenes la tienen que memorizar en sus estudios, como tantas otras mucho menos relevantes de nuestro pasado.

Hemos, entre todos, hecho un esfuerzo tan importante para superar el pasado que hemos llegado al absurdo de quererlo ignorar. Esto es una barbaridad. Un país que no cultiva su memoria histórica tiene muchas posibilidades de repetir los mismos errores de su pasado. Ni la transición ni la Constitución, ni la excepcionalidad de la normalidad democrática en España durante estos últimos 25 años pueden valorarse si se olvida el 18 de julio de 1936. Lo que esta fecha representa da sentido a mucho de lo que hemos hecho a partir de 1977.

La responsabilidad es, obviamente, del sistema educativo. Debatimos sobre las clases de Religión y nos olvidamos de la historia. Vamos a estudiar la reconquista y vamos a dedicar una última página al siglo XX, y nuestros jóvenes no saben qué pasó el 18 de julio de 1936, que aun antes de haber nacido marcó su historia. Nada de lo que hoy ocurre en España puede entenderse sin conocer lo que aquella fecha representó.

En el mundo se habla, se escribe y se teatraliza lo que fue la guerra civil española. Aquí, los jóvenes pueden ser brillantes y modernos sin tener idea de lo que aquello fue. Una cosa es no hurgar en las heridas del pasado; otra es desconocerlo. Y de esto también los padres son responsables. ¿Nos da miedo? ¿Preferimos la visión arcangélica, pero irreal, de la historia de España? Sin memoria histórica, todo es virtual. Construir sin conocer las bases no es un buen consejo. No funciona. Cambiar sólo tiene sentido cuando se sabe qué es lo que se quiere cambiar. Por ejemplo, hacer imposible por siempre jamás otro 18 de julio.
 

CARTAS DE NUESTROS LECTORES
De Joaquín Serrano

En el ultimo numero de El risco de la Nava he encontrado un gazapo en relación con lo referente a la mezquita de Granada, pues dice que entre los que la han financiado están los Emiratos Arabes Unidos, donde te pueden matar por confesarte cristiano. Ello me ha sorprendido porque he tenido la ocasion de viajar allí hasta en 4 ocasiones y tengo que decir que en la capital, Abu Dhabi, existe una catedral católica con un obispo italiano, o por lo menos era italiano cuando yo estuve. El embajador español me contó la anecdota de que en una visita del rey de Arabia Saudi, éste le pregunto al jeque Zayed Bin Sultan, presidente de los Emiratos, sobre como permitía una catedral católica en tierra árabe y quien le contestó que prefería un extranjero que creyera en Dios y practicase su religión que alguien que no creyera en nada. También me fue permitido acceder incluso a una mezquita chiíta; eso sí, descalzo.

Este es el dato que quería aportar. Además leí que era el emir de Sharjah, el tercer emirato del país, el que lo había financiado. En Sharjah existe el club Andalucía, que fundo el príncipe Hohenloey, y en todos los hoteles, si lo pides, te sirven GAZPACHO ANDALUZ, con todas las sílabas. Vivir para verlo.


 
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