Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda

    Menú
· Inicio
· Presentación
· Recomendar
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
    Envíos

Si deseas recibir nuestras publicaciones por correo electrónico, además de otras noticias de la Hermandad, indícanos tu dirección de correo-e:

Suscribirte
Cancelar suscripción

Dirección:

El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 193
Lunes, 24 noviembre a las 19:55:50

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 193 – 18 de noviembre de 2003

SUMARIO

  1. ¿La calidad del autogobierno?, de lanoticiadigital
  2. Cribas y raseros, por Aquilino Duque
  3. Geopolítica, por Dalmacio Negro
  4. Juan de Ávalos, por Jesús Flores Thies
  5. Galería de pendejos: Javier Tusell, por Alvarfrías
  6. Ciclo romano sobre Isabel la Católica, de Zenit


¿LA CALIDAD DEL AUTOGOBIERNO?
De lanoticiadigital.com

Los ciudadanos tenemos derecho a unas administraciones públicas eficientes. El esfuerzo que los contribuyentes soportamos en forma de impuestos, debe tener su correlato en una escrupulosa gestión de los dineros que la sociedad transfiere a manos públicas.

A lo anterior añádase que los españoles debemos recibir de estas administraciones los servicios esenciales más allá de la región o municipio de residencia. Desde esta perspectiva, repugna imaginar situaciones de privilegio en función de esa residencia. Pero el desarrollo constitucional nos ha llevado a una estructura administrativa fuertemente descentralizada con consecuencias en la calidad de los servicios públicos.

Es obligación de cada administración ofrecer el mejor servicio público a sus ciudadanos en aquello que es competente. El resultado último puede ser -a modo de ejemplo- un buen sistema público de salud o una pésima atención sanitaria dependiendo de la región de residencia. La causa de esta desigualdad grave no está en un reparto insolidario de recursos entre regiones sino en una muy diferente calidad en la gestión pública.

En una sociedad democrática es difícil objetar algo a la desigual calidad de los servicios nacida de la diferente calidad en la gestión pública. Son los ciudadanos los que han de remover a los gobiernos que gestionan mal los recursos públicos.

Sin embargo, la realidad se compadece mal con el discurso nacionalista que se arroga para sí una alta capacidad en la gestión del autogobierno.

Continuando con el ejemplo sanitario, el déficit de la sanidad pública catalana demuestra que las mayores y progresivas cotas de autogestión no han ido de la mano de una mayor eficiencia. En cambio, ha sido políticamente más rentable forzar la indisciplina financiera para luego exigir compensaciones presupuestarias a cambio de frenar y aplazar las demandas secesionistas. El nacionalismo periférico ha hecho del autogobierno un negocio y no una herramienta para la mejor gestión pública.

Este tipo de argumentaciones se esgrimen con fuerza en las elecciones autonómicas donde la tentación del nacionalismo periférico cuenta con grandes adhesiones. En particular, ha vuelto a ser el caso de las Elecciones Catalanas.

Paralelamente, se ha producido un importante deterioro en la opinión pública hacia las administraciones regionales, cada vez consideradas más alejadas de las necesidades de los ciudadanos. Las sociedades democráticas deben ejercer su derecho a cambiar las estructuras de gobierno con la misma legitimidad con la que se expulsa del poder a los malos gobernantes.

La sociedad española padece una estructura administrativa que se ha revelado perversa. Corresponde a los españoles cambiarla.
 

CRIBAS Y RASEROS
Por Aquilino Duque

Uno de los efectos más nocivos del igualitarismo es la crisis del sistema educativo, crisis que además contribuye a complicar el fenómeno de la inmigración. La inmigración, con su secuela la «multiculturalidad», ha reventado la «escuela única», ese feliz hallazgo del igualitarismo pedagógico. El actual Ministro francés de Educación no tiene más remedio que agarrar el toro por los cuernos, pero, como soixante-huitard notorio, no puede por menos de seguir defendiendo el principio de la «escuela única», dentro de la cual defiende en cambio un cierto pluralismo de, vamos a decir, «orientaciones pedagógicas». El bueno de Jack Lang proclama en efecto que todo el mundo sirve para algo y da a entender que no todos sirven para lo mismo, cosa que ya sabían y practicaban las Grandes Écoles y los centros de enseñanza privada, con gran indignación de los correligionarios del actual Ministro, y no sólo en Francia.

La «escuela única» no es un invento del 68 después de todo, pues no otra cosa eran los Institutos de Enseñanza Media en la época en que yo estudié. Claro que entonces había raseros, incluso en la enseñanza pública, donde el que no servía para el estudio y el que sólo iba a incordiar estaban de más. Luego al final estaba el examen de Estado, que era una buena criba que igualaba a los alumnos de la enseñanza pública y a los de los colegios de pago. Con esto dio al traste el igualitarismo de tó er mundo è güeno y las cribas fueron a parar a los museos de artes y costumbres populares.
 

GEOPOLÍTICA
Por Dalmacio Negro

La geopolítica se constituyó como disciplina científica en Alemania a finales del siglo XIX. Por sus connotaciones ligadas a la reivindicación por Hitler de un Lebensraum (espacio vital) prácticamente desapareció con ese nombre, sobre todo de las universidades, si es que llegó a estar en sus planes de estudio, por no ser políticamente correcta; pero ahora resurge con fuerza. Una política realista no puede prescindir de consideraciones geopolíticas. La geopolítica determina en gran medida las constantes histórico-políticas que definen la actitud de los poderes políticos cuando se confrontan entre sí. Y si cambia la situación histórica, las nuevas constantes de la política exterior.

Una constelación política presupone una situación histórica en la que las unidades políticas espaciales, las potencias, se configuran de una manera determinada, estableciéndose una suerte de orden. Pero el mundo no acaba de acomodarse al hecho de constituir irreversiblemente por primera vez una sola constelación política. En ella, es indiscutiblemente Estados Unidos -un Gran Espacio (Grossraum)- la única potencia capaz de tener una Weltpolitik (política universal). Mas, por el momento, a pesar de existir esa constelación política universal, es decir, a pesar de la unidad política del mundo, existen o subsisten otras ordenaciones espaciales, otras constelaciones políticas en las que los poderes pugnan por que se ordenen según sus intereses. Por un lado está, pues, la constelación política universal en relación con la cual Norteamérica establece, garantiza o impone una forma de orden. Por otra, sigue habiendo constelaciones menores, cuya política, sin ser ya del todo independiente de aquélla, tiene empero cierta autonomía. Es el caso de Europa.

En la configuración de Europa como Gran Espacio, se ha llegado a un punto en el que los distintos pueblos, naciones o Estados discuten amablemente en la superficie pero, en el trasfondo, con la dureza habitual de la política internacional, en función de sus intereses particulares. En ella, como en toda constelación política, se lucha por la hegemonía. Hegemonía que esconde la posibilidad de que como de lo que se trata políticamente es de construir un Gran Espacio, la política exterior (y por tanto la interior) de este espacio político sea dirigida por aquel poder, aquel Estado, que la consiga. Éste es el secreto del apoyo de Inglaterra a Estados Unidos en el asunto de Iraq -que afecta a la geopolítica mundial- para merecer sus favores y de la oposición de Francia: lo que se disputa es la hegemonía en Europa; en ningún caso se trata de razones morales aunque se invoquen.

No es un secreto que hasta ahora apenas se ha dado un paso en Europa sin la conformidad de Francia; de ahí la oposición inglesa. O sea, en el proceso hacia la unidad europea sigue operando la viejísima constante de la rivalidad franco-inglesa por la hegemonía. Alemania, fracasada en sus intentos hegemónicos, esgrimiendo ingenuamente como baza política su potencia económica hace de amortiguador, consiguiendo algunas ventajas como la del euro; y con Schröder apoya abiertamente a Francia, aunque al mismo tiempo quiere salvar las apariencias con Estados Unidos.

España ha surgido en la disputa como tercero en discordia, no tanto con pretensiones hegemónicas cuanto para frenar las ambiciones francesas. El problema es que, sin ejército aunque no se trata de luchar, con su debilidad demográfica casi congénita, sin una política exterior definida en relación con los demás poderes europeos que le permitiera encabezar o suscitar otra alianza y con serios problemas internos, entre los que no es el menor el nulo sentido del Estado del poderoso Partido Socialista que controla (con la ayuda del Partido Popular) gran parte de la opinión pública, es demasiado débil por sí sola. Quizá solamente pueda apoyarse en su situación geográfica tanto dentro de la geopolítica europea como de la constelación política mundial. Pero en ningún caso debiera ceder, aun a costa de revisar la adhesión a la Unión Europea, si Francia (o Chirac) impone las sanciones con que amenaza a los desobedientes a sus designios.
 

JUAN DE ÁVALOS
Por Jesús Flores Thies

Hemos leído unas declaraciones de Juan de Ávalos, el genial escultor de los Evangelista y de la Piedad en el Valle de los Caídos, y hemos podido comprobar, una vez más, que un genial artista puede llegar a ser, en determinados momentos, un hombre mezquino. Picasso podría ser un genio de la pintura, pero era una persona poco recomendable, no sólo en momentos determinados, sino a lo largo de toda su vida; al igual que Alberti y otros poncios del arte o de la «inteligencia».

Juan de Ávalos ha tenido que sufrir el estigma de su «colaboración» con Franco, estigma que ha permitido que no apareciera (o desapareciera) en las enciclopedias del Arte. Un ejemplo asombroso y sangrante es la que editó Planeta en 1998, voluminosa obra donde ni Juan de Ávalos es citado ni de pasada. Nada, no existe, ha caído de lleno en el pozo del silencio que dicta el «Ministerio de la Verdad» según el cual de lo que no se habla no existe.

Este «Ministerio de la Verdad» es el que ha marginado a Clará, de tal forma, que su fundación en Barcelona ha tenido que ser disuelta por falta de atención y medios. Y es que a Clará no se le perdona su grupo escultórico en el destruido, por medios talibanes, Monumento a los Caídos, bajo la protección del Ayuntamiento de Barcelona. Hay una «Diosa» de Clará en la plaza de Cataluña, que sigue allí nadie sabe por qué. La bella diosa, de espaldas al horrendo monumento erigido al separatista Maciá, parece querer ignorar tal bodrio y a tal personaje. Marés, otro genial escultor catalán, apenas si su nombre pasa de largo en estas voluminosas enciclopedias, que dedican, sin embargo, páginas enteras, de texto o imagen, a la «Cabra» de Picasso o a los pedruscos de Chillida. Y es que Marés «colaboró» con Franco en la restauración y realización de esculturas funerarias de los Reyes de Aragón en el Monasterio de Pohlet. En las guías turísticas de ese Monasterio, hecho revivir precisamente por el régimen del Caudillo a principios de los años 40, ni se le menciona a Franco ni se habla apenas de Marés. Sin embargo se homenajea espléndidamente a Tarradellas por su apoyo a la fundación o patronato protector de Poblet. Una lápida de gran tamaño, sin duda subvencionada por el «Ministerio de la Verdad», recuerda tan genial apoyo.

Volviendo a Juan de Ávalos, nos cuenta éste sus penalidades por culpa de los vencedores de la guerra civil y nos asegura que se «exilió» a Portugal, aunque reconoce que «le dejaron llevarse su estudio y sus obras». Sin embargo -¡oh sorpresa!- poco después participa en el concurso organizado para las esculturas del Valle de los Caídos, concurso que gana. Pese a las presiones de algunos para rechazarlo, «por ser desafecto al régimen», Franco lo mantiene sencillamente «porque es el mejor». Después nos cuenta una entrevista con Franco, al que denomina «Don Paco» en todo un alarde de categoría humana deleznable. De sus comentarios sobre la entrevista parece deducirse que si el Monumento del Valle está dedicado a todos los caídos de uno u otro bando, es porque así se lo dijo él a Franco.

Nos habla de lo que cobró o no cobró, todo envuelto en repetidas protestas de republicanismo, así como de los «crímenes de los vencedores» en Mérida. Y a él lo represaliaron, al parecer, por haber paseado con Unamuno...

Sin embargo, ni una sola palabra para quejarse de la destrucción de muchas de sus obras y esculturas (arrojadas escombreras y estercoleros, según la prensa), ni por supuesto, calificó debidamente a los responsables «demócratas» de tales barbaridades culturales. Ni una palabra para hablar de la voladura del monumento que realizó cerca de Manzanares, el monumento a «La Victoria». Elevado sobre un cerro que domina la «ancha Castilla», fue dinamitado por los de siempre, aunque la fortaleza de la estructura del Ángel, trasformó su aspecto después del crimen. Un ángel de hierro, con las alas desplegadas, sobre la que se han mantenido dos manos de piedra engarfiadas en una espada, la de la Victoria, como si quisiera, pese a talibanes sin alma, mantener aquella victoria que transformó a España.

Recordamos las obras de Juan de Ávalos, no sólo las del Valle, sino por otras que realizó durante el régimen de Franco y que veíamos y admirábamos en aquellos añorados Salones de Otoño, donde los mejores pintores y escultores del «páramo cultural», exponían lo mejor y último de su obra. Allí vimos el grupo escultórico de «Quo Vadis...?», del que un bocazas de la prensa de hoy dijo que fue «el único desnudo que permitió Franco». Y creo que también fue allí donde admiramos por primera vez a sus «Amantes de Teruel».

Es indudable que, sin su obra gigantesca y admirable del Valle de los Caídos, Avalos figuraría hoy en los libros autorizados por el «Ministerio de la Verdad» y estaría asentado en la cima del arte escultórico español y universal. Con Franco o sin Franco, Ávalos era un genio. Pero al igual que era un genio Miguel Ángel y sin la ayuda del Papa jamás habría realizado muchas de sus obras ni, por supuesto, su monumental maravilla de la «Capilla Sixtina», Juan de Ávalos jamás habría alcanzado la cima de su genio si no hubiera realizado sus ciclópeas esculturas del Valle de los Caídos, obra que no tiene parangón, equivalencia o par en el mundo.

Juan de Avalos pudo haberse marchado al extranjero donde su trabajo podría ser también muy rentable, pero a su mujer echa la culpa de no haberse decidido. Lo cierto es que no lo hizo. Porque no hay duda de que fue en la España de Franco donde Ávalos desarrolló la mayor parte de su trabajo. Cela, Casona o Buero Vallejo, también escribieron lo mejor de su obra en esos años, al parecer irrepetibles, de nuestra Historia.

No podemos terminar sin echar un recuerdo a esa Ministra de Cultura, ex roja, que pasa de largo sobre estos problemillas de destrucción del patrimonio, y a todos los responsables de Ayuntamientos o gobiernos taifas que cooperan en esta destrucción que es, al parecer, lema y costumbre adquirida de sus ancestros ideológicos y políticos ¿Tendrán luego la caradura de criticar la voladura de los Budas de Afganistán?

Cuando llegue la «Primavera», que llegará, nadie recordará a los talibanes institucionales, destructores del patrimonio, mientras que la obra de Ávalos aparecerá en las enciclopedias del Arte en tamaño más grande que la «Cabra» de Picasso.

Cuando los norteamericanos invadieron Alemania, buscaron por todas partes la obra escultórica de Arno Becker (creo que este era su apellido), el «escultor del régimen nazi», y las fueron destruyendo y pulverizando en una encomiástica misión talibán made in USA. Incluso arrasaron el estudio del artista que se ha pasado parte de su vida recorriendo Alemania para recuperar, en lo posible, su obra destruida. De haber podido, Alfonso Guerra, Leguina y otras glorias de la reciente Historia de España, habrían hecho lo mismo. Fue Guerra el que dijo que lo que se podía hacer con el Valle es una inmensa barbacoa...
 

GALERÍA DE PENDEJOS
Por Alvarfrías

Javier Tusell es un historiador sui sui, absolutamente desprestigiado, al que nadie realmente interesado por la Historia presta la menor atención, pero que goza de gran predicamento entre la progresía y los que se empeñan en no ver la realidad de los hechos sucedidos en el pasado, bien porque se quieren despegar de ellos para que no les identifiquen con determinadas actitudes (de ellos o de sus padres), bien por cobardía.

Javier Tusell es un clown de la Historia, absolutamente tendencioso en sus apreciaciones, despreciable por la tergiversación y que no pasará a la historia por más que ahora edite continuamente.

Una de las muestras de su imparciaidad la ha dado en reciente artículo publicado en El País a propósito del espacio qu Sánchez Dragó a dedicado a José Antonio Primo de Rivera en su programa dominical de medianoche en TVE. Lo tomamos de «periodistadigital».

El historiador Javier Tusell arremete hoy (10.11.03) en las páginas de Radio y TV de El País contra el escritor Fernando Sánchez Dragó por la cobertura realizada por éste a José Antonio Primo de Rivera en su programa «Negro sobre Blanco» en la segunda cadena de Televisión Española. Escribe Tusell: «El director de Negro sobre blanco es personaje muy singular en una franja más bien lunática dentro de la normalidad general de la sociedad española. [...] La afirmación más extravagante la logró el conductor del programa. Con esa rotundidad que proporciona la sabia mezcla entre el confusionismo, el desparpajo y la ignorancia, Sánchez Dragó aseguró que Primo de Rivera era un discípulo de Croce por aquello de que creía que la "Historia es una marcha continua hacia la libertad". [...] Alguien debiera decirle al director de RTVE que ya se ha llegado al límite en jalear a personas, grupos y opiniones cuyas doctrinas resultan directamente contrarias al espíritu de nuestra Constitución».
 

CICLO ROMANO SOBRE ISABEL LA CATÓLICA
De Zenit.org

El primer embajador de Israel ante la Santa Sede, Samuel Hadas, es el primer judío que interviene en el ciclo de conferencias sobre Isabel la Católica que impulsa desde el año pasado la Embajada de España ante la Santa Sede.

«Yo soy judío asquenazi y, por lo tanto, conocía muy poco la historia de los sefardíes o judíos españoles», comenzó confesando Hadas, que inició su conocimiento sobre los judíos españoles cuando se convirtió también en el primer embajador de su país ante España.

Según dijo, la aportación de los judíos españoles a la cultura occidental hasta su expulsión de España (1492) fue «impresionante».

«Astrónomos, matemáticos, filósofos, traductores, místicos, cabalistas, geógrafos, poetas y artistas imprimieron su sello en generaciones sucesivas», recordó. «Su aportación no se agota en España, sino que fue una contribución a la humanidad», siguió diciendo. No sólo la cultura judía, sino la herencia que recogieron los judíos conversos fue de gran importancia, señaló Hadas.

En este sentido, citó como ejemplo a Fernando Rojas, el judío converso autor de la célebre obra literaria española La Celestina. «La historia de la península ibérica no se comprende sin la huella de la cultura judía», recalcó el embajador judío. Hadas también se aventuró a decir que, «si se quiere demostrar que Cristóbal Colón fue español, seguramente antes habrá que demostrar que era judío».

La figura del rabino Maimónides (Mose ben Maymon, 135-1204), centró parte del discurso de Samuel Hadas, que definió a este filósofo de Córdoba como «multifacético» y, sobre todo, como «una personalidad cuya influencia sigue vigente en nuestros días».

Samuel Hadas, que también fue embajador en Bolivia y Colombia, mencionó las ciudades de «Sevilla, Córdoba, Toledo y Gerona» como testimonios importantes del paso de la cultura judía por España y recordó que la historia de las relaciones entre los judíos y España «es lo que yo llamo la historia de un encuentro, un desencuentro que ha durado siglos, y un reencuentro».

Hadas, que ahora es profesor en Jerusalén, estuvo en España durante siete años y se convirtió en el primer embajador israelí en este país cuando consiguió que se establecieran relaciones diplomáticas con Madrid.

En la conferencia no tocó el argumento de la propuesta de beatificación de la reina Isabel la Católica, se limitó a analizar la presencia judía en España hasta antes de su expulsión.

Samuel Hadas es actualmente consejero para la cooperación intercultural en «The Peres Center for Peace», en Israel, y presidente del Consejo Hebreo de Israel de Relaciones Interreligiosas.

Por su parte, Carlos Abella, embajador español ante la Santa Sede, explicó que «al ser España un país en el que las tres grandes religiones convivían con enorme tolerancia, el contraste con la Europa del momento era todavía mayor».

El embajador español propuso esa época de convivencia anterior a la expulsión de los judíos como un «ejemplo de diversidad y convivencia para el mundo actual, en el que como dice Su Santidad el Papa, las religiones deben ser fuente de hermandad y colaboración y no de conflicto».

Abella recordó que «tenemos que juzgar a la reina Isabel la Católica en su tiempo y no con los criterios de hoy».


 
    Opciones
· Versión Imprimible
· Enviar a un Amigo
    Otros enlaces
· Más Acerca de El Risco de la Nava


Noticia más leída sobre El Risco de la Nava:
El Risco de la Nava - Nº 124


Hermandad del Valle de los Caídos (hermandaddelvalle.org)
Colaboraciones, comentarios, sugerencias: