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Altar Mayor - Nº 90 (34)
Sábado, 20 diciembre a las 12:53:28

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 90 – Enero de 2004 (Extraordinario)

LA CULTURA DE LA MUERTE
Por Juan José Alonso Escalona

Hace más de 2.000 años el apóstol San Pablo, en su carta a los romanos (Rom 1, 18-30), describe un comportamiento caótico de la sociedad grecorromana, que nos recuerda muy mucho al actual de los países occidentales; recomendamos su lectura para profundizar en el caos de las sociedades modernas.

Describe toda la «inmundicia a la que entregaban sus cuerpos [...] trocando la verdad de Dios en mentira y dando culto y rebajándose a las criaturas antes que someterse al Creador. [...] repletos de toda iniquidad, malicia, fornicación, avaricia, depravación; comidos por la envidia, homicidas, [...] no obedientes a los padres, necios, descompuestos [...] inmisericordes».

Es cierto que el hijo de Dios se encarnó «en la plenitud de los tiempos», acaso quiera esto decir que «llegado al colmo de la paciencia divina» Dios no quiso que el hombre avanzara más en su propia destrucción, física y espiritual. Sin apartarnos de las Sagradas Escrituras, tras el pecado de nuestros primeros padres, asomó por primera vez en la historia de la humanidad la muerte y el homicidio.

Abel estorbaba a Caín por su bondad y, ante esto, se imponía deshacerse de él. Pudo ser el segundo pecado del hombre; el primero, sin duda, la soberbia.

No hace mucho, concretamente en el año 1983, también en la España católica se legalizaba el crimen de los crímenes, la muerte de la persona más inocente, del ser más indefenso, del hijo ya concebido pero aún no nacido.

La sociedad española, la que todavía anidaba en su corazón sentimientos, afectos y amor, la que aún se confesaba católica, se echó a la calle, tratando de evitar tamaño desvarío e iniquidad: asesinar a niños inocentes, aún no nacidos, a quienes la Constitución «otorgaba» y defendía su pleno derecho a la vida. Mayor desacato, mayor vergüenza ni tan siquiera podía imaginarse.

A los socialistas, entonces en el poder, les correspondió llevar a cabo tal ignominia y esto, a pesar de los millones de españoles que, no tan sólo, se manifestaron (4.762.000 personas en más de 22 ciudades españolas) sino también a pesar de las 730.000 firmas visadas ante notario y entregadas al Parlamento contra el proyecto de Ley de despenalización del aborto y que, según nos indicaron, eran depositadas en los huecos que quedaban bajo los ascensores.

Al cabo de 20 años de aquel descalabro pudiera parecer que alguien ahora, en este caso yo mismo, deseara polemizar sobre lo que, a todas luces, era inevitable; y digo inevitable, ya que conocíamos que esta legalización del aborto era uno de los requisitos para el reconocimiento de España como democracia occidental.

No trato de polemizar, tan sólo deseo dejar muy claro que ese proyecto de ley debía haberse paralizado y archivado ante el hecho histórico de la reacción de más de cuatro millones de españoles que expresaron su oposición de forma legal, en cantidad y en calidad, acorde con sus manifestaciones y presentación visada y entregada de casi 800.000 firmas.

La contundencia de estas aseveraciones se encuentra avalada por documentos de Prensa, Revistas y Videos con reportajes rodados en público por empresas reconocidas, debidamente archivados y custodiados por personas de intachable conducta y ejercicio profesional. Existen más de tres mil metros de reportajes en BETACAM, que recogen 22 manifestaciones y la apoteósica asistencia a la Misa celebrada en la Plaza Mayor de Madrid en la que pudimos ver a la Madre Teresa de Calcuta con sus hijas y en la que pronunció su mundialmente conocido lema: «No los matéis; dádmelos a mí que yo los cuidaré».

Toda la documentación referida concentra las noticias, artículos, reportajes y manifiestos en Defensa de la vida humana, desde el 8/02/83 hasta el 23/05/83.

Se creó una plataforma denominada Comisión Nacional en Defensa de la Vida que representaba a las Asociaciones España PRO-VIDA, Acción Familiar, Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos, Primer Derecho, Secretariado Pueblo de Dios en Marcha, ADEVIDA y, últimamente para la continuidad del ideario, asistencia de las madres solteras, guarderías y derechos jurídicos, se fundó la Asociación Privada de Fieles, Unión en Defensa de la Vida «UDEVIDA.

Prácticamente en su totalidad los Colegios Médicos de España expresaron y manifestaron públicamente su oposición a la despenalización del aborto así como el 90% de los ginecólogos (YA 7/05/83).

Se expusieron más de un millón de carteles, millones de octavillas, 720.000 pegatinas con los siguientes slogans: «Mamá no me mates»; «Sí a la Vida»; «No al Aborto»; «Él tiene sus derechos»; «Matarle ahora es un crimen»; «Matándole antes de nacer... es un aborto».
 

Prensa/Revistas que recogieron noticias de la Campaña

Diario de Navarra, La Gaceta del Norte, Diario de Burgos, El Comercio, El Alcázar, Mundo Cristiano, Diario de Pontevedra, El Correo Gallego, El País, Lanza, Ideal, Ya, Informaciones, Navarra Hoy, Las Provincias, ABC, Hierro, Diario de Ávila, La Verdad, Pueblo, Diario Vasco, Diario 16, El Correo Español, El Pueblo Vasco, Egin, Tribuna Vasca, La Vanguardia, Mediterráneo, Diario 7, El Correo de Andalucía, Córdoba, Sábado Gráfico, Herald Tribune, TELES, Familia Cristiana, El Adelantado de Segovia, Levante, Granada, La Voz de Galicia, Jaén, Badajoz, Hoy, Extremadura, El Faro de Vigo, Diario 19, Castellón Diario, El Día, Diario de Mallorca, Última Hora, Baleares, El Norte de Castilla, Sur, Diario de Cádiz, La Voz del Sur, Elche, Deia, El Periódico de Cataluña, Avui, Heraldo de Aragón, Canarias 7, Diario de Cuenca, Jornada Deportiva, Hola.

Del resumen de noticias recogidas en la Prensa reseñada de más de 60 diarios y periódicos es de donde se desprende el número de manifestantes españoles que mostraron su disconformidad en contra del proyecto de Ley de Despenalización del aborto.

A lo largo de todos estos años, desde la despenalización del aborto, cerca de un millón de niños han sido privados de su derecho a la vida (se me hace muy duro decir que han sido asesinados), mientras, hipócritamente, estamentos oficiales y otros organismos financiados por la Administración hacían proclamas y denuncias ante la matanza de las ballenas y de otras especies en peligro de extinción.

Actualmente, la sociedad española se ha echado a la espalda su responsabilidad ante los inútiles esfuerzos de su lucha contra la severa imposición de unas leyes sine qua non las democracias occidentales han de asumir. Triste misión y tremenda responsabilidad la de los políticos que se ven obligados a claudicar, si quieren seguir en sus puestos, defendiendo objetivos mundialistas de puro comercio y finanzas, sin otra posibilidad que aprobar leyes injustas y de macabros horizontes, justificando al delincuente y asesino y menoscabando la dignidad del inocente y honesto ciudadano. Así se camina al caos mundial en el que habrá una inmensa riqueza acumulada, que acarreará la mayor pobreza e indigencia para quienes, desorientados y sin protección, no puedan competir en un mundo totalmente insolidario y ajeno al mal que le rodea.

Se podría afirmar, sin temor a equivocarse, que toda la maldad existente en el mundo occidental tiene su origen y causa en estas leyes asesinas de control de la natalidad y de la «muerte digna» (eutamasia), que permitan regir y gobernar el mundo según estimen los «magnates del mercado mundial»: globalización.

No es agradable oír y profundizar en este futuro, que se avecina; no menos duro que las noticias diarias de asesinatos, terrorismo, secuestros, homicidios, violencia sin cuento. El ocaso de nuestra civilización parece avocado a una puesta de sol roja, tan roja como la misma sangre.

El titular de este artículo advierte: «las generaciones que vengan en eras posteriores podrán asegurar que la historia del hombre de hoy perteneció a una civilización sanguinaria; la era de la cultura de la muerte».

Seguro que más de una persona tendrá claro que todo esto pasará; que tan sólo se debe a cambios pasajeros de la sociedad; que, quizás, todo cuanto sucede será en beneficio de otros bienes a medio y largo plazo. Si así no fuere, ¿para qué destacar cuanta maldad encierra el mundo de hoy? o ¿qué bienes puede reportarnos el conocimiento de estos desequilibrios, si nada o poco podemos hacer? No está mal razonado; es más, resulta muy enojoso tener que avisar de estas desventuras. Pero creo que es mejor conocer lo que esconde el futuro que meter la cabeza debajo del ala.

Ojalá pueda llegar a predecirse con exactitud el día y la hora en que va a suceder una hecatombe, para estar vigilantes y poder huir, si otra cosa no pudiera hacerse. Quien está avisado de la proximidad de un terremoto es más fácil que pueda escapar de su daño.

En todo caso yo soy creyente y me consta que Dios no abandona a sus criaturas. Termino con San Pablo, al hablar de sus flaquezas como hombre mortal: «Todo lo puedo en Aquel que me da fuerzas» y añadía «Scio cui creddidi et certus sum», «Sé de Quien me he fiado y estoy seguro».


 
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