Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda

    Menú
· Inicio
· Presentación
· Recomendar
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
    Envíos

Si deseas recibir nuestras publicaciones por correo electrónico, además de otras noticias de la Hermandad, indícanos tu dirección de correo-e:

Suscribirte
Cancelar suscripción

Dirección:

Altar Mayor T
Altar Mayor - Nº 90 (32)
Sábado, 20 diciembre a las 12:59:50

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 90 – Enero de 2004 (Extraordinario)

LA MUNDIALIZACIÓN
Por Luis Antonio Vacas Rodríguez

Con esta palabra denominamos a un nuevo fenómeno, con el que hemos de enfrentarnos al comenzar el siglo XXI. Entendemos por fenómeno, aquella apariencia o manifestación, ya sea esta del orden material o espiritual, es decir, que la humanidad como consecuencia de su gran desarrollo tecnológico y cultural, considerado éste a escala mundial, presenta por vez primera en su historia un nuevo fenómeno muy complejo, que muestra muy diferentes facetas, entre las cuales se podrían señalar, como de mayor incidencia, las siguientes: El estudio de los organismos vivos, tanto en su forma como en su estructura y particularmente al hombre, en el aspecto de su distribución, atendiendo a su composición, distribución geográfica, así como a las actividades y características económicas. Además, todo aquello relativo a su vida organizada en sociedad. Incluyendo el conjunto de ideas, habilidades y costumbres adquiridas por el hombre y que se transmiten de generación en generación. Considerando también, la producción, distribución y el consumo de la riqueza con las que se satisfacen las necesidades humanas, sin olvidar la parte inmaterial de su ser, en lo que se refiere tanto a los sentimientos, como a sus facultades racionales. Finalmente, es preciso también el considerar su ecosistema y lo referente al medio ambiente que le rodea.

Después de lo enunciado, creo que podemos considerar como multifacético al fenómeno de la mundialización. Mostrando la gran complejidad del problema y la urgente necesidad de tomar las medidas adecuadas, para reducir en lo posible los daños que ya ha provocado la especie humana sobre el planeta Tierra, que en gran parte ignoramos su verdadera magnitud, por la falta de responsabilidad y respeto que provoca la masa humana. Si no reducimos la marcha que ha tomado el tren de la humanidad, es previsible su descarrilamiento. Ya empiezan a oírse los gritos de alarma, como el libro La Tierra explota de Giovanni Sartori.

Por otra parte, el vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, en su libro La Tierra en juego nos dice: «Nuestro siglo ha sido testigo de cambios decisivos en dos factores clave que definen la realidad física de nuestra relación con la Tierra: un súbito e inquietante aumento de la población humana, que crece a razón de la totalidad del censo chino cada diez años, y el repentino aceleramiento de la revolución científica y tecnológica, que ha llevado nuestro poder de transformación del mundo a niveles casi inimaginables; hoy somos capaces de quemar, recortar, cavar, desplazar y remodelar como nunca la materia física de que se compone el planeta.

»El crecimiento demográfico es a la vez una de las causas del cambio de relación y un claro indicio de la imprevisible magnitud de este cambio, sobre todo en términos históricos. [...] Ahora que nuestra relación con la Tierra ha cambiado tan profundamente, debemos abrir los ojos a este cambio y comprender sus implicaciones. [...] El problema no radica tanto en nuestro efecto sobre el medio ambiente como nuestra relación con el mismo. Por tanto, cualquier solución deberá tener rigurosamente en cuenta esta relación así como la compleja interrelación de los factores propios de la civilización y la de éstos con los principales componentes del ecosistema planetario».

Según Salvador Pániker: «El ecosistema humano se compone tanto de la naturaleza como de la cultura, las múltiples sabidurías que en el mundo han sido, y que el etnocentrismo occidental ha tendido a destruir. Así han perecido los indios norteamericanos y así se están extinguiendo buena parte de las especies animales y vegetales». En el referido libro, del vicepresidente Al Gore, se muestra un gráfico sobre la extinción de especies entre los años 1700 al 2000, donde se indica que desde comienzos del siglo XVIII a principios del siglo XX, solamente habían desaparecido algunas cuantas especies, pero durante el siglo XX, su extinción ya tiene lugar por decenas de millares. Además, nos hace un resumen, de lo que hemos heredado del siglo XX, de la siguiente manera: «El siglo XX no ha sido justo con el esfuerzo de forjar objetivos en la vida. Dos guerras mundiales, el genocidio nazi, la invención del armamento nuclear y ahora la crisis medio ambiental nos han llevado a preguntarnos si la supervivencia -por no hablar ya de una vida de esperanza, alegría y comprensión- es posible. Nos refugiamos en las seductoras herramientas y tecnologías de la civilización industrial, pero ello sólo crea nuevos problemas conforme nos aislamos unos de otros y nos desconectamos de nuestras raíces. La preocupación por él yo -rigurosamente definido como lo que está separado por completo de los otros y del resto del mundo- se ha reforzado como motivación primaría en toda interacción social y de la civilización en su conjunto. Pero esta respuesta no puede durar y en último extremo da paso a la sensación de que lo real y justo se nos escapa de las manos. A mí modo de ver, esta respuesta se ha generalizado tanto que indica una especie de crisis de identidad colectiva».

Desde el punto de vista económico, se dice en su capítulo 10 titulado: «La economía: la verdad o las consecuencias», lo siguiente: «La economía clásica y de libre mercado tal vez sea la herramienta más poderosa de cuantas ha usado la civilización. En su condición de sistema que distribuye recursos, trabajo, finanzas e impuestos, que controla la producción y el consumo de riquezas y que influye en casi todas las decisiones de nuestras vidas, la economía es dueña y señora. [...] La dura realidad es que nuestro sistema económico padece ceguera parcial; ve unas cosas y otras no. Evalúa y vigila cuidadosamente el valor de todo lo que afecta a vendedores y compradores, como la comida, la ropa, las manufacturas, el trabajo y, desde luego, el dinero. Sin embargo, sus intrincados cálculos suelen ignorar el valor de otras cosas, más difíciles de comprar o vender, como el agua fresca, el aire puro, la belleza de las montañas, y la rica diversidad de la vida forestal, por nombrar sólo unas cuantas. De este modo, la ceguera parcial de nuestro sistema económico se convierte en la fuerza más poderosa de cuantas se ocultan tras la aparente irracionalidad de ciertas decisiones relativas al medio ambiente global. [...] Consideremos el parámetro básico del rendimiento económico del país, el producto nacional bruto (PNB). Al calcular el PNB, los recursos naturales no se deprecian mientras se consumen. Sí que lo hacen, en cambio, edificios y fábricas, maquinaría y equipamientos, coches y camiones. [...] Pero la ceguera económica no se limita a la simple valoración de los productos. Según la primera ley de la termodinámica, la materia y la energía no se pueden crear ni destruir. Los recursos naturales se transforman, por tanto, en productos útiles, llamados bienes, y en subproductos dañinos, incluidos los que ocasionan la contaminación».

Por otra parte, el Premio Nobel de Ciencias Económicas Maurice Allais, en su libro La mundialización, la destrucción de empleos y del crecimiento. La evidencia empírica. En el capitulo titulado «Una sociedad liberal humanista», nos señala lo siguiente: «Una crisis de inteligencia. La apertura mundialista a todos los vientos de la economía comunitaria en un marco mundial fundamentalmente inestable, pervertido por el sistema de las tasas de cambios flotantes, y donde los cambios están totalmente falseados por las considerables disparidades salariales durante los cambios, ésta es la causa esencial de una crisis profunda que poco a poco nos conduce al abismo». La economía debe de estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía.

La cultura, que es el testimonio del tiempo, el destilado que resulta al seleccionar todo lo experimentado y aprendido, el gran caudal de nuestros saberes, que nos orienta en la vida y que constituye el gran almacén donde depositan sus creaciones los humanos; la cultura es la libertad, la aristocracia del espíritu, la cual encuentra el filón de su riqueza en la lectura; no sólo forma un conjunto de creencias y creaciones, sino también la suma de todos los valores que definen al individuo y le convierten en persona.

Según los psicólogos, la persona utiliza diversos mecanismos de defensa tales como: represión, desplazamiento, identificación, proyección, formación reactiva, racionalización y regresión. Manifestando también ciertas necesidades psíquicas, entre las que se incluyen el afecto, el poder, el reconocimiento personal y social, la autosuficiencia e independencia, la necesidad de parentesco, enraizamiento, trascendencia, unidad e identidad, sentido de orientación, devoción y efectividad, que marcan los límites de la vida señalados por uno mismo. Además de las necesidades puramente fisiológicas, la persona necesita, seguridad, estima y autorrealización. En resumen, toda conducta humana pude aprenderse, mantenerse, modificarse o extinguirse, según las circunstancias y las posibles recompensas, Así que cada tipo humano presenta su forma propia de vida. Václav Havel, lo indica de la siguiente manera: «La identidad humana no es simplemente un cómodo lugar de la existencia sino un constante contacto con la pregunta cómo ser y cómo existir [...] La crisis del mundo actual es, evidentemente una crisis de responsabilidad humana (tanto de la responsabilidad hacia como ante) y por tanto, una crisis de la identidad humana».

La vocación universal de los seres humanos es el deseo de felicidad, y para satisfacer ese profundo deseo, se requiere un proyecto de vida que se tenga en pie, es decir, basado sobre tres firmes pilares: amor, trabajo y cultura. La civilización actual sabe poco de amor y lo fundamental es que no hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncias. Así que la senda que conduce a la felicidad requiere una interpretación de la realidad, que cada uno se hace en esta vida. Los sentimientos actúan de intermediarios entre los instintos y la razón, así que ellos nos conducen hacia una vida de mayor felicidad. Y volviendo a Pániker: «El animal humano es esencialmente ambivalente: es y no-es. Es en tanto que individuo (que nace y muere), no-es en tanto que miembro de una especie culturizada (sometido a códigos colectivos). La peculiaridad del animal humano es que sabe esto. La figura producida por la conciencia refleja es la condición de posibilidad para la creación de la cultura propiamente humana».

En el aspecto cultural, la mundialización puede tomar diversos caminos: multiculturación, mestizaje cultural o cultura dominante, según se oriente por distinta dualidad: Amor-odio, espíritu-materia. Esperemos, que se oriente por el camino del amor y la verdad.

El actual contexto mundial nos muestra como consecuencia de la II Guerra Mundial y la caída del Muro de Berlín, que produce la auto descomposición del Estado Soviético, y tiene como resultado la emergencia en el horizonte mundial de una hiperpotencia como los Estados Unidos capaz de imponer sus criterios a todo el planeta. Así resulta que la dualidad Religión-Democracia impuesta por los usanos conduce al mundo occidental a: primero, un proceso de implantación de un laicismo generalizado y la extensión de la democracia parlamentaria, imponiendo, por las buenas o por las malas, aquellas constituciones partitocráticas que les resultan de interés; y segundo, intentan hacerlo extensible al mundo entero. El resultado es que las raíces cristianas de la vieja civilización occidental están siendo corroídas por el laicismo usano, su materialismo consumista y los restos del ateísmo marxista. De ahí, que el binomio comunismo ateo-consumismo materialista, en este combate están poniendo sobre las cuerdas al espíritu de la humanidad.

Por otra parte, en el aspecto político universal nos encontramos, que este tipo de democracia que pretenden implantar los usanos a todos los pueblos del planeta, no es otra cosa que un marketing de la mentira y un semillero de odio, que además otorga a todos los gobernantes una licencia que les permite el no asumir ningún tipo de responsabilidades. De tal manera que un mundo tan complejo manejado y teledirigido por irresponsables sin personalidad, que como nos dice Ian Kershaw: «En los modernos Estados capitalistas, el poder político descansa normalmente en el desempeño de un cargo determinado y en la función que dicho cargo realiza. Se trata básicamente, de un mando impersonal. El ejercicio del poder burocrático e impersonal, apoyado sobre la base de unas normas legales e impersonales equitativas, conforma el núcleo de lo que Max Weber explicó en términos generales como el marco legitimo-racional de dominación». Que conduce a lo que recientemente nos informa el corresponsal del diario ABC en París, al hablar del imperio de la socialburocracia: «En Francia hay oficialmente 4 millones de funcionarios (empleados del Estado y las administraciones locales), entre el 26 y el 27 por ciento de la población activa. Más de un tercio pertenecen a un sindicato, y más de la mitad cumple con bastante fidelidad las consignas sindicales. En los últimos veinte años, el número de funcionarios no ha dejado de crecer, a un ritmo de 40.000 por año, contribuyendo a desequilibrar la economía, ya que esa factura absorbe el 43,6 por ciento de los presupuestos». Esto nos hace presumir un siglo XXI muy movido, en el que habrá que resolver problemas muy complejos como el terrorismo, la superpoblación, la contaminación, el ultraliberalismo depredador, el deterioro de los valores morales tradicionales, el consumismo compulsivo, la especulación, el profundo deterioro y el despilfarro de los recursos naturales, la urbanización irracional, la uniformización cultural, la xenofobia, la educación de más de la mitad de la población mundial analfabeta, y la otra mitad, adormecida y manipulada por la mediocridad cultural que imparten los medios de comunicación, y que además manipulan sus conciencias a placer, sin que nadie se preocupe de dotarles de una información objetiva y responsable. En tales condiciones, es muy posible, que tengamos luchas religiosas en los países islámicos, chiítas contra sunnitas, y según el escritor e intelectual marroquí, Tahar Ben Jelloun: «Los islamistas desentierran el terrorismo siempre que un país árabe quiere modernizarse». Y añade que: «En Marruecos los terroristas desean liquidar por la violencia cualquier proyecto de apertura política». Así que no resulta posible un renacimiento del cristianismo en tales países. Otra cuestión es un posible amanecer de nuevas culturas hispanoamericanas, como también un posible desplazamiento de la nueva civilización hacia el Océano Pacífico. Pero esto entra ya dentro de la prospectiva, o sea, la exploración de los futuribles, internándonos en el mundo de la estrategia de lo real y de lo deseable, aplicando las nuevas tecnologías de la información mediante el enfoque sistemático y una actitud prospectiva, sobre el sistema, es decir, el conjunto evolutivo de sus elementos y sus interrelaciones, orientadas hacia un objetivo común, observado a largo plazo, con amplitud y profundidad e imaginación de aventura.

Y volviendo de nuevo la mirada hacia el libro de Giovanni Sartori, en lo referente al hombre, la energía y la entropía, nos dice lo siguiente: «Orazio Nobile escribe que el producto de las transformaciones generadas por el hombre (y en general por los animales y por las plantas, aunque a velocidades muy distintas) es un desorden cuya condición de partida ya no es posible reconstruir; en otras palabras: el hombre es un complejo sistema derrochador, resultado de innumerables procesos irreversibles. La entropía es un fenómeno cósmico en virtud del cual la calidad se degrada. La energía solar, por ejemplo, es de alta calidad pero cuando alcanza la Tierra se transforma en calor o energía de calidad inferior. El Big Bang, teoría cosmológica que trata de explicar el nacimiento del universo, consiste en la transición de un tipo de orden a un tipo de desorden. Para tener una idea del consumo de energía ligado a la población, se calcula que en 1860 se consumían 0,9 megavatios/hora per cápita al año; donde cada megavatio/hora equivale al trabajo de un esclavo veinticuatro horas al día durante todo el año. Así pues, en 1860, traduciendo los megavatios/hora, los casi 1.200 millones de personas que habitaban la Tierra hubieran debido de disponer de más de 1.000 millones de esclavos. En 1990 el consumo de energía era de 19 megavatios/hora per cápita al año (dejando a un lado fuentes de energía como la solar, eólica, etcétera); y los terrícolas, que a la sazón eran unos 5.500 millones, habrían necesitado 100.000 millones de esclavos trabajando en firme veinticuatro horas al día durante todo el año».

Volviendo de nuevo, con el Vicepresidente USA, hacia nuestro ecosistema, nos dice: «El profesor Revelle explicó que, de alcanzarse niveles más elevados de CO2, se produciría lo que él llamaba efecto invernadero, que implicaría a su vez un aumento de la temperatura de la Tierra. [...] La concentración de CO2 de 1958 a 1991 pasó de una concentración de CO2 de 315 a 360 (p.p.m.)». En cuanto a la amenaza de los residuos que deja el hombre sobre el planeta, nos dice: «La segunda consiste en que por cada hombre, mujer y niño se produce, semanalmente, una tonelada de residuos sólidos industriales y eso sin contar los residuos gaseosos que se disuelven constantemente en la atmósfera (en Estados Unidos, por ejemplo, cada habitante produce una media de veinte toneladas de CO2 al año). Así es que, aunque parezca increíble, considerando estos tres tipos de residuos, cada estadounidense genera al día más del doble de su peso en basura. [...J Los laboratorios y plantas químicas han fabricado herbicidas, pesticidas, funguicidas, clorofluorocarbonos (CFC) y otros muchos compuestos, a tal velocidad que resulta imposible seguirles la pista a todos. Como pretendían sus creadores, muchos han logrado mejorarnos la vida. Sin embargo, otros muchos, quizá demasiados, nos han legado una venenosa herencia con la que tenemos que vivir durante generaciones». Por ejemplo, el famoso Agente Naranja limpió la jungla en la guerra del Viet Nam, pero parece ser la causa de los trastornos genéticos detectados en los hijos de los soldados que allí combatieron.

Parece ser que el hombre ha olvidado los primeros capítulos del Génesis (2,17): «el árbol de la ciencia del bien y del mal». Efectivamente, nuestro desarrollo científico y tecnológico nos ha llevado de nuevo a prescindir de Dios, y este acto de soberbia de la humanidad nos conduce de nuevo a los lugares donde la Biblia situaba el Edén, cuna de la civilización, para que se repita el asesinato de Caín y Abel, pero ahora entre civilizaciones: Judaísmo, Islam, etc. Una nueva Sodoma y Gomorra se nos avecina si el hombre no recupera su espíritu y se reconcilia con Dios.


 
    Opciones
· Versión Imprimible
· Enviar a un Amigo
    Otros enlaces
· Más Acerca de Altar Mayor


Noticia más leída sobre Altar Mayor:
Altar Mayor - Nº 81 (12)


Hermandad del Valle de los Caídos (hermandaddelvalle.org)
Colaboraciones, comentarios, sugerencias: