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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 203
Viernes, 30 enero a las 18:46:22

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 203 – 27 de enero de 2004

SUMARIO

  1. Portada: ¡No pasarán!, por Emilio Álvarez Frías
  2. Apuntaciones sobre Isabel II, por Antonio Castro Villacañas
  3. ¿Y si los españoles buscaran una alternativa...?, por Manuel Parra Celaya
  4. El compromiso de Kioto, por Martín Quijano
  5. ¡Increíble! La juventud británica mira a la Historia y elige a Beckham, de elsemanaldigital.com


Portada. ¡NO PASARÁN!
Por
Emilio Álvarez Frías

¡Ahí queda eso! ¡Qué cosas hay que oír a estas alturas de la vida!

El señor Carod-Rovira, esa china que se le ha metido al señor Zapatero de la mano de su colega Maragall, le trae un tanto conturbado, haciéndole trastabillarse más que de ordinario.

El otro día, la china, es decir, el señor Carod-Rovira, se ha ido a charlar con los muchachos de ETA para convenir con ellos que no maten a los ciudadanos que moran o habitan en Cataluña, aunque le trae al fresco que ejerzan su profesión en el resto de España, además de otras cuestiones sobre cómo encontrar la libertad de España, o sea la independencia, para sus correspondientes regiones, y hacer, de paso, la pascua al Gobierno de España, que no es de ellos.

Como resulta que se han descubierto sus intenciones, que los españoles han montado en cólera, que al señor Zapatero le descoloca un poco bastante, que el señor Maragall pastelea lo necesario para no perder el gobierno de la región catalana, se ha enfadado. Y ha montado en cólera. Se ha puesto a largar todo lo que se le ha venido a la boca, con tacos y todo, faltaría más, insultando al PP cuanto se le ha ocurrido, adoptando una postura de chulería digna del señor Arzallus, agradeciendo al señor Ibarreche los ánimos que le da, etcétera.

Y, para rematar, amenaza con que se va a presentar como cabeza de lista de su partido para las elecciones de marzo para que vean los españoles quién es él en lo tocante a obtener votos, sacando a relucir la célebre frase de aquellos republicanos de Madrid allá por el año 1936: ¡No pasarán!

¡Qué cosas! A lo mejor con su clamor rancio inclina a que otros españoles adopten posturas parecidas. Sería una lástima, pero quizá, si lo pide, habrá que hacerle caso.
 

APUNTACIONES SOBRE ISABEL II
Por Antonio Castro Villacañas

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, algunos monárquicos puros y no pocos de última hora han decidido utilizar las bodas de plata de la Constitución y cualquier otro acontecimiento similar o parejo como pretexto para ensalzar la institución monárquica. El último de los que tengo conocimiento es el centenario de la muerte de Isabel II, que se cumplirá el próximo 4 de abril. Uno de los más conspicuos exaltadores de la Corona justifica su apuesta política e histórica aduciendo que durante el reinado de la castiza consorte de doña Francisquita tuvo lugar en España la transición del «antiguo régimen» socio-económico y político -el vigente durante el reinado de su augusto padre, el felón Fernando VII, y sus antecesores- a otro nuevo en el que cambiaron las instituciones con objeto de favorecer la libertad de iniciativa y de asociación, comenzó a industrializarse el país al aplicarse por primera vez las nuevas técnicas, se formó la red ferroviaria que todavía hoy disfrutamos, y se organizó políticamente España para pasar del absolutismo a la monarquía constitucional y democrática. Confieso que mi corta formación económica y mi escasa fe en las virtudes dinásticas me impiden apreciar cuál fue el papel que Isabel II interpretó de forma directa y personal en esas cuestiones. No he podido averiguarlo leyendo ninguna de sus biografías ni los hasta ahora más acreditados libros de historia. Y me acuso de no comprender cómo al «antiguo régimen» -estuviera encabezado por un felón o por un genio- se le puede responsabilizar de no haberse industrializado debido a no aplicar unas técnicas todavía inexistentes, o de no haber formado una red ferroviaria cuando aún no estaban en uso las máquinas de vapor y los raíles... Soy un modesto aficionado a la historia, y excusado es decir que nunca he consultado los archivos ni publicado artículos y menos aún libros sobre épocas y personajes del pasado. El siglo XIX y el XX me han llamado más la atención que los anteriores en cuanto a la acción política de sus protagonistas, exceptuando el Cid Campeador, quizás porque mi despertar a la literatura, la historia y la política se debió -junto a las circunstancias que los españoles vivíamos en 1936- por el descubrimiento y la apasionada lectura de los Episodios Nacionales que escribiera don Benito Pérez Galdós en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Por eso me acuso de tener a doña Isabel II en muy mal concepto, ya que incitada mi curiosidad por el gran escritor canario complementé sus informaciones sobre tan insigne dama con otros escritos de diversos autores, casi todos coincidentes en que desde su primera juventud, y no por culpa propia, dicha alta y significativa señora ofreció al público continuos síntomas de protagonizar una vida licenciosa, hasta el punto de dar pretexto a que uno de sus contemporáneos, en el ejercicio de la libertad de expresión característica de las monarquías democráticas y parlamentarias, la calificara de «regia prostituta» por las diferentes atribuciones de paternidad -muy variadas y pintorescas- que «sotto voce» pero de forma generalizada se referían a cada uno de los hijos que oficialmente tuvo con su marido y primo, el rey Francisco, quien el día de su boda, según confesó años más tarde la esposa, llevaba en su ropa interior muchos más lazos, puntillas y encajes que ella misma. Bienvenido sea, pues, este centenario. Aguardo con impaciencia los libros que nos aclaren cuál fue su verdadera acción política, si es que la tuvo, y su influencia en los éxitos y fracasos habidos durante su reinado tanto en materia económica como en el ámbito social, en las letras y en las artes. A ver si me entero de una vez cuál fue la razón de que tan meritoria reina fuera expulsada de España en 1868 y la de que su propio hijo, Alfonso XII, no la permitiera regresar a su Patria cuando la monarquía fue restaurada en 1874 mediante un democrático golpe de Estado.
 

¿Y SI LOS ESPAÑOLES BUSCARAN UNA ALTERNATIVA…?
Por Manuel Parra Celaya

Soy de los que creen que es necesaria una alternancia en el poder, tanto por higiene personal de los gobernantes como por higiene social de los gobernados. No me gustan, por otra parte, los «cheques en blanco» que se otorgan por pereza: las «tiranías» -al modo griego- deben ser pocas e imprescindibles.

También, quizás por motivos cronológicos, añoro aquello de «la imaginación al poder» del 68, si bien nunca he compartido el «Vive le mérde» de aquellas calendas, porque tengo para mí que la imaginación sana y no patológica sólo puede tender hacia la belleza.

Dicho lo cual, me he preguntado muchas veces qué ocurriría si realmente los españolitos de a pie buscáramos una alternativa de gobierno tras ocho años de ejecutivo del PP. Confieso que no tengo perjuicios al respecto, pero los hombres y mujeres del Sr. Aznar me recuerdan muchas veces aquellos personajes serios y puntillosos que dibujaba -creo que Pablos- La Codorniz… Buenos administradores, quizás, pero más aburridos que aquel «roman nouveau», felizmente superado. 

He dicho que no tengo perjuicios, pero eso no quiere decir que no tenga mis ideas. Y, como la mayoría de españoles, confieso estar escamado -casi alarmado- con el neocaciquismo de las Autonomías: resulta que aquí nadie piensa en España, entre otros motivos porque algunos no se sienten españoles; ¿creen realmente en sus Mitos los nuevos caciques democráticos que pretenden cortar proyectos seculares para embarcarse en argumentos balcánicos o de opereta?

También me pregunto por el pastel y sus partes. Me explico: ni socializar la miseria ni privatizar la abundancia, que es lo que se viene haciendo en los últimos tiempos. ¿Ven la importancia de la «imaginación»? Porque, posiblemente, los sesudos administradores actuales no ven más allá de sus narices y atesoran sus talentos evangélicos para que no fructifiquen en casa de los Lázaros, mientras hacen su agosto los Epulones.

Pues bien, podría ser convincente que alguien con imaginación tomara el reemplazo del pandero. Y ahí está lo grave: ¿dónde encontrarlo? Porque el PSOE, por sus muchos pecados, carece también de la más mínima imaginación. Todo eso suponiendo que siga existiendo, porque ustedes me dirán si ese batiburrillo que pone una vela a Dios y otra al diablo (sin señalar), que apoya el neocaciquismo separatista en Cataluña (o se deja sodomizar por él, como dicen los procaces), que pacta de tapadillo en ayuntamientos batasunos, que reinventa al duque de Medinasidona en sus pretensiones andalucistas y, al mismo tiempo, habla de solidaridad, de «integridad territorial» o hace profesión de fe española en Madrid, es un todo.

Con la historia reciente en la memoria, también me pregunto qué haría con el pastel el presunto socialismo alternativa, pero no quiero seguir por esta línea porque alguien me acusaría de rencoroso.

«Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio», que decía la copla. Aquí no se ve el camino, quizás porque ya se encargaron de bloquearlo en su momento para asegurar el continuismo…

Sólo se me ocurre una vía de escape: ¿y si los españolitos pudieran elegir a quiénes ellos quisieran, en función de las prendas personales y no de las siglas de obediencia? ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si a mí me diera la gana de poner una cruz junto a los nombres de los que considero más patriotas, más honrados, más avezados en los inescrutables caminos de la justicia social y, al mismo tiempo, de la buena administración?

Entonces sí que puede que existiera una alternativa de gobierno, porque los personajes tétricos y serios a lo mejor se contagiarían de los imaginativos y audaces, y éstos moderarían sus sueños con la sensatez de los otros. ¿Quién ganaría entonces? Como en el viejo chiste del accidente de aviación, España.
 

EL COMPROMISO DE KIOTO
Por Martín Quijano

El Acuerdo internacional de 1990 de Kioto, reducción voluntaria de las emisiones nacionales de dióxido de carbono, planteó un horizonte de compromiso que entonces no fue tomado muy en serio por los firmantes. Se pensaba que era una ocasión de celebración ambiental sin grandes repercusiones de índole material. Quizás por ello no fue negociado con suficiente rigor por los representantes españoles. Estos juzgaban satisfactorio conseguir un aumento del límite de emisión español de un 15%, para 2010, respecto de las emisiones de 1990. A primera vista parecía un buen resultado, cuando el resto de los países europeos se comprometía a una reducción del 10% respecto a sus emisiones de la misma fecha, pero al cabo del tiempo se ha visto que se subestimó las posibilidades de crecimiento de nuestra economía y el costo implícito que ello iba a implicar.

EE.UU. y Rusia, por muy diferentes razones, no han incurrido en tal error y se han negado a ratificar a escala nacional lo allí firmado. España no ha podido apelar a tal truco, pues la UE ha ratificado el acuerdo, convirtiéndolo en Directiva de obligado cumplimiento. Y en eso estamos implicados ineludiblemente. El desarrollo económico español ha traído aparejado un mayor consumo de energía y un aumento consiguiente de la emisión de dióxido de carbono. No sólo hemos superado ya el 15% de aumento que se nos consentía hasta el 2010, sino que hemos sobrepasado holgadamente el 30% de aumento. Y estamos a siete años de esa fecha. En estos siete años la emisión atribuible a nosotros continuará aumentando. Poco, si nos enmendamos mucho, o mucho, si pretendemos seguir como si el tema no nos afectase, pero aumentando.

Y ya se está planteando el sistema de multas a pagar a la UE, en caso de incumplimiento. Se trata de algo a definir, pero ya se está manejando la cifra de 5.000 millones de euros como multa a pagar cada año en función de la situación actual, un 0,75% de PNB español de este año. El tamaño de la cifra es elocuente para expresar el conflicto al el que estamos abocados.

La envergadura económica del tema ha originado ya el planteamiento de un mercado de compensaciones internacionales. Los países más avanzados, cuya tecnología energética puede ser perfeccionada ya sólo con muy alto costo, están ofreciendo dinero a los menos desarrollados para invertir en la mejora, mucho más económica por ser más anticuadas, de las estructuras energéticas de éstos. Así compensan, con una reducción de emisiones en esos países pobres, las multas que tendrían que pagar ellos. Es una de las muchas facetas sorprendentes de la nueva situación mundial, ineludible salvo con absurdas pretensiones de independentismo absoluto, propio de Corea del Norte o Cuba.

Ese consenso mundial conduce a la tesitura de generar la energía consumible (electricidad, automoción, servicios urbanos e industriales, etc) con mayor eficiencia -es decir, consumiendo menor energía primaria por energía final consumida- o producir los bienes y servicios con menor consumo energético –una tendencia asociada al desarrollo, en la que estamos ya activos, pero que tendremos que acentuar- o producir electricidad con fuentes no generadoras de gases de efecto invernadero –es decir, energías renovables o nuclear-.

Las tres opciones implican esfuerzo de desarrollo intensivo en tecnología. Y abandono de tabúes perjudiciales, tales como el veto a la energía nuclear, propios de sociedades ignorantes. Porque está claro que, salvo desarrollos sorprendentes en tecnología, difícilmente se podrá superar el 15% del consumo total de energía sobre la base de la utilización de energías renovables.

España encara un futuro complejo (todos lo son) sin percatarse claramente de la envergadura de esa complejidad. En esa inconsciencia radica el más importante de los obstáculos que habremos de superar. Porque no estamos poniendo aún nuestras manos en esa obra, y el retraso puede suponernos un importante coste adicional.
 

¡INCREÍBLE!
LA JUVENTUD BRITÁNICA MIRA A LA HISTORIA Y ELIGE A BECKHAM
elsemanaldigital.com

26 de enero. La universidad inglesa de Leicester cuenta, dentro de su departamento de Sociología, con un Centro de Investigación sobre Fútbol. Lleva el nombre de Sir Norman Chester y fue fundado en 1987 por el profesor Eric Dunning con la finalidad principal de estudiar la violencia generada fuera de la cancha por la pasión que despierta este deporte.

Dentro del amplio abanico de aspectos relacionados con el fútbol, bastantes trabajos del instituto se centran en averiguar características sociológicas, demográficas y actitudinales vinculadas a la afición al balompié: desde el hooliganismo al racismo de ciertos grupos ultras, pasando por la distribución regional, económica y cultural de las hinchadas.

La última de sus líneas de estudio ha versado sobre la juventud británica y sus referentes «heroicos»: ¿Quiénes son los personajes de la Historia universal que más admiran los ingleses de edades comprendidas entre 16 y 24 años?

Respondieron la pregunta 2.500 de ellos, y el resultado estaba cantado: David Beckham gana por goleada –eso era lógico– tras haberse convertido en mito indiscutible del Manchester United y competir por ese papel también en el Real Madrid. Su popularidad recibe el importante refuerzo de su matrimonio con la ex Spice Girl Victoria Adams, como él de 29 años, y «pija» (posh en inglés) del grupo que sacudió el Reino Unido y el mundo entero en la segunda mitad de los noventa.

¿Y tras Beckham? Al ídolo del balón le siguen un ídolo de la gran pantalla, Brad Pitt, y un ídolo de la música, Justin Timberlake, el novio de Cameron Díaz.

La lista continúa con su rosario inacabable de gentes del espectáculo: Michael Jackson, Jennifer López, Robbie Williams, Orlando Bloom, Britney Spears, Keanu Reeves, Angelina Jolie... Casi ninguno pasa de los 30 años. La Historia empezó ayer.

Los chicos y chicas ingleses se acuerdan de su primer ministro, Tony Blair, sólo en el 69º lugar, aun así muy por delante de George W. Bush y de Jesucristo, que comparten la posición 123ª.

El director de esta investigación sociológica y profesor de Psicología en Leicester, Adrian North, ha calificado el resultado de la encuesta como «un poco deprimente»: «Han elegido gente que no tiene mucho que decir, pero es guapa». Lo atribuye a que sólo reciben de los medios de comunicación «imágenes que priman la juventud y la belleza».

No lo dirá por Jackson...


 
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