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Altar Mayor - Nº 91 (12)
Sábado, 03 abril a las 10:14:02

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 91 – Febrero de 2004

EL VALENCIANO RECONOCIDO COMO LENGUA DIFERENCIADA.
Por José María Adán García

El valenciano está inequívocamente reconocido como lengua propia y diferenciada.

Su existencia anterior a la Conquista de Valencia por D. Jaime I de Aragón, ha quedado demostrada no sólo por el hecho natural y lógico de que la población íbero-romana era enormemente superior en número y con una cultura predominante, frente al escaso contingente de los invasores musulmanes, que además procedían de distintos países, razas y culturas y en gran parte matrimoniaron con naturales del país; si no también porque la lógica histórica está en este caso acompañada de pruebas irrefutables.

Efectivamente, así lo evidencian documentalmente las célebres «jarchas» de Ibn Al Labrana, Ibn Labrum, Ibn Ruhain,... los testimonios árabes y cristianos de la época, documentos notariales, cartas pueblas, la toponimia, vestigios arqueológicos e incluso monedas correspondientes al período islámico (750 a 1039), con inscripciones en lengua valenciana, como las encontradas en Xátiva recientemente.

También porque en la inmediata evolución literaria -incluido el Siglo de Oro de la lengua valenciana- es unánime la conciencia «expresa», de que escribían en una lengua exclusiva del Reino de Valencia.

Así lo manifiesta Joan Martorell, cuando escribe en la obra cumbre de la literatura valenciana, Tirant lo Blanch, que el «llibre escrit en vulgar llengua valenciana, perro que la nacio don yo so natural sin puga alegrar e molt aindar». Así lo hacen constar para que no haya equívocos Ausías March, San Vicente Ferrer, San Pedro Pascual, Arnau de Vilanova, Jaume Roig, Fray A. Canals, Roig de Corella, Isabel de Villena, Francesc Eiximenis, Jordi de Sant Jordi, Bernat Fenollar, Joan Escriba, Lluis de Fenollet, Bernardí Vallmanya, Miquel Pérez, Melchor Miralles, Pere A. Beuter, Martín de Viciana.

Los más ilustres lingüistas actuales que han tratado sobre la identidad de nuestra lengua, como Ubieto Arteta, Maurell de Lema, Giner Boira, Primo Yufera, Ferrando Badía, Simo Santoja, Emili Miedes, José Alemany, Chimo Lanuza, Xavier Casp, Juan Ubeda, Adler Noguerol, Caries Salvador, Vicente Ramos, Joan Ignacio Cuila, Correas, Gómez Bayarri, Penyarroja, Sonelo, José Uria, Manuel Broseta, Galiana, Collado, D’Orellana, Caries Recio, José María Guinot, Rdo. P. Albiñana, Corominas, Joan Costa S.I., Juan Vaurell, Ricardo García Moya, Obdulio Jovani, etc., todos ellos confirman y demuestran el carácter propio, diferenciado e independiente de la lengua valenciana.

Las instituciones de mayor raigambre y rigor científico de Valencia, como la Real Academia de Cultura Valenciana, Lo Rat Penat, el Instituto de Cultura Valenciana, el Instituto de Estudios Alicantinos, la Asociación Cultural «Cardona y Vives» de Castellón,... así lo han venido promoviendo, algunos de ellos desde hace más de un siglo.

A mayor abundamiento, incluso desde fuera de nuestro entorno, desde Cervantes en sus novelas Persiles y Segismunda y La gran sultana, cuando compara «la lengua valenciana con lo que sólo la portuguesa puede competir en ser dulce y agradable»; pasando por Miguel de Unamuno, que en su estudio sobre La frontera lingüística, después de defender «la primogenitura de la lengua valenciana frente al catalán» nos advierte sobre el expansionismo imperialista catalán; Salvador de Madariega, en su obra España, cuando afirma que «Valencia no quiere ser otra cosa que Valencia. Su lengua difiere bastante para poder permitirse gramática y vocabulario propio...»; Fullana, en el Boletín de la Real Academia Española, que recoge el discurso leído el 11 de Noviembre de 1928, con ocasión de su recepción como académico, teorizada a tenor de lo siguiente: «De ese tronco de la lengua latina, reconocida bajo el nombre de ROMANCIUM, repleto siempre de vida, brotaron corpulentos retoños en las regiones llamadas Galicia, Portugal, Castilla, Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca... que no tardaron en transformarse en otros tantos árboles "diferentes", en cuanto a la forma de sus ramas y el color de sus "hojas"»; Dámaso Alonso, presidente de la Real Academia de la Lengua, también nos dijo que, «la lengua valenciana y la lengua catalana están en paridad y al mismo nivel», reconociendo una mayor antigüedad a la valenciana; Menéndez Pidal, máximo filólogo español, en el libro El idioma español en sus primitivos tiempos, afirma que «los mozárabes [...] representaban la lengua de la época», de lo que se puede deducir que en Valencia hablaban el romance valenciano, pues «no se arabiza la contextura vital de España»; así hasta Claudio Sánchez Albornoz en su definitivo ensayo sobre La España musulmana, nos explica que «...vinieron además a España muy pocas mujeres orientales. Los conquistadores y sus seguidores se casaron con españolas desde los mismos días de la conquista y de ellas aprendieron la lengua romance».

Como prueba «ad liminen» está la realidad del valenciano hablado en nuestro antiguo Reino con un vocabulario, ortografía, sintaxis y fonética diferenciada, que por eso mismo pretenden «normalizar», es decir homologar. Esta realidad va acompañada de la conciencia vivida por la enorme mayoría de los valencianos parlantes de que lo hacen en una lengua propia, y por la voluntad inequívoca reiterada en manifestaciones populares, encuestas y sobre todo en los procesos electorales sucesivos, que han negado incluso la representación en las cortes y en el parlamento a quienes -con amplia cobertura económica y apoyos institucionales- propugnan «la unitat de la llengua».

Ante estas evidencias es inexplicable el torpe, zafio e imperialista intento de tergiversar antidemocráticamente la realidad al servicio bien retribuido de intereses ajenos.

La Real Academia de la Lengua Española, en 1951, acordó por aclamación que: «con el fin de adecuarse a las exigencias de la lingüística moderna, se procede a la siguiente rectificación sobre el valenciano [...]. Antes se decía "dialecto a los valencianos". Ahora se reconoce la categoría de la lengua y se añade que es la hablada en la mayor parte del antiguo Reino de Valencia».

Es inexplicable que en 1970, sin acuerdo unánime, por sorpresa y sospechoso silencio, sin duda bajo presión, se haya cambiado un acuerdo tan trascendente para Valencia.

Es inadmisible que habiendo instituciones en Valencia, de la raigambre y prestigio científico como la Real Academia de Cultura Valenciana, se cree por «consenso político», al margen del sentir mayoritario del pueblo, una Academia valenciana de la lengua, no se sabe de cual, cuyo claro propósito -que se deduce de los indicios que sobre su mermada actividad va dando-, es lograr la oficialización de la «unitat de la llengua», con el engañoso reconocimiento de algunas modalidades o palabras «genuinas» de uso alternativo. Inadmisible es que se tenga que consensuar lo que debiera ser innegociable, como es la propia esencia del ser valenciano cuya más honda seña de identidad es la lengua. Inadmisible que se haga a sabiendas -y quizás con ese propósito- de fundamentar los antihistóricos «païssos catalans», base de la anexión de Valencia, de la desvertebración de España y del secesionismo.

Es contrario a nuestra dignidad de valencianos y de españoles que el Sr. Maragall por una parte, y los nacionalistas catalanistas por otra, propongan una modificación de su estatuto autonómico que, saliéndose anticonstitucionalmente del ámbito territorial de su competencia -como ya hicieron sin oposición con la Ley del catalán- pretenda incluir a Valencia en los siempre inexistentes «païssos catalans».

Es clara demostración de convivencia -además de la AVL- la permisividad activa y pasiva, respecto a textos escolares, y de forma especial la renuncia a las propias competencias ante unos estatutos universitarios que pretenden, anticonstitucional y antiestatutariamente, reconocer como lengua oficial «académica» de la universidad el catalán, con el menosprecio que ello supone para la valenciana.

Sin duda lo más decepcionante, lo más doloroso, lo más preocupante para el futuro de nuestra identidad, es la pasividad ante estos hechos de la Sociedad valenciana, adormecida por falsas declaraciones de unos y de otros de valencianismo, que no se corresponde con los hechos.


 
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