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Altar Mayor - Nº 91 (05)
Sábado, 03 abril a las 10:36:15

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 91 – Febrero de 2004

DIOS
Por Ramón Gómez de la Serna

Lo ves todo porque lo ves todo, pero nada de lo que ves es para ser comentado contigo.

*

Se está entre Dios y la nada, lo cual no es poco estando con Dios.

*

En esa espera de todas las noches hasta más allá de la madrugada, buscando el hallazgo literario, se le plantea al escritor el dilema: «o los filósofos o Dios».

Es un dilema que merece la pena si triunfa Dios, si el lema imponente es Dios, porque si triunfan los filósofos, el achicamiento de la cuestión es mezquino, sean los más grandes, los más modernos, los más exóticos los que triunfen, ya que el triunfo de los filósofos no significa nada, pues lo más que pueden conseguir es que se haga pie en la nada, pero quedando como nada la nada.

El triunfo de los filósofos es como el pretriunfo de los gusanos tumbales, y entonces, ¿qué importa la doctrina, por inteligente que sea, si sólo sirve para morir sin inmortalidad en los espacios divinos y sólo se nos concede una pretendida teoría más para gastar el tiempo en disquisiciones más o menos ingeniosas?

El último final es Dios, y entonces, ¿para qué el machaconeo de los filósofos, que conduce, sin amenidad, a la mortalidad resignada?

El escritor comprende que la conclusión filosófica mejor lograda, si no acaba en Dios, conduce a la nada.

Esto es ser escritor: sustituir la redundancia lógica de lo ilógico por el misterio que rodea a Dios, que encamina hacia Dios, que por lo menos no renuncia a la posibilidad de darse de manos a boca con el rumor secreto, con las coincidencias que hacen un poco de luz en el tenebroso caminar hacia su más allá ignoto, pero presentible entre otras cosas que suelen ser descritas, por medio de imágenes y que por chiripa pueden señalar una señal de lo perenne, un signo del anhelo superior, una marca de desesperación que no pretenda desciframiento tranquilizador.

Hacer una filosofía que no dé a Dios es preparar chocolateras para hacer barro cocido.

*

Tendrás que volver a Dios irremediablemente, pero serás anegado en la inmensidad de bien que hay en el pulmón divino.

*

Todo es una maravilla de Dios, hasta la ceniza en que se disuelve algo muy grande, convirtiéndose en nada el egoísmo de lo abultado.

*

El pasar del hombre es un viaje de Dios a la tierra, y precisamente ese viaje eventual no puede ser para ofenderle.

*

El único que perdona la muerte es Dios.

*

Toda la vida es un entretenimiento para hacer tiempo hasta llegar a ver a Dios.

Si se tiene inteligencia hay que mirar más a Dios.

Yo ya he llegado a la tranquilidad de Dios. Debí comenzar por ahí, pero me incitaban y tentaban los prófugos, todo el profuguismo del mundo, los rebeldes enloquecidos.

Ahora no me convencen en los espacios del desinterés supremo más que la visión del Dios único y verdadero.

Hay que concebir a Dios como Creador, no como Padre, pues de esta idea del Padre se aprovechan los psicoanalistas para meterlo en complejos como los que se tienen con el Padre.

*

Somos un vaciado, es decir, venimos del hueco de un vacío en el que nos modeló Dios; es decir, que nos había modelado de antemano y después nos vació.

Nacidos de fuera para adentro de ese vaciarnos, sólo el soplo interior llena el vacío.

*

No perdonará Dios a los que complicaron su esencia.

Sufrieron un trabalenguas de lenguas de fuego que no alcanzará perdón.

La emoción de Dios está en la cuesta pina, al final de un pueblo, y tanto más en el corte vertical de un acantilado o de una inmensa cascada que cae... En esa sensación de hacia lo alto -el cielo- y lo bajo -el abismo- está Dios.

¿Es que no es más soberanamente prodigioso conseguir un mundo a partir de las determinaciones que hay en un átomo?

Dios no es Dios porque sea un acarreador de materiales. Su sola disposición y prodigio bastan a su grandeza, a su tener preparado en forma el milagro asombroso. Lo hace todo con la lógica, porque así está sobradamente mejor hecho.

Todas las escrituras entran en la majeza de Dios, pues con eso basta. La religión cristiana tiene los símbolos más respetuosos y lógicos para la grandeza de Dios.

Así como hay otras religiones que luchan con otros dioses que representan el mal, el Dios cristiano lo tiene vencido y separado desde el primer momento, y además no usa de reencarnaciones animales, vegetales o teratológicas.

El ayuno que haga igual que Dios, ni sus sacerdotes son videntes, milagreros, ni la liturgia es más que oración, nunca mezquina superstición.

*

Toda la modernidad de la ciudad actual puede rodear al templo, pues no hay mejor alabanza a Dios que la civilización.

Somos un mundo en relación con otro mundo -la gran metrópoli-, con el que siempre estamos en comunicación, y la extensión y la vibración que pueblan el mundo hacen cada vez mayor la grandeza de Dios. Al hombre se le ha dado para juego y especulación libre e inteligible el mundo, y ésa no puede ser concesión más que de Dios. Su conocimiento unívoco del destino de todos y de todo es tal, que dispone una variación, y el destino se endereza o se derrumba.

Su esencia y sus mandatos, su vaga sombra de luz: más que pensamiento o voz es lo irrepresentable, lo inaudible, lo perfecto.

Piensa, obra, crea con su perfección, y que ese todo se realiza bien. Se dice un instinto, una ecuación, material y fatal, pero en el fondo es mandato. Mandato desprendido de Dios.

*

Nos adaptamos en la vida a un vivir eterno que no es eterno.

Eso nos ofusca la visión de Dios.

Han cerrado la comunicación con Dios y se han encontrado incomunicados, porque toda la comunicación la establece Dios.

No piensan en Dios, que espera con una paciencia infinita.

Dios nos depura. Sólo el pensamiento en Dios desaloja ese elemento larvático e infernal que se introduce en nosotros.

*

Una maravilla más de la gran prestidigitación de Dios.

Pero no alcanzan a suponerse lo sobrenatural y lo portentoso. Quieren achacar a Dios la lentitud, y en vez de que le obedezcan las leyes a Él, que Él obedezca a las leyes. ¡Se ve que son oficinistas!

Como se puede precipitar la velocidad de una cosa dentro de la mayor lógica -dar mil velocidades al tiempo y el que estaba joven hace un rato aparecerá viejo-, Dios pudo precipitar el mundo hasta darle su madurez y toda esa lógica de los estados geológicos que ahora descubren los «sabios» suceder con la lógica natural de los siglos que los asignan en la aceleración de un momento. Dios no quiso faltar a la lógica de sus propias leyes, sino acabar el cumplimiento de su función.

Todo se sostiene por la innumerable prodigalidad de Dios, porque tiene mandado la paz universal, ya que, si no todo, sería víctima de las grandes leyes universales, la de la maldad humana, que haría estar maquinando crímenes; la del fuego, que estaría incendiando mucho más de lo que incendia; la de la gravedad, que haría precipitarse en derrumbamiento de todo lo creado.

La inmensa sabiduría de Dios dota a las cosas de su ley necesaria con sólo crearla. Por eso, el mundo nació dotado con la necesaria cantidad de siglos y evolución sin haberlos tenido que vivir.

Parece tiempo el que pasa, pero no es más qué lógica veloz comprendiéndose que el milagro es de Dios, pues trasandar siglos en un instante... Todo se hizo como debía suceder en la simetría de los milenios, pero a una sola vez.

*

Cuando se dijo que el séptimo descansó Dios, no quiere decir eso. Pues Dios no se cansa nunca; lo que quiere decir es que Dios se puso a contemplar la obra realizada, el espectáculo de su creación. Pero cansado, no estaba nada cansado...

*

Si Dios puede el ralentí, puede el velocismo, y por eso cumplió milagrosamente la más larga evolución. En poco tiempo quedaron cuajadas las...

¿Que ésa sí que es una hipótesis? ¿Y por qué no va a haber grandes hipótesis llenas de más lógica y grandeza que lo real?

No entra en la fe el gasto de tanto tiempo tonto a espera del hombre y el sentido de su alma.

*

En esta teoría mía del acelerismo divino consta también una cosa humana que achaca a Dios -nada humano es ajeno, puesto que de su soplo viene lo humano- la impaciencia de ver acabado un mundo haciendo evolucionar en un minuto millones de años.

Lo que más le divierte a Dios son las suposiciones de los sabios.

No saben que todas las ecuaciones que ahora tan difícilmente sonsacan y comprueban sucedieron corriendo hasta llegar rápidamente a las soluciones.

*

No falta a ninguna ley, pero se verifica en un instante.

*

Dios no podría haber hecho soportable al mundo tan largo aburrimiento.

*

Si no saben nada del principio, no pueden saber nada del final, que tiene el doble misterio del principio y del final.

*

El «hágase» fue un hágase con todas las leyes necesarias cumplidas en un segundo.

*

Una aceleración de tipo divino.

No es como un tren que en cuanto adquiere velocidad salta descarrilado. Dios tenía la seguridad de sus leyes, y por el camino de ellas todo se verificó con exactitud y con una velocidad de siglos.

*

No le fue difícil poner en la hora que puso la creación haciendo pasar las manillas sobre el horario de los siglos.

*

Adelantó toda la Creación como nosotros adelantamos la hora del reloj o ponemos en mañana la señal del despertador.

¿Con cuánta más facilidad y dentro del cronometraje mecanizado y matemático de la Creación no pudo adelantar siglos y siglos dentro de la lógica de que al pasar por el tiempo en veloz mandato todas las leyes se verificasen para engaño de los geólogos?

Se realizó el tiempo sin necesidad de realizarse, perentoriamente, con evolución de siglos, no necesitando más que un instante para que todo sucediese dentro de su lógica más exacta.

Lo más fácil de comprender a uno que no sea de los que quieren comprender y no tiene fe es la repentización de los siglos, la brevedad de unos segundos que necesitó Dios para crear toda la geología en la aceleración del tiempo.

*

La influencia entre lo que sucedió y lo que puede suceder, todo eso está incluido en una secreta previsión.

*

El mundo es superior al arte, es la obra plástica viviente, la maravilla de las maravillas. Por eso, a quien hay que mirar a cada segundo es a Dios.

*

El Arte como maquinación infusa de lo diurno.

Hay otras cosas que ver y sentir.

El paraíso no puede ser un almohadón.

Presentir la belleza del bien presidiendo el universo.

*

El reflejo de Dios no es condicionado.

*

El recuerdo de ese cepillo puede perderse, pero la capacidad de comprender ese cepillo, la posibilidad cóncava esa, ésa no puede perderse.

El alma siente como Dios.

No se puede decir «cambia de postura» en los cielos blancos del más allá.

El alma no trabaja como un motor, sino como algo que intima con las cosas y los seres, una matriz llena de recuerdos lleva consigo, pero que quedarán como desordenados recuerdos en la inmensidad de su vida inmortal, como un álbum perdido.

Si no hay arrepentimiento, no hay alma, se anquilosa. Por eso andan por ahí seres con media alma muerta.

El alma, que es de Dios, que irá a Él, y que yo me siento encantado de poseer.

*

Al hombre se le ha dado para juego y especulación libre e inteligible el mundo, y ésa no puede ser concesión más que de Dios.

*

Todos esos circunstanciales y existencialistas que esperan con botellas vacías o llenas de aire de la calle, el corriente, el que ya sabemos que está y rige fuera de las batallas.

*

Habiendo en el espíritu una forma de atavismo engendrado -el atavismo de habernos hecho a semejanza de Dios-, ¿qué extraño que hubiese siempre en su regazo una idea y una concepción sólo divina?

Todo antecedente del Dios verdadero es natural, pues en el alma quedó un eco de su propia creación y un atisbo de la verdad creativa del alma.

*

Esa rebeldía de todas las horas, de tanta ambición de más, es lo que más ofende a Dios, pues Él no dijo a los hombres: «Seréis millonarios», sino «Seréis pobres».

*

¿Cómo no me he de dar cuenta del origen divino del hombre, del latido que tiene mi alma si veo, entiendo, recuerdo y espero, facultades de reversión que sólo el alma del hombre -porque tiene el soplo de Dios- puede utilizar?

*

Sólo la prodigalidad de Dios ha podido dotarnos de lo que necesitamos. El agua, por ejemplo, es una gloria excesiva y fantástica.

*

El que sobrepuso a la nada que Él mismo había inventado.

Dios sin duda y con duda, porque Dios es el padre de la duda como una bagatela más que creó como burlándose paternalmente del Hombre.

«Que crea el pobre que puede dudar, su caña de juguete para jugar por los pasillos».

*

Nada como dedicarse a Dios, justicia suprema que puede hacer uno en sí mismo.

*

Si no estuviera Dios dentro del sol, no merecería la pena mirarlo, porque seríamos lagartos que engordaría su luz con el solo afán de hacernos vivir para matarnos de cualquier modo.

*

La mano de Dios, en realidad, es la Mente de Dios. Diógenes Learsis suponía ya que todas las cosas estaban mezcladas, y lo llamó sólo la (ilegible en el texto). La Mente les ordenó.

*

Pero todo él ardía en Dios, pues Dios es el Misterio y en el Misterio tenía metida la cabeza.

No comprendemos porque somos infinitamente pequeños ante lo infinitamente grande.

¿De dónde procedería esa maravillosa fecundación de las formas? ¿Las llevaban dentro como un misterio inexplicable los átomos de hidrógeno?

De esa feroz masa de hidrógeno que estalló, de su violencia, de su bárbaro y forajido correteo se fue adunando la materia y se formaron mundos, estrellas, y entre ellos la Tierra, tan exceptuada que, según todas las dudas, es la única que tiene habitantes. Y toda la gracia de la forma de la Creación, de la vida animal, fueron fantasías de los protones hasta llegar en su fantasía al cuadro, a la escritura, al ensueño.

*

¿Qué modo fue ese de partir el pan?

Probablemente que le ayudó el pan a abrirse, porque no en vano había instituido que era el cuerpo.

Tiene Jesús una manera inconfundible de hacer las cosas, cómo las creó y les dio forma.

Toca lo que toca como el Creador de la inmensidad creada, y, por lo tanto, cuando tocó el pan para cortarlo -era Él mismo, porque fue ésa su creación misma- lo hizo de tal modo, que sus compañeros de mesa supieron en seguida quién era sólo por eso.

*

Puede tener la misericordia sin detrimento de su grandeza, pero su serenidad, la exactitud en marcar la hora de todo, es similar a su supremosidad.

*

Cada uno de nosotros somos una esquina de Dios espiritual, flanqueados por viento divino.

*

María, una intercesora tan humana, tan realmente humana, que es la intermediaria más eficaz entre el Cielo y la Tierra.

Regaló toda su abnegación y ternura de Madre a ese Hijo infuso por Dios en ella. Acrecentó el sentido de la maternidad y la puso puro y superado al servicio del Hijo.

*

Dios no quiso autómatas.

*

Dios no nos mete en una vida de sueño, sino en una vida real, para que podáis ver su vacío y su bulto y podáis elegir la vida ideal de lo inmortal.

*

Lo nunca supuesto.


 
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