Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda

    Menú
· Inicio
· Presentación
· Recomendar
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
    Envíos

Si deseas recibir nuestras publicaciones por correo electrónico, además de otras noticias de la Hermandad, indícanos tu dirección de correo-e:

Suscribirte
Cancelar suscripción

Dirección:

Altar Mayor T
Altar Mayor - Nº 92 (19)
Martes, 06 abril a las 11:08:44

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 92 – Marzo-Abril de 2004

LIBROS Y REVISTAS

LA IMAGEN PROHIBIDA
Siruela
Alain Besançon

¿Puede un libro que aborde el viejo debate acerca de la licitud de representar la imagen divina interesar a un lector del tercer milenio? Es más, ¿tiene algún sentido hablar de iconoclastia en el siglo XXI? Preguntas cuyas respuestas determinarán el interés o no del último libro del reputado ensayista francés Alain Besançon, hasta el momento conocido principalmente por sus incursiones en el ámbito del pensamiento ruso.

En la génesis de esta obra está una investigación del autor en torno a la representación de lo divino en la civilización europea. Sin embargo, ésta pronto se le iría de las manos; para suerte de sus lectores, Besançon se da cuenta de que está llegando al meollo de la cuestión y se lanza de pleno al estudio de las diferentes posturas ante las imágenes que pretender plasmar lo divino en lo material. En la primera parte del libro, abordando las diferentes concepciones existentes en el mundo antiguo: desde los griegos, la prohibición bíblica y su relación con la idolatría, la interpretación musulmana y la radical novedad que supone el cristianismo.

Cristo, al afirmar que quien le ha visto ha visto al Padre, modifica radicalmente la situación: de la imposibilidad de representar a un Dios que no podemos captar por las vías sensitivas, pasamos a tener ante nosotros al propio Dios hecho hombre y, como tal, podemos contemplarle con nuestros propios ojos. La polémica iconoclasta no era tan sólo un asunto estético, sino principalmente una cuestión teológica de amplio calado, con efectos incluso sobre la vida más cotidiana.

Tras una segunda parte que engloba desde el arte carolingio hasta el concilio de Trento y el esplendor del arte barroco de la Contrarreforma, la tercera parte del libro trata de lo que Besançon designa como el ciclo moderno de la iconoclasia. Partiendo de algunos de los filósofos que más han determinado la forma que ha adquirido el mundo moderno y que se mostraron consecuentemente iconoclastas (Kant y Hegel principalmente), y pasando por el arte religioso de los últimos dos siglos, arribamos a la parte que probablemente captará con mayor fuerza la atención del lector.

Nos referimos al análisis de las vanguardias: simbolismo, surrealismo y finalmente abstracción, la gran protagonista del siglo XX y en la que ve el autor, sobre todo a partir del estudio de Kandinsky y Malevich, una gnosis estética de carácter iconoclasta. No es casualidad que la religiosidad de los primeros pintores abstractos estuviera impregnada de esoterismo, lo que lleva a Besançon a afirmar que «el arte abstracto se elabora en el seno de un movimiento religioso, y más exactamente místico», aunque sea una religiosidad atrabiliaria y un misticismo que el autor no duda en calificar como «sopa boba mística». Esta nueva perspectiva no sólo nos ayuda a comprender en toda su profundidad el llamado arte abstracto sino que, al ser el arte predominante expresión del espíritu de una época, nos aporta un nuevo enfoque para comprender mejor el mundo que nos ha tocado vivir.

A Alain Besançon erudición no le falta, documentación y paciencia para el estudio tampoco; con lo que tenemos casi todos los ingredientes para hacer de este libro un apasionante ejemplo de historia de las ideas. El último ingrediente para un texto redondo es esa habilidad para hacer ligera la narración sin por ello perder seriedad y rigor, algo que Besançon domina y que, por desgracia, muchos de nuestros ensayistas ignoran, confundiendo lo riguroso con lo farragoso y ahuyentando, en consecuencia, a todo potencial lector (que dicho sea de paso, hace muy bien en no desperdiciar su escaso tiempo en obras abstrusas y academicistas).

El último ingrediente, aquel que da el empujón final al lector dudoso, es la libertad de espíritu que no rehuye la polémica y que hace de esta obra un gran libro. Como muestra para acabar y abrirles el apetito, el comentario del autor acerca de su visita a la sección contemporánea del Museo del Vaticano: «Ante esos mamarrachos, a uno le embarga un espanto que va más allá del juicio artístico. En ninguna otra parte aparece bajo una luz tan cruda –una luz de hospital– el desamparo del cristianismo moderno».

Jordi Soley Climent
 

ULTRAPATRIOTAS. EXTREMA DERECHA Y NACIONALISMO DE LA GUERRA FRÍA A LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN
Barcelona, Crítica, 2003. 486 p.
Xavier Xasals Messeguer

Si ya en trabajos precedentes demostró Casals su conocimiento del complejo universo neofascista, en esta obra se supera con creces. Inmerso en la historia del presente, este trabajo supone un magnífico análisis politológico de los movimientos nacionalistas —tradicionalmente vinculados a la extrema derecha— en todo el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En contra de lo que sostiene el discurso del sistema, Casals se muestra reacio a creer en la pervivencia actual de un neofascismo; si acaso, señala las estrechas vinculaciones aún persistentes entre este precedente histórico y algunos movimientos postfascistas, en lo que resulta paradigmática la italiana Alleanza Nazionale liderada por Fini.

Con antecedentes entre los movimientos fascistas supuestamente derrotados en 1945, describe con habilidad Casals la maraña de ideologías, tendencias y tácticas de la nueva extrema derecha, cuya definición resulta por otra parte harto compleja. Diferentes manifestaciones nacionalpopulistas se confunden con una emergente ultraderecha postindustrial que hace de la inmigración elemento básico de su discurso, mientras que la Nueva Derecha halla concomitancias con un nacionalcomunismo vigorizado tras el derrumbe de la URSS. El tradicional anticomunismo parece haberse transformado en una reacción antiglobalización que —por otra parte— no representa más acercamiento a determinadas tensiones izquierdistas que el Mayo del 68, hito hasta ahora patrimonializado por la extrema izquierda pese a que contó con un importante componente ultraderechista todavía insuficientemente explorado. Patriotismos aún de raíz romántica conviven en este universo con nacionalismos de nueva factura —neopopulistas o neoimperiales—, eurocentrismos contrarios a la Europa liberal y tendencias euroculturales, euroraciales e incluso euroasistas.

El inevitable estudio de la marginal evolución de la ultraderecha española desde las posiciones del «búnker» hacia la actual utraderecha postindustrial —aún con nulo éxito electoral— se complementa con la pormenorizada descripción de algunos casos más o menos conocidos de populismo protestatario, como los protagonizados por José María Ruiz Mateos, Jesús Gil, Juan Hormaechea, José María Peña —de quien confunde el nombre de pila—, Mario Conde o José Emilio Rodríguez Menéndez, en los que acaso mereciera profundizar aún más, no tanto en la anécdota de su peripecia como en la denuncia que su presencia en la vida política española significa.

El valor de tamaña obra de conjunto se acrecienta con el talante del autor a la hora de acercarse a tan espinoso asunto. Con fría vocación científica, cuida Casals exquisitamente que su personal valoración de que cuantos elementos emplea no interfiera la exposición, de modo que nos hallamos ante una obra imprescindible para la comprensión de la más reciente historia política.

Rafael Ibáñez Hernández
 

LOS OTROS VASCOS. HISTORIA DE UN DESENCUENTRO
Grafite Ediciones y Editorial Vasco Aragonesa. Bilbao, 2003. 256 pp.
José Luis Orella

Durante muchos años el centroderecha vasco ha vivido en la marginación política. Superada la inicial sopa de siglas, y plantando cara al terrorismo, a sus cómplices y a la indiferencia, hoy día puede afirmarse que el Partido Popular, sin olvidar a Unidad Alavesa, encarna el alma de buena parte de los otros vascos: aquellos que no quieren ser nacionalistas.

La sociedad vasca es plural y, en consecuencia, el nacionalismo no detenta la exclusividad del ser vasco; aunque esos datos objetivos de la realidad no gusten a Ibarretxe, Otegui y otros. Actualmente el nacionalismo vasco, en su conjunto, controla el poder gubernamental autonómico y la mayor parte de mecanismos rectores de la vida social, cultural y económica del País Vasco. A pesar de lo anterior, y de los efectos paralizantes del miedo al tiro en la nuca, buena parte de los vascos se siguen identificando con el proyecto nacional español. Todo ello bien lo sabe el autor de este libro: navarro, profesor de historia en la Universidad San Pablo-CEU, portavoz de Foro El Salvador (que agrupa a católicos vascos movilizados contra el nacionalismo totalitario), y actual presidente de Foro Arbil (entidad inspirada en los criterios teóricos y de acción de la Doctrina Social de la Iglesia).

José Luis Orella afronta, en esta ocasión, una cuestión que no podía aplazarse: la investigación histórica del actual centroderecha vasco. Y lo hace con urgencia, reflejándose en el estilo del texto. No podía ser para menos. Algunos de sus protagonistas ya han muerto (Julen Guimón, Luis Olarra, Chus Viana…), bastantes han sido asesinados (Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco…), y otros muchos han abandonado su tierra o la actividad política (o ambas, como Pablo Mosquera). Famosos unos, conocidos otros, anónimos la mayoría; el tributo pagado por el centroderecha vasco, en defensa de su mera existencia como colectividad y de la presencia viva española en esta tierra, ha sido muy alto.

Esta corriente política vasca actual se ha nutrido, nos recuerda el autor, de tres fuentes principales: el llamado «carlismo sociológico», el liberalismo moderado y la derecha católica. Pero ha tardado bastantes años en consolidar una expresión estable y significativa. Ya en los primeros años de la transición española a la democracia, sus hombres y mujeres fueron objeto de una feroz persecución terrorista que pretendía su extirpación como fuerza política organizada. Asesinando a algunos de sus militantes y líderes más significativos, los terroristas buscaban la eliminación de posibles núcleos activistas de esa corriente. Casi lo consiguieron.

Pero debe añadirse otro factor que ha dificultado su configuración como opción relevante en el panorama político vasco: su inicial dispersión en numerosas siglas. Superada esa fragmentación, poco a poco, y de la mano de unos hombres y mujeres admirables, de las cenizas de este sector político surgieron, finalmente, el Partido Popular, actualmente punta de lanza del constitucionalismo, y la ejemplar, en tantos aspectos, Unidad Alavesa.

Pero esta opción política no nace de la nada. También responde, en alguna medida, a la movilización de un sector de la sociedad vasca que ha dado lugar a lo que el autor denomina afortunadamente, en uno de sus capítulos, como el país de los foros; cuando describe la estructuración del movimiento cívico de resistencia, frente al nacionalismo excluyente, integrado por víctimas del terrorismo, intelectuales, pacifistas y activistas sociopolíticos.

En los últimos años se ha venido observando, aparentemente, cierta inflación de textos relativos a la realidad política vasca; muchos de ellos centrados en el terrorismo y en el PNV. Es lógico y era deseable: el silencio, el miedo y la pasividad, finalmente, han dado paso a la denuncia, la investigación y el testimonio. La pervivencia del terrorismo, una excepción en la Europa actual, con la carga de dolor y sufrimiento que castiga a toda la sociedad española desde hace tres décadas, y las prácticas hegemónicas del nacionalismo excluyente, en detrimento de un sector significativo de la población vasca, exigían esta producción escrita sin restricciones.

El nacionalismo vasco, tanto el etnicista «moderado», como el abertzale radical, comparten proyecto y estrategia. No busca un acuerdo con sus opositores políticos. No pretende la integración de todos los vascos. Al contrario, persigue la imposición de su proyecto a pesar de todos los que no opinan como ellos. Dentro de esta dinámica, diálogo, democracia, acuerdo, pluralismo, paz… son palabras cuyos significados originales han sido distorsionados, por los intelectuales orgánicos y los publicistas del nacionalismo, en aras de sus intereses tácticos. Por ello, es bueno que se conozca toda la realidad vasca, toda su historia, toda la verdad.

Un texto, en definitiva, que era necesario, dramáticamente actual y que puede señalar toda una línea de investigación histórica.

Fernando José Vaquero Oroquieta
 

«NUESTRA REVOLUCIÓN». LA ÚLTIMA INICIATIVA EDITORIAL DE RAMIRO LEDESMA RAMOS
Ediciones Nueva República-Círculo Cultural «La Conquista del Estado», 2003.
José Manuel Jiménez Galocha (compilador) - Prólogo de Rafael Ibáñez Hernández

Desconocido para la casi totalidad de los españoles, Ramiro Ledesma Ramos (1905-1936), fue nada más y menos que el primer inspirador de un concepto político, el Nacionalsindicalismo, que alumbró una parte nada desdeñable de la filosofía y las realizaciones del régimen político más duradero en la España del siglo XX, es decir, del Franquismo.

Condenado al ostracismo político tras su ruptura con José Antonio Primo de Rivera, a cuya Falange había unido las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, por él creadas, Ramiro Ledesma publica en el último año y medio de su vida, sus dos obras más brillantes, los ensayos políticos Discurso a las Juventudes de España, y ¿Fascismo en España?, bajo el seudónimo de Roberto Lanzas.

En las semanas anteriores al estallido de la Guerra Civil, que para él supondría la inmediata prisión y posterior asesinato en el terrorífico Madrid frentepopulista, Ramiro Ledesma afronta, tras un intento frustrado de separar las JONS de Falange Española y agruparlas en torno al periódico La Patria Libre, de efímera vida, el lanzamiento de un semanario político-social, denominado Nuestra Revolución, cuyo primer número, fechado el 11 de julio de 1936, sería el único que viera la luz, debido a los sucesos que sacudieron brutalmente España, en los días en los que hubiera de haber aparecido el segundo número.

Ediciones Nueva República, entidad que ha demostrado en anteriores novedades editoriales su interés en la difusión del pensamiento de Ramiro Ledesma, así como de la historia más desconocida del jonsismo, inaugura en coedición con el Círculo Cultural «La Conquista del Estado», una colección conmemorativa del próximo centenario del nacimiento del revolucionario zamorano, con una recopilación completa de los artículos del único número de Nuestra Revolución. Recopilación fruto de los loables esfuerzos de José Manuel Jiménez Galocha, artífice de ese auténtico monumento a la figura de Ledesma que es el dominio , y que se ha visto dificultada por el pésimo estado de los escasos ejemplares y facsímiles de la revista original que se conservan.

Precedido de un interesante prólogo titulado «La última empresa periodística de Ledesma Ramos» a cargo del historiador Rafael Ibáñez Hernández, el núcleo fundamental del libro, nos ofrece los últimos artículos publicados por Ledesma y sus seguidores en vísperas del 18 de Julio, en los que el lector puede apreciar, como en cualquiera de las publicaciones dirigidas por Ramiro Ledesma en los cinco años posteriores al inicio de su actividad política, el profundo patriotismo, la sensibilidad social y el conocimiento de los grandes avatares históricos de su tiempo, que convierten a esta figura histórica en referencia imprescindible para aquellas personas que quieran profundizar en los entresijos más auténticos de la creación ideológica del siglo XX español.

Adolfo Moncada
 

HISTORIA DEL REINO VISIGODO ESPAÑOL
Ed. Rialp
José Orlandis

El catedrático José Orlandis Rivera es probablemente el mejor conocedor de la época visigoda. Rialp ha reeditado su Historia del reino visigodo, imprescindible para cualquier interesado. Además, se añaden sus Semblanzas visigodas, otro libro publicado por Rialp que recoge la vida de una docena de personajes de la época, desde San Millán de la Cogolla a la viuda del rey Rodrigo, que casó luego con el walí (gobernador) y que murió asesinada junto con su nuevo marido por causas oscuras. O sea, que al lector que guste de la Historia de España se le ofrecen dos libros en uno y con una primorosa edición.

¿Qué sabemos de los visigodos? Para tratarse de un pueblo que gobernó España durante casi tres centurias, la verdad es que poco. Se les suele considerar un paréntesis entre Roma y la Reconquista. En esta percepción son determinantes su influencia en la desaparición del Imperio romano, sus guerras civiles por la corona y su responsabilidad en la irrupción mahometana.

Sin embargo, los visigodos merecen figurar en nuestra Historia por tres aportaciones. La primera es que merced a ellos nació España como entidad nacional y soberana, una España que, en su momento de mayor expansión, comprende el actual Portugal, la comarca de Toulouse (Francia) y el norte de África. En comparación con el final del reinado de Leovigildo, la España de 2004 se nos antoja mutilada. El recuerdo de la España perdida animó la Reconquista. Los cristianos de Asturias, León, Castilla, Pamplona, Aragón y Cataluña no combatían sólo por sobrevivir, sino por recuperar algo que existió y que la invasión árabe destruyó.

La segunda es la identificación entre España y el catolicismo, que se ha mantenido hasta el siglo XX y que surgió en el reinado de Recaredo, después del abandono de la herejía arriana (negadora de la divinidad de Jesucristo y que practicaron al principio todos los pueblos bárbaros). La última es la elaboración de códigos de derecho que pervivieron durante la Edad Media. Orlandis los defiende frente al desprecio que les dedicó Montesquieu y afirma que las leyes visigodas «ocupan un lugar destacado en la historia del derecho europeo».

Orlandis describe esta época fundadora primero a través de los reyes, a fin de cuentas quienes hacían la historia, y los acontecimientos de sus reinados. Luego, habla de las instituciones, de la Iglesia, de las clases sociales, de la economía, del derecho, etcétera. De esta sencilla manera, el autor abarca todas las facetas de la época y permite al lector observar su evolución. Las citas de los originales son frecuentes, lo que aporta verismo, y cuando un dato se desconoce o es dudoso, Orlandis lo señala.

La peculiaridad más llamativa de la organización política de los visigodos fue el carácter electivo de la monarquía. Pese a los intentos de varios grandes reyes por formar dinastías, la levantisca aristocracia consiguió imponer la elección real en un canon de las actas del IV Concilio de Toledo. Las peleas entre los distintos bandos por imponer a su candidato fueron la causa principal de la desaparición del reino visigodo. Para derrocar a Rodrigo, los hijos de Witiza recurrieron a la ayuda exterior, locura que habían practicado otros godos antes que ellos y que pese a los pésimos resultados (pérdida de territorios, pago de tributos, ocupación) que daba se repetía; en este caso en vez de a los bizantinos o a los francos, se llamó a los musulmanes, recientes conquistadores del norte de África.

Orlandis no explica cómo fue posible el derrumbe en una sola batalla de uno de los reinos más fuertes de la Europa de entonces; lo califica como «uno de los grandes enigmas de la historia». Otros historiadores aducen el descontento de los hispanorromanos con los godos y su suicida forma de gobernar, agravado por hambrunas en los años anteriores al 711. También se suele citar que la cristianización era menor de lo que podría suponerse a juzgar por la autoridad de los obispos y la unción real; los musulmanes traían una doctrina desconocida, que por sus menciones a un Dios único, a Cristo y a la Virgen podía ser interpretada por muchos como una nueva herejía cristiana. Por último, quienes se convertían a la nueva fe, dejaban de pagar impuestos. De todas maneras, el misterio ahí sigue.

Pedro Fernández
El semanal digital


 
    Opciones
· Versión Imprimible
· Enviar a un Amigo
    Otros enlaces
· Más Acerca de Altar Mayor


Noticia más leída sobre Altar Mayor:
Altar Mayor - Nº 81 (12)


Hermandad del Valle de los Caídos (hermandaddelvalle.org)
Colaboraciones, comentarios, sugerencias: