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Altar Mayor - Nº 92 (16)
Martes, 06 abril a las 11:17:12

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 92 – Marzo-Abril de 2004

LA GRAN MENTIRA
Por Luis Antonio Vacas Rodríguez

Nos dice Milton y Rose Friedman, en su libro Libertad de elegir que: «La última conexión existente entre las tres funciones del sistema de precios se ha revelado de un modo diferente en los países comunistas. Toda su ideología se basa en la supuesta explotación de la mano de obra en los países capitalistas y en la superioridad de una sociedad basada en los dictados de Marx: "De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades". Pero la incapacidad para hacer funcionar una economía basada en la pura emisión de órdenes no les ha permitido separar completamente la renta de los precios». De ahí el fracaso y el hundimiento del comunismo en la URSS y finalmente el derrumbe del Muro de Berlín.

Esto ahora me hace recordar, después de haber leído a Friedman, aquella conversación que sostenía con mi amigo y encargado del Taller de Tratamientos Térmicos hace casi un cuarto de siglo, antes de que dicho autor escribiera su libro en 1979, del que he citado el texto de dicho dogma marxista.

Entonces yo le decía a mi amigo Juan, cuando me comentaba dicho dictado:

-Te admiro Juan, por lo profundamente religioso que eres.

Y él respondía:

-No me diga eso, que yo soy ateo.

-Eso, no tiene importancia. Los católicos creen en el dogma de la Santísima Trinidad y vosotros en los dogmas de Marx.

- Qué cosas se le ocurren a usted, señor Vacas.

-No Juan, es que tú, ahora, confundes la velocidad con el tocino. ¿No ves que la materia obedece a las leyes de la naturaleza, señaladas por las ciencias y la fe en los dogmas se admiten por el espíritu de los hombres, que no tiene nada que ver con la materia? Te voy a poner un ejemplo: Un tornillo le colocas su tuerca y con una llave le das el par de apriete que le corresponda para cumplir su función y no se pase de rosca; pero al hombre no le puedes apretar las tuercas con una llave, porque es otra cosa, y si a él le da la real gana, se pasa de rosca, sin que necesite un determinado par de apriete.

-La capacidad de cada persona es un asunto demasiado complejo. Los listos, y los más capaces, son siempre una minoría, pero además, ellos son los que hacen progresar al mundo. En esto de la capacidad, siempre se cumple el teorema de Sancho Panza: «Cada uno es como Dios le hizo y a veces peor». Lo que dijo Marx, no puede funcionar, aunque tú te lo creas, por eso digo que eres muy religioso o muy crédulo. Eso no quiere decir que seas un beato. Así que las necesidades del hombre son infinitas, porque además de las imprescindibles, tenemos también las que él mismo se crea. Y si se las tienen que cubrir, con el esfuerzo de los más capaces, esto no puede funcionar, pues un tío listo por mucho que le aprietes, no le sacas del cuerpo ni una sola idea, y menos aún para mantener a vagos, que sólo piensan en dormirse a la bartola.

Efectivamente, los hechos y los años me han dado la razón de lo que allí discutía con mi encargado del Taller, hace casi medio siglo. Aunque él sabía que yo tenía razón, puesto que lo había vivido y experimentado en su propia carne. Una cosa era lo que decía la propaganda, y otra muy distinta la realidad allí vivida. Y además no fue pequeño el contraste con lo que se encontró. Allí realizamos muchas cosas juntos, con los de aquella generación, y el resultado que alcanzamos fue calificado como el milagro español.

Lo más característico, y lo más dañino del pasado siglo XX, ha sido la gran mentira que podríamos calificar de peste roja. Si a la epidemia que asoló Asia y Europa entre 1347 y 1351 se la denominó como peste negra, creo que no hay inconveniente para denominar peste roja o del siglo XX a la gran mentira por la mortandad por ella ocasionada.

A cualquier enfermedad que causa gran mortandad o que puede ocasionar graves daños, como la corrupción de las costumbres y el desorden de los vicios y la ruina escandalosa que ocasiona, es lícito y correcto aplicarle el nombre de peste, pero con mucha más razón si ha provocado más de 150 millones de victimas, como puede deducirse de los datos de crímenes, terror y represión que se exponen en el Libro Negro del Comunismo y donde uno de sus varios autores, Stéphane Courtois, dice lo siguiente: «Por encima de la obcecación, las pasiones partidistas y las amnesias voluntarias, en este libro hemos intentado trazar una imagen de conjunto de los actos criminales, desde los asesinatos individuales a las matanzas, cometidos en el mundo comunista. Dentro de una reflexión general sobre el fenómeno crucial: el desmoronamiento del corazón del sistema comunista de Moscú, que tuvo lugar en 1991, y la posibilidad de acceder a una rica documentación que hasta la fecha se había mantenido bajo secreto».

Y para Alexander Solzhenitsin, como indica en su libro El colapso de Rusia: «Para aquellos que tienen sentido común saben que existía otro camino, el camino justo, y que un pueblo dispone siempre de recursos para encontrarlo. Y como decían en Rostov: Sin Dios, Rusia no es necesaria; sin Rusia, la libertad no es necesaria; si no hay arrepentimiento, no doy un céntimo por Rusia».

Por otra parte, un liberal como Salvador de Madariaga nos dice: «Éste es el pensamiento clave del sistema de Carlos Marx. Ante la realidad, el hombre no se forma una opinión absoluta. La ve tan sólo como una perspectiva condicionada por factores históricos y socioeconómicos, los cuales sépalo o no, forman su pensamiento y aún más, su subpensamiento, las raíces irracionales de su razón. Y claro es que al rechazar así de golpe y porrazo todo lo que se piensa por hallarlo infectado de subjetivismo, Marx tiene que refugiarse en una objetividad inexpugnable. [...] La única objetividad que hay es la guerra de clases.

»Apenas si hay en el marxismo principio o doctrina que se pueda sostener hoy sin mermas, profecía que no haya salido fallida o desmentida por los hechos; pretensión de infalibilidad o inevitavilidad sedicente científica, que no haya resultado huera; pero si el marxismo falla casi siempre en sus detalles, es un hecho no menos innegable que sigue fuerte, quizá más fuerte que nunca en su conjunto. Fracasa como ciencia; pervive como religión. [...] El error es de Marx. El cual es tan burgués que ignoraba cómo vivían y qué querían los obreros y profetizó que inexorablemente y científicamente los obreros irían cayendo cada vez en mayor pobreza, la burguesía subiendo cada vez a mayor riqueza; para remediar lo cual propone una revolución comunista disparatada. Ocurrió lo contrario de lo que él pensaba. Los obreros se hicieron cada vez más afluyentes, los patronos, no obstante, cada vez más ricos y las ideas de Marx quedaron en ridículo. [...] El señorito comunista es una de las creaciones más originales e inesperadas que ha venido a dar de sí la sociedad española. [...] que el señorito comunista es más señorito que comunista, aunque de ello no se dé cuenta. [...] La irresponsabilidad es su principal característica».

A pesar de todo ello, aún quedan demasiados listillos que piensan en vivir del cuento de la política y de la demagogia dentro del batíburrillo de lo democráticamente de moda, y así se disfrazan de verdes ecologistas o de izquierda unida, puramente democrática, en el barullo de «lo políticamente correcto», entendiendo por tal, al terrorismo de ETA, con su base legal de Batasuna y el apoyo incondicional del PNV y comunistas de IU.

El arma de combate más eficaz, de la gran mentira o peste roja del siglo XX es la mentira elevada a la categoría de dogma, y aún quedan recalcitrantes de dicha peste, para continuar el contagio de la plaga en el siglo actual. Estos misioneros de la mentira y la demagogia no tienen arreglo, el paraíso del proletariado es tan real para ellos como las huríes en el paraíso del Profeta para los musulmanes.


 
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