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Altar Mayor - Nº 92 (06)
Martes, 06 abril a las 11:44:49

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 92 – Marzo-Abril de 2004

¿ROJOS O REPUBLICANOS?
Por José Luis Gordillo Courcières

Cualquier español cincuentón, o más, tiene que haber percibido como de forma progresiva, durante los últimos cinco o seis lustros, los rojos históricos han ido mutando a republicanos; he aquí un caso más de deslizamiento verbal mediante una estudiada pretensión de sinonimia que atenta a la obligada precisión del lenguaje.

Forzoso es que esa falsificadora traslación terminológica moleste grandemente no sólo a los republicanos de derechas sino también a los moderados, e incluso burgueses, republicanos de la izquierda, ni unos ni otros calificables como rojos. Pero, peor todavía, mediante ese artificio nominal queda alterada la verdad histórica. Recuérdese que hubo un tiempo en que republicanismo y socialismo se constituían como sistemas políticos opuestos.

El monopolio de la cromática denominación -en la que, naturalmente, no podía haber ánimo destemplado alguno- ya se lo había concedido a sí misma la izquierda política revolucionaria española a principios del segundo decenio del siglo XX, tomándola directa o indirectamente de la terminología marxista. Considérense tres nombres ilustrativos de la prensa izquierdista de los años veinte: Aurora Roja, Bandera Roja, y Campesino Rojo. Y, desde 1931, Juventud Roja.

Tal notorio acaparamiento del adjetivo saltará desde los documentos a lo operativo cuando, en la revolución socialista asturiana de 1934, se cree un autodenominado Ejército Rojo que adopta su apelativo inspirándose como es obvio en el bolchevique.

El Alzamiento Nacional (que, por cierto, mediante otra trápala intencionada viene denominándose nacionalista, lo cual crea confusiones: nacionalista es el calificativo edulcorado de separatista), el Alzamiento Nacional, repito, no se realizó contra la República Española sino en su nombre; y para defenderla de los desmanes del Frente Popular. Bien sabido es que gran parte, tal vez la mayoría, de los que lucharon en las filas nacionales eran republicanos, o republicanísimos como los falangistas. Y no se turbe la realidad arguyendo que allí también estaba el Requeté monárquico, porque evidente fue que el carlismo no luchaba por el regreso del seis años atrás expulsado Alfonso XIII -personaje altamente desestimado por los carlistones-, sino contra los desmanes y tropelías de aquel Frente Popular, azote de la religión católica.

Existe mucha información a la que acudir en este intento de demostrar el fervor con el que, desde el principio de la guerra, creció el afán de teñir de rojo la zona de España dominada por el Frente Popular, donde en nada se parecía su Gobierno al propio de una República democrática.

Empecemos por lo significativo del cambio de tres topónimos rebautizados al principio de la contienda: Ciudad Real, el Cerro de los Ángeles (Madrid), y Porto Cristo (Mallorca), que respectivamente cambiaron a Ciudad Roja, Cerro Rojo, y Puerto Rojo.

En cuanto a periódicos, revistas o boletines, lo de rojo marcaba no sólo territorios sino hasta profesiones. Mencionemos entre la prensa periódica los siguientes nombres Alicante Rojo, Bandera Roja, Bandera Roja (otro), Cuenca Roja, Euzcadi Rojo, Frente Rojo, Generación Roja, Heraldo Rojo, Pionero Rojo... Por lo que respecta a boletines sindicales, he aquí lo que en principio cabe anotar: Alba Roja, Bombero Rojo, Carriles Rojos (los ferroviarios, claro), El Dependiente Rojo. Y una editorial: Socorro Rojo.

Para el ámbito bélico disponemos de estos ejemplos de nombres de batallones: Alicante Rojo, Leones Rojos, Octubre Rojo. Al arma de la aviación roja se la conoce naturalmente como: Alas Rojas. El comité que se hace cargo del mando en el acorazado Jaime I (maquinistas, cabos, fogoneros, buzos...) se autodenomina Guardia Roja.

Hay color rojo para las letras de canciones. Así el himno «Hijos del Pueblo», con su largo estribillo:

...¡Ah! Rojo pendón,
no más sufrir;
el opresor
ha de sucumbir...

La columna Mangada poseyó himno propio, con música de Alberto Arcelu Vargas, y letra del propio teniente coronel Julio Mangada Rosenorn, curioso personaje digno de detallado estudio:

...Del pueblo la roja bandera
al viento desplegad,
y, en tanto que el fascio no muera,
luchad, luchad, luchad...

Tenemos otra canción, con música de Moreno Gans, y copla de Luis de Tapia, que se tituló «Valencia»; dice entre alabanzas nutricias lo que sigue:

...Valencia, luz de Levante
siempre aurora y, ¡adelante!
¡Siempre rojo resplandor!...

O también el tan oído canto de «La Joven Guardia», del que aquí se escoge la versión catalana:

...Pels carrers i les plaçes
passaran masses triomfants.
Davant la Guàrdia Roja
els opressors tremolaran...

A la izquierda gallega tampoco le faltó una canción salpicada de rojo; es el caso de un «Alalá» propio:

...¡A loita, mozos galegos!
¡Na man destra un martelo
e na sinistra una unha fouce,
manchemos vermello o Ceo!

Y hasta existió una canción exaltando a la Comuna francesa:

...Cantemos a la memoria
de los que izaron rojo pendón,
y se batieron por la Comuna,
por la sagrada revolución...

Adentrémonos, a partir de este momento, en la muy interesante muestra de poesía de la zona roja. Quince ejemplos serán bastantes. Cabe empezar por estos escogidos versos del largo romance de Miguel Hernández dedicado a un famoso combatiente, «El Campesino», o sea, Valentín González González:

...En actitud de león
negro el pelo, roja el alma,
recorre al son de la pólvora
las anchuras castellanas...

Un voluntarioso poeta, Renato Ibáñez, escribe en 1936:

Subiremos
de cuatro en cuatro,
a paso de carga,
por las escalinatas rectas
que conducen
a la cúpula de los rascacielos
para encender
las llamaradas
de cien banderas rojas ...

Hubo un poeta, Félix V. Ramos, que hasta inventa el verbo rojear; e identifica, ilusionado, la libertad con el comunismo:

No se ven las amapolas
en su mano rojear;
el rojo ahora lo llevan
de estandarte, de ideal,
con una hoz y un martillo,
símbolos de libertad...

De Emilio Prados es una a modo de elegía a García Lorca en la que se lee:

...Vengo de Málaga roja,
de Málaga roja vengo;
levántate, Federico,
álzate en pie sobre el viento...

En otro romance, el poeta Luis Pérez Infante termina así sus octosílabos, diferenciando dos banderas:

...El pueblo reconquistaron,
y en la torre de Las Navas
pusieron bandera roja
junto a la republicana.

Cabe igualmente incluir un fragmento de un romance de Vicente Aleixandre, alusivo a un José Lorente Granero, del que todo lo ignoro:

...Luchó y mató: un nimbo rojo
iluminaba su cuerpo,
y de las balas traidoras
parecía protegerlo...

También tenemos estos versos libres en los que el personaje, que se halla en trance de muerte, no aspira sino a un gesto de la amada:

...Sólo te pido que lleves
prendida sobre tu seno
una flor roja,
de sangre y fuego.
Roja
como mi esperanza
y mi pensamiento.

Jugando con el topónimo de un pueblo andaluz, Pedro Garfias une la rojez a la albura, y acaba así un corto poema:

...Pozoblanco, blanco y rojo,
será siempre nuestro y nuestro.
Lo defienden los soldados
del Ejército del Pueblo.

Hasta Rafael Alberti, un alumno de las Musas, un Creso en posibilidades metafóricas, nos endiña lo de rojo en unos versos que quizá luego repudió:

Quien desprovisto nace
el puño diestro lleva levantado,
y en el puño la hoja
de doble filo y de pasión, que hace
la triste Geografía
definitivamente nueva y roja...
Su primer tren ya corre por la vía.

Las milicianas son para Luis de Tapia:

Rojas amazonas,
guerreras del frigio,
con el pecho erguido
y una boca grana,
cual horno encendido...

Y el poeta Justo Melero, en un romance dedicado a la «Capitana Solano» dice:

...Lleva en sus manos triunfales
claveles ensangrentados,
bandera roja invencible
la de su sangre en lo alto...

Descriptivas expresiones las que pone en unos versos el poeta Antonio García Luque. Habla un imaginario soldado marroquí rendido:

...—Yo estar rojo, camaradas.
No tiréis, que yo estar rojo...

Poseemos igualmente versos en catalán. Estos son, por ejemplo, los que escribe en su poema «A Guernica» Ramon Vinyes:

... Ibèria ha enrogit d’un extrem fins a l’altre,
de Llevant a Ponent, de l’Estret al Cantàbric.
L’enxopen de roig uns traidors que el roig blasmen,
mentre vessen la sang que és un roig que mai més
no s’esborra!...

Estos son los versos dialogados de un romancillo de Félix Paredes:

...—Tú no debes ser quizá
tan generoso conmigo
-confidencial-: Soy fascista.
Y el otro, a gritos: —¡Yo rojo!

Y terminemos. El indefinido Juan Gil-Albert escribirá en 1937 un «Romance a la niña Durruti», o sea, a la hija del anarquista, Colette, que tendría entonces unos cuatro años. Este es el final del poema:

...Que ser la hija de un héroe
es más hermoso que abril.
Si él murió en aurora roja
tú eres nuestro porvenir.

(Por cierto, Gil-Albert, el «blando esteticista» fundó en Valencia por entonces una revista de poesía denominada, válgame Dios, El Buque Rojo. Es otro nombre que añadir a la lista de cabeceras de publicaciones periódicas que relacionamos antes).

Como experimentadores con palabras, los poetas (consagrados o principiantes) percibieron la intensidad de las seductoras connotaciones del adjetivo rojo, que venía patrocinado por el estalinismo y otros herederos suyos en Europa, ya con sus Rot, Red y Rouge. Así que, todos a una, los españoles afiliados o simpatizantes de ciertos partidos políticos y sindicatos (PCE, PSOE, IR, POUM, CNT, UGT...) empezaron a versificar -o lo que fuese- en rojo. Porque es bien cierto que el rojo convoca a bello, fuerte, duro, ardiente, firme...

Los que -siéndolo, claro- se disgustan cuando se les llama rojos están equivocados; toman por despectivo un nombre en sí cargado de muy atrayentes connotaciones. Pero, en todo caso, ellos lo escogieron. Y ese rojo es ya históricamente indeleble.


 
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