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Altar Mayor - Nº 92 (03)
Martes, 06 abril a las 11:59:10

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 92 – Marzo-Abril de 2004

ELOGIO A LA CURVA
Por Alfredo Amestoy

Los tres hijos de Guetaria: Elcano, Iturzaeta, y Balenciaga; un marino, un calígrafo y un modista, artífices de la curva. A sus noventa y cuatro años, con sus barbas de siempre (quiere morir con las barbas puestas: «los que mueren con las barbas puestas son más difíciles de enterrar», ha dicho), Jorge Oteiza, como Alonso Quijano, pero sin escuderos, sin curas, ni bachilleres, ni sobrinas, recupera la razón y espera a esa dama a la que ha llamado tantas veces y que no acaba de llegar. El intelectual español más insobornable del siglo XX, más que sus paisanos Unamuno o Caro Baroja; el crítico más iconoclasta, y el artista más rebelde y contestatario, cuando se vaya nos dejará un gran vacío, pero un vacío sin «horror». Es un vacío «lleno». Como sus cuadrados son círculos y sus cubos son esferas. El guipuzcoano Oteiza nació en Orio, su gran obra está en Aránzazu, espera a la muerte en Zarauz, pero tengo para mí que es en Guetaria donde encontró la filosofía de la piedra y la piedra filosofal. ¿Qué le ocurrió en Guetaria, en esa pequeña localidad pesquera de menos de dos mil habitantes? En la década de los ochenta andaba Oteiza, con el malogrado arquitecto Fullaondo, jugando a los dados de la política con el cubo gigante que iban a construir ambos sobre la Alhóndiga de Bilbao (un proyecto que la propuesta y el gran negocio Guggenheim se encargó de desplazar) cuando el escultor visita Guetaria y formula su teoría sobre la «estética del huevo». Él mismo describe el proceso: «Guetaria ha podido construir su iglesia... a escala de nuestra alma, sin un ángulo recto. Se me confirma que la sección de una esfera partida por un plano es una circunferencia. La sección de una hiperesfera cortada por un espacio a tres dimensiones, es una esfera... Y descubro que ese espacio a tres dimensiones que es una esfera, es aquí una esfera más ancha abajo y más alta y breve arriba, descubro que no es una esfera, que es aquí un huevo. Que esta iglesia es el resultado de un encofrado por planos de un huevo vacío, su interior de huevo, un huevo no mucho mayor que una casa, un templo de casa, a escala flotante de un barco, de este pequeño pueblo, en este misteriosos y pequeño país. En esta iglesia, el espacio huevo vacío es lo primero que se ha concebido metafísicamente y se ha puesto de pie y resuelto aquí. Porque una Estética del huevo es la respuesta a una metafísica de la esfera, es el hombre dominando (en tradicional mentalidad vasca, dominado y libre), al borde y por fuera de la circunferencia».

Aunque parece que Oteiza se queda en los volúmenes, pronto nos lleva a las formas; éstas a los sonidos..., y los sonidos nos conducirán sorprendentemente a los trazos y a los rasgos de la caligrafía ¡y sin salir de Guetaria! No peligra la vida del artista, pero atención, silencio, que Oteiza va a hacer una pirueta (la pirueta no deja de ser un giro de 360 grados) partiendo de la circunferencia: «se habla, se acepta y se define (en Jung y en su equipo) el contenido simbólico de imágenes fundamentales como círculo, esfera, huevo y laberinto, de modo que corresponde a una mentalidad únicamente oriental y sin prehistoria... En nuestra prehistoria (vasca) se describe la situación del hombre rodeado por el mundo desconocido y amenazante. (En vasco, "ingurubil", espiral, es etimológicamente "redondo alrededor", el hombre está rodeado por el mundo, laberinto es "irten-ezin", no poder salir, "mundu-barru" dentro del mundo, dentro de la Naturaleza. Y habría que penetrar en nuestras identificaciones mítico-lingüistas y ver si este "iz", de "izan" no corresponde a "itz-ots", voz-sonido; en la cosmográfica y rítmica musicalidad nocturna del euskera los sonidos y los sueños vienen de fuera. ("Bi-ots", dos sonidos, es el corazón)».

Este prodigioso razonamiento sobre el laberinto, la espiral y los sonidos que hemos de recoger, ordenar e interpretar, coincide con la mejor definición de la caligrafía, como «el arte de representar con belleza los sonidos orales por medio de signos gráficos». Ítem más; la escritura caligráfica no deja de ser una espiral de signos, en su mayoría redondos, que componen un bello tirabuzón, producto de la sucesión de curvas hilvanadas. No es sólo una metáfora, sino una imagen real.
 

EL MISTERIO DE GUETARIA

Las gentes de un país, de una ciudad, de un pequeño pueblo, pueden tener una determinada visión del mundo. La «imago mundi» de un veneciano del siglo XIV, no es la misma que la de un inglés del XIX, ni la de un norteamericano del XX, o la de un chino del XXI. Esta visión puede ser fruto de un anhelo, de una ensoñación o de una frustración.

En el caso de Guetaria, el descubrimiento de Oteiza a través de la iglesia del pueblo y su teoría de la esfera y del huevo, no es una alucinación, ni fruto del delirio. Tampoco es una quimera pensar en qué medida la percepción de la curva ha condicionado e influido en la forma de ser y de actuar de los nacidos en este lugar a orillas del mar Cantábrico.

No parece casual que en una localidad que nunca ha superado los dos mil habitantes hayan venido al mundo: Juan Sebastián de Elcano, el hombre que primero circunvaló la Tierra y tuvo plena conciencia de su redondez; José Francisco de Iturzaeta, el más famoso de los calígrafos españoles y con cuyos sistemas aprendieron caligrafía millones de españoles durante el siglo XIX y parte del siglo XX, y Cristóbal Balenciaga, reconocido ya mundialmente como el modista más inspirado y según Hubert de Hungaro, el presidente de la Fundación Balenciaga: «el creador del arte de la alta costura».

Tres biografías marcadas por una vocación común que les lleva a seguir una trayectoria ejemplar, más recta imposible, pero —¡paradoja!— describiendo las curvas más caprichosas en la mar oceána, sobre el papel de escribir o en el corte de preciosos tejidos para la realización de los vestidos más sofisticados. La proa de la nao, el tajo de la pluma o la tijera han sido las herramientas para que estos tres hijos de Guetaria transformen el mundo y lo recreen haciéndolo más útil y más bello.

Bien, si no es causal, ¿a qué se debe este extraño fenómeno? Pienso que no hay misterio alguno, aunque sí cierta tendencia a la redondez, a lo esférico; proclividad a la curva, extendida entre todos los vascos, como ha explicado Oteiza, pero más patente en Guetaria cuya vida diaria discurre con la visión permanente de ese caprichoso accidente geográfico tan próximo que rompe el horizonte marino y que recibe el nombre de «el ratón de Guetaria», cabeza y lomo del roedor dibujan dos curvas perfectas. Y por si no fuera suficiente, en el escudo de la histórica villa, más que campear manda absolutamente la figura de una ballena, recuerdo y homenaje al cetáceo cuya captura fue el medio de vida de sus pobladores durante muchos siglos. La ballena, el animal más curvilíneo de la creación, casi una esfera perfecta, es emblema y tótem para este pueblo guipuzcoano.
 

ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA...

Navegar es escribir en el agua. Escribir poesía, escribir aventuras, grandes misiones, civilizaciones... Navegar es escribir la Historia. Desde Homero hasta nuestros días. Elcano, quizás, al consumar en 1522 el viaje que Magallanes había iniciado tres años antes, no sólo escribe una de las gestas más heroicas de la Historia, sino que la modifica y, a partir de su llegada a Sevilla con una nave, la célebre «Victoria», en vez de las cinco que habían partido, y con dieciocho hombres, en vez de los doscientos treinta y siete que iniciaron el viaje, el mundo ya no es el mismo. El ha verificado que es redondo, porque le ha dado la vuelta y así constará en las armas que le otorgará su Emperador «Primus circumdedisti me»: el primero en circunnavegar este planeta, sin que nadie lo intentara hasta que —más de medio siglo después— apareciera el más grande marino inglés de todos los tiempos, Sir Francis Drake, incomparable navegante pero incorregible corsario, hasta el punto de robar para su escudo el lema de Elcano casi textualmente: «Tu primus cincumdedisti me», de acuerdo con su inveterada desvergüenza. Este sonrojante hecho no hace sino acrecentar el mérito del egregio marino guipuzcoano, orgullo de su pueblo, de Guetaria, que por desgracia no pudo ni honrar ni conservar sus restos. En esa iglesia esférica que ha subyugado a Jorge Oteiza, se conforman con un cenotafio en la puerta del templo, cuya leyenda está casi ilegible de tanto y tanto pisar sobre ella. El nombre aparece bastante claro: Juan Sebastián de Elcano. No obstante no cesa la polémica que discute cuatro versiones: Elcano, del Cano, El Cano o de Elcano. Un auténtico cuatrilema que prosigue aunque en 1926, a petición del Ministro de Marina, la Real Academia de la Historia ya dictaminara que el apellido de Juan Sebastián era «de Elcano».Y así figura no en muchos libros de texto pero sí en la popa del Buque Escuela español. Es curioso que esa decisión de la Academia fue tomada tras el estudio de la firma del marino. Una firma con hermosos rasgueos realizada cuatrocientos años antes. Como buen hijo de Guetaria, «de Elcano» escribía con caracteres bellos y con gran personalidad.

¿Cuántos calígrafos habría habido en Guetaria antes de Iturzaeta, nunca mejor dicho «avant la léttre»?
 

ITURZAETA, «EL PROFESOR DE ESGRIMA»

Como para la Real Academia de la Historia en el caso del apellido de «de Elcano» la firma del interesado contó sobremanera, la firma aún cuenta en muchos peritajes grafológicos. Escasean los documentos escritos, como en otros tiempos, «de su puño y letra», lo que puede representar la pérdida de una importante seña de identidad. Firma y rúbrica eran la mejor muestra de nuestra personalidad, al alcance de cualquiera aunque no fuera experto en grafología. Y a gala tenía todo ágrafo recién alfabetizado de rubricar con autoridad y hasta elegancia cuando lograba escribir por primera vez su nombre y apellido.

Esta es la gran aportación del vasco de Guetaria, José Francisco Iturzaeta, no sólo a la caligrafía española sino a la educación nacional en España, al dotarnos durante dos siglos de un sistema para que los niños tuvieran una escritura clara y hermosa. Con la letra «bastarda» de Iturzaeta se han escrito, desde la Ilustración hasta nuestros días, millones de páginas entre obras literarias, escrituras de propiedad, registros, libros de contabilidad, testamentos, declaraciones de amor y de guerra, partidas de nacimiento, certificados de defunción... hasta sentencias de muerte.

Gracias a este guipuzcoano, de humilde origen, nacido en Guetaria en 1788 y muerto en Madrid en 1853, los siglos XIX y XX ofrecen en sus testimonios escritos una dignidad y un decoro muy notables. Pendolistas y aficionados a la escritura adquirieron con el sistema Iturzaeta junto a la destreza, la elegancia y la gallardía. Que «gallardía» se ha reconocido aportó el de Guetaria a la bastarda original italiana. La bastarda Iturzaeta sería: «más inclinada a la derecha, rotunda en las curvas y más "redonda"». Ese espíritu circular, esférico, espiral, del que habla Oteiza vuelve a aparecer en Iturzaeta que más que un calígrafo se nos antoja un «profesor de esgrima» que utiliza el palillero y la pluma de metal como un florete con el que no cesa de «tirar» y «adornar». Que el tirado y el adorno son términos comunes en las dos artes.

No muy dado a barroquismos, en su «gramatocosmía», demostró su dominio en los adornos y los «rasgueos». De su caligrafía no se puede decir lo que dicen los andaluces de algunas mujeres: «la pobre tiene hechuras pero le falta "garabato" de mujer». El «garabato» puede ser hermoso como un desplante, mezcla de burla y desdén. ¿Conoció el niño Cristóbal Balenciaga en la escuela pública de Guetaria la fama de su paisano Iturzaeta enterrado en el Pabellón de Hombres Ilustres en Madrid? ¿Aprendió a través de su caligrafía la importancia de la medida, de la proporción, del equilibrio, del ritmo, de la cadencia de las curvas?
 

BALENCIAGA, UN VISIONARIO DE LA MODA

La pluma de Iturzaeta se torna tijeras, aguja e hilo para Cristóbal Balenciaga. Y el papel pautado en... el cuerpo de la mujer. Sobre el cuerpo femenino va a hacer maravillas este muchacho de Guetaria, influido también por esa iglesia circular de su pueblo, por la ballena del escudo, por los pliegues que dibujan las olas del mar. Llamado al mundo de la creación, hijo de un pescador y de una costurera, no encuentra obstáculos para iniciar desde niño una carrera espectacular desde la pobreza y la necesidad hasta el lujo y el boato vividos en compañía de reinas y de multimillonarias. Cuando dentro de poco se inaugure en Guetaria el Museo Balenciaga, dirigido por Sonsoles Díez de Rivera e Icaza, hija de la marquesa de Llanzol que tantos trajes del modista ha aportado para su exhibición en el Museo, visitantes de todo el mundo podrán comprobar la gran aportación del guipuzcoano a la historia del vestido femenino. Este museo, que va a atraer también a quienes viajen a Bilbao para ver el Guggenheim, se ha instalado no en la sencilla casa donde nació el modista sino en el palacio Aldamar, en lo alto de Guetaria, residencia de los Casa Riera, la familia de la Reina Fabiola, y donde la abuela de la viuda del rey Balduino de Bélgica, la marquesa de Casa Torres, descubrió el talento del pequeño Cristóbal, en 1908, cuando Balenciaga tenía 13 años. Monaguillo hasta entonces en la iglesia del pueblo, Cristóbal pudo en ese tiempo percibir el espacio prodigioso, la exaltación de la curva que se produce en el templo, y también apreciar a través de la vista y del tacto —y por qué no, a través del oído, el frufrú de las sotanas— el valor de la alta costura y de la curva en cuellos y hombreras de los ornamentos religiosos y en los elegantes trajes de celebrar liturgias solemnes. Es decir, estaba en disposición de que se produjera la gran revelación. Sobrevino cuando el muchacho tiene la oportunidad de ver un día a la marquesa luciendo sus mejores galas. Balenciaga descubre su vocación. Se dedicará a vestir a la mujer, a transformar la moda femenina y a crear nuevos cánones de elegancia y distinción. Su costura obedecerá a un nuevo dictado y la dictadura de Balenciaga en moda será tan férrea como la de Iturzaeta en la caligrafía. El «sistema Balenciaga» es un gobierno dictatorial pero «fácil de llevar» y «de poner». Su inspiración la advirtió enseguida la marquesa de Casa Torres que le lleva al palacio donde ahora va a estar el Museo y le facilita un vestido y tela para que lo copiara, trabajo que realiza en un santiamén y mejorando el modelo. Balenciaga ya tenía mecenas y su primera admiradora. Pronto serían legión sus admiradoras y sus clientes. Lo mismo para reinas como Victoria Eugenia que para «estrellas» exigentes como Marlene Dietrich, Balenciaga fue el modista favorito. Y nadie aventajó al vasco en la creación de trajes de novias. Famoso fue el de la Reina Fabiola, la nieta de su mecenas, y el de otra nieta famosa, la nieta de Franco, Carmen Martínez Bordiú, el último traje que hizo poco antes de morir en 1972. Desde su primer desfile parisiense, en 1939, quedó marcada su línea: hombros caídos y caderas redondas. Es entonces cuando se anticipa en ocho años a los que Dior presenta en 1947 como el «new look»: las faldas balón, las caídas en forma de túnica y, cómo no, los grandes botones redondos. Se trataba de tal ruptura que hasta Coco Chanel quedó maravillada. Para Coco, Balenciaga sería ya el número uno. El modista se lo agradeció siempre, hasta el último día. Su asistencia al entierro de Coco Chanel fue la última salida pública que hizo Cristóbal. Aquel niño de Guetaria, que se extasiaba ante los ornamentos de la iglesia y los trajes de las marquesas, cerraba el círculo de su vida con una obra llena de hallazgos y de éxitos. Él también, como Elcano, había dado la vuelta al mundo de la moda. Su lema fue actuar como «arquitecto para las líneas, escultor para la forma, pintor para el color, músico para la armonía y filósofo para la medida». Guetaria puede estar orgullosa de estos hijos suyos: Elcano, Iturzaeta y Balenciaga; remo, pluma y aguja; artesanos, artífices y artistas universales de la línea mágica por excelencia, la curva. A la curva adjudicó Goethe la clave de la elegancia. En su «Teoría» sostuvo que el encanto de Grecia residía, precisamente, en haber descubierto la curva larga, la curva que no se cierra, sino que se abre como una esperanza…


 
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