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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 216
Martes, 27 abril a las 11:28:18

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 216 – 27 de abril de 2004

SUMARIO

  1. Portada: Don Quijote, por José Manuel Benítez Ariza
  2. Gratuitas imputaciones, por Miguel Ángel Loma
  3. Las traiciones de Mr. Bean, por Pío Moa
  4. Martirio durante la persecución religiosa en España en 1936, de Zenit.org
  5. Recordemos nuestra historia reciente: Los primeros meses del estúpido bienio negro, por Mario Tecglen
  6. La Quinta Columna colaboracionista, por Fernando José Ares


Portada
DON QUIJOTE

Por
José Manuel Benítez Ariza

Don Quijote cabalgó de nuevo el otro día. O, más que cabalgar, fue traído y llevado, y no por una turba de arrieros, mozos de venta o pastores malhumorados, sino por nada menos que el candidato a Presidente del Gobierno y uno de sus opositores. El primero había citado en su discurso de investidura unas frases del inmortal libro, y el otro, nacionalista vasco por más señas, creyó ver en ello indicios de una inminente reafirmación de los viejos valores hispánicos, en perjuicio de las siempre amenazadas identidades nacionales periféricas. Alegó el candidato que no era ésa su intención, y que lo que veía en la gran novela cervantina era todo lo contrario: la afirmación de una especie de ciudadanía universal, por encima de los valores propios de un lugar o una época... Quedéme pensativo. Cierto, sí, que en el «Quijote» hay una mirada igualadora que, sin negar las diferencias que separan a los hombres, los reduce a todos a su humanidad esencial. Una humanidad que sufre, ríe, come, bebe, tiene achaques y lo mismo se divierte entregándose a las altas distracciones del espíritu (la música, la poesía), que a las ocasiones de burla que su andadura les va deparando. Porque, no hay que olvidarlo, en el «Quijote» todo el mundo está de paso, todos van o vienen, y todos se someten por igual a las leyes primarias del camino: cortesía con el extraño, pero el garrote preparado y la piedra dispuesta, por si hiciera falta defender lo de uno. Lo milagroso de Cervantes es su capacidad de mirar con ternura a todos y a cada uno de los miembros de esta humanidad inquieta e impredecible; pero de esa ecuanimidad no puede deducirse ninguna clase de estatuto civil, que pudiera alegarse ante alguna instancia superior como salvaguarda de derechos y dignidades. Tal vez por eso Cervantes sitúa su obra en el campo, y no en poblado, donde sería inevitable reconocer la preeminencia del poderoso o la insignificancia del pobre. Cervantes no eleva a sus personajes a la dignidad de una ciudadanía inimaginable entonces, sino que los retrotrae a su condición primaria, anterior a toda diferencia, de simples seres humanos

Pero al interlocutor de Zapatero lo que le dolía, según explicó, era el viejo agravio que Cervantes infligió a todos los vascos al hacer que el pobre don Quijote derrotara... a un vizcaíno, al que previamente el escritor se había permitido ridiculizar por su testarudez y por su cómica manera de expresarse. No se le ocurrió al nacionalista pensar que a su paisano le había correspondido la mejor suerte que cabe a un personaje del «Quijote»: la de compartir la indefensión y el desamparo del desmedrado caballero. El castellano balbuciente del vizcaíno no es sino parte de esa indefensión, y nos recuerda que en su conciencia pervive el molde de otra lengua mejor aprendida y más ajustada a su concepción del mundo y a sus afectos. Es la manera cervantina de reconocer la deuda de cada cual con sus orígenes y su patria chica.

El candidato no pudo reprimirse una última alusión cervantina: reconoció que su ideal de traer a los nacionalistas al redil de la «España plural» era quijotesco. Y no: don Quijote nunca vio tan a las claras la inminencia de sus muchas derrotas.
 

GRATUITAS IMPUTACIONES
Por Miguel Ángel Loma

Si la semana pasada era la jefa de redacción de ABC de Sevilla, Inmaculada Navarrete, quien tratando de tranquilizarnos lanzaba un confuso mensaje diciendo que Al Qaeda estaba hecha «de la misma pasta que la europea y, por tanto, cristiana ETA», ahora ha cogido el testigo en el mismo periódico Fernando Iwasaki, que en su artículo titulado , escribe al hilo de lo publicado sobre la salvaje profanación del cadáver del GEO asesinado en Leganés y calificado como «gamberrada» según el dialogante alcalde socialista de esta localidad, que detrás de la profusión de comentarios sobre dicha profanación «hay una morbosa xenofobia», comparando el diferente tratamiento que ha recibido esta profanación con otro espeluznante suceso en el que una pareja de Barcelona han sido condenados por maltratar brutalmente a un crio de tres años. Según el articulista esta diferencia de trato radica en que esta pareja de tipejos «no son musulmanes, sino cristianos de toda la vida».

Me gustaría saber en qué se basa Iwasaki para concluir que tales criminales son «cristianos de toda la vida»: si es que pertenecen a un grupo de catalanes comprometidisimos con el apostolado cristiano, o si es que (como parece) el escritor parte de la misma premisa errónea que lo hacía su compañera de periódico, dando por sentado que quien ha sido parido en suelo español (etarras incluidos) es automáticamente cristiano.

Comienza a sorprender la extrema sensibilidad que afecta a algunos para pretender disminuir la gravedad de las «gamberradas» de los fundamentalistas islámicos. Si esto se debe al miedo a que prenda entre nosotros la xenofobia, combátase ésta cuando la haya; pero que no sea a costa de extender sobre los cristianos una culpabilidad que no nos corresponde. Y en cualquier caso, sigue habiendo una importante diferencia a la hora de las comparaciones: mientras los integristas islámicos asesinan o profanan cadáveres (aquí o en Irak) en nombre de Alá, los supuestos «cristianos de toda la vida» no cometen sus atrocidades en nombre de Cristo, ni creo que Cristo signifique mucho para ellos.
 

LAS TRAICIONES DE MR. BEAN
Por Pío Moa (Libertad Digital.com)

Ante la retirada zapateril de Iraq, un desafortunado artículo del Wall Street Journal comparaba a su autor con el franquismo y su supuesto aislamiento de Europa. Ni Franco creía que Europa empezaba en los Pirineos, ni estuvo aislado a partir de mediados de los 50. Casi podríamos decir al contrario, sólo dejó de tener relaciones con quienes no quiso tenerlas, y obtuvo unas condiciones muy ventajosas de la entonces Comunidad Económica Europea. Y tampoco se aísla Zapatero de Europa, sino que coopera con sus dirigentes más poderosos, aunque sea contra los intereses más evidentes de España. El periódico useño cae en la misma trampa oportunista de llamar «fascistas» a los comunistoides batasunos. Como la izquierda ha conseguido demonizar a sus adversarios como fascistas o franquistas, se les quiere devolver la pelota, pero sólo se exhibe falta de criterio y de capacidad para explicar debidamente las fechorías del comunismo o, ahora, del terrorismo.

La retirada de las tropas de Iraq constituye una abierta y desvergonzada traición a quienes luchan contra el terrorismo, y un servicio inapreciable a Ben Laden. Éste, con toda razón, habrá interpretado el hecho como un ataque al frente antiterrorista y una espléndida y poco costosa victoria para él, brindada por el esperpéntico líder español, cuya inconsciencia y bobería se revela en la pretensión de vendernos la burra como una manifestación de su absoluta oposición al terrorismo «internacional». Tampoco extrañará que los terroristas domésticos y los separatismos que de un modo u otro le apoyan o se valen de él, estén no menos contentos y esperanzados que Ben Laden, porque coinciden en gran parte de sus objetivos. Estos son datos tangibles, mucho más significativos que el de quién, concretamente, pudo estar detrás del 11-M (sin que esta última cuestión deje de tener importancia, desde luego).

La zapaterada en Iraq no se relaciona en modo alguno con Franco, sino con un precedente mucho más próximo: la visita a Marruecos en plena crisis entre Madrid y Rabat. Recuérdese que la crisis fue provocada unilateralmente por Mohamed VI, y precisamente porque Aznar mantuvo una posición de principio en relación con el Sahara, sin ceder al oportunismo francés y useño en la cuestión. Fue una presión del déspota marroquí sobre un país democrático para que éste aceptase la vulneración de los acuerdos de la ONU sobre los saharauis. Entonces Zapatero, cuyo partido siempre ha defendido a los saharauis -de boquilla y por hacer demagogia-, viajó a Rabat a congraciarse con Mohamed. A veces, en los países democráticos, el líder de la oposición ha realizado gestiones internacionales para suavizar una tensión, pero siempre a favor de su propio país y a petición o con permiso del gobierno, que legalmente es el único capacitado para gestionar la política exterior. En este caso ocurría al revés. Zapatero actuó al margen y en contra del gobierno español y a favor del marroquí, en contra de una democracia y a favor de una tiranía, en contra de la ONU y a favor de la imposición violenta contra los saharauis. Fue un episodio de abierta e indisimulada traición, como señaló entonces Jiménez Losantos, aunque casi todo el mundo prefirió mirar a otra parte y dejarla impune.

Con su traición en Iraq, Zapatero no hace sino repetir la de entonces. Nuestro panderetesco jefe de gobierno realiza sus fechorías con una sonrisa vacua y bajo el lema hippy de paz y amor. Pervirtiendo absolutamente el lenguaje, disfraza de «generosidad», «buen talante» y hasta «regeneración democrática» sus cesiones y obsequios a los enemigos de la paz y de la democracia, y sus vulneraciones de las reglas del juego, como habla de la promoción social de los «humildes» el jefe de un partido que dejó España con más de tres millones de humildes en paro. Por esa aparente inconsciencia, algunos lo han confundido con el mister Chance de la película famosa, pero recuerda mucho más a mister Bean: un necio malintencionado. Quien le tomó las medidas desde el primer momento fue Mohamed VI, cuando lo hizo retratarse bajo el famoso mapa en que las islas Canarias tenían el mismo color que el territorio marroquí.
 

MARTIRIO DURANTE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN ESPAÑA EN 1936
Zenit.org

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 19 abril 2004).- La Santa Sede promulgó este lunes el decreto por el que reconoce el martirio de siete sacerdotes y una religiosa que fallecieron a causa «del odio a la fe» durante la persecución religiosa que tuvo lugar en España en 1936.

Todos los sacerdotes pertenecían a la diócesis de Urgel, según reveló el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Un decreto reconoce por una parte el martirio en 1936 de Josep Tàpies i Sirvant (nacido el  15 de marzo de 1869 en  Pons), y de sus seis compañeros mártires:

-Pascual Araguás Guardia, nacido en Pont de Claverol el 17 de mayo de 1899;

-Silvestre Arnau Pascuet, nacido en Gósol el 30 de mayo de 1911;

-José Boher Foie, nacido en San Salvador de Toló el 2 de noviembre de 1887;

-Francisco Castell Brenuy, nacido en Pobla el 31 de julio de 1866;

-Pedro Martret Moles, nacido en Seo de Urgel el 5 de julio de 1901;

-José Juan Perot Juanmartí, nacido en Boulogne (Francia), el 30 de mayo de 1877.

«Todos estaban comprometidos en el ministerio pastoral como párrocos o ayudantes. La causa de su muerte fue el odio a la fe», afirmó el cardenal Saraiva Martins.

El otro decreto reconoce el martirio de María de los Ángeles Ginard Martí, religiosa de la Congregación de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico, asesinada por odio a la fe durante la persecución religiosa en Dehesa de la Villa, cerca de Madrid, en 1936. Había nacido en Mallorca en 1894.
 

Recordemos nuestra Historia Reciente
LOS PRIMEROS MESES DEL ESTÚPIDO BIENIO NEGRO
Por Mario Tecglen

Había terminado el Primer Trienio Republicano. Manuel Azaña, su más conspicuo protagonista, no había conseguido el «Marco de convivencia democrática en una sociedad escindida», principal objetivo de su programa político, e idea fundamental para que millones de españoles creyeran en él.

Pero es que sus actuaciones políticas no fueron consecuentes con aquella idea aglutinante mayoritariamente aceptada:

El apoyo a una Constitución sin consenso. Sus ataques frontales a la Iglesia Católica. La masacre de Casas Viejas. El paro obrero..., convirtieron en amarga frustración las alegrías del 14 de abril:

-«Todos los conventos de España, no valen la uña de un republicano» -declaraba Azaña cuando los libertarios incendiaron los conventos el 11 de mayo de 1931.

-«España ha dejado de ser católica» -manifestaba cuando él y su gobierno expulsaron de España a los Jesuitas.

Enfrentarse a la Iglesia Católica, en aquella media España, conservadora y tradicional, no era la mejor forma de establecer el pretendido y necesitado marco de convivencia.

Y los españoles, mayoritariamente, decidieron conceder a las derechas una opción de gobierno.

Sin embargo, Largo Caballero, el Lenin Español, que ya había proclamado en Murcia durante la campaña electoral: «Si los socialistas perdemos en las urnas, iremos a la violencia; pues antes que el fascismo, preferimos la anarquía y el caos». Ahora, con las elecciones perdidas, arengaba así a sus seguidores: «Para lograr el triunfo, es preciso luchar en las calles contra la burguesía, sin lo cual no se podrá conquistar el Poder». Y las Juventudes Socialistas, que reunían socialistas, comunistas y anarquistas, fieles a las consignas de su líder, se habían convertido, a nivel nacional, en los amos de la calle.

Era por tanto una bola cantada que para los jóvenes falangistas, recién incorporados a aquel panorama hostil, comenzaba una época difícil.

José Antonio Primo de Rivera, ante las recientes muertes violentas de Ruiz de la Hermosa, Francisco de Paula Sampol y Matías Montero, no podía continuar siendo para los despiadados periodistas conservadores el Juan Simón de su grey.

Los jóvenes, que al amparo de las libertades democráticas se atrevían a vender por las calles el semanario FE, no podían seguir muriendo sin defenderse. Y las luchas callejeras de porrazos y puñetazos, comenzaron a sucederse.

Sin embargo, es justo y obligado significar que los jóvenes falangistas que vendían su semanario, se limitaban a defenderse armados de porras. Nunca de pistolas. Y fue en junio de 1934, a partir del horrendo crimen de Juan Cuéllar por las Juventudes Socialistas a orillas del Manzanares, cuando, después de siete muertos y docenas de heridos en las escuadras falangistas, comenzaron las represalias.

Y fue entonces, y sólo a partir de entonces, cuando las muertes en uno y otro bando se sucedieron ininterrumpidamente.

A las derechas, integradas en la CEDA, vencedoras de las elecciones y lideradas por Gil Robles, les faltó apoyo ideológico para enfrentarse a los socialistas y libertarios. Ninguno de aquellos derechistas se jugaba la vida por defender ideas conservadoras. Por eso, amedrentados por sus adversarios, optaron por un gobierno de centro, y colocaron de primer ministro a Alejandro Lerroux, líder de un partido centrista.

Y así, con este esquema político y social, dio comienzo el Segundo Periodo Republicano –1934/1936– al que muchos llamaron Bienio Negro, otros Bienio Absurdo y algunos Bienio Estúpido.

La acción del nuevo gobierno, comenzó derogando, marginando o paralizando todas las reformas realizadas por el gobierno anterior. Muchas de ellas acertadas, como las promovidas por Indalecio Prieto al frente del Ministerio de Fomento; o las de Marcelino Domingo en su eficaz campaña de alfabetización. Y además, obsesionado por el clima subversivo que dominaba el ambiente, se cubrió las espaldas restableciendo la pena muerte.

Con todo ello, más el decreto de amnistía que excarceló a importantes militares implicados en el levantamiento del 10 de agosto, el clima político se puso al rojo vivo y las crisis ministeriales eran continuas.

El mes de abril de 1934, cayó el gobierno de Lerroux y le sustituyó otro de amplia concentración republicana que presidió Ricardo Samper, un abogado valenciano.

El líder republicano Diego Martínez Barrio, antes de dimitir como Ministro de la Gobernación, declaró: «El movimiento subversivo es inevitable. Sólo se busca la ocasión para provocarlo».

Sin embargo, aquel año de 1934, al margen de la lucha política y de las constantes refriegas, paradójicamente, el mundo de la cultura se desarrollaba con marcada brillantez. Se ve que los ciudadanos vivían considerando que aquellas luchas callejeras de carreras, porrazos y hasta muertes, formaban parte del paisaje urbano. Y se sucedían los estrenos teatrales, las conferencias culturales, la Feria del Libro, los conciertos, las nuevas zarzuelas, las inauguraciones..., dentro de un ambiente en el que las tertulias literarias, o científicas, o artísticas de toda índole, pero en todo caso seminarios de cultura, eran asignaturas obligadas.
 

LA QUINTA COLUMNA COLABORACIONISTA
Por Fernando José Ares
(Buenos Aires)

En este mundo de la informática, las comunicaciones, las corresponsalías, las agencias informativas, las emisiones televisivas internacionales, los servicios de inteligencia, las embajadas y la globalización alegar ignorancia para encubrir la complicidad con hechos de una aberrante gravedad es un torpe recurso que sólo genera rechazo e incredulidad en el común de las gentes y responsabilidades penales ante la justicia.

En esta segunda quincena de abril de 2004 un hecho gravísimo fue perpetrado por un órgano del Estado Español y una sección local de un partido político, me refiero específicamente al Gobierno de la Comunidad Autónoma de Asturias y a la sección de dicha región del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

El titular del referido gobierno del Principado, Vicente Álvarez Areces, alias «Tinín», dispuso otorgar una subvención de 180.000 euros a la pública y notoria panegirista de la Banda de Delincuentes Terroristas ETA, Hebe de Bonafini, utilizando los dineros producidos por el trabajo y el esfuerzo del pueblo español, vía impuestos, para apoyar económicamente a la apologista y difusora de la organización que sangrientamente enluta a dicho pueblo.

Esta paradoja brutal, que repugna al más elemental sentido común y hace brotar la justa indignación, hace que las inocentes víctimas de la delincuencia terrorista financien involuntariamente a los apoyos y difusores internacionales de sus victimarios.

Para tratar de hacer algo más digerible, si es que esto tiene alguna posibilidad digestiva, la burda maniobra perpetrada a espaldas de los españoles, en general, y de los asturianos, en particular, es lanzada bajo las atractivas, altisonantes y falsas palabras de colaboración con el esfuerzo pedagógico de la seudo «Universidad de las Madres» cuando es sabido por todos, en España y Argentina, que tal universidad no existe legalmente, que nunca fue reconocida como tal por las autoridades argentinas y que sus títulos carecen de validez

Pero esta grave irregularidad legal empequeñece tremendamente ante el aberrante suceso de fondo: el Gobierno de Asturias, el PSOE de Asturias, financian a los públicos enemigos de España y de su Estado, a los propiciadores y defensores de los verdugos de su Pueblo, con los dineros públicos patrimonio de todos los españoles.

Y lo hacen a sabiendas, con todos los elementos del dolo, discernimiento, intención y libertad, conocen perfectamente las intenciones de su paniaguada que no se ha cansado de repetir a cuanto periodista se le ha acercado que el Estado Español, independientemente cual fuera su gobierno, era un Estado torturador y asesino; pero dejemos que esta profeta del odio y del terrorismo hable por su propia voz, en una apretada síntesis claro, porque la totalidad de sus aberraciones proetarras podrían ocupar varios volúmenes:

«Las Madres nos hemos solidarizado con la heroica lucha y la valiente resistencia del Pueblo Vasco que enfrenta a un Estado asesino y criminal, el Estado Español».

«Descubrimos que las torturas, las violaciones y las ejecuciones son parte del terrorismo de Estado ordenado primero por Felipe González y ahora por Aznar».

«El Estado Español ejerce una censura salvaje sobre los medios de prensa y mantiene a la población desinformada sobre la verdadera situación en el País Vasco y las terribles violaciones de los derechos humanos que se cometen contra la población indefensa».

«Las Madres repudiamos al terrorismo de Estado Español».

«Las Madres de Plaza de Mayo queremos dejar nuestro amor y solidaridad a los cientos de hombres y mujeres que hoy sufren en la cárcel las torturas, las violaciones y la dispersión social del Estado Español».

«¿Acaso usted ha protestado por las torturas contra los militantes populares vascos que se cuentan por cientos?».

«Alto a la represión en España y Francia contra militantes revolucionarios españoles».

Por supuesto que el apoyo a ETA de la protegida por Álvarez Areces y el gobierno astur no es sólo de propaganda y difusión; en sus actos también participaron distintos integrantes del entramado etarra y su empleado y «alter ego» el parricida Sergio Schoklender ha asumido la defensa del terrorista Josu Lariz Iriondo, detenido en Buenos Aires. La fotografía de este criminal abrazado a la autora de frases tan ingeniosas como «el papa es un cerdo» y muestras de gran sensibilidad como la de solazarse con la cantidad de víctimas de la Torres Gemelas ha circulado por el mundo entero.

La gravedad institucional del hecho aberrante a favor de los apologistas de la violencia etarra perpetrado por Héctor Álvarez Areces, alias «Tinín», el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Asturias y el PSOE de Asturias, es marcadamente insoslayable.

Señor José Luis Rodríguez Zapatero, en su doble condición de Jefe de Gobierno y del PSOE, Ud. tiene la palabra. Se ha financiado a una enemiga de España que realiza injuriosas imputaciones contra el Estado y sus funcionarios, incluso contra los de su propio partido, acusándolos de cometer los más aberrantes delitos: asesinatos, torturas y violaciones, quien además realiza campañas de propaganda y difusión pública de los delincuentes terroristas verdugos del Pueblo Español. Se debe proceder enérgicamente rompiendo el silencio y el encubrimiento cómplice, Sr. Rodríguez Zapatero debe imperiosamente actuar.

En cuanto al noble Pueblo Español no puede ser este en estas situaciones un mero convidado de piedra, en este momento acuden a mi memoria unos versos del «Romance de Bernardo del Carpio», aquellos que dicen «los que coméis de mi pan». ¿Os habéis dado cuenta cuantos son vuestro enemigos que comen de vuestro pan, los que vosotros mismos con los impuestos que pagáis, con el fruto de vuestro esfuerzo y trabajo y el de vuestras familias mantenéis, gracias a los «Tinín» de turno?

Debemos, no ya sólo en España sino en el mundo entero, erradicar de cuajo los vasos comunicantes del terrorismo internacional y sus cómplices encubiertos, la quintacolumna terrorista internacional.


 
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