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Altar Mayor - Nº 93 (20)
Viernes, 28 mayo a las 14:15:44

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 93 – Mayo-Junio de 2004

LIBROS Y REVISTAS

ESPAÑA FRENTE AL ISLAM. DE MAHOMA A BEN LADEN
Ed. La Esfera de los Libros
Cesar Vidal

El asombrosamente prolífico Cesar Vidal ha escrito un libro para demostrar que España ha sido el valladar de Occidente frente al Islam desde que esta cultura apareció en nuestras puertas a principios del siglo VIII y se nos metió dentro de casa sin haber sido invitada. Excepto por nuestro inevitable y perenne D. Julián, claro.

El repaso histórico de cómo nuestra Nación ha desempeñado esa misión estratégica supera los ocho siglos de Reconquista. Continúa con la pugna con el Imperio turco y los piratas berberiscos, hasta finales del siglo XVIII, con nuestras guerras internas con los moriscos. Y sigue en los dos últimos siglos con nuestras guerras y conflictos con Marruecos. Las guerras del Golfo no son sino los últimos episodios, por el momento. Las batallas de Las Navas y El Salado, junto con la resistencia de los incipientes Reinos cristianos de los siglos VIII y IX, salvó a Europa de un anegamiento por las masas musulmanas, de igual modo que lo hizo Lepanto. La Europa allende los Pirineos no lo ha asumido nunca, pero es así.

Esa pugna continua, que en expresión de Julián Marías, hace «inteligible» a España, podía haber acabado en varias etapas, antes de 1492, pero siempre llegaron nuevas oleadas africanas al rescate de los musulmanes peninsulares. En 1080, Alfonso VI de Castilla había hecho tributarios a los reinos moros, pero la entrada masiva de los almorávides revolcó el panorama, como lo hicieron los almohades, cien años después, y los benimerines a finales del siglo XIII. Las vicisitudes del conflicto bélico tienen altibajos, pero una continuidad clara en el tiempo.

No solamente los cristianos combatieron la cultura musulmana. Dentro de la sociedad musulmana hubo tensión continua entre la aristocracia árabe y los sometidos bereberes, muladíes y los cristianos mozárabes. La persecución a estos últimos fue muy violenta en ocasiones, con salvajismo típico de los gobernantes musulmanes. La pretendida fraternidad de las tres religiones sólo tuvo vigencia por un tiempo en la corte cristiana de Toledo, nunca en la sociedad musulmana.

Cesar Vidal ilustra lo esencial de la religión musulmana, proporcionando un glosario de términos para orientarse algo en esa cultura. El libro, de clara y continua exposición del enfrentamiento entre ambas culturas, choca, afortunadamente con todos los convencionalismos habituales en nuestra desorientada sociedad actual.

E. Hermana
 

MÁS CERCA DE MI PADRE
National Geographic, 2001
Jamling Tenzing Norgay

El año pasado, coincidiendo con el quincuagésimo aniversario del primer ascenso exitoso al Everest, apareció la versión española de la biografía de Tenzing Norgay debida a la pluma de Ed Douglas, montañero y director de Alpine Journal. La carismática figura del Tigre de las Nieves era de ese modo reactualizada cara a las generaciones que no conocieron la expectación mundial concedida durante años a un rostro no menos icono de su época que los de Khruschev, Kennedy, el Ché, Jimmy Hendrix o Nehru. La vida del héroe del Chomolungma es una historia de causalidades e hilos providenciales que configuran un entramado de extraordinaria consistencia simbólica retratado con ejemplar brillantez por el autor de su biografía.

Algo antes había visto la luz en la misma editorial otro libro que es necesario complemento a la lectura tanto de éste como de las memorias de Norgay, descatalogadas desde hace años. Nos referimos al relato por su hijo de su propia ascensión a la mítica cumbre. Íntimamente convencido del vínculo sutil que uniría al Everest con su familia y deseoso de conocer las motivaciones de su padre, de quien la vida le separó antes de que pudiera responderle a muchas cosas, Jamling Tenzing Norgay se unió como jefe de escalada a la expedición reunida en 1996 para la filmación de la película IMAX Everest, tristemente célebre por el desdichado final de muchos de sus miembros, ya relatado con anterioridad por otros testigos presenciales.

No se trata sólo de obras de alpinismo. Son obras sobre el Destino y sobre los puentes de comunicación tendidos entre el mundo de los hombres y el espiritual. Como John Krakauer señala en la introducción, el de Jamling Tenzing Norgay es, de cuanto libros han recreado la tragedia antedicha, «el único que es obra de un sherpa, es decir, de una persona perteneciente al pueblo budista cuyo territorio rodea el monte Everest y que ha tenido un papel crucial en la historia de la escalada de este pico desde que los británicos se aventuraron por sus flancos por primera vez en 1921». Ya ha llovido desde entonces.

Joaquín Albaicín
 

JOSÉ ANTONIO Y LA ECONOMÍA
Grafite ediciones. Biblioteca de Historia, 594 páginas.
Coordinador: Juan Velarde Fuertes

pedidos:  [email protected]

Coordinado por el Catedrático de Economía, Juan Velarde, acaba de ver la luz el libro José Antonio y la Economía acogido editorialmente por Grafite.

Sin duda se trata una obra científica de gran calado que se publica coincidiendo con la finalización del centenario del nacimiento del fundador de Falange Española. El libro contiene un enfoque pluridisciplinar en el que, no obstante, prima el análisis del pensamiento económico de José Antonio analizado como jamás se había hecho.

Para conseguir este interesante volumen, Velarde se ha rodeado de un amplio elenco de investigadores.

Desde la Ciencia Económica ha contado con las aportaciones Javier Morillas (Universidad San Pablo-CEU y Escuela Diplomática), Joaquín Fernández (Universidad Abierta de Cataluña), Fernando Lara (Universidad de Córdoba) y José Manuel Cansino (Universidad de Sevilla).

Desde el punto de vista periodístico, José Antonio y la Economía cuenta con la aportación de Gustavo Morales y Álvaro de Diego, ambos de la Universidad San Pablo-CEU. El tratamiento histórico de la obra descansa en las aportaciones de José Luís Orella y Rafael Ibáñez. La riqueza de miras se completa con la aportación del sociólogo Jorge Lombardero.

José Antonio y la Economía es una obra valiente sobre un personaje políticamente incorrecto lo que supone un indudable arrojo a quienes han participado en el trabajo, un arrojo que no resta en absoluto rigor alguno al conjunto de la obra. Sin duda es un excelente colofón al centenario de José Antonio Primo de Rivera.
 

BREVE HISTORIA DE LA IGLESIA EN ESPAÑA
Editorial Planeta
Vicente Cárcel Ortí

Vicente Cárcel es sacerdote y uno de los más prestigiosos historiadores de la Iglesia en España. En los últimos años simultanea con éxito su labor investigadora y una buena serie de publicaciones de alta divulgación: entre otras, la persecución religiosa en la Segunda República y la Guerra Civil, así como al papel que jugaron algunos obispos, sacerdotes y religiosos para facilitar la Transición durante y después del régimen de Franco. En la obra que presentamos nos regala una visión muy completa de cuanto ha significado aquí la Iglesia.

Las dos grandes líneas de estudio que recorren estas páginas son la organización interna de la institución y sus relaciones con los poderes públicos. España es un país evangelizado muy pronto, que cuando la conversión de Recaredo en 589 asocia su identidad política con su identidad religiosa; el dominio musulmán de siete siglos no hará sino intensificar el moldeado a fuego católico de nuestro carácter como pueblo.

De ahí que en el curso de la narración sea constante la imbricación entre los poderes eclesiástico y civil. Y, de hecho, los trece capítulos de historia de la Iglesia en España se corresponden con los períodos básicos de la cronología política nacional. Sin embargo, en todos ellos el autor procura enfocar los aspectos propios de la misión salvadora de todos los organismos eclesiales. En tal sentido revisten especial interés los epígrafes consagrados a la política religiosa de los Austrias, donde nos describe los saludables efectos en la piedad y las costumbres populares de la victoriosa Contrarreforma auspiciada por aquellos monarcas en toda Europa.

Antes de ese período y de la gran unificación disciplinar gloria de Trento, era mucho mayor la dispersión local de la vida religiosa. Es ahí donde el juicio certero de Cárcel explica la relación entre los distintos momentos económicos y sociales que atravesaba la sociedad –hablamos principalmente de la Edad Media– y su correlato en las crisis eclesiásticas y la difusión de males como la simonía, la barraganía o el aprovechamiento de los beneficios sin cumplimiento de su correlativo deber de cura de almas. Males comunes a otros reinos europeos, y que dieron origen a las órdenes mendicantes, de papel tan decisivo en nuestra historia.

Las grandes polémicas que afectan directa o indirectamente a la Iglesia (Inquisición, expulsión de los judíos y moriscos, etc.) aparecen perfiladas con matices sugerentes. Intenta situarlas en su momento particular y defender la verdad contra las manipulaciones.

Casi la mitad del volumen lo ocupa la época moderna. A partir de la Ilustración se produce una quiebra en la trayectoria vital de las dos realidades: Iglesia y poder político. Ambas partían de un principio común: la Fe. Desde el siglo XVIII, el Estado se va desligando de sus obligaciones religiosas y la historia de la Iglesia en España comienza a ser la de sus conflictos con él y la forma en que se resuelven.

En sus juicios sobre el siglo XIX, Cárcel simpatiza con quienes buscaban una conciliación entre los nuevos principios políticos liberales y la secular y arraigada Fe de los españoles. Bajo ese prisma enfoca los conflictos del carlismo y del integrismo, y la Segunda República, aunque para tal ocasión será el rostro anticlerical de socialismo, comunismo y anarquismo quien marque la pauta.

Los capítulos sobre la persecución religiosa marxista y el régimen de Franco condensan sus dos trabajos al respecto. Y cierra la obra una evaluación de los últimos años: la descristianización impulsada por el PSOE y los problemas con el Partido Popular, donde defiende a la jerarquía de la acusación de un supuesto silencio ante el terrorismo.

Planeta Testimonio ha rendido con esta edición un servicio importante a la comunidad lectora patria. Contra lo que podría esperarse, la Iglesia sigue siendo una gran desconocida, y muchas ignorancias y prejuicios se levantarán acercándose al ameno texto de Vicente Cárcel.

El Semanal Digital

 

MADRE TIERRA
La Puerta
nº 62 (Pineda de Mar, 2003).
VV. AA.

Hace ahora un cuarto de siglo que el editor Juli Peradejordi, tras un encuentro onírico con Jalal Ad Din Rumi, fundara la revista decana de cuantas en España han prestado una atención preferente a la tradición alquímica y cabalística: La Puerta. El establecimiento en tierras catalanas de Charles d´Hooghvorst, poseedor de una rica colección de manuscritos herméticos y -como su hermano Emmanuel- amigo y discípulo de Louis Cattiaux, estimuló de modo decisivo el entusiasmo del grupo de colaboradores desde entonces consagrado con rigor y afán encomiables a la difusión de la obra de este último, la traducción de los escritos más relevantes de los auténticos alquimistas y el esclarecimiento del sentido oculto de los pasajes más relevantes de las Escrituras.

Raimon Arola, Pere Sánchez Ferré, Prudenci Reguant y los propios hermanos d´Hooghvorst, autores todos ellos de obras de alto interés, son algunas de las plumas que con más asiduidad se han asomado a las páginas de una publicación que desde hace un tiempo optó por el formato monográfico. Con este número, dedicado a la Madre Tierra e inaugurado por las lúcidas precisiones de Carlos del Tilo -siguiendo a Eugenio Filaleteo- sobre la identidad del fruto del Árbol de la Ciencia con el espíritu astral inspirado por el hombre en el momento exacto de su nacimiento, celebra la revista sus bodas de plata. Completan su índice textos tan interesantes como el relato del encuentro con la Sabiduría debido a Dom Albert Belin, Enseñanzas sobre la Virgen en los apócrifos asuncionistas (Xavier Blanch Solá), Las diosas tejedoras (Pere Sánchez Ferré) o La dama de los innumerables nombres (José Simar). La Puerta es una de las guías intelectuales imprescindibles para profundizar en el conocimiento de la verdadera espiritualidad tradicional, a menudo confundida muy a la ligera con la banalidad ocultista.

Aunque disponible en algunas grandes superficies y librerías especializadas, es recomendable solicitarla directamente a la redacción, cuya dirección indicamos a los interesados: c/ Isaac Peral, 13 B, 08397-Pineda de Mar (Barcelona).

Joaquín Albaicín
 

DEL HACHO AL PIRINEO. EL EJÉRCITO NACIONAL EN LA GUERRA DE ESPAÑA
Madrid, Actas, 2004
José Semprún

Si fuese cierto lo que algunos corifeos del actual régimen se empeñan en proclamar a la menor oportunidad, si de veras la historiografía franquista -una categoría inexistente, salvo con ánimo ofensivo- apenas se hubiese ocupado de ensalzar glorias imperiales y mirarse el ombligo, haría tiempo que estaría ya todo escrito sobre el Ejército Nacional. Ciertamente, historiadores y estudiosos se ocuparon de las fuerzas sublevadas y de los combates más significativos, generalmente con el propósito de ensalzar determinadas actuaciones de corte heroico. Pero no existía aún un análisis desapasionado y de conjunto del Ejército acaudillado por Franco. En cambio, será uno de sus soldados quien escriba la hasta ahora mejor obra sobre el Ejército de la República, alabada hoy, cuando ciertos prejuicios comienzan por fortuna a disolverse.

Esta tarea pendiente es la que ha abordado José Semprún, que ya en otras ocasiones ha demostrado la solidez de sus investigaciones en materia de historia militar -ha aportado títulos como El ejército realista en la independencia americana o La división infernal-, alcanzando el correspondiente Premio Ejército en su convocatoria de 1997 por la obra Capitanes y virreyes. Aunque no se trata de una fría obra enciclopédica plagada de datos que precisen una posterior interpretación, no hay aspecto o faceta del Ejército Nacional que quede sin mención alguna. Repasa el autor la composición y evolución de las diferentes Armas y Servicios de las Fuerzas Armadas y de Orden Público que combatieron por la Causa, aunque lógicamente se detenga en casos concretos. Es el primero de estos el Ejército de África, acaso en el que se concentraba mayor cantidad de oficiales experimentados en el mando en primera línea y, al mismo tiempo, los más politizados, que tuvieron a sus órdenes fuerzas indígenas reclutadas tanto en la zona española del Protectorado como procedentes del sultanato -bajo control francés- y las unidades de la Legión, en la que formaban judíos de diferentes procedencias. La presencia de combatientes extranjeros, tanto los integrados en unidades debidamente organizadas como los no pocos que combatieron a título personal, es objeto de un análisis bastante concreto, deteniéndose incluso en la minimización posteriormente divulgada de aquella ayuda. Y, como no podía ser de otra forma, el autor hace un exhaustivo inventario de las unidades que conformaron las milicias nacionales: un centenar de Banderas falangistas -a las que deben sumarse el Batallón General Mola y varios Escuadrones de Caballería-, treinta y ocho Tercios del Requeté -amén del Escuadrón de Caballería de Borgoña, Radio Requeté de Campaña y las guerrillas del Alto Tajo-, y otras unidades menores, algunas inicialmente vinculadas a las JAP o Renovación Española. En su afán de recopilar todas las piezas, Semprún se ocupa incluso de las guerrillas afines a las fuerzas sublevadas en la retaguardia republicana y rememora los incidentes bélicos que tuvieron como teatro las posesiones del Sahara o la Guinea.

Pero, más allá de la mera enumeración anecdótica, es capaz de ofrecer una imagen suficiente del desarrollo orgánico de aquel variopinto conjunto, que fue acomodado a las necesidades bélicas de cada momento de la contienda. A la vez, atiende a diferentes aspectos de carácter táctico y estratégico, corroborando lo ya manifestado por Semprún cuando replicó contundentemente a Blanco Escolá en su precedente obra sobre El genio militar de Franco. El repaso del material empleado por el Ejército Nacional en su esfuerzo bélico, los medios de propaganda e información que empleó, así como el planeamiento de la guerra y sucintos relatos de las batallas decisivas, completan esta voluminosa e imprescindible obra, enriquecida con algunos interesantes apéndices.

Pese a la enormidad del propósito, logra a nuestro juicio el autor una descripción -ponderada entre la fría aridez de los datos y el cálido lenguaje divulgativo- suficiente a la par que completa de las fuerzas del Ejército Nacional, fraguado al ritmo de la guerra y sostén del nuevo régimen que nacía al mismo tiempo. De ese régimen germinará la España de hoy, cuya más alta figura se forjó en las filas de aquel Ejército, un detalle que no merece el olvido.

Rafael Ibáñez Hernández
 

LA QUIMERA DE AL-ANDALUS
Siglo XXI, Madrid, 2004
Serafín Fanjul

Una de las más profundas lacras de la cultura de la España actual es el predominio, en el plano ideológico de un sentimiento generalizado de vergüenza hacia la propia identidad nacional, que se plasma, cotidianamente, tanto a través de complejos de inferioridad respecto de otras naciones y sensaciones de culpabilidad histórica, como mediante adscripciones a identidades nacionales imaginarias, articuladas alrededor de las referencias culturales, geográficas y lingüísticas más inmediatamente próximas al entorno particular del individuo.

Más aún, esta suerte de masoquismo nacional cuenta con una pléyade de propagandistas perfectamente situados en los ámbitos universitario, periodístico, político y de creación artística, que ejercen, al modo de una nueva inquisición, el poder de investir con el incómodo sambenito del fascismo a cualquier pensador independiente que, desde su campo de estudio, se atreva a poner en cuestión los mitos sobre los que se asienta su particular ideología.

Así le ocurrió de hecho, tal y como reconoce en el preliminar de su último libro, a Serafín Fanjul, a raíz del éxito editorial de su anterior ensayo, Al-Andalus contra España. La forja del mito (Madrid, Siglo Veintiuno, 2000).

Fanjul, Catedrático de Lengua Árabe en la Universidad Autónoma de Madrid, traductor y novelista, amén de ensayista, lejos de arredrarse ante imputaciones que no le corresponden, nos brinda, cuatro años más tarde, La quimera de al-Andalus, un libro que, según nos confiesa, no pretende ser secuela de su anterior éxito, sino cauce de desarrollo de algunas cuestiones ya tratadas o esbozadas en aquel.

La quimera de al-Andalus es una obra que no puede provocar indiferencia, puesto que está escrita con ardor combativo hacia aquellos que el autor considera falsificadores de la Historia, y por tanto, el juicio del lector sobre las afirmaciones de Fanjul va a estar irremisiblemente condicionado por su actitud previa hacia aquellos enfoques historiográficos, culturales, estéticos y políticos contra los que Fanjul arremete sin piedad.

Al-Andalus, término con el que los árabes designaron históricamente a los territorios por ellos conquistados en la Península Ibérica, es, si hacemos caso a Serafín Fanjul, un perfecto ejemplo de construcción de un mito histórico estático, arcádico y exento de matices, a partir de una realidad dinámica, conflictiva y compleja, absolutamente distante de la ficción elaborada a partir de ella. Una ficción nacida de la fantasía de los viajeros románticos, sancionada en el plano científico por Américo Castro y sus epígonos, y de la que obtienen provecho corrientes ideológicas tan diversas e incluso opuestas como el integrismo islámico, la izquierda anticatólica, el andalucismo o el panarabismo baasista.

Un mito que en su versión local se asienta sobre la doble fabulación de la convivencia pacífica de las llamadas Tres Culturas y de la posterior pervivencia islámica, oculta bajo el triunfo del Cristianismo. Doble fábula porque, a la luz de la evidencia histórica que Fanjul no hace más que constatar, bajo la autoridad de los emires, califas y sultanes asentados en nuestra Península, no se vivió jamás convivencia en pie de igualdad, tal y como parecen pregonar los apóstoles de la tolerancia universal, entre las comunidades islámica, judía y cristiana. Por el contrario, lo que nuestros antepasados vivieron fue la imposición, por todos los medios de coacción a su alcance, de la comunidad invasora sobre la población de origen, mayoritariamente cristiana, y sobre la minoría judía, cuya importancia en nuestra Historia trata de ser magnificada en nuestros días a golpe de novela histórica, por autores de semejante origen étnico y religioso, y cuya ignorancia, real o fingida, pone Fanjul en absoluta evidencia.

No pudo ser, por tanto, de otra forma, si tenemos en cuenta que la base de la cosmovisión del Islam, término que por cierto evoca el concepto de «sumisión», es el sometimiento absoluto del individuo, no sólo a Dios, sino también a la comunidad, y ahí subyace una concepción totalitaria muy diferente a la del Cristianismo.

Y en cuanto a las supuestas pervivencias de un elemento demográfico morisco en España, y especialmente en Andalucía, sobre las que una figura respetada como Blas Infante elabora buena parte de sus teorías, la realidad histórica demuestra que, antes de las conversiones forzosas de los primeros años del siglo XVI, la población mudéjar procuró siempre, siguiendo así un mandato coránico, la emigración hacia tierras donde existía una autoridad política musulmana, emigración favorecida, de hecho, por los reyes cristianos, que no profesaban gran interés en mantener como súbditos a sus antiguos enemigos. Y, con posterioridad a las conversiones forzosas, momento en el que dejamos de hablar de mudéjares y empezamos a hacerlo de moriscos, estos se portaron durante un siglo como una minoría inasimilable, descontenta y levantisca hasta su definitiva expulsión a principios del siglo XVII.

Nos guste o no, y este es el principal valor del libro de Fanjul, así es la Historia, y admitir su realidad no implica necesariamente rechazar los aspectos positivos del legado islámico, o la calidad personal de sus figuras, ni tampoco implica reconocer el drama humano de aquellos que, vencidos y sometidos por un poder enemigo, hubieron de emigrar en circunstancias, a menudo trágicas, a otros lugares.

En definitiva, tras la lectura de este libro, que sin duda provocará pasiones encontradas, muchos andaluces nos reafirmaremos en nuestra admiración a los artífices de la Giralda o la Alhambra, pero también en nuestro sentimiento de identidad con aquellos que, con posterioridad, sembraron de iglesias y catedrales nuestra tierra andaluza.

Antonio Brea


 
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