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Altar Mayor - Nº 95 (17)
Sábado, 02 octubre a las 20:15:13

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 95 – Septiembre-Octubre de 2004

MI MÁS GRANDE TESORO
Por
Abril Bustamante Blanco [1]

Mi historia comienza como todas aquellas que tuve la dicha de haber oído durante mi infancia, como todos aquellos cuentos que, de niños, crearon en nosotros ese mundo fantástico donde todo puede suceder, marcándonos para siempre durante los años posteriores, comenzando así:

Había una vez, en un pequeño poblado a la orilla del mar, una joven que soñaba con encontrar el más grande tesoro de la vida; era inteligente y de carácter noble, sin embargo, era de ese tipo de chicas exigentes, duras consigo mismas, nada conformistas y dispuestas a dar más de lo que pueden para alcanzar su meta, algo inconcebible a los ojos de quienes no podían comprender que su alma de triunfadora la arrastrara a los deseos de ser siempre la número uno en todo lo que hacía. Pero un buen día, Tami se levantó de la cama como todos los días, extendió la mano y corrió las verdes cortinas dejando al descubierto el paisaje más hermoso del mundo, el amanecer a la orilla del mar. Esto siempre la había puesto de excelente humor, pues contemplar el mar tranquilo en la ribera, destellando bajo los leves reflejos del naciente sol es siempre muy tranquilizante y como decía su abuela, «una cura para el alma en cualquier momento». No obstante, Tami no se sintió reconfortada. Entonces miró hacia el costado de la pared de su habitación, donde se mostraban, enmarcados sobre la blanca pintura, todos aquellos reconocimientos, diplomas y medallas, frutos de su esfuerzo, paciencia y determinación durante largos y trabajosos dieciséis años. Eso debía ser: seguro que mirar sus triunfos la haría sentir lo que el mar no logró esa mañana. Y ojalá hubiera sido así, pero tampoco sucedió. Ella se sentía desorientada: ¿cómo era posible que observar todo lo que había obtenido a base de estudios incansables, desvelos y entrega de lo mejor de sí misma, en ese momento no tuviera ningún valor y sólo lograba recordar que dichos premios también le habían traído grandes decepciones al no conseguir ser siempre la primera, pues poseía también segundos y terceros lugares, algo que quizá su orgullo personal no pudiera tolerar, porque para ella no existía nada más importante que ser la número uno, así fuera en un concurso que en una carrera?

Todo le importaba y aunque dicha actitud pareciera enfermiza, era lo que a su parecer la mantenía viva. Desconsolada, se recostó en la pila de almohadas y meditó sobre la forma en que había llevado su vida hasta ahora; al parecer no era nada divertida ni digamos espontánea, pues no tenía mucho tiempo para salir ya que sus estudios le exigían la gran mayoría de éste, incluyendo sus fines de semana; y el tiempo libre lo empleaba en otras actividades que, analizando, eran iguales de absorbentes que los estudios. Pero ella había sido feliz con esto durante toda su vida. ¿O no? Este cuestionamiento invadió su mente: ¿acaso no era feliz con su vida y sus triunfos? Quizá el peso de sacarlos adelante ya había incrementado desde su infancia, pero estaba dispuesta a hacer lo que fuera para mantenerlos, porque Tami era el tipo de chicas conservadoras a las cuales el más mínimo cambio las aterraba y la sola idea de que apareciera uno de ellos, era suficiente para consternarla.

Confundida, salió de su casa y se dirigió a su lugar favorito, pues necesitaba tranquilidad para meditar sobre lo que le ocurría y, definitivamente, la apartada orilla del mar era el mejor sitio. Se sentía extraña, triste, no podía pensar con claridad, así que decidió dejar que las ideas le fluyeran al ras del vaivén de las olas y, estirando la mano, lanzó una piedrecilla al mar. Estaba decidida a coger otra cuando oyó un quejido que provenía de alguna parte:

-¿Quién anda ahí? -preguntó, creyendo que había golpeado a alguien que nadaba. Y efectivamente, así fue; pero para su sorpresa, ese alguien no era humano, sino un delfín, un delfín blanco que salió a la superficie a ver quién había sido el autor de la pedrada recibida mientras disfrutaba de su nado.

-¿Así que fuiste tú, niña? -dijo el delfín albino a la joven-. Ten más cuidado con lo que haces.

Tami se disculpó con el delfín y al instante cayó en cuenta de que en realidad no tendría porqué estar haciéndolo, al menos no de esa manera pues los delfines no hablan; al menos no de la manera que ella conocía. Perpleja ante tal suceso, se mostró amable y entabló una amena conversación con el ser marino, quien notando su semblante, quiso averiguar el motivo que afligía a la chica. Ella le contó lo que ocurría y el delfín le ofreció su ayuda para llevarla junto a la Reina del Mar, quien seguramente tendría la respuesta al problema de la joven, pues su fama de sabia se extendía por los siete mares.

-Pero el viaje es largo y tardaremos tres días en llegar hasta su morada en las profundidades oceánicas -aclaró-. ¿Estás dispuesta a venir conmigo? -preguntó a la joven, que se tomó un minuto para meditar en la idea de viajar sobre un delfín durante setenta y dos horas. Al final asintió.

-Iré contigo -dijo con un hilo de voz temerosa por lo que pudiera pasarle.

Fue así como se subió al delfín y emprendieron juntos el viaje a las profundidades abisales. Tami no había caído en la cuenta de que podía respirar y hablar bajo el agua, cosa bastante inusual, pero su nuevo amigo le contó que estar en su lomo le facilitaba poder hacerlo, y que mientras se mantuviera así podría aguantar todo el viaje.

Nadaron largo rato surcando el agua más azul que Tami hubiera visto en su vida. Pero, de repente, el delfín albino, ante su sorpresa, frenó y Tami tuvo que aferrarse a sus aletas para no salir disparada hacia la barrera de coral rojo que tenía enfrente. Ella le preguntó por qué se habían detenido tan repentinamente, y él le dijo que acababa de recordar que la Reina del Mar nunca hacía favores gratis y que habría de pagarle por la respuesta que buscaba. Tami miró en los bolsillos de su vestido, más, como suponía, estaban vacíos, ya que no esperaba necesitar dinero cuando salió de casa en busca de quietud, pues ni por asomo hubiera  imaginado que terminaría nadando en el lomo de un albino delfín. Reflexionó un instante sobre la forma de conseguir dinero a cien metros bajo el agua, pero fue interrumpida por el delfín Deel, quien recordando cuánto le gustaba a la Reina las perlas, exclamó que sabía de un lugar donde podrían conseguir unas sin esfuerzo.

Deel cambió de dirección y, al cabo de unos minutos, se encontraban entrando en una cueva, que para ser tal resplandecía demasiado. Esto se debía a la inmensa cantidad de perlas expuestas en los aparadores de coral rosa, encerradas en burbujas a manera de vidrios. Después de una minuciosa evaluación a todas ellas, Tami se decidió por la más hermosa de todas, una extraña perla azul profundo, al parecer única en su especie.

-¡Ah!, excelente elección jovencita! -dijo el encargado, que era un pez dorado-. Es la más bella perla de los siete mares y por ello, su precio es diferente a todas las del estante -exclamó con una sonrisita maliciosa.

Tami dudó por un momento, pues se imaginó que sería algo excepcional; pero recordó que no tenía dinero y preguntó de nuevo sobre el precio de aquella joya, la cual despertaba su curiosidad. Sentía dentro de sí un tremendo deseo de ser la única en tener algo tan valioso y no iba a conformarse con cualquier otra perla.

-De acuerdo -asintió-, tú fija el precio y ya veremos -dijo con voz segura.

-Bueno, en vista de la calidad de dicha pieza, pues… su precio es una carrera contra uno de los peces más rápidos de este rumbo. ¿Aceptas? -propuso el Pez Dorado.

-¡Claro! -dijo Deel- yo correré contra él.

-Lo siento, pero debe ser la señorita quien realice la prueba o de lo contrario la perla no será suya; esa perla no se vende, pues sólo será entregada a quien la haya escogido y luche por ella.

-Bueno, yo no soy muy buena nadadora… pero lo haré -de nuevo su carácter competitivo no la dejaba desistir.

-De acuerdo, la única condición es que pierdas la carrera.

Esta condición del Pez Dorado dejó atónitos a Deel y a Tami ¿Cómo perder? La sencilla dinámica de una carrera es ganar. Entonces, ¿por qué quería que perdiera?

-Sólo hazlo o de lo contrario no será tuya -dijo seriamente el pez.

Minutos después se prepararon para la carrera en la pista marina y, aunque debería estar feliz porque la prueba ya demostraba ser bastante sencilla, Tami se sentía mal porque implicaba perder, perder contra un rival con quien ni siquiera podría volver a competir y voluntariamente; la palabra ¡perder! hizo eco en su cabeza durante la primera vuelta. Pero ya cansada de oírla comenzó a acelerar y ganar velocidad, arrasando a su rival en la segunda vuelta.

-Jajajaja, me lo imaginaba -dijo el Pez Dorado-, ningún humano puede resistirse a la idea de perder, ya que su orgullo no les permite aceptar esa situación que considera altamente humillante. ¿O no? -dijo sarcásticamente mientras miraba a Tami dar su mejor esfuerzo en la pista.

-Típica condición humana, jajajaja.

Las palabras del pez resonaron en la cabeza de Tami como martillazos al unísono y fue entonces cuando recordó como toda su vida había intentado no desistir ante su intento de lucha y cómo sus amorosos padres la habían apoyado siempre en sus decisiones importantes, haciéndola recapacitar cuando las cosas estaban saliendo de su control; en ese momento recordó sus consejos: «un sabio no es aquel que sabe todo, sino el que sabe cuándo es momento de detenerse». Tami bajo la cabeza y desaceleró el ritmo casi a un paso de llegar a la meta, logrando que su rival ganara.

Cabizbaja se dirigió hacia Deel quien saltaba de alegría y movía las aletas en señal de victoria. Pero él no lo entendía; de hecho, no creo que nadie entendiera lo que esa carrera había significado para ella y lo que tuvo que arriesgar y perder; ahí se hallaba intentando simular alegría cuando el Pez Dorado se aproximó y le entregó la perla azul profundo diciendo:

-Dicha perla es especial, no sólo por su color, sino porque proviene de un sentimiento interno, tan inexplicable a los ojos de unos, pero que para otros es lo más importante, es hermosa porque proviene de la decepción que conlleva un dolor, y lo forjado con ello, es siempre lo más bello.

Tami cogió el anhelado premio, lo miró fijamente y se vio a sí misma reflejada en el azul profundo de la perla, como si ésta quisiera demostrarle en un abrir y cerrar de ojos que sus esfuerzos habían sido recompensados y apreciados. En ese momento Tami sintió una sensación inexplicable, una sensación de alivio y bienestar: era la primera vez que había sido derrotada y sin embargo no estaba triste, no quería exigirse a sí misma más de lo que había dado y de hecho, aunque temía reconocerlo, se sentía orgullosa de su derrota, de sí misma y de lo que con ello había logrado.

Poco después se montó de nuevo sobre Deel y juntos partieron hacia el castillo de la Reina del Mar. Viajaron dos días más sin ningún percance fuera de lo normal, salvo tal vez un poco de tráfico en las vías marinas del sur, pero nada grave. Al tercer día arribaron al hermoso palacio de la Reina del Mar, hecho de un coral dorado brillante y se presentaron ante los guardias de la entrada pidiendo una audiencia con su excelencia. Se la negaron, pero en su lugar, fueron llevados ante el Mago Real, quien era también el consejero de la Reina y podría darles el permiso que necesitaban.

-¡No! Nunca te permitiré partir de aquí! -exclamó el Mago a una pobre Sirena que estaba presa en una jaula–; te quedarás encerrada hasta que me pagues lo que me debes -ordenó.

Para sorpresa de Tami, el Mago era demasiado cascarrabias y uno de los guardias le explicó que la Sirena le había arruinado uno de sus más grandes trucos delante de la Reina haciéndole parecer como un tonto ante de toda la corte marina; así que el Mago la encerró y juró perdonarla sólo si ésta le conseguía un magnífico tesoro con que contentar a la Reina, la cual estaba decepcionada por dicho fracaso.

-Pero, ¿cómo va a conseguir un tesoro para usted si la mantiene ahí encerrada? -preguntó Tami dirigiéndose al Mago en tono desafiante.

-¡Ese es su problema! -gritó chillonamente el Mago volviendo la mirada amenazadora hacia el pequeño grupo de la entrada- Y tú, ¿quién eres jovencita, y cómo osas cuestionar mi autoridad?

-Venimos a solicitar una audiencia con la Reina -dijo Tami bajando la voz-. Queremos saber si podemos verla ahora mismo porque…

-¡Silencio! -ordenó el Mago- ¡Hablarás sólo cuando te lo ordene! -chilló de nuevo.

Tami y Deel asintieron asustados, y mientras el Mago salió para hablar con los guardias, la habitación permaneció en silencio y hubiera seguido así de no ser porque la Sirena comenzó a sollozar con tanto sentimiento que Tami se aproximó a ella y, tendiéndole la mano, le prestó su pañuelo para secar sus azules lágrimas. La sirena agradecida por el gesto, lo tomó mientras intentaba entre hilos de voz relatarle cómo su familia debía estar preocupada por ella y cómo de seguro los había decepcionado nuevamente, pues a su parecer, nunca conseguía hacer nada bien.

Oyendo a la Sirena, Tami recordó los momentos en que ella también se había sentido inservible cuando no había llegado a su meta y pensaba en la decepción que podría causar a sus padres y a sí misma, era lo que más la asustaba. Para su sorpresa, comprendía bastante bien la situación de la Sirena y charló con ella sobre sus momentos difíciles y cómo había logrado superarlos. Después de un rato le pareció que sus problemas realmente no habían sido tan graves como ella creía. Tal vez simplemente, por el hecho de ser muy exigente consigo misma, había acarreado sobre sí culpas y sensaciones innecesarias que la habían atormentado durante largo tiempo.

Tras la breve charla, Tami se aproximó aún más a la jaula de su nueva amiga y tendiéndole nuevamente la mano, le dejó caer la perla azul profundo en su pálida y escamosa palma y le dijo:

-Éste es un gran tesoro y seguro que con él obtendrás tu libertad -Hizo una pausa para suspirar y prosiguió-. Cuando seas libre, vuelve al lado de tu familia y comienza de nuevo, verás como todo te sale bien si prestas más cuidado y atención, y pronto tú misma te sentirás orgullosa de tus logros y recordarás este día como el día en que nace una nueva persona que ya estaba en ti, pero que quizá tuvo antes miedo de salir, porque seguro que, como yo, tú también temes los cambios; pero, ¿sabes?, he descubierto que los cambios son productos de quien los propicia y podemos lograr sentirnos bien con ellos si nos sentimos bien con nosotros mismos. En ese momento, la jaula resplandeció y un brillo inmenso cegó la vista de Tami y de Deel, quien atónito oía a su amiga. Tras unos breves instantes, Tami volvió la vista a la jaula y cuál fue su sorpresa al descubrir que la jaula se había convertido en un magnífico trono dorado, sobre el que aparecía la Sirena sentada, con una gran corona sobre sus morados cabellos mirando con dulzura a la inocente niña que tenía delante.

-¡Aproxímate, niña! -ordenó- Tengo entendido que solicitabas una audiencia con mi humilde persona, ¿no es así?

-Si, majestad -asintió Tami boquiabierta- Bueno… yo sólo… quería pedirle… -sentía que no podía hacer esto sola, necesitaba apoyo, pero para su mala suerte, el cobarde de Deel se hallaba tendido en el suelo desmayado.

-Bueno, pequeña, tu regalo ha sido merecedor de mi presencia ¿Qué querías preguntarme?

-Yo… es que últimamente yo… -Pensativa, aguardada el momento correcto, no sabía cómo expresarse, así que sólo dejó que sus palabras fluyeran como el vaivén del mar- Últimamente he sentido que le falta algo a mi vida, lo que me llenaba antes ya no lo hace ahora, eso me da terror; imaginar mi vida vacía, sin ilusiones, ni esperanza alguna, me espanta, no es el tipo de vida que quiero. Quiero dar un nuevo sentido a mi vida, hallarme en la cima y no caer de nuevo al abismo, logrando que en lo más alto yo vuelva a ser feliz…

-¡Feliz! ¿Así que eso es lo que quieres? -preguntó la Reina del Mar- ¿Quieres ser feliz de nuevo mi dulce pequeña?

-¡Oh sí!, más que nada en este mundo; quiero sentirme de nuevo orgullosa de mí misma, feliz de mis logros, llena de esa sensación de victoria que me recorre el cuerpo y me hace sentir viva…

-Mi pequeña -exclamó dulcemente la reina-, pero si tú ya eres feliz -dijo ante la mirada extrañada de Tami-, lo eres. ¿O es que acaso el viaje no te sirvió para reflexionar y darte cuenta de lo feliz que eres?

Tami permaneció pensativa sobre los acontecimientos de la travesía, y el primer recuerdo que logró que sus ojos emitieran un brillo fue el de la carrera para ganar la perla azul profundo, en la cual había tenido que perder para ganar. Evocó que la sensación que la había acompañado durante ella fue de satisfacción completa, muy a pesar a lo que pudiera parecer contradictorio por la pérdida.

-Así es, mi niña; muchas veces en esta vida los que pierden son los mayores ganadores, porque de cada error se aprende algo nuevo, porque cada herida deja una cicatriz tan profunda, que la sola marca trae el recuerdo de la enseñanza, de lo aprendido; y lo vivido, ayuda a crecer. Se supera, y aunque quizá la  herida cierra y la experiencia queda olvidada en lo más hondo del baúl de los recuerdos, lo que trajo consigo un nuevo despertar y crecimiento interno no desparecerá jamás, porque en el momento en que en la piel encarna, forma parte irremediable de tu ser.

Tami se quedó perpleja, la Reina tenía razón. La carrera la había servido para crecer y darse cuenta de que era humana y tenía derecho a errar, a perder. De todo aquello había aprendido además que no era la única en el mundo, y como ella, muchos otros ganan y pierden, porque así es la vida, una eterna competición que no tiene que ser precisamente dura y áspera, exigente o tormentosa, sino que depende de cómo se la sepa llevar; podría incluso ser una aventura desafiante a un nuevo reto día tras día. Entonces recordó lo sucedido hacía unos instantes con la Sirena y cayó en la cuenta de que ocurría lo mismo en la vida, también se requería ceder algunas veces y mostrar compasión, pues dar su tesoro a otro, a pesar de que era su única esperanza en ese momento, le permitió sentirse orgullosa de sí misma y de su gran corazón.

-Así es, Tami; en ocasiones también es necesario ceder en la competencia, demostrar amor por otras personas, manifestar lo mucho que nos importa su bienestar antes que el nuestro propio, pues sólo así expresarás ese sentimiento cálido hacia los demás y tu vida se hallará regida por él; y cuando lo hagas, la recompensa es más grande que cualquier otro tesoro, incluso más reconfortante que tu meta inicial, porque será una muestra de amor al  prójimo y te llenará más que cualquier premio.

Tami estaba feliz, rebosante de alegría, sentía que no cabía en sí de gozo.

Se acercó a abrazar a Deel mientras derramaba lágrimas de alegría, las primeras que recordaba en muchos años, puesto que hasta ahora sólo había llorado durante sus momentos de decepción. Se acercó para agradecer a la Reina, quien le dijo:

-No tienes nada que agradecer, pequeña, la respuesta siempre estuvo en ti, yo sólo te ayudé a buscarla, pero tú fuiste quien la encontró -dijo sonriendo, mientras le entregaba la perla azul profundo y la alentaba a llevar de ahora en adelante una vida distinta, regida por todo lo que ya había aprendido, que la haría salir de su encierro personal y enfocarse más a la vida como un mar de oportunidades.

Tami, sumamente contenta, montó en Deel y se alejaron del palacio de coral dorado, despidiéndose de todos aquellos que la habían ayudado. El viaje de retorno se le hizo más corto, tal vez porque su búsqueda ya había terminado y ahora comenzaba la verdadera aventura: vivir como la habían enseñado, conforme a todo lo que había aprendido. Pero esta vez no temía, los cambios podían ir y venir, porque por primera vez en su vida, tenía confianza en sí misma.

 


[1] Abril Bustamante Blanco es una joven de 17 años que vive en Mérida, Yucatán, Méjico, que siente gran afición por la literatura y que nos ha enviado su relato con la ilusión de verlo publicado. Por su calidad y en recuerdo de aquellos años mozos en los que también nosotros intentábamos poner de manifiesto por escrito aquello que se escapaba a borbotones de nuestro interior, con gusto publicamos el relato de la joven yucateca.
 
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