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Altar Mayor - Nº 95 (14)
Sábado, 02 octubre a las 20:23:09

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 95 – Septiembre-Octubre de 2004

LA ADMINISTRACIÓN DESTRUYE LIBROS
Por
César Pérez de Tudela  [1]

Nos educamos en la creencia de la importancia del libro. El libro como cuaderno del saber. El libro como descubrimiento de la comunicación, de la confidencia, del secreto de la vida. ¿Qué seríamos sin libros? ¿Quién trasmite conocimientos, en silencio, cuando lo deseamos? Sin libros nos encontraremos inertes. El libro es el medio que difunde el saber, distribuyendo la inquietud y la curiosidad, característica por la cual el «homo sapiens» dejó de ser «homo troglodita» o simple «homo erecto». Los diarios y las revistas son fuentes de información efímeras, a diferencia del libro bien concebido, aglutinador de conocimientos, que si son adecuados nos ensancharán los horizontes de la conciencia.

El libro se publica para siempre. No es un producto de caducidad, tiene vocación de permanencia. En las grandes bibliotecas se guardan miles de libros desde hace cientos de años. Las librerías de «lance», es decir, del libro usado, venden ejemplares recuperándolos nuevamente para la vida y la formación de tantas otras futuras generaciones. Los autores escriben y conciben para tratar de ganar de alguna forma la inmortalidad. El Principito, de Saint Exupery, fue redescubierto después de casi cincuenta años en el olvido, que es por otro lado el frecuente destino de muchas de las grandes obras. Pero fue redescubierto porque estaba, existía el libro en los anaqueles de las bibliotecas y en las viejas librerías.

La destrucción de libros se asocia a la «barbarie» en muy concretos momentos de las crisis de la cultura.

Todas estas conjeturas sobre el libro tienen una explicación. En España, la propia Administración que fomenta la producción del libro y la cultura que éste encierra, quema los libros de las bibliotecas públicas. Alega razones de falta de sitio para su almacenamiento. Es decir, incumple su misión, traicionando a la cultura. Comete un hecho condenable contradiciendo su propia misión y utilizando el sagrado dinero público.

La primera noticia de estos «bárbaros» hechos la tuve precisamente de la Editora Nacional, perteneciente al viejo Ministerio de Información y Turismo, en dónde se editaban los libros de los escritores recomendados y altos cargos del pasado Régimen, entre los que había, como es natural, buenos y malos, es decir dignos de ser editados y menos dignos. La distribución de la Editora Nacional era casi inexistente y los libros se vendían escasamente.

El resto, es decir prácticamente casi toda la edición, consistente en varios miles de ejemplares se almacenaba cierto tiempo hasta que era «quemada» para no perjudicar, decían sus directivos, el buen nombre del autor y de la editorial. Mi libro Al Encuentro con la Tierra editado cuando la Editora la dirigía Ricardo de la Cierva, en la década de los años 70, con fotos en color y encuadernado en tela, se vendió bien, gracias a mi fama de entonces y a la calidad e interés del libro, a pesar de las limitaciones que la ineficaz distribuidora imponía. No obstante, de una tirada de varios miles de ejemplares, quedaron un millar en los almacenes. Cuando me notificaron la quema de los sobrantes no podía creerlo. Opté por comprar el resto de la edición y revenderla a Castrillo, un experto en libros de los de antaño, de la Feria del Libro de la Cuesta de Moyano con notable éxito. El resto fue enviado a las bibliotecas públicas en donde cientos de jóvenes se han impuesto en el espíritu de la montaña, recibiendo la carga de la verdad y el impacto psicológico que el libro bien concebido debe ejercitar en sus lectores.

Curiosamente ahora me comunican que nuevas exigencias de espacio fuerzan a los bibliotecarios a despejar sus librerías para admitir nuevos volúmenes ¿Cuáles son las causas por las que tienen preferencia los libros nuevos sobre los antiguos? Ya sé que la única explicación será no paralizar la producción del sector ¡Pero nunca a costa de los libros que fueron editados, entre los que existen muchos que tanto han significado para algunas generaciones! ¿Dónde están los libros de Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala, y de otros muchos autores de una importante época pasada? Sus libros destruidos por falta de espacio y descatalogados. ¿Es adecuada esta concepción limitada de la cultura, o habrá que reflexionar sobre ella? La América hispana necesita de nuestros libros urgentemente, o eso pensamos si queremos robustecer el español. ¿Podrían dar alguna explicación los responsables de estos hechos incalificables?


[1] César Pérez de Tudela es uno de los exploradores alpinos que más cimas ha escalado en la Tierra. Periodista y escritor, es Doctor en Ciencias de la Comunicación y Abogado.
 
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