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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 238
Miércoles, 06 octubre a las 18:31:11

El Risco de la Nava GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 238 – 5 de octubre de 2004

SUMARIO

  1. Soltando lazos, por José Manuel Cansino
  2. Un candidato dudoso, por Antonio de Oarso
  3. Apuntaciones en torno a España, Cataluña, Vasconia y la Constitución, por Antonio Castro Villacañas
  4. Superzetapé, el desmitificador incorrupto, por Miguel ángel Loma
  5. Una herradura en los guantes de ZP, por Antonio Cabrera
  6. Iza(r)do tibias y calaveras, de Lanoticiadigital.com
  7. La crítica es más que legítima: es necesaria, de ElSemanalDigital.com


SOLTANDO LAZOS
Por José Manuel Cansino

La reforma anunciada de la Constitución está preconcebida sobre dos servidumbres. En primer lugar para servir a la ruptura nacional establecida en la primera parte del artículo 2: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española» a manos de la segunda parte del mismo artículo «y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades […] que la integran». ¿Nacionalidades en el seno de otra Nación? Efectivamente, lo que mal empieza mal acaba.

En la misma línea laborarán las reformas estatutarias. Los estatutos de autonomía son leyes fundamentales en las que queda patente la vinculación política de la región a la nación común. Esto lo saben bien melillenses y ceutíes, que llevan veinticinco años implorando una ley tal que resuelva una españolidad que la Constitución obvió mencionar deliberadamente.

La reforma estatutaria impuesta por la alianza ERC-PSC al Gobierno de la Nación y la misma operación desde el Gobierno vasco sólo buscan disolver el vínculo claro que los actuales estatutos establecen con España. El resto, la imitación andaluza, gallega y cuantas otras se apunten, son el «café para todos» con el que se pretende oscurecer la victoria del separatismo.

La segunda gran línea de reforma será el debilitamiento del derecho a la vida atrincherado crípticamente hasta ahora en el artículo 10: «La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes […] son fundamento del orden político». De hecho, la vulneración efectiva de este derecho arrancó de la despenalización socialista del aborto por la vía de una ley de plazos. La mayoría del PP permitió luego la situación. De manera tal que el camino que queda por recorrer hacia el aborto libre no es más que una mera redacción desde el derecho positivo de un asesinato legal cotidiano. El resto del golpe al derecho a la vida lo asestará la puerta abierta a la eutanasia de la mano de la imitación por un Gobierno socialista de la pretérita legislación del Partido Nazi estableciendo la eutanasia eugenésica en octubre de 1939.

La reforma constitucional y sus corolarios nos harán soltar los lazos que nos unen a la nación común y a la vida.

El Gobierno socialista, proclive a la eutanasia, acabará aplicándola a la realidad propia de España en su cesión permanente ante el chantaje separatista. No hay alternativa desde el Gobierno frente a la ruptura. Asistimos a una permanente batida en retirada, al crecimiento de la tierra de nadie política que acabará ocupando el totalitarismo secesionista.

Una sociedad sesteante terminará despertando entre los amasijos de lo que fue un lugar común cuando sienta el pinchazo por donde se le cuela una solución salina letal.
 

UN CANDIDATO DUDOSO
Por Antonio de Oarso

¿Por qué dicen algunos que las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos son las más importantes en la historia de esta nación? Sin duda, quien no sea consciente de la guerra cultural que se libra allí, no lo entenderá. Pero quien ha seguido los avatares de esta pugna, sabe que lo que se dirime en estas elecciones es qué rumbo tomará Estados Unidos en los años venideros: si el de la aceptación definitiva del modelo postcristiano, neopagano, que ha triunfado entre intelectuales y capas importantes de la población; o bien, el de la resistencia al mismo y la recuperación de las señas de identidad cristianas tradicionales, por el que gran parte de ese pueblo apuesta. No es que las próximas elecciones constituyan la conclusión de la pugna, pero serán un hito de extraordinaria importancia en la misma, como lo fueron las del año 2000.

La figura de John Kerry es paradigmática de la generación de los sesenta, la década en que se forjó el gran cambio postcristiano. Los americanos no saben a punto fijo qué es lo que piensa sobre diversas cuestiones y por eso desconfían de él. Su mensaje es confuso y contradictorio en diversos aspectos políticos y económicos, pues fluctúa según sea su auditorio. Es lo que ocurre con aquellas personas relativistas que han avanzado hasta el nihilismo ideológico. Hay quien ha hecho de él un retrato que le asemeja mucho con el presidente de Gobierno español. El parecido se acentúa cuando se comprueba que en cuanto a moral y costumbres, su discurso no resulta tan confuso: se decide lisa y llanamente por la disolución de la moral tradicional.

En los años citados se forjó un espíritu de rebeldía ciega y, por tanto, indiscriminada. Se consideró que todo lo establecido estaba mal establecido, por lo que había que derribarlo. De ahí vino la revolución sexual, que negó la legitimidad de cualquier cortapisa al instinto sexual, así como la existencia de aberraciones en el mismo. Toda idea de criterios morales fue rechazada. También el concepto de patria y el culto a los grandes hombres de la Historia, fue despreciado y desprestigiado. Y junto a la desintegración del código de valores hasta entonces existente, el deseo obsesivo de paz («ansia infinita de paz», según Rodríguez Zapatero), que siempre había sido perturbada, según la teoría, por la vigencia de los valores coercitivos de la religión, la patria, la moral, el deber, etc. «Haz el amor y no la guerra» era el lema mil veces repetido que resumía bien esta filosofía de la molicie.

Kerry está inmerso en esta onda de pensamiento, junto con la mayor parte de la clase intelectual americana: periodistas, escritores, cineastas, etc., pues la revolución de los sesenta, que en su día, como siempre ocurre, no fue justipreciada, ha tenido consecuencias inmensas.

Comoquiera que gran parte de la población no piensa así, Kerry ha hecho algunas concesiones en su discurso. Por ejemplo, y en relación con Irak, a la pregunta de un reportero de si, aún sabiendo que no había allí armas de destrucción masiva, se habría decidido a intervenir, después de una leve vacilación contestó que sí. Nada menos. Aunque esto no le ha beneficiado, porque su oportunismo quedó de manifiesto y, por el contrario, favoreció a Bush al legitimar su intervención.

En lo que no puede dar marcha atrás, suponiendo que le interese hacerlo, es en cuestiones morales, pues durante toda su carrera política ha demostrado ser un radical de izquierdas. Como senador, ha votado seis veces en contra de la ley que prohibe el aborto por nacimiento parcial, fue co-firmante del proyecto de ley de libertad de elección (Freedom Choices Act), que prohibía a los estados poner límites al aborto, se opuso a que los padres de familia tuvieran injerencia en las decisiones sobre el aborto que tomaran sus hijos menores de edad y ha prometido proponer para la Suprema Corte de Justicia sólo a aquellos jueces que respeten el derecho de las mujeres al aborto.

Naturalmente su catolicismo es puramente nominal. No significa absolutamente nada. Según la nota dirigida por Joseph Ratzinger al Cardenal Theodore McCarrick, Arzobispo de Washington, con motivo de de la asamblea de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, a John Kerry no se le debería administrar la Sagrada Comunión. Hasta ahora el obispo de la diócesis a que pertenece había dejado este asunto al criterio de los sacerdotes.

Los homosexuales tienen que ver en él a un auténtico amigo. Sus manifestaciones a favor de las reivindicaciones del colectivo gay han sido siempre satisfactorias. La última fue su promesa de ser el campeón de su causa en mensaje retransmitido a una concentración de homosexuales en Boston, poco después de la Convención Demócrata. Como no podía ser menos, tratándose de un perfecto progresista.

Pero es esta condición la que inclina a muchos a mirarle con recelo cuando se trata de la defensa nacional. Esta clase de personas, tan amantes de la paz, no se sienten impulsadas a enfrentarse con el enemigo, sino a llegar a acuerdos con él. Sus ansias de paz les incitan a hacer concesiones con suma facilidad. Para ellas, el conflicto mismo es el error, y como no sienten que los valores de Occidente sean superiores a cualesquiera otros, y, por el contrario, creen que en Occidente está la causa de todos los conflictos mundiales, no les resulta difícil hacer las renuncias necesarias para que el enemigo no les golpee. No son, pues, los líderes adecuados para los tiempos de lucha.

Sería una desgracia que Kerry ganase las elecciones. Sin embargo, existen motivos para pensar que no va a ser así. El pueblo de Estados Unidos conserva aún espíritu combativo, a diferencia aquellas naciones europeas que no están dispuestas renunciar a su dorada molicie, por lo que resulta difícil pensar que vaya a confiar sus destinos a una persona como Kerry.

Descendiendo al nivel de las maniobras políticas, existe un indicio significativo. Se trata del escaso interés que Hillary Clinton ha puesto en hacer tándem con Kerry. No hay nadie que ignore las ambiciones de Hillary a la Presidencia, por lo que si ha renunciado a la Vicepresidencia con Kerry es porque piensa que va a perder. Si esto ocurre, podrá presentarse como candidata en 2008. En estos momentos, pocas personas habrá que deseen la derrota de Kerry tanto como Hillary Clinton. Pero no es sólo que la desee, sino que cree en ella, pues de lo contrario no hubiese renunciado, repito, a una Vicepresidencia que le hubiese permitido presentarse como candidata en 2012 probablemente, y con grandes posibilidades de éxito.
 

Apuntaciones en torno a ESPAÑA, CATALUÑA, VASCONIA Y LA CONSTITUCIÓN
Por Antonio Castro Villacañas

En la actual coyuntura política española, cuando a los años de vigencia de la Constitución de 1978 se vuelve a plantear -aunque sea de modo solapado-el tema del federalismo, es imprescindible hacer constar que la idea de federación siempre se ha planteado relacionada con la unidad nacional, nunca como separación ni como ruptura de esa unidad. Esto es, que históricamente cuantos han enarbolado el federalismo, tanto en los Estados Unidos de América, que fueron los pioneros de ese sistema, como en las posteriores revoluciones liberales occidentales, lo hicieron para construir o fortalecer la unidad nacional. En España, el federalismo estuvo presente en el nacimiento del Estado, cuando se definió España como «la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios» en el primer artículo de la Constitución de Cádiz.

No se han citado nunca entre nosotros con la necesaria frecuencia las palabras pronunciadas por el adalid de la soberanía nacional, Muñoz Torrero, en la sesión de las Cortes del día 2 de septiembre de 1811, cuando se debatía la figura de la provincia: «Estamos hablando como si la nación no fuese una, sino que tuviera reinos y estados diferentes. Es menester que nos hagamos cargo que todas estas divisiones de provincias deben desaparecer, y que en la Constitución actual deben refundirse todas las leyes fundamentales de las demás provincias de la monarquía, especialmente cuando en ella ninguna pierde. La comisión se ha propuesto igualarlas a todas; pero para esto, lejos de rebajar los fueros por ejemplo de navarros y aragoneses, ha elevado a ellos a los andaluces, castellanos, etc., igualándolos de esta manera a todos para que juntos formen una sola familia con las mismas leyes y gobierno. Si aquí viniera un extranjero que no nos conociera diría que había seis o siete naciones. Yo quiero -concluyó Torrero- que nos acordemos que formamos una sola nación y no un agregado de varias naciones».

Estas palabras y estos párrafos, que hago míos, los tomo de un trabajo publicado por el profesor Juan Sisinio Pérez Garzón, de la Universidad de Castilla-La Mancha, en la revista Cuadernos Republicanos con el título «Los factores de desarrollo del republicanismo federal». Y añado por mi cuenta: si la monarquía parlamentaria sigue alentando, como viene haciendo hasta ahora, la desintegración de España -véase por ejemplo el desprecio con que trata a Ceuta y Melilla, o como se traga los que a España se hacen a diario desde Cataluña y Vasconia- es natural que crezca el número de españoles partidarios de una República Federal, entre los cuales desde hace tiempo me encuentro.
 

SUPERZETAPÉ, EL DESMITIFICADOR INCORRUPTO
Por Miguel Ángel Loma

El conocido talante simpaticón del nuevo presidente de Gobierno ha cautivado sin duda al escritor Juan José Millás, si atendemos al tono general de un reciente reportaje («Descubriendo a Zapatero») publicado en El País Semanal, reportaje muy recomendable por lo ilustrativo, y al que sólo le faltó contener uno de esos encendidos comentarios, que tanto gustan a algunas periodistas progresistas, sobre los luminosos ojitos de don José Luis Rodríguez. El efecto de la seducción zapateril se manifestaba en su grado de mayor culminación en el modo en que relataba Millás el insólito descubrimiento del presidente echando humo por sus morritos, pero eso sí, a escondidas, que eso de fumar ya se sabe que constituye un grave pecado de lesa modernidad, y por eso Millás exculpaba rápidamente a ZP diciendo que fuma «como un adolescente inexperto..., pues da la impresión de que ni se traga el humo». Sin comentarios.

Pero lo más preocupante del reportaje es la confesión que hace Zapatero respecto a la fe que a sí mismo se profesa en su inquebrantable integridad: «Ahora ya sé que (el poder) no me cambiará... Porque he desmitificado el poder. Tengo la ventaja de que no siento admiración alguna por los aspectos más externos del poder». Esta declaración, aparte de suscitar las más variadas opiniones sobre la personalidad de quien la emite y sobre su capacidad de desmitificación del poder, o sobre la sutil distinción entre sus aspectos internos y externos, no deja de contener también cierta dosis de sarcasmo, ya que, si mal no recuerdo, el actual presidente ocupa escaño en el Congreso desde hace muchos muchos años, y no lleva una vida precisamente ajena a los múltiples privilegios, prebendas y regalías que acompañan a quienes disfrutan del poder; como sucede en el caso de los parlamentarios, pertenezcan o no al partido que gobierne. Aunque el reportaje contiene otras consideraciones dignas de mención, quizás lo más memorable sea la confidencia que Gertrudis, fiel secretaria de Zapatero, confiesa a un cada vez más rendido Millás, y que éste remarca como si se tratase de la mejor garantía de la honradez zapateril: «No entenderás a Zapatero hasta que te convenzas de que se cree todo lo que dice».

No seré yo quien dude de que Zapatero se crea todo lo que dice, pero sí dudo, y mucho, de que tal creencia constituya de por sí una virtud en un gobernante que, además, se considera incorruptible. En la historia no han sido pocos los poderosos (y ZP ahora mismo lo es) que creyéndose que desfacían entuertos (siempre por el bien de la humanidad, claro) han embarcado a medio mundo en terribles aventuras. Y, por supuesto, siempre obraban creyéndose cuasi espíritus puros, ajenos a toda corrupción, faltaría más. En cualquier caso, y por aquello de que cada uno es esclavo de sus palabras, ahí queda la pomposa declaración de nuestro crédulo y desmitificador presidente sobre su inmutabilidad ante el poder, para recordárselo cuando proceda, aunque me temo que entonces será cuando Superzetapé nos explique la diferencia sobre los aspectos externos e internos del poder.
 

UNA HERRADURA EN LOS GUANTES DE ZP
Por Antonio Cabrera

Lo que José María Aznar con mayoría absoluta no hizo y a Felipe González, con mayoría absoluta, le costó tres años, el presidente Rodríguez, sin mayoría parlamentaria -pero con una herradura en los guantes-, lo va a conseguir en menos de seis meses. ¿Objetivo? el control de la Justicia. ¿Método? Un anteproyecto de Ley para la modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial que aprobó el Consejo de Ministros el pasado viernes por el que se cambian las reglas para el nombramiento de los altos cargos judiciales en el seno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

Este tramposo cambio de reglas, diseñado por el Ejecutivo socialista para consumar el asalto al poder judicial, modifica el sistema de elección establecido para el nombramiento de altos cargos judiciales por el CGPJ, pasando de la mayoría absoluta, en vigor desde hace 25 años, a una mayoría cualificada de los 3/5 de los 21 miembros del Consejo. En otras palabras, pasarán de ser 11, a 13, el número de los votos necesarios para el nombramiento de altos cargos judiciales en el seno del CGPJ.

Bajo tan «inocente» apariencia técnica, el anteproyecto encierra una enorme carga política. Para empezar, su aplicación liquidará el último reducto de poder institucional que aún le quedaba al PP -con representación mayoritaria en el CGPJ-, al obligarle a pactar con el PSOE los nombramientos del Consejo. Esto se debe a que con la nueva «aritmética» electoral se hace posible que el sector «progresista», pese a estar en minoría, pueda bloquear las propuestas del sector «conservador», mayoritario en el Consejo. De esta manera, el Gobierno, con el apoyo de los votos de sus socios «independientes» en el Consejo (nacionalistas e IU), controlará los nombramientos de los presidentes de Sala y los Magistrados del Tribunal Supremo, los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia de las diferentes Autonomías, así como los jueces encargados del CNI.

El hecho de que antes del próximo mes de febrero el CGPJ deba nombrar a los presidentes de cuatro de las cinco Salas del Supremo (incluida la relevante Sala de lo Penal), además de nueve magistrados del Alto Tribunal, y a los presidentes de dos Tribunales Superiores de Justicia justifican la urgentísima tramitación, en solo tres días, de este anteproyecto por el Gobierno.

En una etapa posterior, con ocasión del relevo de los miembros del actual Consejo, el PSOE podrá alcanzar los 13 votos previstos para la nueva mayoría e impondrá directamente a sus jueces. Y si no puede, procederá a la deslegitimación y voladura del Consejo como ya lo hizo en el 85. Admirable modo de construir la prometida «democracia ejemplar», la del pluralismo, el consenso y el respeto a las libertades.

Por ello, la justificación del anteproyecto, basada en «la transparencia, el consenso y la pluralidad», y en la necesidad de «reforzar la legitimación democrática de los nombramientos» -según informó la vicepresidenta primera Fernández de la Vega durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros-, es increíble. Si fuera cierto el propósito socialista de mejorar la Justicia y robustecer su independencia, serían más de 13 los votos requeridos para la mayoría, lo que obligaría a que todos los nombramientos fueran pactados. Pero no es eso lo que se busca con la reforma, sino el control de la Justicia, como ya ocurrió en 1985, cuando el PSOE dinamitó el pacto constituyente porque el Tribunal Supremo dictaba sentencias contrarias a sus intereses.

De nuevo el PP ha sido víctima de sus pactos con el PSOE. Hay pactos que los carga el diablo. Resulta inútil pactar con quien piensa que lo natural es exigir acuerdos cuando se está en minoría, pero que no duda en imponer sus normas -y hacer tabla rasa de las reglas pactadas-, cuando tiene el poder. Con mayoría absoluta el PP cometió -una vez más- la ingenuidad -o la cobardía- de no defender sus principios y ceder ante las exigencias del PSOE, buscando, interesadamente, su connivencia en el reparto del poder judicial. Ahora pagará las graves consecuencias de su error. Mientras tanto, la derecha sigue mirándose el ombligo. Ensimismada, concentra sus energías en buscar ilusionantes eslóganes y colorines, divinos de la muerte, que hagan juego con su estilizado prototipo de gaviota. Así le va.
 

IZA(R)DO TIBIAS Y CALAVERAS
Lanoticiadigital.com

Barcos y zapatos producen angustia y hambre. La sociedad ilustrada habla de hambrientos buenos y malos aunque hambre y angustia sean dolores ignorantes de la bondad del cuerpo que golpean.

Los trabajadores de Izar acarician el paro y buscan, lanzando bolas de acero, a los que anduvieron prestos en azuzarles a la quema de neumáticos y al corte de tráfico. Los agitadores políticos buscan el atajo para salir del tanatorio laboral disparando culpas sobre el gobierno previo.

El gobierno previo sabía que haciendo trampas jugaba al pan para hoy y hambre para mañana. Los sindicatos lo sabían y callaron entonces. La política profesional y el sindicalismo de pago son miopes. Una pancarta vale más que abordar el futuro difícil.

Aunque más que difícil, el futuro naval es imposible. Jugando al mercado global, la tradición naval española importa tanto a los armadores como el abolengo de la Mesta a los fabricantes de paños flamencos.

Con todo, la sociedad española sonríe solidaria a los astilleros quemando neumáticos y repudia la «represión policial» del antidisturbios que acaban de mandar a traumatología por el beso de una esquirla de hierro.

La sociedad también podría ser solidaria con los algodoneros que mascan el hambre bajo la competencia de Egipto, o con los trabajadores de las fábricas textiles que cierran para abrir en Tánger, o con los empleados jugueteros enviados al paro por las barbies «made in Taiwán», o con la tienda de ultramarinos de la esquina... pero no lo es. Lógico.

Lógico porque la sociedad no compra barcos pero sí ropa, juguetes o alimentos, por eso celebra comprar barata una «play station» montada a base de bol de arroz por jornal.

El mismo bol de arroz con el que despachan el hambre y el escorbuto los chinos que envían sus zapatos a Elche. Entonces la angustia y el hambre acechan al sector del calzado. Los hambrientos y asustados salen a la calle. Queman contenedores con la misma técnica molotiviana que los astilleros pero su hambre no despierta la simpatía social. Su hambre es una necesidad racista y su angustia es un dolor xenófobo.

Es posible que el aplauso social a los trabajadores de Izar acabara si éstos tuviesen a tiro de esquirla la piel de un coreano de los que hacen barcos a bol de arroz. Así que, estando lejos los astilleros coreanos, apuntan a los antidisturbios que no son más que cuerpos represivos.
 

LA CRÍTICA ES MÁS QUE LEGÍTIMA: ES NECESARIA
ElSemanalDigital.com

El pasado 25 de agosto murió el cardenal González Martín. Los medios de comunicación se han detenido especialmente en su largo pontificado en la sede primada de las Españas; y también en su particular relación con José Bono, un hombre eternamente ambiguo y decididamente confuso. Pero el legado de don Marcelo va, en lo político, mucho más allá.

Contra la opinión general no sólo fue un hombre de fe, sino también un hombre de amplios saberes, de elevada cultura y siempre atento a la juventud y a los cambios del mundo. Su defecto, desde puntos de vista que no son los de Elsemanaldigital.com, fue su decisión de no renunciar a lo esencial de su misión y de la fe que encarnaba, y no hacerlo incluso cuando el camino fácil era acomodarse a la opinión del adversario. Sostuvo, cuando hizo falta, posturas políticamente incorrectas, si la supuesta «corrección política» ponía en peligro a su juicio la fe de Cristo y de España.

Don Marcelo tuvo su momento de máxima actividad pública a mediados de los 70, con la instauración monárquica, la Transición y la Constitución. Y en aquellos momentos decisivos, contra viento y marea, recordó cinco aspectos esenciales sin los que una nación católica no puede sentirse bien gobernada. No es bueno que la ley suprema no nombre siquiera a Dios en una nación de bautizados. No es aceptable la arbitrariedad legislativa al no reconocer ninguna ley natural. No es aceptable que se ponga en peligro la libertad familiar de enseñanza. No es tolerable la debilidad de la familia frente a todos los caminos fáciles que pretenden disolverla. Y no hay legitimidad que pueda negar a la vida su calidad de supremo derecho humano.

Por todo esto, e injustamente, el hoy llorado cardenal fue acusado de no ser demócrata. Nada tiene que ver la democracia con la corrección política, que, puede a veces, mal entendida convertirse en instrumento de destrucción de la democracia y de la libertad.

Don Marcelo ha muerto en una situación que recuerda bastante a la de aquellos años. España está gobernada -hoy de derecho, antes de hecho- por la izquierda que afirma una visión unívoca de la democracia. Y los españoles están llamados en breve a votar un texto mal llamado constitucional europeo en el que todas las lagunas y defectos temidos por González Martín están presentes. Bien está rendir homenaje a su memoria, pero tal vez sea oportuno que alguien siga su ejemplo.

 
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