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Altar Mayor - Nº 97 (40)
Lunes, 17 enero a las 22:33:37

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)

SIMÓN RUIZ, UN MERCADER-BANQUERO (siglo XVI), VOLCADO A EUROPA DESDE MEDINA DEL CAMPO
Por José Manuel González Torga [1]

Simón Ruiz, castellano del siglo XVI, fue primero un mercader dedicado a la importación y comercio al por mayor. Luego, amplió sus negocios a la actividad financiera transnacional, con arreglo a la distinción que ahora se hace, al dejar el término internacional para las relaciones entre Estados y entes asimilables a estos efectos. Su red de agentes, dentro y fuera de España, generó una activa correspondencia que pervive acumulada en un valiosísimo archivo. Demuestra cómo, desde Medina del Campo, aquel hombre de empresa centralizó una intensa labor económica e informativa. Mediante esos flujos de mercancías, dinero y noticias contribuyó, de forma notable, a incrementar relaciones con repercusión en España y en otras naciones europeas.

Innumerables españoles, a través de los siglos, han aportado su granito de arena europeísta. Lo que justifica traer aquí el nombre de Simón Ruiz es la injusta desproporción entre su importancia real y el grado de permanencia del recuerdo. Merecerá la pena refrescar la memoria histórica.

El acervo de documentos dejados para la posteridad por Simón Ruiz posee trascendencia mercantil; pero también periodística. En la semblanza que le dedicó Juan José de Madariaga [2] subrayaba su búsqueda de una depurada información sobre los cambios de moneda en las plazas extranjeras, donde operaba, para asegurar su negocio. Esto le ataba, durante largos horarios, a su escritorio, ante el que leía y redactaba las misivas de su abultada correspondencia. Necesitaba conocer la realidad inmediata –con el desfase inevitable de un correo lento- pero buscaba también noticias sobre los acontecimientos de signo político o social que implicaran repercusiones sobre sus genuinas actividades económicas.

Caracterizado por el mismo J. J. de Madariaga [3] cómo persona hábil, muy diplomática y relacionada con personajes muy influyentes, cabe pensar que esos contactos propiciarían un género de intercambio informativo, con la oportunidad de inquirir aquello que le interesara y la de corresponder con novedades de su propia cosecha. Esta hipótesis queda corroborada con respecto a su correo cuando Henri Lapeyre [4] pone de manifiesto que en misivas a banqueros de Lyon –los Bonvisi y los Balbani– Simón deja ver «la excelencia de su información sobre lo que pasa en la Corte de España y un juicio muy seguro sobre la situación política cuando se refiere a la Guerra de Granada o a los disturbios de los Países Bajos».
 

ORIGINARIO DE BURGOS

El nacimiento de Simón Ruiz Embito tuvo lugar en la villa burgalesa de Belorado, a orillas del río Tirón. La fecha no queda precisada, entre finales de 1525 y comienzos de 1526. Su familia debió desenvolverse dentro de una economía modesta, probablemente relacionada con el comercio de la lana, a escala reducida. Fueron sus padres Simón Ruiz y Juana González de Miranda; predominaba en ellos la hidalguía sobre los bienes materiales.

Simón toma sus propias iniciativas cuando cuenta más de veinte años. Entabla relación comercial con Ivon Rocaz, asentado en Nantes, de cuya alta burguesía formaba parte; desde la actividad mercantil que rige, remite al burgalés lienzos de Bretaña embalados, para su venta en las ferias de tierras castellanas. La importancia de estas manifestaciones del mercado en Medina del Campo deciden al joven, de alrededor de 25 años, a probar fortuna en la por entonces tan importante localidad.

En años sucesivos participará en diferentes sociedades, a partir de la que le asocia con Juan de Orbea, tesorero de Aragón. Afianza las relaciones anteriores con Nantes, donde ha fijado su lugar de trabajo el hermano de Simón, Andrés Ruiz. Desde Medina del Campo, el mercader teje, como ha señalado Emilio Olmos[5], «una extensa red de enviados y corresponsales que se extiende, poco a poco, por las principales ciudades europeas (Lisboa, Valencia[6], Génova, Rouen, etc.)». Coinciden, quizá por una redundancia natural, aquellas denominaciones con las específicas del Periodismo: corresponsales y enviados especiales. Estos últimos, informadores desplazados ocasionalmente a puntos geográficos donde ha surgido alguna noticia; mientras los corresponsales cubren, con mayor permanencia, la actualidad en centros generadores habituales de acontecimientos noticiables. Un término periodístico más –reportajes– sirve a Felipe Ruiz Martín[7] para designar textos guardados en el archivo de los Ruiz que remitieron determinados españoles con experiencia, relativos a su estancia o su paso por Roma.

Casó nuestro personaje, en primeras nupcias, cumplidos los 35 años, cuando ya había reunido una estimable fortuna. La novia, de la villa de Arévalo, era doña María de Montalvo, dama de alcurnia. La boda se celebra en el pueblo de Ataquines, a mitad de camino, poco más o menos entre Arévalo y Medina del Campo, donde estaban las residencias de uno y otro contrayente; fue el 12 de octubre de 1561.

Pasados algunos años, Simón Ruiz enviudó y contrajo su segundo matrimonio, en 1574, con doña Mariana de Paz, algunos de cuyos familiares ocupaban posiciones en la Corte, radicada, por entonces, en Valladolid. Tal circunstancia ayuda a la esposa a lograr su deseo de mudar allá la vivienda; esa estancia duraría doce años, que incluyen algunos pleitos mantenidos de cerca ante la Chancillería; transcurrido ese período retornan a Medina del Campo; él se centrará en organizar el destino de su herencia, al no haber tenido hijos de ninguna de las dos uniones.

Fallece el 1 de marzo de 1597, atendido por los cuidados domésticos de su segunda esposa. En su testamento, otorgado con fecha 1 de abril de 1596, encomia la bondad de su mujer y el amor que él le profesa, si bien al dejar para ella determinados bienes, establece dos condiciones: que no contraiga ulteriores nupcias y que no alterne la residencia de Medina del Campo con cualquier otra durante más de dos meses al año.
 

INVESTIGADORES DE FUSTE

La labor económica de la firma Ruiz ha sido estudiada sobre todo por dos distinguidos investigadores: en Francia, el doctor Henri Lapeyre y, en España, el catedrático de Historia Económica y académico, Felipe Ruiz Martín. Lapeyre, profesor de la Universidad de Grenoble, escribió Une famille de marchands: les Ruiz, editado, en 1955, por Librairie Armand Colin, bajo el patrocinio del Centre de Recherches Historiques, órgano de la École Practique des Hautes Études de la Universidad de la Sorbona (París). Felipe Ruiz Martín, fallecido en enero de 2004, descollaba, entre otros saberes, como el gran especialista de la historia económica de Castilla en los siglos XVI y XVII; dedicó muchas páginas a la figura que nos ocupa: Pequeño capitalismo, gran capitalismo. Simón Ruiz y sus negocios en Florencia (el pequeño capitalismo era el castellano; y el gran capitalismo, por entonces, el genovés), Semblanza de Simón Ruiz Embito, mercader-banquero en las ferias de Medina del Campo...

La ascensión de Simón Ruiz le lleva de la actividad de regatón o revendedor al papel de financiero con ciertos clientes singulares -más o menos directos o indirectos- como Felipe II.

Su actividad europea progresará con el cambio de moneda mediante un sistema de letras de cambio (cambium per litteras). Vinculada a esa faceta surgió, de modo natural, su participación en el sistema de los denominados asientos. La carencia de un banco estatal y una Hacienda real con las terminales necesarias en los Países Bajos y en la geografía de Italia, ponía al monarca español en manos de los hombres de negocios poseedores de tales implantaciones para asegurar transferencias, pagos a fecha fija y anticipos para la guerra y la política. Unos asientos eran concertados, en España, con el Consejo de Hacienda; otros contaban con la firma del Gobernador de los Países Bajos, pendientes de su ratificación en Madrid. Simón Ruiz participó en los asientos para la Corona entre 1576 y 1588.

Llegó a ser, pues, un mercader-banquero, con arreglo a la tipología manejada por el historiador, de origen belga y nacionalidad estadounidense, Raymond de Roover, cuando investiga sobre el mercado del dinero en la Brujas medieval. Aparte de los usureros, diferenciaba a los cambiadores, quienes realizaban el trueque de diversas monedas, contantes y sonantes, a la vista y que, además, ejercían la banca de depósito, como antecesores de los banqueros de nuestros días; y los distinguía, netamente, de los englobados como mercaderes-banqueros, con capacidad para negociar monetariamente mediante ese tipo de transaciones de divisas utilizando la letra de cambio[8].

No todo en la actividad de negocios de Simón Ruiz fueron éxitos y satisfacciones. Pasó por los naturales contratiempos que surgen al transitar los mejores caminos de la vida. Así, la repercusión de la quiebras en cadena, ocurridas en Sevilla, durante el verano de 1567 y que continuaron al año siguiente; Simón Ruiz viajó a la capital hispalense y redujo las pérdidas; pero, a partir de dicha crisis limitó el tráfico de su compañía con el puerto vinculado a las Indias. Ya no extendería a gran escala los negocios con América, algo que hubiera ocurrido, por evolución natural, después de unos comienzos prometedores en Sevilla, donde constituyó una sociedad mercantil.

Otros tropiezos ocurren al circular por Miranda de Ebro envíos de numerario. En 1559 un episodio de este tipo quedó saldado con lenidad mientras que, en 1564, la aprehensión de 41.637 escudos, motivó que se incoara un proceso, prolongado durante seis largos años.

La implicación de Simón Ruiz en un caso de espionaje, por informes del embajador de España ante la Corte francesa, Juan de Vargas Mexía, debió producirle quebraderos de cabeza, hasta que el mismísimo Felipe II zanjó la cuestión con una anotación, de su puño y letra, en el margen del documento acusatorio, haciendo constar su opinión terminante: «Lo que se dice de Simón Ruiz no me convence. Tanto a él como a su hermano se les tiene por hombres de bien...[9]. Durante los años de residencia en Valladolid se considera probable que Simón Ruiz fuera recibido en algunas ocasiones por el monarca.

En 1563 resultó elegido Simón Ruiz, por los procuradores de la Santa Hermandad, para Procurador General del Común.

Arraigado a fondo en su Medina del Campo, como patria chica de adopción, vivía sin aparatosidad en la calle de Ávila, actualmente dedicada al nombre de Simón Ruiz. Su sobriedad castellana al exterior se hacía compatible con un ambiente casero complementado por detalles procedentes de variados orígenes del Viejo Continente: mobiliario y otros valiosos objetos traídos de Francia, Holanda o Alemania. No faltan muestras más exóticas, conseguidas, por ejemplo, en la India, con la intermediación del portugués Hernando de Morales. No reunió, por el contrario, una biblioteca selecta ni bien dotada; apenas algunos libros de contenido religioso, ciertas narraciones apreciadas por el público de entonces y un clásico Espejo de Príncipes.
 

CORREO INFORMATIVO

Especialísimo interés tiene el correo recibido y enviado por el poderoso hombre de empresa. Junto a los miles de cartas llegadas del extranjero quedan copias de parte de las datadas en Medina del Campo. Una correspondencia global que, en cuatro décadas, superó las cincuenta mil misivas. El año 1579 bate el record: 2.620 cartas, que suponen una media de siete por día.

En el archivo Ruiz, considerado único en su género y por su importancia en cuanto al siglo XVI en España, encierra no sólo datos de la actividad particular de la firma sino otros muchos de superior alcance: sobre comercio interior y exterior, política mercantil, banca y cambios, así como «hasta los acontecimientos políticos»[10].

Para un hombre de negocios del siglo XVI, que maniobraba a larga distancia, el correo suponía un instrumento indispensable si quería contar con información propia. La evolución de los mercados, la situación patrimonial de mercaderes y compañías, supuestas maquinaciones como las del sector de genoveses conocido como nobile vecchi así como otros datos económicos, no llenaba las expectativas de quien había de tomar decisiones arriesgadas y apreciaba, para atinar mejor, el conocimiento de avatares políticos de carácter condicionante.

Para sus múltiples comunicaciones, Simón Ruiz simultaneó la mensajería propia o compartida con otros comerciantes, con el correo oficial, en España y en otros países, en manos de la familia De Taxis. La ruta terrestre hacia los Países Bajos discurría por Burdeos, Orleans y París; para Lyon, desde Burdeos derivaba por Limoges.

Dichos caminos, servían igualmente para el recorrido en sentido contrario.

El puerto de Bilbao centralizó la exportación y la importación de los Ruiz, por mar, con Francia y con Flandes. Alicante brindaba fletes competitivos para el tráfico naviero con Italia.

Lapeyre[11] recoge la distinción entre cartas generales (lettere di compagnia) y cartas privadas (lettere private). Las primeras van dirigidas a la firma y tratan de asuntos corrientes. Las cartas privadas se reservan para el responsable de la empresa y aportan noticias confidenciales, especulaciones políticas, planteamientos de negocios, opiniones sobre la solvencia de determinados empresarios y otras consideraciones delicadas y formuladas en tono de privacidad; informativamente contienen un interés preferente.

En los archivos Ruiz -indica el mismo Lapeyre- hay un cierto número de cartas en portugués, en italiano y, algunas, en francés; pero precisa que, por entonces, el castellano era una importante lengua comercial, utilizada corrientemente por los banqueros italianos radicados en Lyon y los comerciantes franceses de Nantes.

El lenguaje de Simón Ruiz en las cartas que remite, es concreto y claro, con los giros y la ortografía, obviamente, de la época.

Las mercancías objeto de los tratos por el comerciante y financiero cubren un amplio espectro. Además de la lencería (lienzos en general): especias, aceites, cochinilla, índigo, sal, trigo... En 1586 constan importaciones de mercancías varias procedentes de Hamburgo, entre las que destacaba cobre de Suecia y de Hungría.
 

RELACIONADO CON LOS FUGGER

Los negocios le relacionaron con financieros europeos de primer orden como los Lomellini, los Spínola y los Fugger (en España, Fúcar).

Resulta muy conocida la importancia de la correspondencia de los Fúcar, de cuyas cartas informativas quedan colecciones en Viena y en el Vaticano. Aquella firma de Augsburgo, extendida por una vasta geografía que incluía la localidad española de Almagro, apoyaba su toma de decisiones en un continuo y minucioso seguimiento de la actualidad. Tan interesante que valía para ofrecer versiones para-periodísticas a figuras prominentes con las que mantenían relaciones privilegiadas.

A escala, la correspondencia de Simón Ruiz admite comparación. Lapeyre indica algo de dudosa interpretación cuando hace referencia a copias de cartas transcritas en hojas sueltas. Permite pensar en la virtualidad de su utilización para extraer contenidos a los que se sacara partido en línea más informativa que de aplicación comercial.

Sobre la credibilidad de las noticias circuladas nos ilustra un estudioso de temas medinenses como Sánchez del Barrio, cuando resume impresiones plurales de investigadores sobre la personalidad, autoritaria y ambiciosa de Simón Ruiz, conjugada con una extremada reserva, ajena a las confidencias personales. «Suele ser –añade-[12] seco y preciso en sus apreciaciones, siempre basadas en un conocimiento seguro de la situación en la que se ve inmerso, avalado por una buena red de información a su servicio, que le da cuenta de lo que sucede en los centros políticos y económicos más importantes de momento».

De la pléyade de corresponsales que se cruzaron cartas con Simón Ruiz, la enumeración de algunos avecindados en Italia, servirá a título de muestra. La totalidad de ese tráfico, entre las fechadas en Medina del Campo y las despachadas desde plazas italianas, sumó casi seis mil; de ese total desaparecieron más del millar. Conviene dejar sentado cómo los intereses del empresario castellano con Italia no discurrían tanto por cauces comerciales como financieros.

Especialmente vivo, en relación con la actualidad de aquellos tiempos, resulta el intercambio epistolar entre Simón Ruiz y Baltasar Suárez, situado -con toda la significación del término– en Florencia, capital de la Toscana.

Entre los cualificados interlocutores genoveses, firmas individuales de magnates, como la de Jerónimo Scorza o asociadas como las de Felipe y Jacobo Cattaneo y las de Bernardino Negrone y Castelvi Pinelli.

Como corresponsales en Milán actúan el capitán Juan de Muñatones y el banquero Cesare Negrollo, entre otros.
 

HOSPITAL GENERAL

A la altura del año 1564, Simón Ruiz ostentaba ya la condición de regidor de Medina del Campo, algo que le facultaba para intervenir en materias concernientes a ferias, por un lado, y a actividades de beneficencia por otro.

La última etapa de su vida la dedicó Simón Ruiz, preferentemente, a la fundación de un magno Hospital, bajo las advocaciones de Nuestra Señora de la Concepción y San Diego de Alcalá. Habría de intitularse Hospital General, y destinarse a la curación de todo tipo de enfermos y heridos, así como a la recogida de peregrinos, desamparados y contagiosos.

Ocupado durante la mayor parte de sus días en operaciones crematísticas, cuando le restaban los últimos años, Simón Ruiz determinó su herencia.

Sintiéndose medinense de adopción, buscó que su nombre perdurase vinculado al de Medina del Campo. Pendiente, sobre todo, del negocio de la salvación, aportó un montante significativo de su peculio en favor de enfermos y menesterosos.

El núcleo del negocio de la firma Ruiz pasó a Cosme, hijo de Vítores, uno de los hermanos de Simón. El susodicho Cosme Ruiz protagonizó algunas andanzas sonadas y pasó por una fase de apogeo en los negocios. Mezclado en actuaciones supuestamente conectadas a la trata de negros, llega a caer en prisión por deudas y muere a la edad de 58 años.

De aquella activa red europea quedan los legajos archivados. Desde hace años van siendo estudiados para profundizar con tratamiento de especialistas. Los libros dejan constancia de nuevas aportaciones sobre contenidos determinados. El que merecería explotar la rica veta informativa aguarda su turno.



[1] José Manuel González Torga es periodista y profesor universitario.

[2] Cfr. MADARIAGA, Juan José de: Bernal Díaz y Simón Ruiz de Medina del Campo. Ediciones de Cultura Hispánica. Madrid, 1966. Págs 323 y s.

[3] Cfr. Ibíd., pág.325

[4] LAPEYRE, Henri: «La vida privada de Simón Ruiz», capítulo de la edición compendiada y traducida de Une famille de marchands: les Ruiz. Publicaciones de la Cámara Oficial de Comercio e Industria. Valladolid, 1971. Págs. 3 y 4.

[5] VV.AA.: Mercaderes y cambistas: Emilio Olmos Herguedas: «Simón Ruiz: Mentalidad y vida cotidiana». Catálogo de la Exposición. Taller de la Imagen. Coordinación de textos: Antonio Sánchez del Barrio y Emilio Olmos. Medina del Campo, 1998.Pág. 29.

[6] Valencia figura en el mapa de los cambistas ya que la moneda valenciana, como ocurría por otra parte con la aragonesa, eran distintas de la castellana.

[7] RUIZ MARTÍN, Felipe: Pequeño capitalismo, gran capitalismo. Simón Ruiz y sus negocios en Florencia. Apéndice 2. Crítica, Barcelona, 1990. Pág. 209

[8] Cfr. LAPEYRE, H.: op. cit., parte preliminar, pág. XXVII.

[9] MADARIAGA, J J. de: op. cit., pág. 332. Remite a Archivo General de Simancas, K, 1558, Carta de Juan de Vargas a Felipe II. París, 10-I-1580.

[10] LAPEYRE, Henri:, op. cit. pág. XXV.

[11] LAPEYRE, Henri: Une Famille de Marchans, les Ruiz. Librairie Armand Colin. París, 1955. Pág 160.

[12] VV.AA.: Arte y mecenazgo. Capítulo 10, Antonio Sánchez del Barrio, «Simón Ruiz y el Hospital General de Medina del Campo». Caja Duero / El Norte de Castilla, Valladolid, 2000. Págs.226 y s.


 
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