Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda

    Menú
· Inicio
· Presentación
· Recomendar
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 306
Martes, 31 enero a las 08:32:43

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 306 – 24 de enero de 2006

SUMARIO

  1. Apuntaciones en torno a la alarma social, por Antonio Castro Villacañas
  2. El honor de un General, por Antonio Cabrera
  3. Del discurso del Teniente General
  4. Guitarra de mesón, música y letra..., por aquilino Duque
  5. Libertad y responsabilidad, por José M. González Páramo
  6. Hay que destruir los símbolos, por José Mª García de Tuñón
  7. Estrasburgo aprueba llamar «matrimonio» a las uniones homosexuales, de Análisis Digital


APUNTACIONES EN TORNO A LA ALARMA SOCIAL
Por Antonio Castro Villacañas

Según parece, la extrema sensibilidad de los progres, sobre todo de los que además son nacionalistas, ha sido causa de que las palabras del teniente general Mena hayan disparado la alarma social en nuestro país, antes llamado España. Quienes las oyeron en el salón magno de la Capitanía General de Sevilla no se alarmaron nada, según se desprende de las noticias que sobre ellas se nos han ido proporcionando desde la tarde del pasado día 6, fiesta de los Reyes Magos que nuestros Ejércitos celebran como Pascua Militar según instauró el buen rey Carlos III. (Por cierto: la sensibilidad progresista y nacionalista, alarmada porque esa Pascua se celebre de la forma en que se viene haciendo desde hace casi 300 años, ha motivado el que más de uno de esos tontos inútiles haya pedido en público -a través de una cadena de radio, naturalmente progresista- que deje de celebrarse «porque también la usaba Franco»). Y es que no hay nada mejor que ser nacionalista y progre para promover la felicidad del pueblo soberano.

Yo, como no soy ni sociolisto ni esquerro, ni convergente ni errata, ni demócrata cristiano o ateo, he leído el discurso de referencia y puedo asegurar a mis amigos y admiradores, como también a mis detractores y enemigos, que no me ha alarmado nada: no me he sentido obligado a esconderme, escaparme, disfrazarme o pedir refugio en la más próxima sede diplomática. He vuelto a leerlo dos veces más, y puedo jurar por todos mis antepasados, honrada genealogía de muertos de hambre, que no he dado en él con nada que suene a «pronunciamiento militar», «aviso de golpe de Estado», «indisciplina», «afán de protagonismo» y demás tamborradas esparcidas por los progres de habla catalana, vasca, gallega o castellana. Que alguien lea en voz alta uno o varios artículos de la Constitución vigente, o de sus disposiciones transitorias o finales, o su preámbulo, únicamente puede alarmar a quienes no se fían de ella o a quienes quieren utilizarla como pantalla protectora de sus intereses partidistas o personales. Por más que le doy vueltas a mi cabeza no puedo entender -pongamos este ejemplo- que si un jefe de bomberos lee en público y en alta voz el reglamento ordenador de las actuaciones de su cuerpo, alguien pueda entender que con ello está insubordinándose de sus superiores (el concejal que sea, o el alcalde), a no ser que el sensible de turno piense que cuando se recuerda la conveniencia o la necesidad de que los bomberos intervengan siempre que existan indicios serios y claros de inundación o incendio, quien tal haga acusa con ello a los políticos de incendiarios o anegadores...

Y añado: por cierto, ¿qué actitud deberían tomar los pobres bomberos si fuera verdad que la inundación o el fuego hubieran sido provocados, iniciados o extendidos por sus mandos no profesionales? ¿Deberían cruzarse de brazos y dejar quemarse las casas o encharcarse caminos y campos? Vuelvo a repetir: yo no soy sociolisto, pepino, progre, errata, esquerro, verde, convergente, nazi, o cualquier otra cosa semejante a estas partidas subvencionadas por el Estado. Por eso llevo bastante tiempo alarmado por otros fenómenos sociales y políticos que el Reino, el Estado, el Gobierno, el Parlamento y los vividores consienten -cuando no alientan- a pesar de que con toda evidencia son anticonstitucionales y ofenden la esencia de lo que es y representa España. Pongo algunos ejemplos: 1) el que en Vasconia, en Cataluña, y muy pronto en Galicia, se posponga o menosprecie la bandera de España; 2) el que se haga lo mismo con la lengua española; 3) el que se permita la exhibición de banderas anticonstitucionales, preconstitucionales o separatistas; 4) el que se autoricen o toleren actividades de personas, grupos u organizaciones condenadas por los tribunales; 5) el que se consienta figuren en la bandera y el escudo de una entidad autónoma (Vasconia) símbolos propios de otra (Navarra); 6) el que nuestro Jefe de Estado no pueda visitar con normalidad y de hecho ciudades y territorios españoles; 7) el que dirigentes políticos y sindicales nuestros, cuando dejan de serlo, pasen a ser asesores y colaboradores de capitalistas extranjeros con negocios en España; 8) el que cada año aumente el número de abortos, de delincuentes, de estafas, de drogadictos y borrachos...; 9) el que cada día se incremente más la distancia política, social y económica que existe entre las clases privilegiadas (ricos y políticos) y las normales (trabajadores de cualquier clase)... Podría citar algunos ejemplos más, pero me parece que por hoy está bastante claro lo que a mí me alarma de cuanto sucede en este país, cada vez más y más alejado de ser España.
 

EL HONOR DE UN GENERAL (¡Hasta ahí podíamos llegar!)
Por Antonio Cabrera

«El oficial cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio (...) el contentarse regularmente con hacer lo preciso de su deber, sin que su propia voluntad adelante cosa alguna, y el hablar poco de la profesión militar, son pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas».

Así resumían las Ordenanzas de Carlos III (1768) las virtudes castrenses que debían adornar al Oficial. Y así las recoge textualmente el artículo 72 de la Ley 85/1978, de Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, en vigor desde su aprobación por el Congreso y Senado, y posterior sanción Real, el 28 de diciembre de 1978.

En el paleolítico castrense, o sea antes de que Rodríguez Zapatero se encaramase al trono monclovita y desde su púlpito nos prometiera el gozo de su «democracia ejemplar» -la del falso talante dialogante, el consenso sectario en contra de los intereses generales y el absoluto desprecio a las libertades-, los altos mandos militares, la cúpula militar -como ahora se dice-, tenía, además de sus misiones específicas, la función esencial de servir de puente entre el poder político y las aspiraciones, las inquietudes, o las quejas de los militares bajo su mando. Como corresponde a un sistema jerárquico, cada jefe era el mejor representante sindical, o el más leal abogado laboralista de sus subordinados.

Ahora, en un viaje de vuelta, parece que la cúpula militar -el Mando-, ya no debe trasmitir el estado de opinión de sus subordinados. Ni velar por sus intereses, ni por su moral. Ni informar de sus preocupaciones, ni las de la sociedad de la que forman parte. Ahora -sálvese quien pueda-, el Mando debe modular sus propias aspiraciones y proclamar, alborozado, las opiniones, las inquietudes y los deseos del ministro Bono, aplicando a sus subordinados el tormento de su verborrea y su insufrible adoctrinamiento político.

Así se explica que no se tengan noticias de que los anteriores JEMAD, JEME, JEMA o AJEMA trasmitieran a Bono el malestar, el desconsuelo, y hasta la vergüenza, que han sentido amplios sectores de las Fuerzas Armadas tras nuestra ignominiosa retirada de Iraq, dejando en la estacada a sus aliados de las Fuerzas de la coalición internacional. Ni sus quejas por la perversa instrumentalización política que hizo Bono del desgraciado accidente del Yak-42, ni sobre sus abyectas acusaciones en el Congreso contra del anterior Estado Mayor de la Defensa, Aznar y su Gobierno. A lo mejor por eso Bono, siempre tan «católico», nada más aterrizar en el ministerio de Defensa decapitó a la anterior «cúpula». Para evitarle sufrimientos inútiles.

Nombrada su cúpula, prietas las filas, con un zalamero JEMAD -Félix Sanz Roldán- a la cabeza, todo estaba atado y bien atado. Y en esto llega el teniente general Mena Aguado, Jefe de la Fuerza Terrestre y número dos del Ejército, y se le ocurre «dar la cara» por su gente. Tiene el general la desfachatez de recurrir a la Constitución, no al caballo de Pavía. Y va y transmite oficialmente, en un acto castrense, con luz y taquígrafos, ante autoridades civiles y militares, el estado de opinión, el sentir y la preocupación de sus subordinados por la gravísima deriva -el adjetivo lo pongo yo, y conmigo muchísimos españoles más- que para el rumbo del Estado supone el Estatuto de Cataluña. Y se arma la de Dios es Cristo. ¡¡Hasta ahí podíamos llegar!! que diría, pleno de ardor democrático, el todavía ministro de Defensa, compendio enciclopédico de todas las hipocresías y de todos los cinismos imaginables.

Es igual que el general Mena haya dicho lo mismo (aunque se le haya entendido bastante mejor) que lo que ha repetido el Rey hasta tres veces desde que el Congreso admitió a trámite el Estatuto de Cataluña. O lo que dijo el mismísimo José Bono en la Academia de Infantería de Toledo. O cuando el JEMAD, teniente general Sanz Roldán, sólo cuatro días después de que el Parlamento catalán aprobara el proyecto de Estatuto, advirtiera que entre los militares existe «un gran interés» -curiosa descripción la del Jefe del Estado Mayor de la Defensa- para que España «siga siendo patria común e indivisible». Los nacionalistas catalanes, siempre atentos, armaron un gran revuelo. El ministro y bachiller Montilla, indignado, trató de descalificar las palabras del JEMAD, pero entonces Bono salió en su defensa argumentando que los militares «no son mudos ni podemos tampoco taparles la boca». ¡Qué sarcasmo, Sr. Bono!

Aquellas declaraciones del ministro de Defensa en TVE que han puesto de manifiesto el valor, tan cambiante, de su palabra no tienen desperdicio. Dijo Bono entonces:

«Aspiro a decir cosas que tengan sentido común, y dije, y desde luego reitero, que yo no puedo sentirme molesto porque un militar coja la Constitución, la lea y la defienda. Lo que me preocuparía es el militar que no quiere leer la Constitución porque está en contra de ella. Aquí en este país nos ha preocupado siempre cuando los militares no han sido constitucionalistas. Pero claro, que los militares se declaren defensores de la Constitución, pues sólo faltaría que les arrestara el ministro de Defensa por defender la Constitución, la igualdad, por defender los valores constitucionales. ¡¡Hasta ahí podíamos llegar!!».

Claro que entonces todavía no se había materializado, al menos públicamente, la traición de Rodríguez Zapatero a la soberanía nacional. Ahora, por el contrario, las palabras del teniente general Mena han provocado su juicio sumarísimo y su unánime fusilamiento, político y mediático. Sólo faltaría que la sociedad española saliera de su letargo, que las instituciones del Estado, bajo el mandato del pueblo soberano, reaccionasen haciendo algo en su defensa y que pusieran en riesgo el tan largamente acariciado proyecto separatista catalán. Precisamente ahora que, protegidos por ZP y de la mano de Rubalcaba, en secreto y al margen del Parlamento, estamos a punto de acordar cómo aniquilamos la nación española, como la colonizamos y como nos repartimos sus despojos. ¡¡Hasta ahí podíamos llegar!!
 

DEL DISCURSO DEL TENIENTE GENERAL
Parte del discurso del General Mena Aguado que motivó el arresto y la destitución como Jefe de la Fuerza Terrestre del Ejército.

Por razón del cargo que ocupo no debo, en actos como éste, expresar mis opiniones personales.

Pero sí tengo la obligación de conocer los sentimientos, inquietudes y preocupaciones de mis subordinados y transmitirlos, como es habitual, a la máxima autoridad de mi Ejército, y hacerlos públicos, por expreso deseo de aquéllos.

En mis visitas a las Unidades durante los últimos meses, he podido constatar que las dos grandes preocupaciones de los Cuadros de Mando y Militares Profesionales de Tropa son el terrorismo y el futuro de la unidad de España. El esfuerzo principal en la lucha contra el terrorismo corresponde a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y al Centro Nacional de Inteligencia. Las Fuerzas Armadas están permanentemente dispuestas a colaborar en la medida que se les pida.

La preocupación por la unidad de España se ha desatado con la presentación del proyecto del «Estatuto de Cataluña».

La historia se repite. Basta leer los discursos de los Diputados Companys, Ortega y Gasset y Azaña cuando en mayo de 1932 las Cortes españolas debatieron el Estatuto de Cataluña. Curiosamente, el entonces Diputado Azaña, que fue un firme defensor del Estatuto de Cataluña cambió radicalmente su visión del Estado y su actitud cuando alcanzó la Presidencia de la República, propugnando un Estado Regional, antecedente del actual Estado de las Autonomías.

En todas mis visitas a las Unidades he aprovechado los encuentros con Cuadros de Mando y Tropa, para transmitirles un mensaje de tranquilidad, no exenta de inquietante preocupación.

Siempre he recalcado que los militares no debemos entrar en disquisiciones políticas que, lógicamente corresponden a los políticos.

Ahora bien, es nuestra obligación alertar de las graves consecuencias que podría conllevar la aprobación del Estatuto de Cataluña, en los términos en que está planteado, tanto para las Fuerzas Armadas, (como institución), como para las personas que las integran, en tres aspectos verdaderamente preocupantes para nosotros.

El primero es el concepto de nación, en el que no voy a entrar porque el artículo 2 de la Constitución Española lo expresa clara y rotundamente: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas».

El segundo es el de la lengua. El hecho de que en una Autonomía sea exigible el conocimiento de su lengua particular es una aspiración desmesurada que obligaría en las Fuerzas Armadas a regular los destinos a esa Autonomía de la misma forma que actualmente se regulan los destinos en el extranjero. Es decir, que los destinos a Cataluña, País Vasco y Galicia estarían supeditados a la voluntariedad de los militares que quisiesen acreditar el conocimiento de la lengua que fuese exigible en cada Comunidad.

El tercero está relacionado con la justicia. Las Fuerzas Armadas están desplegadas en todo el territorio nacional. La actual independencia de los Tribunales de Justicia de las Autonomías crea graves problemas en las Fuerzas Armadas al producir sentencias dispares para hechos similares que, (sin estar incursos en el ámbito estrictamente castrense, cuyo tratamiento corresponde a la jurisdicción militar, según el artículo 117, apartado 5 de nuestra Constitución), afectan al régimen interior de las Bases, Acuartelamientos o Establecimientos militares y a las expectativas profesionales de cada uno de los componentes de las Fuerzas Armadas. Este problema se agravaría mucho más con la aparición de poderes judiciales autonómicos, independientes del Estado.

Afortunadamente, la Constitución marca una serie de límites infranqueables para cualquier Estatuto de Autonomía. De ahí mi mensaje de tranquilidad. Pero, si esos límites fuesen sobrepasados, lo cual en estos momentos afortunadamente parece impensable, sería de aplicación el articulo 8º de la Constitución: «Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército de Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad y el ordenamiento constitucional».

No olvidemos que hemos jurado, (o prometido), guardar y hacer guardar la Constitución. Y para nosotros, los militares, todo juramento o promesa constituye una cuestión de honor.
 

GUITARRA DE MESÓN, MÚSICA Y LETRA
Por Aquilino Duque

En 1812 se dio cita en Cádiz, única ciudad de España no sometida a los ejércitos invasores, todo lo mejor que en el plano intelectual y moral podían aportar los «españoles de ambos hemisferios» y entre todos elaboraron la que pasa por ser la primera de nuestras Constituciones, llamada La Pepa por haberse promulgado el día de San José. Esa Constitución era una mezcla de despotismo ilustrado y utopías jacobinas, en el sentido de que por un lado pretendía que las Cortes compartieran, en el peor de los casos, el poder con el Trono y el Altar, y en el mejor, que los suplantaran. De lo que no se quiso saber nada fue de lo que con el tiempo se llamaría «el pueblo soberano», y éste reaccionó gritando «¡Vivan las caenas!» después de haber gritado «¡Viva la Pepa!». Hacían bien los constituyentes gaditanos en no fiarse del «pueblo». No creo que tampoco tuvieran muy presente al «pueblo» los que yo llamo los siete sabios de Gredos, padres a escote de La Nicolasa, como la llamo yo por haberse promulgado o votado el día de San Nicolás. Ese día no estaba yo en España y me ahorré votar negativamente, como tenía pensado y anunciado, y es que del mismo modo que esos siete sabios a lo mejor no se fiaban del «pueblo», yo no me acababa de fiar de los siete sabios. No fui el único. Mis recelos debieron de compartirlo los diez millones largos de españoles -tantos como luego blasonaría de contar como votantes el partido de la derecha vergonzante- que votaron NO o se abstuvieron, cosa que dan por olvidada los que hoy proclaman que La Nicolasa salió «por aplastante mayoría». Aparte de tener presente la calamitosa historia constitucional de nuestra patria, los argumentos del millón y medio que dijo NO y los nueve millones y pico que no dijimos nada podrían resumirse en algo que por entonces escribió en ABC Juan Luis Calleja: «Con ella [con La Nicolasa] en la mano vale la unidad de España y vale descuartizarla; vale el apoliticismo del Ejército y vale su sindicación política; vale la familia y valen sus disolventes; vale la libertad de empresa y vale el imperio económico del Estado; valen el liberalismo y el colectivismo; la libertad de enseñanza y su protectorado; la Justicia y la demolición del procedimiento. Vale la moral católica y vale asfixiarla en la calle; vale la objeción de conciencia y vale la imposición a las conciencias; vale la consulta por referéndum y vale ahorrarse la consulta; las parejas legales y las ilegales, y se consideran lícitas las consecuencias de lo ilícito».

Dicho por lo fino y por lo machadiano, La Nicolasa amenazaba ser una especie de «guitarra de mesón, que hoy tocas jota, mañana petenera», amenaza nada gratuita, como se vio para no ir más lejos en el caso de Andalucía, a la que se otorgó la categoría de autonomía de primera pese a no haber obtenido más votos que los requeridos para ser autonomía de segunda. De ahí a la negativa a aplicar la ley por motivos de «prudencia política» hay un largo rosario de trampas jurídicas hechas por los mismos que hicieron la ley de leyes. Ya sé que, según su letra, España es la patria única e indivisible de todos los españoles y que éstos tienen el derecho de usar su lengua y el deber de conocerla, pero otra cosa es la música dodecafónica que a la guitarra del mesón llevan un cuarto de siglo sacándole con sus sucias manos los arrieros de la democracia.
 

LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD (A tenor de lo expuesto por Joseph Ratzinger en Verdad, Valores y Poder)
Por José M. González Páramo

La libertad no es el capricho, el daño al otro, el crimen, el azar, el impedir las leyes internacionales justas necesarias para evitar la explotación del hombre por el hombre. Está relacionada con el reconocimiento, los dones para la realización personal, familiar, para el destino irrepetible de cada ser. El liberalismo lleva al libertinaje o el juego con los dioses menores: el dinero, el placer, el éxito. La libertad no es la desobediencia a la autoridad legítima, el desprecio a los preceptos, el encaminarse a la perdición, la culpa grave moral o jurídica, la tiranía de errores y pasiones, el falso progreso, la arbitrariedad, la excesiva práctica de hablar y escribir, negar las normas,… todo eso es abuso o vacío jurídico de derecho (Ihering). Hay un orden de valores que puede o no ser respetados. Sin aceptar las opiniones falsas, la voluntad de mal, el hombre como ser autónomo que socavaría su dignidad y libertad; el ateísmo tecnológico, la prosperidad y la grandeza están en relación con el mal. La libertad es elemento fundamental de la convivencia. La crisis de los derechos humanos está en la absorción de los derechos individuales, o en negar la asociación entre ellos. Ciertas ideologías disuelven la libertad y crean la libertad residual del comunismo y los caprichos despóticos. Para desplegar las libertades, según la DSI, son: 1. Máxima libertad. 2. Elasticidad política. 3. Respeto total al bien común y a los derechos y bienes ajenos. 4. Legislación y gestión. (Ratzinger)

Libertad, ¿para qué? Lenin desde la inmanencia creó los residuos de libertad, los que quedan después de obedecer todo lo regulado. El liberalismo promueve la libertad vacía de posibilidad para la generación del destino propio para el cual no vale la democracia formal e insuficiente. La democracia  cristiana promueve el mejor destino e incluye la libertad de expresión. La libertad de pensamiento orientado a la verdad, la divinidad, la libertad religiosa de creer o no creer y su plasmación jurídica, y supone inmunidad en materia religiosa según el Concilio Vaticano II. Las libertades modernas aceptables bajo la responsabilidad de llegar a ser el que tiene que ser según los dones y en su juego. El hombre  libre es un acorde a esa sinfonía que componen los seres que eligieron el bien y asumieron lo indeseable.

El mínimo de verdad y bien, si se manipula se envilece. Hay modelos positivos de relación de las religiones. Son de distinto calibre. El fundamento de la fe razonable es cierta evidencia compartida sin la cual ninguna sociedad puede subsistir. La Iglesia, exterior al Estado, no debe ser Estado. Ambos deben estar en su lugar y su postura. La Iglesia debe ser  savia para todos.

La Fe cristiana es la cultura religiosa «más universal y racional». La ciudad de Dios no es mera sublimidad ideal. Es la norma a la que ajustamos nuestra vida, nuestra esperanza. Apostamos por la tierra pero no dejamos «el cielo para los gorriones» como interpreta Bretch. La Iglesia se opone a los despistes y sabe los límites. La Iglesia no aspira a ser Estado u orden del tiempo histórico con derecho que ella acepta. Al exigir la leal colaboración del Estado y el respeto a su peculiaridad y límites, la Iglesia hace buenos al Estado. Pero también pone una barrera a su «omnipotencia».

Donde se genera el  mal, en las mentes y estructuras del mal, la Iglesia resiste. Los hombres que exigen todo al Estado, lo destruyen y derriban. Lleva la esperanza a la pasividad y límites; el Estado es parte, no todo.

La libertad es el más alto don instrumental para realizar nuestro destino. Hacer lo que queremos mientras no excluyamos la libertad de los demás es una frontera insuficiente: en este tiempo anarcoide se olvida que la libertad del otro no impide dañar, no deja de crear el bien. La libertad puede dirigirte a lo santo, a lo tibio, al injusto lucro a cuenta de otro, sin faltar a los cánones liberales y jurídicos positivos.

Fundamental para la convivencia, la libertad deja de ser tal si se emplea en las decisiones, las estructuras del mal y las violaciones salvajes de ella misma. La libertad debe ser máxima o elástica, creadora de interés general y sentirse protegida por la autoridad. El hombre libre está obligado a buscar la verdad y orientarse a Dios o el equivalente funcional. Ser libre implica, por su dinamismo, el empuje del ser a los valores más altos del espíritu. Subsidiariamente relacionada con todo se fundamenta en la verdad, la justicia y el amor.
 

HAY QUE DESTRUIR LOS SÍMBOLOS
Por José Mª García de Tuñón

Raro es el día que la prensa no recoja las aspiraciones de la izquierda española que desea que desaparezcan todos los símbolos franquistas. Recientemente, IU ha pedido la retirada definitiva de los elementos conmemorativos de la Gesta de Oviedo, aprovechando las obras para construir un aparcamiento bajo la plaza del mismo nombre. Sin embargo, la izquierda en general  no ha tenido ningún reparo en levantar un monumento en recuerdo de una joven combatiente de la Revolución de Asturias donde como todos sabemos fueron asesinados 34 religiosos, además de otras barbaridades que están en la mente de todos.

Tampoco debemos olvidar que Izquierda Unida y el Partido Socialista Obrero Español presentaron formalmente al Congreso de los Diputados, del 9 de septiembre al 4 de octubre de 2002, proposiciones no de ley para crear la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica  que, dicho sea de paso, no deja de ser un concepto espurio porque la Historia, en lo que tiene de ciencia, no es efecto de la memoria, ni tiene que ver con la memoria más de lo que tenga que ver la Química o las Matemáticas, por ejemplo. La memoria histórica que de manera contradictoria propone borrar un retrato o retirar un busto de algunos de los ministros que tuvo Franco, o que propone retirar del callejero de una ciudad los nombres de los «golpistas» que se alzaron contra la República; una memoria histórica que, por otra parte, no pide eliminar los nombres de otros golpistas contra la República, los de octubre del 34 que ya hemos citado, como fueron Ramón González-Peña, Belarmino Tomás, Santiago Carrillo, Largo Caballero, Indalecio Prieto, etc.

Vistas así las cosas, uno echa de menos aquellas declaraciones de Felipe González cuando en julio de 1975, a pesar de las presiones que tenía de gente de su partido que le pedía retirara del Palacio de la Moncloa una placa que recuerda, «con la parafernalia del franquismo», que fue restaurado en época de Franco, contestó que no lo hacía «porque es verdad que fue así». Es de suponer que con el nuevo inquilino, la placa habrá desaparecido.
 

ESTRASBURGO APRUEBA LLAMAR «MATRIMONIO» A LAS UNIONES HOMOSEXUALES
Análisis Digital

20/01/2006

Desde el Tribunal de Estrasburgo se ataca de nuevo a la verdadera familia, constituida en la base del matrimonio entre un hombre y una mujer. El documento aprobado ayer no es vinculante pero sí puede servir como anticipo de lo que se avecina.

La resolución pide a los países que reconozcan a las uniones homosexuales o de lo contrario les advierten de que pueden ser sancionados. El texto, que fue propuesto por los socialistas, pide que se «proteja a las lesbianas, gays, bisexuales y transexuales contra cualquier signo homófono», como recoge el artículo 13 del Tratado Comunitario.

Los eurodiputados exigen, de esta manera, que se admita que la homofobia «es un miedo y una aversión irracional que va en contra de los homosexuales y los gays, las lesbianas, los bisexuales o los transexuales basada en el prejuicio y análoga al racismo, a la xenofobia, al antisemitismo y al sexismo».

Con esta política son las altas esferas de Europa quienes deciden lo que debe o no ser y castigarán a quienes no entiendan el matrimonio como la unión entre dos hombres o dos mujeres sino que consideren que el verdadero matrimonio sea el formado por un hombre y una mujer y el lugar más apropiado para la concepción y educación de los hijos.

El tema, sin duda, producirá controversia sobre todo porque se sigue atacando a la Iglesia. Bruselas arremete contra los valores fundamentales de una parte de la sociedad que se siente cristiana.

En la actualidad, la Unión Europea carece de una Ley que obligue a cumplir las normas dictadas por la Comisión pero si se aprueba finalmente el actual proyecto de Constitución Europea, concretamente, esta legislación por tratar «derechos humanos» se aplicaría a todos los estados miembro con carácter obligatorio.

El vicepresidente de la Comisión, Franco Frattini, el pasado lunes echó una mano al lobby gay y advirtió a los Estados miembros de que el Parlamento Europeo sancionaría a todos aquellos que no aprobasen los «matrimonios» o uniones entre personas del mismo sexo. Si esto se cumpliera, la «homofobia» se convertiría en delito.

Nuevas propuestas planteó también para disminuir la discriminación hacia las personas homosexuales. Se trataría de constituir una «Agencia Europea para los Derechos Fundamentales» que serviría para «castigar» a todos aquellos que no equipararan a los quienes lo incumplieran.

En contra de la resolución se manifestaron once eurodiputados del Grupo Independencia Democrática, en su mayoría polacos, y casi un centenar de miembros del PPE, entre ellos los españoles Jaime Mayor Oreja y Cristina Gutiérrez-Cortines.


 
    Opciones
· Versión Imprimible
· Enviar a un Amigo
    Otros enlaces
· Más Acerca de El Risco de la Nava


Noticia más leída sobre El Risco de la Nava:
El Risco de la Nava - Nº 124


Hermandad del Valle de los Caídos (hermandaddelvalle.org)
Colaboraciones, comentarios, sugerencias: