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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 332
Miércoles, 19 julio a las 00:35:24

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 332 – 18 de julio de 2006

SUMARIO

  1. Los complejos de la derecha, Antonio de Oarso
  2. Apuntaciones en torno a la identidad, Antonio Castro Villacañas
  3. Leguina cree que la negociación con ETA viene de atrás, José Mª García de Tuñón
  4. La serpiente de verano: España como sujeto histórico, Minuto Digital
  5. Batasuna le resucita a Zapatero un polémico asunto sobre Navarra, Javier Oyarzábal


LOS COMPLEJOS DE LA DERECHA
Antonio de Oarso

¿Está la derecha condenada a avergonzarse siempre de sí misma? Esta pregunta surge de la observación de su falta de ánimo en defender los valores que tradicionalmente se le han atribuido. Esto viene ya de antiguo. El proceso comenzó posiblemente a principios del siglo XX con el cuestionamiento de la moral victoriana, y no hizo más que avanzar durante el siglo con el sucesivo desmoronamiento de los valores tradicionales, alcanzando su clímax en los años sesenta y posteriores, mostrando a una derecha cada vez más medrosa y dispuesta a adaptarse a los nuevos tiempos, abandonando u ocultando sus principios.

En el antivictoriano Grupo de Bloomsbury, con su Virginia Woolf, John M. Keynes, Lytton Strachey, E. M. Forster, Bertrand Russell, Clive Bell y demás, se observan ya los elementos que caracterizan al «progresista» moderno: odio al Imperio, pacifismo, desprecio a la religión y a la patria, individualismo, particularismo… y homosexualidad. Esta última estimulada en parte por el deseo de transgredir la moral tradicional. En este círculo estaba la semilla de lo que floreció plenamente cinco décadas después, en los años sesenta. Entonces se trataba de una elite, cuya influencia fue modesta de momento.

Un golpe devastador para la derecha burguesa fue el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, que tuvo muy poco de grandiosa, pese a los bellos delirios estéticos de S. M. Eisenstein. En aquel golpe de Estado no hubo grandes masas que se rebelaran contra la tiranía, ni hazañas titánicas, sino la ocupación de puestos clave por parte de un limitado número de personas con un también limitado número de muertos. Éstos ya vendrían después. Lenin confesó más tarde, en unos de sus raros momentos de franqueza, que aquella revolución sólo se podía haber dado en un país como Rusia. Pero el efecto de esta victoria sobre el pensamiento europeo fue inmenso. Al poco, triunfó Mussolini en Italia, y la intelectualidad se dividió a favor del comunismo o del fascismo. En aquella época, años veinte y treinta, las ideas liberales burguesas iban declinando y parecían destinadas a desaparecer. No ocurrió así, pues los fascismos fueron destruidos en la II Guerra Mundial, y la Unión Soviética se derrumbó cuarenta y cinco años más tarde, con lo que el comunismo desapareció como opción económica válida. Parecía que la derecha liberal burguesa era la lógica beneficiaria. Pero desde la llegada de Franklin D. Roosevelt a la Presidencia de Estados Unidos a principio de los años treinta, con la consiguiente ocupación por parte de «liberals» izquierdistas de toda la Administración, se había ido produciendo un fenómeno de cambio en las ideas de la sociedad liberal burguesa que iba dejando arrinconada en este terreno a la derecha tradicional. El cambio se había desarrollado fundamentalmente en el campo de la moral y las costumbres, afectando directamente a la cultura, transformándola. Siguiendo conscientemente o no la teoría marxista de Antonio Gramsci, quien preconizaba que había que atacar directamente y sin demora la cultura burguesa sin esperar el advenimiento de la dictadura del proletariado, se estima que los componentes de la Escuela de Frankfurt (M. Horkheimer, H. Marcuse, W. Benjamin, T. Adorno, E. Fromm, etc.) tuvieron un papel muy relevante en este cambio de cultura tanto en América como en Europa. La última vuelta de tuerca se dio en los años sesenta con la revolución contracultural. En estos momentos, estamos viviendo el resultado de estos ataques profundos a la tradición cristiana occidental. Quedan sólo residuos de la antigua moral victoriana, la cual, si bien toma su nombre de la reina Victoria de Inglaterra, lo cierto es que estaba vigente más o menos en todo el mundo occidental en sus líneas esenciales.

En el presente, los medios de comunicación (cine, televisión, Universidades, Editoriales, Prensa y Radio) están fundamentalmente en manos «progresistas» e izquierdistas, que detentan también la mayor parte del poder económico. La auténtica derecha, la clásica, la conservadora liberal, ha quedado muy disminuida. Se ha convertido en una derecha vergonzante, puesto que, ante la presión ambiental, no se atreve ya a defender los tradicionales valores cristianos que eran su patrimonio ideológico. En muchos de sus componentes anida el deseo de ser considerados también «progresistas», y esto les empuja a desempeñar un papel muy ridículo y lamentable. Más deplorable es aún la posición de las Iglesias, tanto la católica como las protestantes, que, salvando las excepciones de rigor de las altas jerarquías, están muy lejos, debido a su amilanamiento o a su participación en el pensamiento secular, de atreverse, no digo a combatir, ni siquiera a criticar levemente esta situación.

En España, donde las tendencias, las malas tendencias, de Europa se crispan y exageran, tenemos el caso curioso de un Presidente que, llegado al Poder a impulso de causas anómalas, empuja y acelera de forma enloquecida el proceso disolvente de la nación tanto en el campo político como en el moral. Y la derecha está más acomplejada que en ninguna otra nación de Occidente, pues el fantasma de la dictadura le sigue atosigando.

Parecería que la derrota final de la derecha está asegurada. Sin embargo, existen algunos datos externos que permiten la duda: en Estados Unidos se desarrolla una reacción muy fuerte que está consiguiendo triunfos importantes; en España se han dado manifestaciones de protesta de enormes dimensiones…

Y es que hay algo intrínseco al proceso disolvente con lo que creo que hay que contar: que es profundamente antinatural. Tanto el aborto como la unión sodomítica, que son las más graves consecuencias de la ideología que ha ido imponiéndose, constituyen transgresiones frontales de la ley natural. Sabemos que los «progresistas» niegan la existencia de tal ley. Pero los que pensamos que sí existe nos hacemos la pregunta: ¿puede una sociedad seguir un camino aberrante y permanecer próspera y tranquila por tiempo indefinido? Parece imponerse la respuesta negativa.

Es necesaria, por tanto, la recuperación de los principios tradicionales y esta tarea de regeneración le corresponde a la derecha (guste o no al mayoritario clero «progre»). La batalla partidaria ha de darse en el terreno moral más que en el de las ideas económicas, pues aquí apenas hay diferencias entre derechas e izquierdas. El acomplejamiento debe cesar necesariamente. Si es el miedo a perder votos lo que paraliza, conviene recordar que  George W. Bush (guste o no este señor) ha ganado por dos veces la Presidencia de Estados Unidos gracias al voto decidido de la «Mayoría moral».
 

APUNTACIONES EN TORNO A LA IDENTIDAD
Antonio Castro Villacañas

Los «progres» son unos seres que reivindican con ardor el derecho de cada individuo a buscar, poseer y gozar su propia identidad. Aún más: piden que se reconozca su derecho a disfrutar de una identidad provisional, la que corresponda a cada etapa de su vida, porque los humanos evolucionan y cambian de convicciones, de costumbres, de creencias, de simpatías, de fobias, etc. Es decir, si bien se mira, los «progres» son unos seres que carecen de una verdadera identidad, o cuya identidad consiste en irse transformando a lo largo de su vida, de manera que hoy son diferentes a como fueron ayer, y seguramente mañana serán como hoy, como ayer, o como más les apetezca o convenga...

Los conservadores –también conocidos como gentes de derechas, fachas o retrógados– son aquellos que creen en la existencia de una fundamental identidad personal fija, basada en la pertenencia a una religión, una lengua, una nación, una raza... Las circunstancias que condicionan las peripecias de cada vida pueden modificar algunos aspectos exteriores de su propia personalidad, pero ésta en lo fundamental no cambia. El «yo soy yo» aunque esté metido dentro de muchos semejantes, parece ser una verdad tan evidente que los «progres» no se atreven a negarla, pero la atacan diciendo que sólo existe la identidad personal de cada individuo. Para ellos, carece de identidad cualquier clase de persona colectiva: no existen ni alemanes ni madridistas, ni musulmanes ni católicos, ni taurinos ni futbolistas...

Existieron –dicen–, y de un modo relativo, en los albores de la humanidad, dentro de un mundo lleno de misterio y peligro para el individuo, cuando el ser humano era tan solo una parte de su tribu. Gracias a ella sobreviviría, pero en cuanto comienza el progreso humano y el hombre se desanimaliza, el individuo se va desgajando de la tribu, se diferencia cada vez más de sus semejantes y afirma su singularidad en múltiples ámbitos, de modo que las identidades colectivas dejan de ser realidades y se vuelven ficciones. O, en todo caso, pasan a constituir una generalización tan vasta, una abstracción tan alejada de lo que significa formar parte de una comunidad humana, que acaban por excluir y cercenar –siempre– mucho más de lo que expresan y contienen.

Hasta aquí la opinión de los «progres» conspicuos y magistrales, según recojo casi textualmente de uno de ellos.

No discuto sus tesis. Me limito a decir que si fuera verdad lo que los «progres» afirman, tendrían que explicarnos la razón de que todos ellos se apresuren a formar parte de cierto tipo de tribus políticas y de unos concretos círculos sociales, que por lo general les proporcionan una muy determinada clase de vida, en verdad no muy sacrificada.

Y también, una vez puesto a pedir, me gustaría mucho que esos mismos «progres» explicaran el porqué –si no existen ni hacen falta las identidades colectivas– a lo largo del reciente campeonato mundial de fútbol hemos visto lo que hemos visto en los estadios y en las calles alemanas y en muy concretas, civilizadas y progresistas colectividades europeas.
 

LEGUINA CREE QUE LA NEGOCIACIÓN CON ETA VIENE DE ATRÁS
José Mª García de Tuñón

Aunque el presidente Rodríguez Zapatero quiere aparecer como el gran pacificador olvidándose de las víctimas de Eta, y sigua negando que incluso los contactos con la banda terrorista venían de cuando el Partido Socialista estaba en la oposición, el que fue presidente de la Comunidad de Madrid, el socialista Joaquín Leguina, actualmente diputado en las Cortes Generales por el mismo partido, sobre los posibles contactos con la banda terrorista Eta previos al proceso de negociación, ha declarado la semana pasada a un diario de Oviedo que cree «que alguna conversación ha tenido que haber. No sé a qué nivel, pero conversaciones ha tenido que haber porque –sigue diciendo Leguina– la declaración del alto el fuego de Eta era muy políticamente correcta, y a estas bestias no se les ocurre hacer nada políticamente correcto». Esta opinión se suma a la del líder de la oposición que exige a Rodríguez Zapatero dé explicaciones sobre lo que está haciendo porque millones de españoles están convencidos que el Gobierno ha llegado hace tiempo a algún tipo de acuerdo con la banda terrorista.

Por otro lado, sobre las reformas que muchas autonomías están llevando con sus estatutos y las repercusiones que pueden tener, Leguina ha manifestado también: «Pues puede tener el efecto emulación –el de “yo no voy a ser menos”–, y esto puede causar que del salchichón del Estado, si cada comunidad se lleva una parte, es decir, si lo partimos entre 17, sólo va a quedar la cuerda que lo ata… Al menos la cuerda servirá para ahorcarse».
 

LA SERPIENTE DE VERANO: ESPAÑA COMO SUJETO HISTÓRICO
Minuto Digital

Durante estas fechas veraniegas siempre surge la «serpiente de verano», una noticia que ocupa un lugar privilegiado en la prensa y los telediarios. Se trata de una noticia intrascendente a la que se da una relevancia que en otras fechas nunca hubiera tenido, pues su objeto es suplir la falta de contenidos de los medios de comunicación, ya que estas fechas son poco generosas en noticias. Los españoles, sean de derechas o de izquierda, sienten el patriotismo más vivo y pujante de lo que los políticos se imaginan. Por eso quieren que alguien se atreva de hablar de la Patria como de un valor a preservar.

Sin embargo, en esta ocasión parece ser que la serpiente de verano será un tema de trascendencia para nuestro transcurrir como nación: la negociación con la Eta y, por elevación, la propia existencia de España.

Por eso, y porque la serpiente de verano es la negociación con los terroristas, no podemos dejar de comentar las declaraciones de Blanco en las que hace responsable al PP de un posible fracaso de la vía negociadora. En lenguaje forense a esto se le llama «preconstituir prueba», que es, en técnica jurídico procesal, algo así como poner la venda antes de la herida. Sin embargo, la argumentación de Blanco adolece de varios vicios. En primer lugar es tramposa, pues presupone que la negociación es buena en sí misma, y que por tanto cualquier acción que la impida o dificulte será mala. En segundo lugar, es excesivamente simplista, pues está claro que esta negociación no se aparta de las reglas establecidas a cualquier empresa de este tipo, y por ello puede fracasar por multitud de motivos. Uno de ellos, de acuerdo, pudiera ser la acción de un tercer agente no directamente implicado en la negociación, en este caso el PP. Pero también puede fracasar por una pretensión excesiva de cualquiera de las partes negociadora que la otra no pueda o no quiera conceder, o por multitud de mil incidencias más.

En cualquier caso, las declaraciones de Blanco muestran, por una parte, que el Gobierno no las tiene todas consigo, pues teme un previsible fracaso, y, por otra, anticipa la futura defensa del PSOE. Es hora, pues, de que la oposición, en este caso única y exclusivamente el PP, no existe otra, prepare también una defensa acertada si quiere contar con el apoyo de una mayoría suficiente del pueblo español. Si quiere tal apoyo deberá desenmascarar las argucias del PSOE y, lo que es más importante, deberá transmitir a los españoles lo que queremos oír: que al fin uno de los dos grandes partidos de España se atreve, sin avergonzarse, a defender la existencia real y la necesidad vital de la Patria. Los españoles honrados, los que viven de su trabajo, los que madrugan para ganarse el pan, son radicalmente españoles, algo que los hace distintos al resto de los hombres, algo que les marca desde el nacimiento. No son más que los franceses, o los ingleses, o los alemanes, o los de cualquier otra nacionalidad. Pero no son menos. Son patriotas: sí aman lo suyo como un hijo ama a sus padres sin que ello suponga mostrar desprecio a los padres de otros. Los españoles, sean de derechas o de izquierda, sienten el patriotismo más vivo y pujante de lo que los políticos se imaginan. Por eso quieren que alguien se atreva de hablar de la Patria como de un valor a preservar.

El PP es la única fuerza con posibilidades reales de poder decir, con convencimiento personal y político, lo que la gente quiere oír. Por eso, debe decir que la negociación no es un bien en sí misma y que en cualquier caso debe enjuiciarse por su resultado. Si esto es excluir, como en efecto lo es, a los no vascos de una decisión que afecta a la integridad soberana de España, tiene que decir sin miedo que su intención es hundir el proceso. Si el PP sabe mostrarse firme en la defensa de España, que esté seguro de que no sólo conservará a su electorado, sino que incluso se ganará a lo mejor del electorado socialista: hombres y mujeres que se sienten españoles antes que de izquierdas
 

BATASUNA LE RESUCITARÁ A ZAPATERO UN POLÉMICO ASUNTO SOBRE NAVARRA
Javier Oyarzábal

El Semanal Digital

Para los batasunos este verano se celebra el 75º aniversario de uno de los debates más apasionantes de la República en Navarra y en todo Euskal Herria: el debate sobre el Estatuto Vasco. Los ayuntamientos republicanos se sumaron al mismo con la adhesión de todas las alcaldías y partidos políticos. Para la izquierda abertzale aquellas actas municipales reflejan la división absoluta entre derechas e izquierdas en todos los temas excepto en el del Estatuto Vasco.

Para el grupo de Otegi sigue vigente el primer Estatuto de la Sociedad de Estudios Vascos, aprobado por la aclamación de 427 municipios en la fiesta de Lizarra del 14 de junio de 1931: «El País Vasco integrado por las actuales provincias de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya constituye una entidad natural y jurídica con personalidad política propia y se le reconoce como tal el derecho a constituirse y regirse por sí mismo como Estado Autónomo dentro de la totalidad del Estado español».

En esas celebraciones se recordarán constantemente las palabras de Constantino Salinas, el líder histórico del socialismo navarro en esas fechas: «Quiero ante todo dar la bienvenida en nombre de Navarra, saludaros en nombre de esta provincia que, como dice el artículo uno del proyecto de Estatuto que va a someterse a vuestra discusión, tiene con Álava, Guipúzcoa y Vizcaya estrecho parentesco de orden étnico, cultural, político y económicos los lazos que, a juzgar por estas incontenibles aspiraciones del País Vasco al promulgar conjuntamente por la autonomía, serán tan fuertes, que es de presumir que a lo largo de la historia venidera de las cuatro provincias no habrá vicisitudes que puedan quebrantarlas».

Asimismo pondrán encima de la mesa un escrito en el que se pedía entonces al Gobierno que no desamparase a las izquierdas navarras y procurasen «facilitar la entrada de Navarra en el Estatuto Vasco, proporcionando una mayor comunidad de fuerzas de izquierdas y de afanes de democratización social entre las cuatro provincias». Firmaban el escrito el presidente del Frente Popular Navarro y los representantes de Izquierda Republicana, Unión Republicana, Acción Nacionalista Vasca, PSOE, PCE, Juventudes de Izquierda Republicana, Juventudes Socialistas, Juventud Comunista y UGT.

Y es que revivir la «memoria histórica» puede poner colorado al presidente del Gobierno porque como nos han dicho desde Batasuna: «Una Navarra aislada y separada del resto de Euskal Herria es lo contrario de lo que defendieron las izquierdas republicanas navarras. Recordar esto es recuperar la memoria. Olvidarlo es echar más paladas de tierra sobre las fosas comunes».

Ante todo esto, ¿Qué dirá el secretario general del Partido Socialista de Navarra, Carlos Chivite? ¿Recuperará la memoria histórica o tendrá amnesia? Lo mismo que se lo preguntan los abertzales se lo preguntan los navarros. No estaría de más que se retratara.


 
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