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El Risco de la Nava
El Risco de la Nava - Nº 342
Sábado, 07 octubre a las 12:33:28

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 342 – 3 de octubre de 2006

SUMARIO

  1. Memoria histórica desde la psicología, José Manuel cansino
  2. Totalitarismo perverso, Antonio de Oarso
  3. Txema Montero evalúa el estado del «proceso de paz», Fernando José vaquero Oroquieta
  4. Apuntaciones sobre e-rratas y gudaris, Antonio Castro Villacañas
  5. Diálogo con el Islam, José Luis restán


MEMORIA HISTÓRICA DESDE LA PSICOLOGÍA
José Manuel Cansino

La última Guerra Civil española está siendo reinterpretada desde la psicología. No se trata de revisionismos hechos por pretendidos historiadores presos de sus servidumbres ideológicas. Sería una situación frecuente, en todas las banderías, pero no es el caso.

Ni siquiera asistimos a una lectura política de la tragedia, en la que los herederos políticos de los partícipes directos reivindican las virtudes de sus predecesores y las vilezas de sus contrarios. También sería imaginable, pero tampoco es el caso.

La actual revisión de la Guerra Civil se hace desde el odio de los herederos del bando derrotado, en mitad del silencio mayoritario de los vencedores. Odio y miedo son sentimientos que pertenecen a la psicología de quienes los alojan. Desde el primero se ejerce un revanchismo a la postre frustrante porque, en definitiva, hay acontecimientos históricos inmodificables. Podrán depurar exhaustivamente el nomenclator callejero, los vestigios monumentales moteados de signos de la época e incluso borrar de las imágenes de los Reyes Católicos el yugo y las flechas, convencidos de que fueron fruto de un viaje en el tiempo de los falangistas que les colaron de rondón el símbolo de la Falange a una Reina distraída con las Américas y a un Rey distraído con las cortesanas. Da igual. La Guerra seguirá teniendo el mismo final.

Posiblemente, dentro de poco, las facturaciones de psiquiatras y psicólogos aumenten con pacientes progres que, empeñados en cambiar la Historia desde el odio, acabaron cayendo en una brutal depresión. Si los primeros no estuvieran bajo el juramento hipocrático o, estándolo, le prestasen la misma lealtad que los ginecólogos abortistas, financiarían millonarias campañas de este revisionismo psicológico a expensas de su futura cuenta de resultados.

Sin embargo, el odio no campearía por sus fueros si el silencio no le hiciera el caldo gordo.

La derecha española pensaba asegurar su pacífica presencia en el nuevo orden político con el salvoconducto de la Ley de Reforma Política (LRP) de 1977. El «harakiri» de las Cortes franquistas pretendía evitar, precisamente, un revisionismo psicológico de la izquierda que les impidiese toda opción futura de poder.

Para pergeñar ese salvoconducto, las derechas volvieron a servirse de la Falange, la Falange del Régimen, pero la Falange visible al fin y al cabo. Nunca estará bien pagado el servicio que dos Primo de Rivera –Miguel y Pilar– prestarían en su más íntima convicción, al cambio político. El primero como ponente de la LRP y la segunda participando destacadamente en la votación. La Falange, que puso su sangre al peso para ganar la Guerra en un bando sobre el que tenía severas discrepancias políticas, puso también su pedigrí al servicio del cambio político. «Bien pagá, (la) llaman la bien pagá…».

Mi amigo Rafael López Diéguez se queja del silencio de los franquistas. Silencio sin el cual los revisionistas del odio no andarían engordando la cuenta de resultados de las empresas de derribos y movimientos de tierras. Que cada cual explicite sus lealtades si las conserva, que los unos engorden su miedo y los otros llenen las clínicas psiquiátricas.
 

TOTALITARISMO PERVERSO
Antonio de Oarso

La nueva proposición no de ley presentada por los socialistas en el Congreso de los Diputados da un paso más en el camino de ingeniería social que pretende modificar la estructura mental y afectiva de las nuevas generaciones. Es un nuevo ejemplo del espíritu de dominio, de matriz totalitaria, que inspira las decisiones de este gobierno seudoprogresista.

La proposición está referida al homosexualismo, tema que ostenta casi el estrellato en las preocupaciones de esta Administración. La proposición razona que no es suficiente con la «igualdad jurídica» de los homosexuales, sino que hay que desarrollar una política de fomento para que la homosexualidad no tenga trabas a la hora de expresarse. Esta política debe comenzar en la escuela, «de manera que se fomenten las capacidades afectivas del alumnado». En otras palabras, se aprobarán y alentarán los comportamientos homosexuales en la escuela. No se llega a decir que deberá iniciarse a los alumnos en prácticas homosexuales, pero cualquiera puede imaginarse que esto acabará ocurriendo en el desarrollo de la aplicación de la ley. No es necesario ser muy suspicaz para preverlo. Y es que la ola pederasta, a la que me he referido en alguna otra ocasión, empuja a tomar estas medidas, está detrás de la pretendida asepsia de los mensajes pedagógicos.

¿Qué es lo que mueve a estos pedagogos a ocuparse tanto de la educación sexual de los niños? ¿Qué males pretenden evitar? ¿Qué grandes bienes aspiran a conseguir? ¿No es bastante curiosa esa preocupación obsesiva por enseñar sexualidad a los niños? Y ahora ya no se trata sólo de enseñar, sino de estimular, promover. De nuevo, la suspicacia natural en una persona que conoce la naturaleza humana obliga a sospechar si no habrá por parte de los pedagogos y de quienes proyectan estas leyes pedagógicas alguna suerte de morbosa gratificación sexual. Desde luego, una vez se pongan en práctica estas disposiciones, que habrá abundancia de pederastia es seguro.

A los gobernantes socialistas les mueven también otras consideraciones. Su odio a la enseñanza católica es evidente y no es necesario insistir en ello. Por tanto, todo lo que sea derruir los fundamentos de la moral católica les ha de resultar atrayente. Curiosamente, no van a encontrar mucha oposición en la mayor parte del clero, aunque sí en la alta jerarquía. Al clero en general parecen interesarle otras cuestiones de carácter «social», como el equitativo reparto de las riquezas en el mundo. Está muy marxistizado y contempla la moral católica, la que debería ser su moral, con algún despego. Tampoco hay que desdeñar el porcentaje de homosexuales en sus filas, si bien minoritario. A éstos las nuevas orientaciones pedagógicas no les van a espantar.

Hay otro motivo, y quizás sea el más hondo e importante, que mueve a tomar estas directrices. La tendencia de la izquierda al totalitarismo es evidente. Siempre se ha caracterizado por querer moldear a su gusto a la sociedad. Es refractaria a la idea de la libertad individual. Siente espanto y odio hacia esas personas que con criterio propio y firmes en sus convicciones levantan su dedo acusador e inmisericorde contra cualesquiera abusos del poder. El ideal de sociedad para el socialista es aquella en que los hombres se muestren sumisos y dóciles, fáciles de convencer, fáciles de conducir.

El hombre acostumbrado a forjarse una personalidad fuerte en la disciplina, en el dominio de sí mismo, es el hombre que debe ser abatido, porque de él puede partir el peligro. La forja del hombre débil, del hombre-oveja, es lógico que sea el objetivo del totalitarismo izquierdista. Siempre lo ha sido.

El hombre librado a sus instintos, sin ninguna norma moral, es un hombre débil. A lo único que puede aspirar es a formar un rebaño tranquilo, pacífico y mediocremente feliz. A este hombre le irrita que le compliquen la existencia con consideraciones críticas de orden moral. Sigue la ley del menor esfuerzo. El hombre-masa ha sido así tradicionalmente. La ventaja de la izquierda sobre la derecha es precisamente esa. Halagando las bajas pasiones de la masa, concita la adhesión de ésta y consigue que sea maleable y obediente. Este hombre débil (si es homosexual, todavía mejor) es el que desea la izquierda que prolifere con estas disposiciones desmoralizadoras.

Es así como la perversión moral y el totalitarismo están íntima e inextricablemente unidos. Es más, la misma toma de decisiones de esta naturaleza tiene una raíz totalitaria, pues excluye a la familia de la educación de los hijos en temas morales, siendo como es la familia el ámbito natural donde se deben infundir esas enseñanzas. No son casuales, en efecto, ni poco meditados los ataques que viene asestanto el Gobierno a la familia con objetivos desintegradores, pues los totalitarismos son refractarios a la existencia de cuerpos intermedios de carácter autónomo entre el gobierno y el individuo.

Hay diversos procesos políticos en marcha. Y algunos, por su inmediatez (proceso de «paz», procesos estatutarios) disimulan, ocultan, la marcha de otros que, a la larga, pueden ser más devastadores para la vida social de la nación. Pero también hay otro motivo para la inadvertencia, y es el desdén con que estas cuestiones son consideradas por gran parte de la gente, que, al parecer, piensa que son temas morales que conciernen sobre todo a la Iglesia. Craso error y lastimosa ignorancia en toda época, pero ahora más que nunca. Hace ya tiempo que estos temas dejaron de caer dentro del ámbito de las preocupaciones de los curas, como arriba queda dicho. Estos son problemas para hombres laicos. Son problemas serios para hombres y mujeres recios que no están dispuestos a que sus hijos sean pervertidos en las escuelas. Nada positivo puede salir del mensaje de amor almibarado, lamentoso y blando que llega de los templos. No son pertinentes los quejidos temerosos, conciliadores y descomprometidos, sino las ardorosas  y valerosas denuncias. Estamos aviados si esperamos que los curas vayan a resolver nuestros problemas.
 

TXEMA MONTERO EVALÚA EL ESTADO DEL «PROCESO DE PAZ»
Fernando José Vaquero Oroquieta

Páginas Digital

El pasado 17 de septiembre, Noticias de Navarra, el diario vocero del nacionalismo «moderado» en la Comunidad Foral, entrevistó a Txema Montero; un intelectual orgánico, al servicio del PNV, que procede del mismísimo núcleo dirigente del autodenominado MLNV. Dado su excepcional conocimiento de las «dos almas» del nacionalismo vasco, aunque con las reservas que el contexto impone, valoraremos sus opiniones.

Diputado al Parlamento Europeo en 1987 y 1989 por Herri Batasuna, fue expulsado de su formación en 1992 al defender su presencia estable en las instituciones de autogobierno y la autodisolución de ETA. Es uno de los más destacados integrantes de la Fundación Sabino Arana (salvaguarda de la pureza peneuvista y «laboratorio de ideas» del viejo alderdi): patrono, responsable de la Tribuna de reflexión, y codirector de su revista Hermes. Un curriculum que respalda su incuestionable autoridad e innegable espíritu de servicio a la causa.

A lo largo de esa entrevista realiza diversas afirmaciones que bien pueden proporcionar algunas luces sobre la opaca situación del mal llamado «proceso de paz». Veámoslas. Asegura, en primer término, que los acuerdos ya alcanzados entre ambas partes no se están cumpliendo, especialmente en lo que respecta al Gobierno en política penitenciaria y puesta en marcha de la reiteradamente reclamada «mesa de partidos». En consecuencia constata que el «proceso» está estancado, debiéndose analizar –propone– si esta dificultad puede todavía superarse; dando a entender que sí.

Los tres procesos análogos anteriores (el desarrollado al inicio de la transición, Argel y Lizarra) fracasaron al no concurrir las condiciones actuales; no en vano considera que se ha alcanzado una conciencia generalizada de que el «proceso» debe ser concebido dinámicamente y en función de una precisa agenda política. En este contexto, la kale borroka, que nunca ha parado y que venimos sufriendo con repuntes, sería una «modalidad brusca» de diálogo. En sus palabras: «Tú no me acercas a los presos, yo te lanzo unos cócteles molotov y así vamos tirando».

La huelga de hambre protagonizada por De Juana Chaos sería, siempre según su opinión, un evento contemplado –autorizado por ETA, en definitiva– de modo individualizado, no pudiéndose generalizar al resto de presos de la banda; y los comportamientos públicos de Iñaki Bilbao y análogos, los valora como los de un «soldado perdido».

Existirían dos graves riesgos para el «proceso». Por lo que respecta al Gobierno, que su interlocutor ante ETA pierda su credibilidad al incumplirse determinados gestos y acuerdos. Y, ya en el seno del MLNV, que ganen espacio los enemigos del proceso; que los hay. Por ello, nada mejor que reproducir, ya que se viene hablando últimamente del riesgo de una posible escisión en ETA, un largo pero esclarecedor párrafo de la entrevista. «Lo que observo en el MLNV es que hay gente joven que cree que ellos están en disposición de escribir sobre una página en blanco la auténtica historia de la revolución vasca, alegando que todos los anteriores han acabado acomodándose, olvidándose, envejeciendo, aburguesándose y haciéndose reformistas. Luego están esos otros sectores que empiezan a ser nostálgicos de ETA, de una ETA que ellos conocieron, vivieron o participaron, una ETA potente e influyente. Estos suelen ser gente mayor, al contrario que los anteriores, gente que me recuerda mucho a los que siguen apoyando a los partidos comunistas en Europa. Estos dos sectores sí están moviéndose y ya, en puntos geográficos concretos, se les ve clamando que el proceso se acabe. Pero estos sectores que sí tuvieren mucha influencia para acabar con Argel y bastante influencia para terminar con Lizarra, no tienen tanta influencia hoy». Un criterio que coincide, en lo sustancial, con el del periodista navarro, especializado en ETA y autor de numerosos libros, Florencio Domínguez, cuando respondió el pasado miércoles 20 de septiembre en Pamplona a una pregunta nuestra al respecto. Pero con una matización de nuestro paisano: aunque existan discrepancias, ello no implica una escisión.

Resumamos. El «proceso» estaría estancado por la falta de decisión del Gobierno, que no ha materializado los movimientos exigidos por «la otra parte»; ETA/Batasuna muestras fisuras pues se teme que el Gobierno pretenda engañarles intentado convertir la tregua en irreversible –sin concesiones sustanciales– aunque contenidas; pues únicamente desde la unidad interna puede mantener una postura firme en las negociaciones. Ya es hora, por lo tanto, de que el Gobierno se «mueva»

No obstante, ¿qué persiguen realmente estas declaraciones? Bien podrían entenderse como un «toque de atención» del PNV al Gobierno, reclamándole decisiones firmes al objeto de evitar que el «proceso» termine naufragando; lo que haría perder posiciones al conjunto del nacionalismo en el camino de sus pretensiones últimas. Y, también, una advertencia a ETA/Batasuna, para que controle los tiempos y mantenga la calma. También puede interpretarse que, con las oficiosas opiniones de este cualificado personaje, el PNV se propone como espacio-puente en un «proceso» en el que se siente muy desplazado desde su inicio, pese a los esfuerzos de Ibarretxe. Ya se sabe: el PNV, Sancta Sanctorum de las quintaesencias patrias; por lo que reclama –faltaría más– un papel decisivo; como el que viene jugando desde hace 30 años.

A pesar de estas reservas de contexto, los juicios de Txema Montero no pueden ignorarse. No es un mero analista, ni un simple periodista, ni siquiera un siempre y tendencioso hombre de partido. Es un observador muy cualificado situado en la frontera de ambos nacionalismos. Por ello, hay que escucharle. y comprenderle.

Y para finalizar, el último episodio, que se sepa, de este tortuoso culebrón que confirmaría que el «toque de atención» ha surtido efecto. El diario El Correo, en su edición del viernes 22 de septiembre, informa que en las últimas 48 horas se habría celebrado en la localidad navarra de Elizondo (¡qué casualidad!) una reunión entre PSE-PSOE, PNV y Batasuna en un intento de desbloqueo de la situación. Una circunstancia desmentida por los dos primeros, si bien han confirmado que los contactos, de carácter bilateral, se mantienen con frecuencia. Y todo ello con vistas a la reunión que deberán mantener representantes del Gobierno con los de ETA en fechas próximas. Pese a todo, el PSOE sigue exteriorizando optimismo; si bien las advertencias procedentes del mundo abertzale se manifiestan progresivamente inquietantes.
 

APUNTACIONES SOBRE E-TARRAS Y GUDARIS
Antonio Castro Villacañas

Semanas atrás nos proporcionaron dos temas dignos de meditación. Uno es la Vuelta Ciclista a Media España, el otro la manifestación de e-rratas y gudaris por el centro de Bilbao. Ambos deben ser comentados.

Poco se puede decir del primero. Casi todos los periódicos han publicado, antes de empezar la Vuelta, el mapa de su total recorrido. Gracias a él pudimos enterarnos de que la mejor y más extensa prueba ciclista de España, reconocida como tal en los medios deportivos internacionales, no pasaba este año ni por Cataluña ni por Vasconia, de modo que no sólo vemos consolidado el veto e-rrata a una de las principales competiciones deportivas españolas –lo que ya de por sí constituye una auténtica vergüenza, reveladora de la mezquindad política de esta etapa de nuestra historia»–, sino que asistimos a su extensión, por contagio político más o menos violento, a lo largo y a lo ancho de las entrañables tierras catalanas, otros años escenario de extraordinarias carreras a lo largo de tierras llanas o en sus formidables montañas.

El segundo tema a considerar es el constituido por las manifestaciones pro-erratas de San Sebastián y Bilbao. Sobre ellas se me ocurren dos cosas diferentes. Una es que las sensibilidades políticas del pueblo español y de la judicatura española son, según se ve, bastante diferentes en calidad, puesto que para los honorables jueces y fiscales encargados del tema no había ninguna duda sobre que las tales manifestaciones no tenían nada que ver con los e-rratas y Batasuna, mientras que para la práctica totalidad del pueblo español que se interesa por la política no cabía la menor duda sobre la identificación de la organización ilegal, la banda asesina y las manifestaciones callejeras. Los hechos han demostrado quién tenía y tiene razón y quiénes estaban y están confundidos. Siempre se ha dicho que la diosa Justicia es ciega. Hoy podemos decir que también es sorda. Quizá convenga que lo sea, pero para todos. Quiero decir, y lo digo, que sea también sorda y ciega –bueno, mejor, tan solo independiente– respecto del Gobierno español y del seudogobierno vasco, únicos interesados en creer y hacer creer que las manifestaciones callejeras de Bilbao y San Sebastián no han sido organizadas, dirigidas, usadas y utilizadas por los e-rratas como armas arrojadizas en contra de España.

He dicho antes que el seudo-gobierno vasco ha estado siempre a favor de Batasuna y las ratas de España. Debo explicarme. Le llamo seudo-gobierno porque a mi modo de entender la política y la vigente Constitución Española, únicamente existe y puede existir un Gobierno, el nacional, el de todos los españoles; los órganos ejecutivos de las asambleas autonómicas no son ni pueden ser gobiernos, por mucho que se empeñen los correspondientes nacionalistas; son Juntas Directivas o Consejos de Administración de sus respectivos entes.

Aclarado este punto, quiero terminar con el tema de las ratas de España y su continua ofensiva anti española. En todas sus manifestaciones públicas, tuteladas siempre por el PNV y la Junta de Guernica, se esfuerzan por reivindicar la memoria de los para ellos «heroicos gudaris». Es natural, porque no en vano de ellos descienden o al menos tienen con ellos un estrecho emparentamiento. «E-rratas y gudaris» son de la misma familia: la constituida por personajes tan sectarios y mezquinos como son los que protagonizan las actividades ordinarias y extraordinarias de esas organizaciones –ETA y PNV– compuestas y dirigidas por simples canallas y gentes que presumen de tener recta conciencia y acendrada religiosidad.

He escrito que en las manifestaciones de Bilbao y de San Sebastían iban en alegre compañía los e-rratas y los gudaris. A los primeros los representa Batasuna, a los segundos el PNV. Ambos coinciden en mantener una misma actitud: la de presumir que son valientes contra quienes no les hacen cara, y la de echar a correr en cuanto alguien les hace frente y va a por ellos... Basta repasar la historia y ver lo que hicieron en 1936 y 1937. Perdieron Guipúzcoa a pesar de tener toda clase de ventajas, estaban perdiendo Vizcaya aunque tenían la espalda bien cubierta por cuanto significaba Bilbao, y en contraste con el ejemplo de Madrid, la defensa de tan noble Villa fue un auténtico desastre a caballo de la insensatez y la vileza. Ante el empuje cada vez más decidido del ejército verdaderamente nacional, los batallones vascos, los «heroicos gudaris», junto con los dirigentes nacionalistas, fueron reculando –u ofreciendo el culo– hasta que en la costa santanderina brindaron a todo el mundo uno de los episodios de mayor bajeza política y moral que se dieron en la Guerra de Liberación...

Me refiero a la rendición secreta y vergonzante del nacionalismo vasco y de las fuerzas militares bajo su control –cuyo equivalente actual son, para muchos, los e-rratas– al fascismo italiano. El cura Onaindía pactó en Roma que llegado el momento las tropas vascas se entregarían a la buena voluntad de los voluntarios de Mussolini, a cambio de que éstos les permitieran huir en los barcos contratados al efecto. La decisión final se adoptó por los jefes de los bravos gudaris en una cena donde no escaseó ni el caviar ni el champán. Hubo pacto y rendición en Santoña, los lindacaras huyeron aunque los barcos no llegaran en número suficiente, y lo de menos es que aquel pacto supusiera una traición ignominiosa a sus aliados, los españoles republicanos, porque eso permitió que todos los Ajuriaguerras y todos los Aguirres –símbolos del PNV y del "Gobierno Vasco"– salvaran sus vidas para poder luego ponerlas al servicio de los servicios secretos norteamericanos durante la II guerra mundial y acontecimientos posteriores.

Termino. Mientras los Gobiernos españoles toleren o aguanten sus injurias o impertinencias, e-rratas y gudaris seguirán envalentonándose. Las manifestaciones citadas constituyen un buen ejemplo. Sólo dejarían de existir si frente a ellas se alzaran otras compuestas por los ciudadanos vascos partidarios de una política realmente vasca y española, casi todos ellos hoy desilusionados por la falta de firmeza y la sobra de blandura del gobierno Rodríguez.
 

DIÁLOGO CON EL ISLAM: LA APUESTA DEL PAPA RATZINGER
José Luis Restán

Libertad Digital

Durante su última (y definitiva) explicación del discurso de Ratisbona, Benedicto XVI sintetizó el núcleo de su discurso sin ceder un ápice a cualquier tentación de aguarlo: «la religión no va unida a la violencia sino a la razón», y esta racionalidad debe guiar siempre la transmisión de la fe.

El Papa concluyó deseando (y no es un «piadoso deseo», ni una frase retórica) que sus palabras sirvan de estímulo para «un diálogo positivo, incluso autocrítico, tanto entre las religiones como entre la fe cristiana y la razón moderna». La elección de las palabras tiene aquí precisión quirúrgica, y conviene no perder ninguno de los registros.

Benedicto XVI recibió en Castelgandolfo a veintidós representantes del mundo islámico, a los que dirigió un discurso cálido y exigente al mismo tiempo, trenzado de simpatía hacia la religiosidad de los creyentes musulmanes pero lleno de sinceridad y de anhelo de una relación basada en el respeto recíproco y en la búsqueda de la verdad. En definitiva, un diálogo positivo y al tiempo crítico, que ayude a purificar las formas históricas en que se han expresado a lo largo de los siglos tanto la religión cristiana como la musulmana.

Algunos temían que, presionado por las circunstancias, el Papa diese marcha atrás; yo sin embargo descubro aquí los mimbres de un nuevo planteamiento para el diálogo imprescindible de la Iglesia con el mundo islámico, que deje atrás elipsis y tabúes, que no se conforme con buenas palabras y espesos silencios, sino que afronte el corazón de los problemas.

No es que la reunión estuviese exenta de riesgos, desde el perfil de los interlocutores (la mayoría embajadores) hasta la imagen de una retirada táctica del Papa ante el incendio islámico. De hecho, algunos laicos que habían agradecido el valor de Benedicto XVI en Ratisbona ya empezaban a mostrar su frustración. Mi interpretación es la contraria: el Papa ha jugado fuerte y hasta el fondo, pero no de una manera ideológica (como algunos esperaban) sino como Pastor de la Iglesia universal, que es lo que le corresponde. En este discurso vuelve sobre su preocupación principal: en un mundo marcado por el relativismo, se tiende a excluir a Dios de la universalidad de la razón. ¿Pueden cristianismo e Islam compartir una responsabilidad frente a este desafío contemporáneo? Para ello el Islam deberá hacer cuentas (no lo dice el Papa, lo deduzco yo) con su concepción de la razón y de la libertad humanas.

Segundo punto esencial del discurso: cristianos y musulmanes deben trabajar juntos para oponerse a toda forma de intolerancia y a cualquier manifestación de violencia, con una especial responsabilidad de las autoridades religiosas en esta materia. Aquí el aldabonazo es también claro, especialmente después de una semana de reacciones entre las que no han faltado agresiones a personas y templos cristianos en buena parte del orbe musulmán, sin olvidar el asesinato de sor Leonella Sgorbati en Somalia y sendos atentados contra iglesias católicas en Gaza y en Irak, así como la sospechosa aceleración de las ejecuciones de tres católicos en Indonesia.

El tercer nudo que engarza la columna vertebral del discurso se centra en la necesaria reciprocidad como base del verdadero diálogo, especialmente en lo que se refiere a la libertad religiosa, asunto del que no hemos oído ni una palabra en los días pasados ni a los líderes musulmanes ni a los críticos occidentales de la lección de Ratisbona. Ya es hora de plantear con claridad a nuestros hermanos musulmanes que la situación de millones de cristianos en tierras del islam es sencillamente intolerable desde el punto de vista de los derechos humanos elementales. Diálogo sí, y cuanto más sincero y profundo, mejor, pero juegos florales de los que tanto gustan a los multiculturalistas de diverso pelaje, no.

Benedicto XVI ha dejado claro que el diálogo debe basarse en el respeto de la identidad y de la libertad de cada uno, y eso implica que para avanzar, se deben poder plantear con sinceridad las cuestiones espinosas, sin que eso suponga la erupción de un volcán que amenaza con hacer saltar todo por los aires. Hay quien augura, a medio plazo, un efecto positivo del incidente de Ratisbona: el estreno de una etapa de diálogo sobre bases nuevas, entre la Iglesia católica y el mundo musulmán. Sólo el tiempo nos dirá si es posible recorrer esta vía, pero por lo pronto, el Papa ya ha lanzado su apuesta.


 
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