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Altar Mayor - Nº 111 (50)
Viernes, 19 enero a las 12:50:32

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 111 – Enero de 2007 (Extraordinario)

DEL SER FEMENINO DE ESPAÑA
José Viana Martín  *

El hombre español

Sobre España y su ser, los españoles nunca hemos estado de acuerdo, hasta el punto de que llegamos a negar su existencia como unidad y empresa colectiva común, para quedarnos en el socorrido tópico de «España como problema».

Nuestros pensadores más importantes, como Américo Castro, Sánchez Albornoz, Salvador de Madariaga, Menéndez Pelayo, Ortega y Gasset, etc. no han conseguido ponerse de acuerdo –probablemente como prueba de su españolidad– ni siquiera en cuál sería el problema de España, más allá del individualismo de sus naturales, su sentido de la libertad, los condicionantes geográficos y el largo proceso de formación de la entidad que llega a conocerse como España.

Las luchas entre sogedanos, lusitanos, arévacos, belos, suesetanos, cántabros, astures y otras tachas tribus más, van consolidando un pueblo que sucesivamente y tras muchas batallas, será romano, cristiano, árabe y judío y más tarde iniciará su acercamiento a Europa, no siempre pacíficamente ni de manera continuada.

De todo este proceso, queremos destacar cuatro momentos decisivos en la historia de España: la creación de Compostela y el Camino de Santiago, la aportación de los monjes de Cluny, el descubrimiento y cristianización de América y nuestro Siglo de Oro.

El largo y complicado camino que supone la formación de España, desde Covadonga hasta nuestros días, ha supuesto que el hombre español haya ido modificando su carácter y su temperamento en función de los cambios históricos y de la evolución de la sociedad.

Además, nuestra geografía ha tenido, y tiene, influencia decisiva en la forma de ser y de actuar de las distintas regiones, aunque los viajes y los medios de comunicación, especialmente la TV, son un factor que tiende a igualar criterios y costumbres desde hace algunos años.

Pese a todo, no es igual, ni piensa igual, un gallego que un andaluz, un castellano que un vasco, un valenciano que un navarro. Tampoco es lo mismo un español del siglo XV o del XVIII que uno del siglo XXI.

Sin embargo, parece que hay algunas características comunes a los españoles de todas las épocas: es como si el ser español «imprimiera carácter». Vamos a ver algunas de esas características.

Individualismo. Estrabón, historiador romano del siglo I escribe, con admiración, que el pueblo ibero tenía leyes, cantos y bailes desde hacía seis mil años, pero también señala que el orgullo local les impide unirse, con lo que no habrían sido dominados por los cartagineses, celtas ni romanos.

Sobriedad. Trago Pompeyo, otro historiador romano del siglo I, dice que el hispano está siempre dispuesto para la abstinencia, la sobriedad y el trabajo duro, soportando sin quejas las privaciones y guardando fidelidad a sus caudillos hasta la muerte,

Generosidad. El español, generalmente, está más atento a los ideales y a las empresas del espíritu, que a los intereses crematísticos.

Valentía. Los españoles tienen, a través de los tiempos, una fama bien merecida de valientes, fuertes y de despreciar el riesgo, como se demuestra en sus fiestas y en las gestas de sus soldados.

sentido de la justicia. Como es evidencia en nuestro romancero y en el teatro clásico, el sentido de la justicia del español llega a ser exagerado. A veces comete alguna injusticia por tratar de defender precisamente la justicia.

sentido religioso. El hombre de España es muy peculiar en su forma de manifestarse en lo religioso. Estará atento a las tradiciones locales y a las costumbres, pero alejado de la práctica religiosa. No acudirá a la iglesia salvo en actos sociales, se manifestará anticlerical, pero que nadie «le miente» a la Virgen de su pueblo o a la patrona de su región. Esas cosas son muy serias.

Tradicional. Para muchos españoles, todavía lo antiguo es lo más seguro, los cambios se ven peligrosos, pero este sentimiento está cambiando rápidamente por el influjo de los jóvenes.

Improvisación y poca paciencia. La vida diaria y nuestra historia son una prueba de un acusado sentido de la improvisación. Por otra parte, tenemos propensión a hacer las cosas pronto, antes que bien. Aquí se une el hispano «ya vale» con falta de perseverancia.

Hasta aquí hemos tratado de acercarnos al «ser» del español, reflejando alguna de sus características, pero en ellas no está la esencia, lo más autentico del «ser» de España, que pienso se manifiesta en sus mujeres. La mujer española representa lo más genuino de lo español y actualmente es la protagonista indiscutible del imparable cambio social que vivimos. Veremos algunos detalles significativos.


La mujer española

Nuestro teatro clásico nos ha dejado una imagen falsa de nuestras mujeres y del papel que han representado siempre en la sociedad española

El estereotipo de la mujer enlutada, encerrada siempre en casa, trabajando, sumisa, severa, adusta, sin más distracción que la misa y el rosario, es el fruto de una visión trágica de ciertas zonas rurales o quizá también herencia de la cultura islámica y de los harenes, aunque en esto hay un error porque eran muchas las musulmanas que sabían leer y escribir y que tenían cierta vida social.

La sociedad medieval, con sus batallas y escaramuzas, cambios de fronteras, largos periodos de paz y la convivencia de cristianos, musulmanes y hebreos, iba formando, por observación, el modo de ser de la española, con gestos, expresiones y costumbres que perduran en nuestros días.

A partir del siglo XIII, se enfrentan las tendencias liberales del norte de España con las de la dinastía leonesa, apoyadas por la cultura de los monasterios y las tradiciones visigóticas.

A la vez, poetas y trovadores por un lado y frailes y clero por otro, toman a la mujer como objeto de sus delirios, unos sublimando el amor hasta el misticismo y los otros rebajando el amor al nivel del pecado mortal. En medio la mujer, ángel o demonio, según cada tendencia.

De estas y otras tensiones sociales, sale ese tipo de española que desarrolla su vida en casa, vigilada por los hombres de la familia o recluida en un convento o internado de señoritas. Y así llegamos hasta el siglo XIX.

El periodo de los últimos cuarenta años, por circunstancias de todos conocidas, supone para España una auténtica revolución sociológica, con cambios de mentalidad y estilos de vida absolutamente nuevos, que la mujer española sabe aprovechar para salir de casa, estudiar, trabajar y llegar a la Universidad, lo que ha supuesto que hoy tengamos miles de mujeres ejerciendo, con eficacia, las profesiones liberales más prestigiosas y las aulas de nuestras instituciones docentes repletas de jóvenes serias, estudiosas, responsables y con ganas de triunfar.

El camino no ha sido fácil, los obstáculos muchos, ayudas las mínimas, por eso el triunfo compensa más y es más notorio. Aún queda mucho camino por recorrer, pero el horizonte va apareciendo despejado.

Lo dicho es aplicable a las clases sociales urbanas medias y acomodadas, pero en el ámbito rural la revolución ha sido parecida, aunque más reciente y con mayores dificultades, tanto económicas, como de mentalidades familiares, pero la tendencia es imparable, porque la mujer joven del campo quiere salir de ese ambiente y tiene confianza en sí misma.


Española, una forma de ser mujer

Lo mismo que cuando nos referíamos al hombre español vamos a comentar algunas características permanentes y comunes a la mujer, esas que constituyen, a nuestro juicio, el «ser de España», el que se refleja mejor en coplas y romances, que en la producción calderoniana.

Carácter. Lo que verdaderamente distingue a la mujer española es el carácter. Antes aún que la belleza, el carácter está en el rostro de nuestras mujeres. En el carácter es donde se crea la vida, donde se forma la familia, es lo que recompone la paz del hogar el que supera todas las dificultades.

Salero. Según expresión de Madariaga, el salero es el gran don de la española, algo innato que no tiene ninguna otra mujer.

el andar. Madariaga une al salero el andar de la española, y nos dice que el ritmo del andar de una española es característico e inigualable. Desde que nacen aprenden a bailar, no sólo en Andalucía, y es tal la fusión del andar con el bailar, que en un lugar público se distingue fácilmente el caminar de una española. Una jota popular navarra une el andar con el salero y la belleza, y dice así:

Por la luz que hay en su cara
y la sal que andando tiene
por querer como ella quiere
bien se ve que es de Navarra

(Podría aplicarse a cualquier otra región).

Belleza. No hay que esforzarse mucho para demostrar la belleza especial de la mujer española. La española típica tiene, además del salero y la belleza, un punto de picardía en los ojos que trastorna a cualquiera. Lo dice esta copla:

Han bajado dos querubes
en busca de dos luceros
esconde tus ojos riña
si es que no quieres perderlos.

Familiar. La española está muy unida a su familia, a su clan, lo que no evita algunos desencuentros. La madre es el centro de la familia, la que junta y une a todos, la que evita problemas, comprende y disculpa siempre. Saca a toda la familia a flote si falta el padre. Es el gran amor de todos. Una copla y un texto lo explican:

Quien tiene madre y se queja
no debe escucharlo nadie
que no hay pena sin consuelo
para aquel que tiene madre.

En un libro de geografía coreano, hablando de España dice: «España tiene la mejor tierra, el mejor clima, las mejores madres del mundo» (Prof. Cho Hoom).

fortaleza. Ante problemas, enfermedades, dificultares, contrariedades y hasta desgracias, es proverbial la fortaleza de espíritu de nuestras mujeres. El cuidado de los padres ancianos y enfermos, el acudir en ayuda del necesitado es algo consubstancial con la española, que en estos o parecidos casos llega a la abnegación.

religiosidad. La española es devota de «su Virgen», «su Cristo» o «su santo» con una devoción un tanto primaria, que extiende a la familia. Aunque cada vez lo hace menos, participa en las celebraciones litúrgicas, por costumbre o tradición. La mujer es el baluarte de la Iglesia Católica en España. Otra copla popular me parece suficientemente demostrativa:

He andado toda España
y parte del extranjero
y no he podido olvidar
a mi Virgen del Romero.

(Valdría para cualquier imagen local)

Lo racional y lo intuitivo. El alma femenina se debate entre estos dos conceptos. Generalmente es más un juego que una duda. Juego que desespera al hombre, pero sólo aparentemente. Esta seguidilla popular aclara todo:

No quiero que te vayas
ni que te quedes,
ni que me dejes sola
ni que me lleves,
quiero tan solo...
Pero no quiero nada.
Lo quiero todo.


La española hoy mismo

Los últimos treinta años han supuesto la evolución más importante de la sociedad española y, dentro de ella, especialmente de la mujer, que se ha transformado y ha conseguido, con tesón y esfuerzo, cotas de influencia y responsabilidad muy notables.

Vamos a ver lo que distingue a la española de Hoy:

·        Es más libre que nunca, gracias a su trabajo.

·        Se va situando en todas las profesiones, incluidas las Fuerzas Armadas, y alcanza puestos de responsabilidad.

·        Ha ganado su libertad sexual, con mayor o menor fortuna, y puede ser madre o no serlo.

·        Está consiguiendo la igualdad en el Hogar y en el trabajo.

·        Se va liberando del falso feminismo dogmático.

·        Es más sociable, expansiva y entusiasta.

·        Es más femenina, presumida y coqueta.

·        Sigue las modas, con desigual fortuna.

·        Está más informada. Lee, viaja, estudia idiomas.

·        Se preocupa por su salud y por su cuerpo. Practica deporte, sigue dietas.

·        Le gusta coquetear y seducir, hasta el peligro.

·        Es más optimista que los hombres de su generación.

En definitiva, tenemos una mujer nueva, que busca su sitio en la sociedad y sabe lo que quiere y cómo conseguirlo


Femenino muy singular

Ese carácter intuitivo y especial de nuestras mujeres, su concepto de la familia y de la patria chica, su fortaleza de espiritu, su religiosidad... y su salero, son las cualidades que han diferenciado a nuestra raza a lo largo de la historia. Algunas mujeres extraordinarias lo han demostrado. Citemos algunos ejemplos.

La reina Isabel la Católica, que no necesita comentarios; Santa Teresa de Jesús, nuestra gran mística universal y ¡vaya si tenía salero!; Catalina de Aragón, esposa de Enrique VIII y mujer ilustrada en extremo; María de Molina, la gran defensora de los reinos de Castilla; María de Pacheco, esposa de Juan de Padilla; Santa Isabel, Infanta de Aragón y Reina de Portugal; Agustina de Aragón y Manuela Malasaña, heroínas de la Guerra de la Independencia; Santa Ángela de la Cruz y la Madre Maravillas, modelos de caridad y sacrificio por los necesitados; Santa Margarita María de Alacoque, la gran mística moderna... y millones y millones de españolas anónimas que desde Numancia hasta hoy, han sabido educar a sus hijos, apoyar a sus maridos, sustituirlos en la paz y hasta en la guerra, cuidar a sus padres enfermos, labrar los campos, cuidar el ganado, trabajar dentro y fuera de casa y todo ello sin perder un ápice de su condición femenina y atendiendo también, en los últimos años, a mejorar su formación.

Esto es, aquí reside el «ser» de España, el que explica nuestras hazañas colectivas inexplicables, nuestra impronta en la Historia y nos diferencia de otros pueblos.

Así es España, compañeros, lo demás charlas de taberna.



* José Viana Martín


 
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