Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda

    Menú
· Inicio
· Presentación
· Recomendar
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
Altar Mayor T
Altar Mayor - Nº 111 (47)
Viernes, 19 enero a las 13:14:33

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 111 – Enero de 2007 (Extraordinario)

ESPAÑA: SENTIMIENTO Y CONVICCIÓN
José Manuel González Torga
*

Uno creció con el patriotismo chico, leonés; y con el patriotismo grande, español. Tiene las raíces asturleonesas al pié de los Picos de Europa. Esta referencia continental cuenta también; pero lo fundamental es España. Prioritaria, definitoria, determinante.

Digo ya, por adelantado, que constituye un sentimiento. Mecido, crecido y potenciado, sin esfuerzo, con naturalidad. Los entornos, familiar, educativo y social; pero también los paisajes y los paisanajes, han contribuido, a lo largo de toda la vida, a afianzar ese sentimiento. Está ahí, tangible, compartido con otros muchos españoles. Celtíberos, diría Evaristo Acevedo; batuecos, escribiría Jaime Campmany; carpetovetónicos, darían como referencia al todo por la parte, otros. La auténtica España profunda, no con la carga que ahora se quiere dar a la expresión, identificándola con crímenes gestados en el medio rural como Puerto Hurraco. ¿Por qué unir a sucesos de ese tipo la expresión España profunda? Más bien habría de guardar relación con Covadonga, el 12 de Octubre, el 2 de Mayo, el laboratorio de Ramón y Cajal... y otros muchos hitos del temperamento y el genio españoles. Con sus sombras innegables, pero con sus luces esclarecedoras (ennoblecedoras).

El sentimiento no requiere, para su existencia y persistencia, mayor detalle. Modulará alegrías unas veces y tristezas otras. Según pinten los palos.

Algo muy distinto es la racionalización para un convencimiento; nítidamente diferenciado de los registros emocionales.

Para llegar a un convencimiento solvente hace falta contar con datos, referencias, lecturas, diálogos, documentación.

España, adelantada en el proceso histórico a través del cual fraguaron las naciones europeas, constituye un tema de debate, sostenido generación tras generación. En el lenguaje están acuñadas expresiones como «España, una», «las dos Españas» y hasta «las Españas», así sin más.

No es fácil resumir el catálogo de visiones históricas, enfoques ideológicos e interpretaciones literarias sobre España. La bibliografía ha proliferado mucho; pero existen obras, a modo de guías, que pueden ayudar. Resulta útil en ese sentido, por ejemplo, España como preocupación, de Dolores Franco, esposa que fue de Julián Marías, cuyo fallecimiento ocurrió años antes que el del marido.

La primera edición del libro de Dolores Franco, con título ligeramente diferente, precedió a obras importantes de Américo Castro y de Claudio Sánchez Albornoz; pero, en todo caso, efectúa una antología de autores y textos reflexivos sobre España. Merece la pena espigar

De Baltasar Gracián (1601-1658), tan en boga los últimos años en Estados Unidos, aparece una de tantas perlas auténticas de El Criticón, en este fragmento del diálogo entre Andrenio y Critilo:

–Dime, y de sus naturales (en referencia a los españoles) ¿qué juicio has hecho?

–Ahí hay más que decir: que tienen tales virtudes, como si no tuviesen vicios, y tienen tales vicios, como si no tuviesen tan relevantes virtudes.

Angel Ganivet (1865-1898) de las tierras granadinas, colofón de la Reconquista, medita sobre España en la Europa nórdica. Escribía, con cálamo bien certero:

...Aún se discute la forma que ha de tener el gobierno y la organización territorial de la nación; se discute todo y se discute siempre. La fuerza que antes se desperdiciaba en aventuras políticas en el extranjero, se pierde hoy en hablar: hemos pasado de la acción exterior a la palabra; pero aún no hemos pasado de la palabra a la acción interior, último término y asiento natural de nuestra vida política. Hemos restaurado algunas cosas y falta aún restaurar la más importante: el sentido común.

Ha pasado más de un siglo y el sentido común patrio aún brilla por su ausencia en una parte importante de nuestra población.

Unamuno (1864-1936), vasco por nacimiento y español de hondísima vocación, entendía, visceralmente, la europeización de España, mediante un intercambio, españolizando Europa. Al mirar hacia dentro ponía el dedo en la llaga:

Desde luego, me inclino a creer que el kabilismo o cantonalismo, la tendencia separatista, no proviene de diferencias de casta. [...] Si Cataluña o las Provincias Vascongadas quedasen de pronto aisladas en medio del Océano, veríanse pronto desgarradas por disensiones interiores, por separatismos...

De Ortega y Gasset (1883-1955), cabría traer a colación diferentes citas. Una muy rotunda dice así:

La decencia en la vida pública no consiste en otra cosa que en imponer a todos los españoles la voluntad de convivir unos con otros, sean quienes sean unos y otros; que por encima y por debajo de todas las luchas propias a la natural disensión humana triunfe la resolución de nacional convivencia.

Para hacerse una idea cabal sobre España también es necesario conocer visiones antagónicas. Resulta paradigmático el olvido de Francisco Pi y Margall (1824-1901). Republicano y federalista expone su doctrina en Las Nacionalidades. Su lógica formal contrasta con el fracaso práctico en el ejercicio político, como efímero ministro de la Gobernación y presidente de la I República. No pretendía, en modo alguno, destruir España. Modestamente, además, anticipaba:

Si defiendo un error, culpa será, no de mi voluntad, sino de mi entendimiento.

Con el fin de asentar firmemente conceptos, sobre la unidad de España, conviene acumular materiales culturales heterogéneos. Ideas elaboradas, no todas, por supuesto, de validez equivalente.

Sobrarán, por descontado, las descalificaciones arbitrarias, los exabruptos, las amenazas y las falsificaciones históricas. El debate requiere unas condiciones mínimas, para recuperar el sentido común. El menos común de los sentidos, al decir de nuestro refranero popular.

Si en ciertos periodos ha fallado, no debemos desesperar. Algunos episodios de alienación pueden resultar pasajeros, como la enajenación mental transitoria. Esperemos que pase. Aunque se dice que no hay mal que cien años dure y este ya ha roto los esquemas, entre brotes y recidivas.



* José Manuel González Torga es Periodista y profesor universitario.


 
    Opciones
· Versión Imprimible
· Enviar a un Amigo
    Otros enlaces
· Más Acerca de Altar Mayor


Noticia más leída sobre Altar Mayor:
Altar Mayor - Nº 81 (12)


Hermandad del Valle de los Caídos (hermandaddelvalle.org)
Colaboraciones, comentarios, sugerencias: